No aclares que oscurece… – Por Eduardo Sartelli

No aclares que oscurece… A propósito de la respuesta de Víctor Redondo sobre el asunto SEA1

Eduardo Sartelli
Director del CEICS

Lo sabía. Incluso lo adelanté. Pero Víctor Re- dondo no pudo con su genio y, en lugar de pensar un argumento mejor, utilizó el que yo mismo  le  propuse. Todo  es  una  cuestión  de celos, como dice Homero Simpson: mi crítica a la política de la dirección de la SEA es una simple cuestión de narcisismo. Poca imagina- ción para alguien que se dice poeta. Revisemos primero los “argumentos” con los que cree res- ponder a lo que no responde.

 

Escapándole al bulto

 

Recordémosle al lector que todo el lío se armó porque dijimos que la dirección de la SEA le entregaba los espacios en la Feria del Libro a la patronal periodística y a las grandes editoria- les, en lugar de privilegiar a quienes batallan, desde la izquierda, contra la hegemonía cultu- ral de la burguesía. Veamos qué nos responde Redondo.

La mesa de “medios”, en la que participaron periodistas de Perfil, Página 12, Crítica y La Nación, en realidad estaba destinada a los “tra- bajadores” y no a sus patronales, dice el fun- dador de la SEA. Que en sus exposiciones in- cluso fueron críticos para con sus “patrones”, agrega. Dejemos a un lado que uno de los par- ticipantes resumió la experiencia en su página web, hablamos de Guillermo Piro, y, a menos que haya recortado mucho del tsunami críti- co que debe haber arrasado la Feria ese día, no se ve nada de lo que Redondo dice. Seña- lo a Piro, en vez de citar a nuestros compa- ñeros que asistieron al evento que sin dudas devastó a la burguesía mediática, para que no digan que es algo personal… Veamos la prosa- pia de los allí presentes: Claudio Zeiger no es un simple cronista a tiempo parcial de Página 12, es el director de Radar Libros. Guillermo Piro, por su parte, opina que el suplemento cultural de Perfil es el mejor de todos, entre otras cosas, tal vez porque es el subeditor… Daniel Amiano es parte del equipo editor de ADNcultura.com.,  el  suplemento  cultural  de La Nación en su versión digital, forma parte de la redacción del diario y edita La Nación TV. Hernán Brienza, por su parte, es subedi- tor de la sección cultura de Crítica. El repre- sentante de Clarín no asistió porque no quiso, no porque no fue invitado, tal como explicó Eduardo Mileo en la presentación de la mesa. Redondo cree que puede decir cualquier cosa sin que nadie se dé cuenta de nada. Señalar que los que tienen responsabilidad dirigente en  los  suplementos  culturales  de  los  medio

burgueses no comparten su ideología, es todo un desafío a la inteligencia.

Redondo  me  acusa  de  “ocultamiento”  en  el mismo párrafo en el que señala que “Sartelli” (o sea, yo) “admite” que había otras mesas con presencia de la izquierda. ¿En qué quedamos?

¿Oculto o admito? No oculto nada. Señalé que la SEA le entregaba las mesas específicamente culturales a la derecha y a los grandes medios. Que la izquierda sólo participaba de las me- sas de “la mujer” y de política internacional. Me acusa, además, de “reprochar” la presencia de Jorge Castro en la mesa con Altamira. Si quisiera reprochar la presencia de Castro, lo hubiera hecho. Redondo inventa argumentos porque no tiene ninguno.

El que oculta la realidad es el propio Redon- do, que se olvidó de responder a la principal acusación, a saber, la que versaba sobre la mesa de la “nueva narrativa argentina”. La acusación era concreta: la SEA entregaba sus lugares en la Feria del Libro a las grandes editoriales in- teresadas  en  promocionar  ciertos  “escritores jóvenes”  con  fines  obviamente  comerciales. Una  maniobra  marquetinera  que  ya  ha  sido explicada por nosotros en El  Aromo, Perfil y Ventitrés.  En  vez  de  estimular  una  literatura militante de izquierda, la dirección de la SEA se pliega a la cultura burguesa. Para peor, no sólo ninguno de los allí presentes sobrepasaba el estadio de “progre” carrio-kirchnerista, sino que se incluía a Juan Terranova, autor de un libro  fascistoide,  El  Ignorante.  Redondo,  re- dondamente, se hace el tonto al respecto y no contesta mi pregunta: ¿por qué la dirección de la SEA promueve semejante presencia, en vez de pensar seriamente en la expulsión del que comparó a los desaparecidos con “insectos vi- driosos” aplastados “con un diario enrollado”? Con respecto a la mesa de los talleres barria- les. Es cierto, no participamos de esa lucha. Tampoco participamos de la rebelión de los cristeros, del Mayo francés ni de la huelga de los Talleres Vasena. Redondo inventa otro ar- gumento: ¿tiene Razón y Revolución que estar en todos lados? ¿Se dedica Razón y Revolución a tareas sindicales? No. Podríamos mencionar decenas de lugares donde la SEA no está, por- que no tiene que estar. Con esa chicana bara- ta, Redondo oculta el fondo de la discusión (y revela, de paso, su “luchismo” sindicalero): la dirección de izquierda de un sindicato, sea el que sea, no puede entregarle espacios ni a la burguesía ni a la derecha. El eje de la discu- sión es la política de la dirección de la SEA. Insisto: hasta Moyano hace huelgas. Redondo y la dirección de izquierda de la SEA parecen no entender que más allá del mundo sindical hay otro campo de lucha. Deberían releer a Trotsky para algo más que para hacerle decir

tonterías sobre el arte.

Escapándole  al  núcleo  del  problema,  termi- na  su  “argumentación”  rebajándose  al  nivel del insulto personal y, sobre todo, ocultando datos: según nuestro “crítico”, no nos queja- mos cuando la SEA nos “cedió” sus espacios… Nuestra mesa del 2007 en la Feria del Libro, en la que presentamos La Cajita Infeliz, salió porque la SEA no tenía nada con qué llenar los espacios que les habían concedido, al mar- gen de que el invitado estrella de la mesa era el propio Altamira, en medio de una campaña electoral en la que no lo invitaban a ningún lado. Ésa es la verdad. Sobre la presentación de Trotsky, habla ahora el burócrata: prime- ro, varios miembros de RyR somos afiliados a la SEA, no nos hacen un “favor”, el sindicato es nuestro también; segundo, eso no impidió que el espacio “cedido generosamente” por la dirección de la SEA fue, en realidad, alquila- do. Es decir, socios y todo, debimos pagar el alquiler de la sala…

Un debate falso y una pregunta importante

 

Terminando un discurso con el que no sé a quien  pretende  convencer  de  qué,  Redondo sale  en  defensa  de  la  presidenta  de  la  SEA, Graciela  Aráoz.  Consecuentemente,  inven- ta un nuevo argumento, según el cual, el eje de la crítica a Aráoz sería su no adscripción al  “realismo  socialista”.  No.  Te  equivocaste. A esta altura no sé si sólo por ignorancia. La crítica tenía por función poner sobre la mesa el tipo de literatura que defiende y promueve la dirección de la SEA. La crítica a Graciela

Aráoz no iba tanto a su calidad como poeta, como al hecho que representa el típico indivi- dualismo subjetivista burgués y defiende, aho- ra de la mano de Padeletti, el irracionalismo religioso.2   Para criticar esto no hace falta ser stalinista, basta ser medianamente culto y pro- gresista, no digamos ya, revolucionario. Quie- ra el lector comparar la poesía de la presidenta o de su premiado cultor de la “escuela Soto del zen”, con Miguel Hernández y Maiacovsky o si no, cómprese nuestra futura edición de la poética completa de Roberto Santoro. Y si está demasiado ansioso, adquiera por tres morlacos la antología poética de Vicente Zito Lema que acabamos de publicar. Verá de qué le hablo. Esta alusión a Aráoz nos sirve para el último comentario  sobre  el  despropósito  de  Víctor Redondo, que nos acusa de narcisismo y fac- cionalismo en lugar de ocuparse de cuestiones más importantes.. ¿Graciela Aráoz es la mis- ma que forma parte de Comisión de Activi- dades Culturales de la Fundación El Libro? La Fundación El Libro es, nada más y nada me- nos, que una cámara de la patronal del libro. Entre sus socios figura la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicacio- nes y la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines. Paradójicamente, otro de los miembros de la Fundación es la SADE, el or- ganismo al cual la SEA venía a superar… Vol- vamos  un  paso  atrás:  ¿qué  es  la  FAIGA?  La patronal de la industria gráfica, uno de cuyos miembros más importantes es Anselmo Mor- villo S.A. Si no saben quién es, pregúntenle a Pitrola… ¿Puede la presidenta del sindicato de los escritores y escritoras formar parte de una cámara patronal? ¿O no es la Fundación El Li- bro una cámara patronal? Tal vez me equivo- que y se trate de una confusión de nombres, un simple empleo administrativo o algo por el estilo. En ningún caso estamos interesados en cuestionar personas sino políticas, así que si estamos equivocados, simplemente lo dire- mos.  Pero  habida  cuenta  de  que  con  la  pu- blicación de la nota, el Partido Obrero asume una posición en el debate, debiera ser la di- rección del PO la encargada de responder esta pregunta y explicar qué hacen sus militantes en la dirección de la SEA. Digo esto porque si Redondo intenta aclarar algo más, el resultado puede ser catastrófico…

Notas

1Redondo,  Víctor:  “El  ‘aroma’  de  El  Aromo”,  en Prensa Obrera n° 1052, 28 de agosto de 2004 2Recientemente, la Fundación El libro acaba de pre- miar a Padeletti. Uno de los jurados fue Maximilia- no Tomás, director del suplemento cultural de Per- fil y uno de los principales impulsores de la “nueva narrativa argentina”. El otro, Graciela Aráoz…

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