Ni yanquis ni rusos. Sobre el bombardeo a Siria

La semana pasada se dio a conocer un ataque con armas químicas en la región de Douma, suburbio de Damasco, controlada por el grupo Jaish al-Islam. Tanto la oposición nacional, como Reino Unido y Estados Unidos culparon por el ataque al gobierno sirio. Assad, Rusia e Irán, por su parte, acusaron a Reino Unido de haber montado una puesta en escena. Como respuesta, Estados Unidos dirigió un bombardeo a tres lugares vinculados a la producción de armas químicas del régimen, junto con Francia y Reino Unido. En varias declaraciones, Trump, May y Macron se ocuparon de dejar en claro que, al igual que el bombardeo del año pasado, iban a realizar un ataque único y no buscaban escalar el conflicto con Rusia e Irán. Cabe preguntarse entonces qué hay detrás del ataque.
Primero hay que tener en cuenta el contexto general en el que ocurrieron estos hechos. Reino Unido y Rusia mantienen una relación tensa luego del envenenamiento de un ex espía de la KGB. Sergei Skripal fue condenado por el kremlin en 2004 a 13 años de cárcel por actividades de contraespionaje contra el gobierno ruso. En ese entonces, la justicia lo acusó de recibir un pago por parte de Reino Unido para extraer información clasificada y secretos de estado. Sin embargo, no llegó a cumplir su condena. En 2010 Estados Unidos impulsó un intercambio de espías con Moscú. Estados Unidos liberó a 10 espías rusos, mientras que Moscú entrego otros cuatro. El intercambio permitió a Skripal mudarse a Gran Bretaña y seguir una vida normal, hasta que el 4 de marzo fue envenenado con un agente nervioso junto a su hija.
Reino Unido acusó a Moscú por el ataque e impulsó la condena internacional. Varios países expulsaron personal ruso de sus embajadas, la mayoría relacionados al servicio secreto.
Este episodio no es un rayo en el cielo sereno, sino que es la novena muerte de funcionarios rusos en el extranjero en dos años. Sin embargo, poco es lo que se puede saber sobre las verdaderas causas, dado el secretismo que rodea los servicios de inteligencia. Aun así, hay un elemento a destacar y es el aumento de la hostilidad de algunos estados hacia el kremlin. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que Rusia está involucrada en una contienda en Siria, donde lleva la delantera y afecta los intereses de otras potencias.
Las negociaciones de paz
Desde fines de 2015 Rusia encabezó una serie de conferencias con la oposición a Assad para negociar la paz. Allí participaron también Turquía e Irán. El proceso de Astana, se realizó en paralelo a las actividades de la ONU en Ginebra, las cuales hasta el momento, no habían dado resultado alguno.
El 31 de enero, Rusia alcanzó un acuerdo con 50 representantes de la oposición siria para redactar una nueva constitución, la cual contaría con el aval de la ONU. Allí se establecieron también principios básicos que deben incluirse en el documento y la composición del comité constitucional: 150 nombres presentados por Turquía, Irán y Rusia (50 cada uno). En la conferencia también participó Staffan de Mistura, enviado especial de la ONU.
El 4 de abril, los presidentes de Irán, Rusia y Turquía se reunieron en Ankara realizar otra reunión en el marco de los avances de Turquía sobre Afrín y el control de los suburbios de Damasco por Assad.
Uno de los motivos del avance del proceso de paz es que el frente Rusia-Irán-Turquía-Assad controla una porción importante del territorio y tienen mayor capacidad de negociación con la oposición. Otro de los motivos, es el pacto Putin-Trump, por medio del cual Moscú obtuvo vía libre para dirigir el proceso1.
Sin embargo, los ataques recientes sirvieron a Francia, Reino Unido y Alemania para pedir que se vuelva a reactivar el proceso de Ginebra. Este pedido incluyó además a una fracción del partido republicano.
La interna republicana
El ataque ocurre luego de que Trump anunciase su intención de retirar tropas de Siria. Estados Unidos tiene una presencia militar desde 2016, para entrenar y asesorar a las fuerzas rebeldes kurdas y otros grupos de oposición, como las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), en el norte y el este del país. Esas tropas están respaldadas, además, por fuerzas de Reino Unido y Francia. El tamaño de la fuerza estadounidense en Siria aumentó a 2.000 soldados, frente a los 500 que tenía a principios del año pasado. Sin embargo, Trump no quiere sostener el costo de esta operación por mucho tiempo más, de ahí que apueste al retiro. Esto lo enfrentó con el equipo de seguridad nacional, con funcionarios del Pentágono y del Departamento de Estado. A modo de ejemplo, luego del anuncio, el general Joseph Votel, comandante militar en la región y Brett McGurk, enviado del Departamento de Estado a Siria afirmaban que las tareas que tienen por delante, son la consolidación, la estabilización y la reconstrucción; las dos primeras requieren una presencia militar continua. Esta misma línea tenía el ex Secretario de Estado Rex Tillerson y una parte de los republicanos. A pesar las peleas dentro del gobierno, el mes pasado, la administración Trump congeló $ 200 millones en ayuda a Siria2.
Casi no hubo oposición dentro de los republicanos por los bombardeos a Siria. Aun así, una fracción liderada por Lindsey Graham reclamó la reactivación de las negociaciones de Ginebra y una clarificación de la estrategia general.
El problema para Trump es que, desde hace meses, esa estrategia viene en disputa. Expresión de ello fue la magnitud de recambio del personal político en los últimos meses. Por empezar, con la llegada de HR McMaster al Consejo de Seguridad y John F. Kelly como Jefe de Gabinete. Su rol fue reordenar las filas y evitar que Trump imponga su estrategia de política exterior. De allí los recambios en el personal político cercano a la línea de Bannon.
En el último tiempo Trump logró recomponerse e imponer a su propia gente. La llegada en marzo de John Bolton al Consejo de Seguridad y la salida de McMaster es parte de este proceso. Bolton tiene una línea más dura, fundamentalmente con Irán y Corea del Norte. Mientras que en lo referente a Irak y Siria, es partidario a reformular las fronteras nacionales. Aún no está claro si respetando la propuesta de Rusia o con una propia, eliminando el acuerdo Trump-Putin.
Sin futuro
El conflicto sirio condensa una serie de enfrentamientos de mayor envergadura entre las potencias. No solo los intereses de la UE, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia están encontrados. También hay que tener en cuenta el accionar de las potencias regionales.
Israel y Arabia Saudita, quieren que Estados Unidos refuerce su presencia para contrarrestar el poder de Irán. Israel está involucrado directamente en el conflicto, con fuerzas propias, ataques aéreos y financiamiento a sectores de la oposición. El objetivo es doble: hacer retroceder a Irán y ganar más territorio.
Turquía por su parte, atacó la región kurda de Afrin en el norte de Siria, apoderándose de él el mes pasado, y amenazó con continuar la expansión. Tiene luz verde de Rusia e Irán, fuerzas propias y alianzas con distintos grupos de oposición.
El supuesto ataque con armas químicas y el posterior bombardeo de la coalición norteamericana vienen a empantanar más la situación. Así, en pos de la defensa de los intereses particulares de cada burguesía interviniente, se continúa con baños de sangre. La situación siria es una muestra más del destino que nos ofrece el capitalismo: hambre, miseria, muerte y la barbarie misma. Por eso es necesario que la clase obrera de la región reunifique sus fuerzas y se organice de forma independiente al imperialismo y de cualquier fracción nacionalista.

-Repudiamos los ataques en Siria.

-Por una organización independiente y socialista de la clase obrera.

Razón y Revolución

Notas
1 Las circunstancias y motivos del acuerdo lo explicamos acá https://goo.gl/dWPB3m

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