No hay lugar para nosotros en el cuarto oscuro

En las PASO de la próxima semana, nuestra provincia definirá los candidatos al Parlamento nacional. Pero, además, se elegirán 20 diputados provinciales, 7 suplentes y los municipios renovarán concejales. Veamos las opciones.
 
El partido que gobierna Misiones desde el 2002, el Partido de la Concordia Social (más conocido como la Renovación o Frente Renovador, aunque no es el de Massa), llevará como principales candidatos a senadores al ex gobernador Maurice Closs y a Maggie Solari, y como diputados nacionales a Ricardo Wellbach y Flavia Morales.
 
Closs, ayer acérrimo kirchnerista, hoy pretende poner huevos en todas las canastas. Al tiempo que ha declarado su voluntad de garantizar la gobernabilidad de Cambiemos, ha evitado enfrentarse al kirchnerismo abiertamente. Sirve de ejemplo su faltazo durante la votación por el desafuero a De Vido, un intento por no quedar pegado (ni quedar mal), con ningún bloque. A ello habría que sumar que su propia lista está enchastrada por casos de corrupción: Flavia Morales es la protagonista de denuncias por ser docente de una “escuela fantasma” y cobrar el FONID sin estar frente al aula (condición para hacerlo).
 
Hamacándose entre unos y otros, la Renovación administra la miseria y el ajuste en Misiones, eso que llaman “garantizar la gobernabilidad”. En su campaña, ha insistido particularmente en la necesidad de que todos los misioneros accedan al agua potable. Eso no solo muestra el estado de miseria al que nos someten en la provincia, donde poder tomar agua no contaminada es casi un lujo, sino que desnuda su propia responsabilidad: en 15 años de gobierno no resolvieron un problema tan elemental.
 
Por su parte, el PJ se encuentra alineado con el Frente Renovador. Sin embargo, tuvo un intento de lista propia, Justicia y Dignidad Peronista, que iban a encabezar Vivian Caso Ethel Casoratti y José Daniel Arrúa, bajo el auspicio de Duhalde. Un intento que naufragó. Un panorama similar se vio en el kirchnerismo, pero más escandaloso. En los medios trascendió la noticia de que Unión Ciudadana se presentaría a las elecciones, con Ricardo Escobar y Julia Perié a la cabeza. Inmediatamente esta última salió a desmentir la noticia, negando rotundamente la existencia de esas candidaturas. Perié terminó abandonando el PJ y se fue con el banquero Heller a construir el Partido Solidario.
La única opción peronista que quedó fuera de Concordia Social es la Unión Popular que comanda Ramón Puerta, el viejo gobernador menemista y duhaldista, y que lleva como candidatos a Marcelo Fabio Sánchez y Graciela Cabral.
El radicalismo y el PRO se presentarán en Cambiemos, con Humberto Schiavoni (PRO) y Cintia Cardozo (UCR) a la cabeza. Schiavoni es un personaje interesante. En primer lugar, es un empresario en toda la regla, se dedicó a la rama de la construcción y la madera en la provincia y luego fue presidente del Banco de Inversión Cofirene. Como le preocupa la situación de su clase, fue directivo de la Confederación Económica de Misiones. En segundo lugar, está lejos de ser parte de la “nueva política” (propaganda con la que insiste el PRO), ya que durante la gobernación del justicialista Puerta fue subsecretario de Industria, luego ministro de Economía de la provincia, interventor del Banco de Misiones y finalmente presidente del Comité de Privatizaciones de Empresas Provinciales. ¿Se imagina que intereses va a representar en el Parlamento?
¿Y la campaña? Actualmente, Schiavoni es titular de la Entidad Binacional Yacyretá, su gira proselitista se está pagando con esos fondos. ¿Qué dice? Que hay que modernizarse y mejorar la competitividad. Es decir, despedir, flexibilizar convenios y abaratar el “costo laboral”.
Más allá de estos partidos abiertamente patronales, hay otros que, con un lenguaje progresista, también se preocupan por la burguesía, pero quieren hacernos creer que si apoyamos a los “productores” más chicos, también nos beneficiamos los laburantes.
Están, por un lado, los autodefinidos como “nombres nuevos” en la escena provincial: el Partido Agrario y Social (PAYS). No son tan nuevos y lo que buscan es reciclar espacios de la “resistencia” kirchnerista. El PAYS cerró su lista con representantes de Nuevo Encuentro Misiones y sectores del Partido Comunista, del PJ, del Partido Integración, Dignidad y Organización (PIDO), la representación provincial de Patria Grande, Movimiento Evita Misiones, y el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI). Héctor “Cacho” Bárbaro encabezará la lista de senadores mientras que Martín Sereno será el primer candidato a diputado nacional.
 
Su caballito de batalla es la reforma de la Ley del Instituto Nacional de la Yerba Mate, y la creación de un Centro de Acopio y Comercialización de esa producción. Por el mismo camino transita el frente Avancemos –que nuclea a sindicalistas de Camioneros y a los partidos Vanguardia y Trabajo y Progreso- impulsores de la “Ley de Góndolas” para que en cada supermercado haya una góndola dedicada a los productos misioneros. Además, pretenden garantizar los precios para los “productores” yerbateros misioneros. Este tipo de medidas no va a solucionar los problemas de los trabajadores. Simplemente, va a evitar que, por un tiempo, se fundan más patrones. Pero todos sabemos cómo se trabaja en esas producciones “provinciales”: en negro y con salarios miserables. Lo que hay que hacer es expropiar a todos esos parásitos y que toda esa riqueza sea administrada por la clase obrera.
La burguesía define sus planteos entre el apoyo a la pequeña y no tan pequeña burguesía, desconociendo los problemas de la clase obrera misionera y aplicando el ajuste. Pero quien presenta candidatos y debiera dar batalla contra ella, el Partido Obrero, se limita a una campaña sindicalista y reformista, que tampoco se priva de hacerle guiños al sector Pyme.
Para todos los candidatos de estas elecciones, este es el único sistema posible. Todos creen que usted tiene que conformarse con lo poco (o nada) que le ofrece el capitalismo, un mundo hecho por y para los patrones. Ese mundo que solo les garantiza red cloacal solo al 19% de los misioneros, que condena a casi el 20% a la desocupación, que nos somete a la epidemia del Dengue, a una insuficiente capacidad sanitaria y a escuelas en ruinas. En este panorama general de degradación de la vida al que nos somete el capitalismo compiten los candidatos sin ofrecer la posibilidad de una vida nueva, una vida socialista donde podamos resolver estos problemas con nuestras propias manos. Nadie propone una sociedad diferente. Una sociedad mejor: el Socialismo.
¿Ha pensado en perder el temor cuando un mosquito pica a su hijo de que contraiga dengue? Piense en el Socialismo.
 
¿Ha pensado en dejar de estar sobre explotado, desocupado o en un empleo en negro y contar con tiempo libre para leer un buen libro, aprender algún arte, disfrutar del afecto de sus seres queridos? Piense en el socialismo.
 
¿Ha pensado que vino al mundo para algo más que someterse a largos días de cosecha en la tarefa, viviendo bajo una lona negra, comiendo poco más que harina y arrastrando a toda su familia a esa miseria? Piense en el socialismo
 
En el socialismo se acaba la explotación y los obreros pueden disfrutar de todo el trabajo social y no sólo de la migaja, el salario, que le devuelven a fin de mes, los patrones, los burgueses. En el capitalismo, el tipo de sociedad en que vivimos, cada máquina nueva que se inventa, ahorra tiempo de trabajo. En manos de un capitalista, le permitirá echar a los obreros que sobren y apoderarse de una mayor ganancia. En el Socialismo, el destino del desarrollo tecnológico está en manos de los obreros, que bien pueden decidir que si la máquina ahorra tiempo, entonces podemos achicar la jornada de trabajo. ¿Se imagina lo que sería trabajar sólo cuatro o cinco horas por día? Hoy día es perfectamente posible: sólo con la fortuna de los millonarios se podría multiplicar varias veces el sueldo de un obrero común; con poner a trabajar a todos los vagos que viven de los obreros, pero viven mucho mejor que los obreros, los burgueses, los curas, los policías, los militares, los burócratas sindicales, se podría disminuir tranquilamente las horas de trabajo. Con repartir las horas de trabajo entre los obreros ocupados y los millones de desocupados, se lograría todavía más tiempo libre para todos. Eso es el Socialismo, una sociedad de las necesidades satisfechas decentemente y del tiempo libre.
 
Pero, ¿qué es el Socialismo? ¿No es eso que fracasó hace veinte años, cuando se cayó el muro? ¿Esos países donde te obligan a vivir como los gobernantes quieren? No. La experiencia de la Unión Soviética tuvo sus límites, sus problemas y sus errores graves, gravísimos. Lo mismo se puede decir de Cuba. Pero en esos países la medicina era gratis (en Cuba lo sigue siendo), la gente tenía derecho a una casa, el hijo de un obrero estudiaba en las mejores escuelas y llegaba a la universidad, no había desocupación ni miseria e incluso se llegó a un elevadísimo nivel de desarrollo técnico y científico (baste recordar que el primer satélite y el primer ser humano en el espacio fueron soviéticos). Con sus problemas, durante mucho tiempo le dieron a la humanidad un espejo, aún deformado y empobrecido, de lo que podía llegar a ser la vida bajo el Socialismo: una sociedad sin patrones, donde las fábricas, los campos, los comercios, los bancos, todo aquello con lo que se produce y reproduce la vida, es propiedad de los obreros y no de un puñado de explotadores que gracias a ello viven como faraones. Precisamente por eso los ricos y sus amigos hablan pestes del socialismo. Y, con ese miedo encima, ningún “izquierdista” se anima a defenderlo. Se avergüenzan de lo que deberían estar orgullosos.
 
Como todos le proponen seguir la rueda que nos llevó donde estamos y nadie ofrece una solución real, las elecciones estas no van a modificar su situación. Por eso, no les demos nuestro voto, votemos en blanco. Pero, también por eso, lo llamamos a pensar en otra sociedad: el Socialismo. Y, obviamente, a construirlo.

Castiguemos a los patrones

Votá como puedas

Pensá en el Socialismo

Razón y Revolución Misiones

 

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