No se tú… – Agustina Desalvo

No se tú…. Los problemas del conocimiento y la realidad de la pequeña burguesía argentina.

 

Por Agustina Desalvo

Grupo de Investigación de la Pequeña Burguesía – CEICS

El Grupo de Investigación de la Pequeña Burguesía y la Clase Obrera Argentina estudia los acontecimientos ocurridos el 19 y 20 de diciembre del 2001. Pretendemos entender cuáles fueron las causas que llevaron a la pequeña burguesía y a la clase obrera a protagonizar uno de los hechos más relevantes de los últimos tiempos: el Argentinazo. En relación a la pequeña burguesía, sostenemos que en la noche del 19 ésta no salió a la calle a golpear cacerolas espontáneamente sino que cargaba en sus espaldas con, al menos, 20 años de lucha. De hecho, ya hemos argumentado1 que la pequeña burguesía que se moviliza el 19 de diciembre lo hace, entre otras cosas, a raíz del proceso de pauperización y proletarización al que se ve sometida desde hace dos décadas. Además de los temas ya desarrollados, este grupo de investigación se propuso analizar a los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires en la década del ’80 con el objeto de establecer la procedencia social de los mismos y determinar la existencia o no de un proceso de pauperización y/o proletarización entre esas capas de la pequeña burguesía en relación a los años ’60.

Para ello concurrimos al INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) en busca del censo universitario de 1988.2 Sin embargo, a diferencia del censo de 1968, que ya había sido analizado anteriormente por otro de nuestros grupos de investigación3 y que había servido a los fines propuestos de entonces, el del ’88 resultó ser más que insuficiente. El problema se suscitó a raíz de la categorización ocupacional que el INDEC utilizó en dicho censo, a la hora de presentar los datos.

Cabe aclarar que, si bien es cierto que las fuentes burguesas presentan múltiples falencias, en muchos casos es imprescindible recurrir a ellas. De hecho, por el momento es la burguesía la que cuenta con los recursos necesarios para desarrollar estudios de tamaña envergadura como son los censos. A los fines propuestos nos dedicamos a analizar, en principio, los cuadros referidos a la situación ocupacional de los estudiantes. Encontramos que el censo del ‘88, a diferencia del de 1968, presenta la particularidad de agrupar en una misma categoría ocupaciones que, en el mejor de los casos remiten a clases distintas y, en el peor, a ninguna de ellas.

Con algunas de las categorías del censo no tuvimos grandes inconvenientes ya que queda claro, al menos para quienes pretendemos hacer ciencia, que un “empresario grande (más de 50 empleados)” o un “propietario de grandes explotaciones agropecuarias” es un burgués, que un “operario, capataz o albañil” es un obrero y que un “chofer y propietario de la unidad” es un pequeño burgués. Pero el principal problema se presentó con la categoría 3, que agrupa “empleados de la administración pública, del comercio y las empresas; fuerzas armadas y seguridad en niveles intermedios; vendedores y representantes; artesanos y técnicos en oficio; técnicos y profesionales no universitarios de carreras cortas; docentes”. Como el lector podrá observar, esta categoría presenta serios inconvenientes a la hora de hacer un análisis clasista de los estudiantes. De hecho, aunque pudiéramos presumir que un empleado de la administración pública es alguien más parecido a un obrero que a un pequeño burgués y que un artesano parece asemejarse más a éste último que al primero, ¿qué tipo de análisis puede hacerse a partir de una categoría en cuyo seno se mezclan clases sociales distintas? Y mucho más complejo se vuelve el asunto si tenemos en cuenta que la problemática categoría incluye al 48% del universo bajo estudio. Es decir, que no se puede dejar de lado como un residuo de datos no utilizables.

Debido a los inconvenientes descriptos, nuestra investigación se halla aún en pañales. Nos encontramos, en estos momentos, buscando indicios indirectos a través del análisis de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Lo que queda claro, una vez más, es que las categorías burguesas de nada sirven cuando de conocer la realidad se trata. La burguesía nos aporta datos a través de censos y estadísticas que muchas veces resultan útiles y hasta imprescindibles, como en este caso, para hacer nuestras primeras aproximaciones a la realidad. Sin embargo, nada más que eso pueden aportarnos si lo que buscamos es dar una explicación científica de la misma. Una prueba más, si hiciera falta, de la incapacidad de una clase para seguir impulsando el conocimiento humano. De esto deben tomar nota los científicos sociales. De algo que todo el mundo sospecha cuando mira su carrito de supermercado vacío, mientras el INDEC le explica que la inflación del mes no ha superado el 1%…

 

Notas

1Véase por ejemplo Villanova, Nicolás: “La experiencia de la pequeña burguesía y su lucha” en Razón y Revolución nº 14, Bs. As., invierno 2005 y Desalvo, Agustina: “Apagón. Buenos Aires, febrero de 1999”, en Razón y Revolución nº 13, Bs. As., invierno 2004.

2Universidad de Buenos Aires, Censo de alumnos 1988, INDEC.

3Véase Rodas, Rosalía; Sartelli, Eduardo; Sanz Cerbino, Gonzalo; Urones, Romina: “Hagamos ciencia. Una respuesta fraternal a los compañeros del proyecto ‘El genocidio en la Argentina’” en Razón y Revolución nº 13, Bs. As., invierno 2004.

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