Ni yanquis, ni chinos: socialistas. Por una salida obrera en Venezuela

en El Aromo n° 104

Nicolás Grimaldi
Grupo de Análisis Internacional – CEICS


El chavismo es el producto del descontento de las masas con el régimen político venezolano, que le dio su apoyo en contra de los partidos tradicionales (AD y COPEI). Apoyándose en un nuevo boom petrolero, y el control que logró ejercer sobre PDVSA a partir del desplazamiento de su dirección gerencial y varios empleados luego del paro petrolero del 2002/2003, consiguió establecer una alianza con fracciones de la burguesía y la clase obrera. Dentro de la primera, el chavismo organizó una boliburguesía que se reproduce de las formas más lúmpen, como proveedora estatal, testaferros de funcionarios, ensambladora y envasadora de productos importados. También aparecen los capitales transnacionales chinos y rusos que se asociaron al chavismo en empresas mixtas y lo apoyaron políticamente con inversiones en diferentes sectores, como la industria militar, agrícola, y minera. De todas formas, el chavismo nunca dejó fuera del negocio petrolero al resto de la burguesía internacional como la norteamericana, que persistió como su principal mercado de exportación, la española, francesa u holandesa, que también constituyeron empresas mixtas bajo el chavismo. De hecho, solo las últimas sanciones de Trump afectaron a PDVSA, algo que no había sucedido con las sanciones anteriores. 

Dentro de la clase obrera, el chavismo se vinculó especialmente con la población sobrante a través de las misiones sociales, los bonos, los CLAP, el Carnet de la Patria, que le permitió nuclear a esta fracción en los colectivos sociales y en el Gran Polo Patriótico. El apoyo de la clase obrera formal fue más bien escaso, ya que nunca pudo controlar la Confederación de Trabajadores de Venezuela, creó la Unión Nacional de Trabajadores, que se fracturó en cuatro partes con Máspero y Chirino como principales exponentes, y terminó creando la Central Bolivariana de Trabajadores, que representa solo a una fracción de la clase obrera ocupada.

La volatilidad del precio del petróleo, hizo entrar en crisis al país en varias ocasiones a lo largo de su historia. En el caso del chavismo, la crisis comenzó en el 2012, con el desplome del precio del petróleo, haciendo crecer el endeudamiento con China y Rusia, a cambio del envío de crudo, y la prioridad a las inversiones rusas y chinas. Rusia le prestó más de 17.000 millones de dólares, mientras que China lo hizo por encima de los 60 mil a través del Fondo de Inversión Chino-Venezolano. Esta vía, si bien no se ha cerrado por completo, sí empieza a ser un problema, debido a las dificultades que tiene Venezuela para hacer frente a las obligaciones con ambos países. 

Con la crisis económica, el gobierno se recostó en la boliburguesía, y avanzó el ajuste contra la clase obrera. La pérdida de apoyo popular derivó en que, como ocurre con todo régimen bonapartista, se blinde y militarice, constituyendo en el camino una burguesía militar a través de la creación de empresas de todo tipo. Este proceso se inició con Chávez, que creó 4 empresas, pero se endureció con Maduro que creó 14, dedicadas a la construcción, la agroindustria, la minería, la industria petrolera, comunicaciones, la industria militar,  las finanzas y los seguros, todas ellas beneficiadas de acuerdos con el Estado. O sea, el momento de mayor represión del régimen, coincide con el aumento de los negocios entregados a los militares. 

Como el endeudamiento no alcanzó para recomponer la situación política y económica, recurrió lisa y llanamente a la privatización de PDVSA, vendiendo porcentajes de empresas mixtas y filiales a Rusia. Putín también tiene un interés militar y geopolítico en Venezuela. Poco se conoce sobre este punto, aunque  se instalaron algunas fábricas de armamento, se realizaron entrenamientos conjuntos, con la participación de bombarderos rusos y centenas de militares, y se discutió la instalación de una base militar  en La Orchilla, una isla situada a 160 km de Caracas. China también tiene sus intereses en juego en el país caribeño, aunque no es el principal destino de sus inversiones, ranking que es liderado por Brasil. Pero una avanzada militar de EE.UU. en Venezuela, o un gobierno opositor tutelado por el país del norte, lo ubicara en las fronteras de las mayores inversiones chinas en la región. 

Así, caída del precio y la producción del petróleo, fuerte endeudamiento con Rusia y China, blindaje y militarización del gobierno frente a la clase obrera cada vez más pauperizada, un interés militar ruso, y el recrudecimiento de la pelea de EE.UU. con China, son los elementos que aparecen como trasfondo de la situación de Venezuela. 

Perspectivas

El surgimiento de Guaidó como líder de la oposición se asienta sobre el ajuste que el propio chavismo llevó contra la clase trabajadora. Que se hayan producido enfrentamientos contra las fuerzas del régimen en los barrios más humildes, y que la mayoría de los muertos provenga de los mismos lugares, muestra que Guaidó ha logrado interpelar a parte de la población sobrante antiguamente chavista. Hasta el momento, la oposición venezolana solo realizaba movilizaciones, sin poder movilizar tras de sí a las masas de las barriadas obreras, por lo que no conseguía desafiar seriamente al gobierno, y rápidamente se veía desarmada. Esto respondía principalmente, al respaldo que tenía el chavismo por parte de la sobrepoblación relativa, que le daba la capacidad de movilizar una mayoría de las masas a favor suyo, y de encarcelar o proscribir a los principales dirigentes opositores (López, Ledezma, Capriles) descabezando la dirección opositora. Hoy, a pesar de tener el control del aparato represivo, Maduro no cuenta con la misma fortaleza política que hace unos años para atacar a la oposición, lo que explica por qué Guaidó llegó hasta donde llegó. En paralelo, a pesar de tener el apoyo de parte de la burguesía local e internacional, y parte de la clase obrera, Guaidó no tiene necesariamente allanado el camino a hacerse con el poder. La situación es delicada y las posibilidades son muchas.

Un primer elemento que queda claro es que, por ahora, una intervención militar norteamericana no aparece como la primera alternativa. Ya sea por inversiones, créditos no cobrados, e importancia geopolítica, Venezuela tiene un rol importante para Rusia y China, por lo que un enfrentamiento abierto entre EE.UU. y Venezuela derivaría en un conflicto bélico con estas potencias y eso es algo que, por ahora, nadie quiere. Por eso, la intervención militar no pasó de la amenaza.  Esto explica la insistencia de Guaidó en convocar a las Fuerzas Armadas de romper filas con Maduro a cambio de una amnistía. El hecho de haber dicho de que esta oferta no durará para siempre y que la propuesta alcanza a los militares que no estén acusados de delitos de lesa humanidad, habla de la búsqueda por hacerse con una base militar propia, purga mediante, que le permite sumar varios puntos a su campo. Uno, debilitar a Maduro quitándole una de sus principales bases de apoyo. Dos, colocar a las Fuerzas Armadas bajo la órbita norteamericana. Tres, y sobre todo, comenzar a crear un aparato represivo propio, para controlar las movilizaciones que surjan y lo que quede de la resistencia chavista.

Los sucesos del 23 de febrero con el ingreso de la “ayuda humanitaria”, fueron un duro golpe para la oposición. Ninguno de los camiones consiguió adentrarse en terreno venezolano, ya que Maduro cerró las fronteras y reprimió las movilizaciones con la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, dejando al menos cinco muertos y decenas de heridos. Así, mientras las primeras imágenes del día mostraban a un Guaidó exultante arriba de los camiones, el final mostró a Maduro cantando victoria en un acto central en Caracas y a un Guaidó recurriendo al apoyo internacional de Duque, Piñera, y Almagro, en una precaria sala de Cúcuta. Independientemente de esta cuestión, lo importante son las conclusiones políticas de esta jornada. Por un lado, a pesar de que Maduro anunció que se trataba de una victoria, ha quedado claro que no tiene la misma fortaleza que hace unos años atrás. Por otro lado, Guaidó no consiguió quebrar a las fuerzas armadas, y cosechó solo un puñado de apoyos individuales. Algo minoritario, si se lo compara con el apoyo al chavismo, que evitó el ingreso de los envíos apelando básicamente a la represión, sin grandes demostraciones de fuerza en la calle. Ha quedado claro que aún debilitado, Maduro mantiene, y es su principal bastión, el control del núcleo del aparato estatal, y también un fuerte control sobre la represión paraestatal. 

Ante este empantanamiento, es probable que se abra el planteo de un diálogo, dando posibilidad a una salida negociada. Incluso el canciller ruso, Serguéi Víktorovich Lavrov, pidió que Guaidó acepte el diálogo propuesto por los gobiernos de México, Uruguay, y los países del CARICOM. Resta saber si Guaidó y EE.UU. aceptarán ir a negociar con Maduro luego de demostrar debilidad, o deciden redoblar la apuesta, recrudeciendo aún más la situación. Se sabe que tras bambalinas, las negociaciones se están desarrollando. Nadie quiere desatar fuerzas que no esté seguro de controlar efectivamente.

Cuando el nacionalismo es criminal

El último desbarranque de la izquierda argentina se produjo a principios de enero, cuando los países integrantes del Grupo de Lima, buena parte de los países miembros de la UE, EE.UU. y Canadá, rechazaron la asunción de un nuevo mandato por parte de Nicolás Maduro, sosteniendo que su gobierno era ilegítimo producto de elecciones fraudulentas. A Maduro, en cambio, lo reconocieron China (que envió a su ministro de Agricultura), Rusia (a través del vicepresidente de la Asamblea), Bolivia, El Salvador, Cuba, México, Uruguay, Turquía, Irán, Argelia y la OPEP. 

Esta situación, que era el comienzo de un nuevo capítulo de la crisis del chavismo en Venezuela, generó posiciones que rozan el ridículo por parte de los partidos miembros del FIT, haciéndose eco de una supuesta defensa de la autodeterminación, la soberanía, y los derechos democráticos. El PTS habló de “cipayismo” por parte de los gobiernos latinoamericanos por desconocer el régimen de Maduro, pero que se callaron frente al “golpe” de Temer a Dilma, la “proscripción” de Lula, y el ascenso del “fascista” Bolsonaro. Todo esto, sin que el PTS diga una sola palabra sobre los crímenes de Maduro. Si bien hace mención a la crisis del socialismo del siglo XXI, sostiene que esto no habilita a que “países alineados con Estados Unidos, puedan definir los gobiernos de otros países. Solo el pueblo venezolano tiene ese derecho”. El PTS, o bien desconoce por completo la política internacional de Venezuela y su alianza con el imperialismo chino y ruso, lo cual constituye un hecho grave, o bien cree que existen imperialismo “peores”, como EE.UU., y “mejores”, como serían Rusia y China, lo cual es peor. 

Con otras palabras, el PO dijo lo mismo, sosteniendo que se trataba de un “ultimátum de parte del imperialismo y sus lacayos” para instaurar una situación de doble poder en Venezuela, reforzado por la avanzada “fascista” de Bolsonaro buscando impulsar la avanzada derechista en los procesos electorales de América del Sur de este año. Si bien denuncio al régimen de Maduro, propuso echar a la camarilla chavista de los sindicatos, nacionalizar el petróleo, y la necesidad de un gobierno de los trabajadores. En sus consignas convoca a un repudio internacional al “boicot imperialista” a Venezuela y Cuba, a romper con la OEA, el FMI, y el aparato diplomático imperialista, el retiro de bases militares, el desconocimiento de la deuda externa, y la lucha de clases consecuente contra los gobiernos que integran el Grupo de Lima.  Es decir, frente a una crisis política del conjunto del régimen, el PO propone una medida sindical (echar a la burocracia) y un “gobierno de los trabajadores” que sin convocar a ninguna medida concreta en lo inmediato, se vuelve solo un saludo a la bandera. Al mismo tiempo, corre detrás del programa nacionalista (no al pago de la deuda, romper con el FMI) a la cual adheriría la propia burocracia chavista. A su vez, convocar a luchar solo contra los gobiernos alineados con el Grupo de Lima, es un guiño para Evo, en Bolivia, y por qué no, para Cristina en Argentina. Es decir, en lugar de proponerle una salida real a la clase obrera, la lucha por la toma del poder y la construcción del socialismo, el PO le propone el programa de la CTA. 

Como la crisis chavista nunca deja de sorprender, esta situación no quedó solamente en el rechazo de una parte del mundo al gobierno de Maduro, sino que el nuevo presidente electo de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó de Voluntad Popular, convocó a una serie de cabildos abiertos, buscando poner a la clase obrera bajo su programa. El 23 de enero, aniversario del Caracazo, Guaidó se autoproclamó presidente del país. Su proclamación, fue reconocida por parte de la UE, EE.UU., el Grupo de Lima, Canadá. Maduro, por su parte, homenajeó al Caracazo reprimiendo las movilizaciones y militarizando los barrios dejando más de 40 muertos. 

La proclamación de Guaidó bastó para que el GPS del FIT enfile directamente hacia el campo chavista. En los 6 puntos que componen el comunicado emitido por el frente, se rechaza el golpe “del imperialismo y sus lacayos que vulneran la soberanía nacional”, el carácter antidemocrático de los países que apoyan a Guaidó, y el silencio de Cristina frente a la crisis. Cierra el comunicado convocando a los trabajadores latinoamericanos a movilizarse en contra del golpe y por una salida de los trabajadores y la unidad socialista de América Latina. 

Consecuente con su posición, bajo el lema de “Contra la ofensiva golpista del imperialismo y la derecha en Venezuela. Por una salida política de los trabajadores” y un flyer con las caras de Macri, Bolsonaro, Macron, Trump, y Lagarde, el FIT movilizó a la cancillería el martes 29 de enero, teniendo como oradores a Carlos Giordano, Christian Castillo, y Gabriel Solano, que hicieron hincapié en la lucha contra la injerencia imperialista en América Latina. Otra vez ausente quedó el apoyo y la direccionalidad política a la lucha de las masas hambrientas en las barriadas venezolanas. Más bien se buscó reivindicar que ellos estaban ahí y el kirchnerismo no.

Si bien el FIT se cansa de decir que no le da apoyo al chavismo, lo está haciendo en los hechos, convocando a movilizar solo por la derrota de la oposición pro estadounidense, y sin emitir opinión respecto a los más 40 muertos (mayoritariamente jóvenes, hombres y de barriadas pobres) por la represión del régimen a las movilizaciones. Ante una crisis política descomunal del bonapartismo chavista, y la movilización en las calles de las masas hambrientas, el FIT reduce su posición a un puñado de buenos deseos para los trabajadores, pero sin brindarle ninguna intervención política en lo inmediato para derrocar a Maduro y evitar que Guaidó se haga con el poder.

Sin embargo, todo tiene una explicación. La posición del FIT frente a Venezuela se emparenta con la posición que tuvieron estos partidos frente a la crisis brasilera. La denuncia de golpe frente al impeachment de Dilma, la denuncia de proscripción frente al encarcelamiento de Lula, la caracterización de Bolsonaro como fascismo, y el llamado a votar a Haddad en segunda vuelta, son parte de un mismo hilo. Amparándose en una defensa de los derechos democráticos, los partidos del FIT se ligaron al PT en Brasil, al chavismo en Venezuela, y al kirchnerismo en Argentina (podríamos sumar aquí las posiciones frente a De Vido, la causa de los cuadernos, el 2×1, etc.). Se podría discutir con los compañeros un error en la caracterización, y debatir respecto a si hay una avanzada fascista en América Latina que vulnera los derechos democráticos más elementales, o más bien una crisis política en el seno de la burguesía en la cual la clase obrera debe aprovechar para intervenir con su programa y no apoyar a uno de los bandos burgueses. Esto podría darse si la posición de los compañeros fuese honesta, y no un simple oportunismo. Si la izquierda se posicionó de esta forma antes los casos mencionados, por qué no lo hizo frente al caso de Pedro Kuczynski en Perú, que debió renunciar debido a las acusaciones de sobornos y corrupción por parte de la oposición, o por qué no lo hicieron frente a la renuncia de Rajoy en España. Sencillamente, porque no están en un cruzada por la defensa de los derechos democráticos, sino que conscientemente buscan defender a una fracción determinada de la burguesía. Rajoy y Kuczynski son de los malos, mientras que Lula, Chávez y Cristina son de los buenos, a los cuales hay que defender frente al ataque de los otros. 

En estos contextos es cuando más claros se debe ser, porque es el momento en los cuales se abre una crisis por arriba y permite la intervención política de la clase obrera. Si no se llama consecuentemente actuar por la caída de Maduro, por el rechazo al PT, de la misma forma que se hace con los Guaidó, los Bolsonaro, se cae en el inmovilismo y se deja a la clase obrera librada a ser conquistada por alguno de los bandos burgueses. Con tal de encantar al electorado kirchnerista, la izquierda argentina les propone el suicidio político a las masas.

¿Qué hacer?

En este panorama, donde se abre una suerte de empate entre los dos bandos burgueses, en que ninguno puede terminar de liquidar al otro, es cuando la izquierda debe salir de su parálisis e intervenir políticamente en la crisis. Sin embargo, por ahora, solo se ha dedicado a hacer sindicalismo, en el mejor de los casos, o apoyar a Maduro. 

Opción Obrera (que comparte con el PO el CRCI) emitió un solo comunicado con la línea del FIT, llamando a derrotar “el golpe de Trump-Pompeo y su títere Guaidó”. Es decir, una defensa implícita de Maduro. La Intersectorial, conformada entre otros por Marea Socialista, Liga de Trabajadores por el Socialismo, y el Partido Socialismo y Libertad, secciones del MST, PTS, e IS, respectivamente, sí se han proclamado por la necesidad de no apoyar a ni a Maduro ni a Guaidó, aunque con serias limitaciones. Marea Socialista y LTS, se han pronunciado por resolver la crisis dentro del campo burgués, a través de la convocatoria a elecciones o a una Asamblea Constituyente. PSL fue el único que planteó recuperar la consigna de “Fuera Maduro” del 2017, reivindicó las protestas obreras de enero en los barrios populares de Catia, Cotiza, San Martín, Petare, y El Valle, y propuso convocar a un plenario sindical independiente, que se realizó el 26 de febrero en el auditorio de Apucv.

La posición del PSL demuestra la mayor debilidad de la Intersectorial, que es proponerse como interlocutores a solo una porción de la clase obrera, la ocupada y sindicalizada, dejando fuera a más del 70% de la clase obrera que está desocupada o en la informalidad. Apelando solo a cuestiones sindicales, se deja de lado a las barriadas donde la clase obrera más pauperizada rompió con el chavismo y combate cuerpo a cuerpo contra las fuerzas represivas. Recientemente, la C-CURA, corriente sindical del PSL, publicó una nota sobre el rumbo que debe tomar la Intersectorial, reforzando el carácter sindical de la misma y la necesidad de comenzar a preparar una huelga general, que ponga a la Intersectorial a la cabeza de las luchas. Resulta preocupante que a casi dos meses de desatada la crisis, recién se hable de empezar a preparar una medida de acción, que incluso dejaría por fuera a la enorme masa de desocupados e informales, que luchan día a día en los barrios.

La izquierda revolucionaria debe postularse como dirección del conjunto de la clase obrera, convocando a plenarios de trabajadores ocupados y desocupados en los barrios que se han movilizado, para elaborar un plan de obtención y reparto de alimentos, medicinas, productos de higiene, todo lo que ni a Maduro ni a la oposición le interesa resolver. Esos plenarios deben ser el puntapié de un gran Encuentro Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, que permita unir la lucha del conjunto de los obreros. Más aún, debe apelar a la composición obrera de las fuerzas armadas, mediante el desarrollo de una estrategia propagandística específica para interpelar a la conciencia de esta fracción. 

Reiteramos el llamado a la izquierda venezolana a intervenir como tal en la calle y disputarle la dirección de las masas y el Estado, a Maduro y a Guaidó, poniéndole fecha a una gran movilización obrera e independiente. Sin acciones concretas, sin fechas inmediatas, sin vocación de poder, los planteos de la izquierda solo quedan en una expresión de deseo.


Notas

1https://bit.ly/2V6QOuR.

2https://bit.ly/2Ef9brU.

3https://bit.ly/2DMYQlc.

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