Nota de Damián Bil sobre los límites de la industria de maquinaria agrícola. En Página 12 (29/11/2009).

Fierros con límites. Crisis del sector de maquinaria agrícola argentina

por Damián Bil*

Esta actividad no ha logrado superar sus límites históricos y constituirse en un sector competitivo. De enero a septiembre, las ventas cayeron casi 50 por ciento en comparación al mismo período de 2008.

Las potencialidades del sector de la maquinaria agrícola están nuevamente sobre el tapete. En un artículo publicado en Cash (“Fierros con mucho aguante”, del domingo 15 de noviembre) se destacaba la forma en que la rama afrontaba la crisis a partir de las capacidades acumuladas en el período. Desde mediados de 2002, con devaluación, cosechas records y precios agrícolas en alza, se reactivó la demanda interna. Al calor de ese fenómeno, polos agroindustriales ocuparon el centro de las noticias: Las Parejas, Monte Maíz, Firmat. Algunos fabricantes se reposicionaron e incluso lograron exportar. El sector fue tomado como ejemplo de un nuevo paradigma productivo, distinto al que habría regido en los ‘90.

No obstante, es necesario determinar si el sector generó o no bases para sortear la crisis. En este punto, en 2009 se encendieron luces de alarma. De enero a septiembre, las ventas cayeron casi 50 por ciento en comparación al mismo período de 2008, donde el consumo ya mostraba estancamiento. En cosechadoras se cayó de 1825 a 543 unidades. En perspectiva, los datos de 2002-2009 no muestran una situación halagüeña. Según el Indec, a pesar del repunte, el 41 por ciento del consumo fue cubierto por importaciones. En tractores y cosechadoras –los productos más complejos–, 8 de cada 10 fueron importados.

Al reconstruir la serie histórica de producción, observamos una constante caída, interrumpida por breves momentos (1974-1977, 1984). El período 2003-2008 registró un volumen de producción 21,2 por ciento menor al del período 1990-2002. Se evidencia en el largo plazo un achicamiento del sector, al reducirse progresivamente la producción. Asimismo, se percibe un retraso en términos relativos en la participación en el mercado mundial. En general, el peso de una actividad en el mercado internacional indica la fortaleza de esa rama. Pues bien: las exportaciones de maquinaria agrícola argentina durante 2005-2007 representaron tan sólo un 0,2 por ciento del comercio mundial, registrando un déficit de 295,6 millones de dólares en la balanza de actividad sólo en 2007, para la OMC. En 2008, la participación se incrementó en forma muy reducida, alcanzando apenas un 0,26 por ciento (ONU). Muy lejos de los líderes: Alemania, con el 21,2 por ciento de las exportaciones mundiales, y Estados Unidos, con 14,8. Como parámetro, Brasil, competidor directo, aportó sólo 2,5 por ciento. Vale aclarar que la Argentina nunca tuvo una participación amplia en el sector: en sus mejores momentos, fines de los ‘60 y mediados de los ‘70, apenas se ubicó en torno del 1,5 por ciento de la producción mundial.

El súbito incremento de las exportaciones en los últimos años estuvo determinado por Venezuela, desde los acuerdos bilaterales de 2005. Como indicador, cerca del 90 por ciento del valor de las cosechadoras argentinas exportadas van a ese país. De todas formas, no es un mercado de peso: sólo representó el 0,42 por ciento del movimiento mundial en 2008. La Argentina aporta apenas un quinto de las importaciones de esa plaza.

En conclusión, la rama no ha logrado superar sus límites históricos y constituirse en un sector competitivo. Carga con las dificultades comunes a casi toda la industria argentina: un sector con altos costos, que pervive en gran medida por transferencias del Estado, de renta agraria o de otras fuentes, que sufre la crisis cuando estos recursos se acotan. A diferencia de lo que se supone, el Estado aplicó políticas industriales, en particular para este sector: exenciones, fomento de exportaciones, premios a la producción, créditos y protección del mercado interno. En la actualidad, aun de forma limitada, continuó recibiendo esas transferencias: entre otros, vía devolución de parte del crédito fiscal, por financiación al consumo, por el programa Repro y por asesorías del INTA. La rama local continúa siendo un actor menor, restringiéndose en su mayor parte a un mercado interno en el cual las importaciones, en los últimos tres años, tienden a alcanzar el nivel de la producción local.

* Historiador, docente de la UBA, investigador del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales.

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