Nota de Ianina Harari sobre el Cordobazo y su vigencia. En Tiempo Argentino (30/05/2014)

30.05.2014 | OPINIÓN
La vigencia del cordobazo

El Cordobazo fue un hecho que “empezó” como una cosa –una huelga de los gremios cordobeses por reivindicaciones económicas– y se transformó en algo más: una huelga política de masas con características insurreccionales que enfrentó a la dictadura de Onganía y marcó el inicio de su fin. Además, implicó la apertura de una nueva etapa en la historia argentina signada por el fantasma de la revolución.

El 29 de mayo de 1969, el movimiento obrero cordobés convocó a una huelga. Tenía dos reclamos principales: la restitución del sábado inglés y la eliminación de las quitas zonales. El sábado inglés implicaba el derecho a trabajar medio día los sábados que había sido derogado por el gobierno unas semanas antes. Las quitas zonales fueron una medida implementada en los tiempos de Illia para promover la industrialización del interior a costa de reducir los salarios. A pesar de que a nivel nacional los metalúrgicos habían logrado derogarlas, en Córdoba los empresarios se negaban a eliminarlas.

Para el 30 de mayo había sido anunciado un paro nacional de las dos CGT: la de Azopardo,  dirigida por Augusto Vandor, y la CGT de los Argentinos, dirigida por Raimundo Ongaro. En ese momento, ambos sectores se encontraban enfrentados al gobierno. La CGT cordobesa llamó a parar desde el día 29, por 48 horas. No se trató de un rayo en un cielo sereno. Desde 1968 el país fue sacudido por una oleada huelguística. El mes de mayo del ’69 fue particularmente agitado. La rebelión estudiantil recorrió el país con epicentro en Rosario. En Córdoba, ese mismo mes se produjeron huelgas de metalúrgicos, choferes y mecánicos, quienes se enfrentaron con la policía. Todo ello se daba en respuesta al ataque a las condiciones de vida de los obreros y estudiantes por parte de la dictadura, en el marco de una crisis económica. Por ejemplo, los primeros días de mayo, el ministro de economía Krieger Vasena anunció una serie de aumentos de precios que afectaban al consumo obrero. Desde 1967, los salarios se encontraban congelados y las organizaciones obreras fueron duramente reprimidas.

El Cordobazo pareció comenzar con demandas económicas de los obreros. La huelga convocada aquel día fue encabezada por dirigentes que actuaban en un frente con el vandorismo, sinónimo de la peor acepción de burocracia sindical. Pero no fue ello lo que determinó el contenido y la forma que asumieron los hechos del 29. Fueron las bases obreras y estudiantiles las que decidieron hacer política. Lo hicieron en las calles, mediante la acción directa, enfrentándose al Estado. Es lo que hacen los obreros cuando sus demandas económicas no son resueltas y los canales institucionales se agotan. Entienden que el problema ya no es sólo económico, que no se trata de un patrón en particular, sino de una política general, llevada adelante por el conjunto del empresariado de la mano del gobierno de turno, que los reprime cuando alzan la cabeza. De allí a comprender que el problema está en la base de las relaciones que organizan esta sociedad, hay un paso. Ese paso fue dado por un sector de los obreros a partir del Cordobazo.

Si de algo nos tiene que servir la historia es para pensar nuestro presente. Por ello, hablar del Cordobazo no implica realizar un ejercicio de memoria, sino de reflexión sobre la actualidad. Hoy en día, cuando sectores crecientes de los trabajadores se manifiestan por sus pesares económicos, sus acciones suelen ser desacreditadas. Se los critica por “aliarse” con burócratas sindicales o se los tilda de estar “haciendo política”. Quienes realizan la primera crítica deberían reflexionar qué hubieran hecho el 29 de mayo de 1969: seguramente quedarse en sus casas. Quienes realizan la segunda, deberían aprender de la historia. La clase obrera tiene derecho a hacer política y manifestarse en las calles, porque esta es la única forma con la que puede transformar la historia. Valga el Cordobazo como ejemplo.

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