Negreros – Por Nicolás Villanova

El empleo no registrado como uno de los pilares de la “década ganada”

Hoy, cerca de 4 millones de asalariados se emplean en negro. Los empresarios se ahorran más de 10 mil millones de dólares por año a costa de esta capa de la población que tiende a consolidarse. El Gobierno dice que quiere combatirlo, pero oculta que esta es una de las bases del “modelo”.

Por Nicolás Villanova (OME-CEICS)

Muchos sostienen que este gobierno habría avanzado en cuestiones de derechos de los trabajadores, aunque faltaría regularizar la situación de los asalariados no registrados. Los casi 4 millones de asalariados en negro serían una “asignatura pendiente” del modelo. Según nuestros cálculos en base a la EPH, los capitalistas se ahorraron el último año 10 mil millones de dólares en evasión a cargas sociales, a lo que se suma que además, al estar en negro lo salarios, que se pagan son menores. El empleo en negro, en realidad, no es una “falta” del modelo, sino un mecanismo más para compensar la ineficiencia del capital radicado en Argentina y una de las condiciones del crecimiento de los últimos años, del que se vanagloria el oficialismo. Es decir, es una condición de su existencia y, por lo tanto, lejos de combatirlo, es el propio Gobierno quien se beneficia del mismo, al igual que los empresarios.

Distintas cifras, mismo programa

En octubre de este año, la Organización Internacional del Trabajo publicó sus estimaciones sobre empleo no registrado. Según el organismo, la suma de asalariados no registrados, más los denominados “cuentapropistas” que no aportan a la seguridad social, constituye en Argentina un total de 46,8% de los ocupados. Se trata de unas 7,2 millones de personas que no poseen ningún tipo de cobertura social.

El Ministerio de Trabajo cuestionó esas cifras y señaló que serían engañosas puesto que incluirían al “heterogéneo sector de independientes”, muchos de los cuales serían técnicos y profesionales que “no cumplen sus obligaciones tributarias”. Por ello, el Gobierno reafirma que la cifra real sería de “apenas” el 33,1% de los asalariados, casi 4 millones de personas. Lo cierto es que la crítica kirchnerista carece de sustento, pues bajo la forma del trabajador por “cuentapropia” se esconde un conjunto de asalariados no registrados que por sus bajos salarios no pueden tributar. El llamado cuentapropismo constituyó un 21% del total de ocupados en la última década. Apenas en el 10% se trata de técnicos y profesionales y, en promedio, el 56% del total obtuvo un ingreso laboral igual o menor al salario medio de los asalariados no registrados. Un ejemplo son los cartoneros, quienes realizan una actividad que lejos de ser de “auto-empleo” se constituye bajo una relación de explotación por parte de los intermediarios y el Estado.1

Más allá de su discusión sobre las cifras, la OIT y el kirchnerismo coinciden en proponer la fiscalización de las empresas como solución para revertir el trabajo no registrado. Lo cierto es que se trata de una salida inviable para el capitalismo local. La existencia del empleo en negro es base de un crecimiento basado en empresas que compensan su ineficiencia con bajos salarios.

La evasión…

Desde el año 2010, la tasa de empleo no registrado (ENR) no baja del 33%. A su vez, desde ese mismo año el porcentaje de asalariados “en negro” que trabaja en más de una ocupación tendió a crecer. Es decir, se mantiene un porcentaje relativamente constante del empleo precario desde hace cuatro años, pero crece la cantidad de puestos de trabajo precarios. Estas cifras expresan la consolidación del ENR en la economía argentina como mecanismo de compensación del capital ineficiente.

El Gobierno y gran parte del progresismo (e incluso sectores de izquierda), sostienen que el fortalecimiento de las PyMES es fundamental para el crecimiento económico y el sostenimiento del empleo y que, por tanto, son aliadas estratégicas para la clase obrera. Pero las PyMES son las empresas que mayor ENR contratan y las que peores salarios pagan. Entre 2003 y 2014, los establecimientos con hasta 5 personas empleaban en promedio el 60% de los obreros “en negro”. Estos patrones suelen ser quienes contratan obreros para las actividades que tercerizan las grandes empresas. Una estimación conservadora pone en evidencia la elevada evasión de los empresarios que emplean trabajadores en “negro” y sus exorbitantes ganancias a costa de la precariedad laboral. En el año 2013, la diferencia entre el costo salarial y las remuneraciones netas del empleo registrado privado fue del 43%. Si tomamos por ciertas las cifras oficiales de empleo no registrado y sus ingresos promedio, la evasión anual en cargas sociales es de 57.700 millones de pesos, 10.530 millones de dólares oficiales de entonces.

Por supuesto que las ganancias a expensas del pago de las cargas sociales son mayores si se suma el ENR que aparece bajo la forma de “cuentapropismo”. Pero los capitales privados no son los únicos que se benefician a costa de los obreros peor pagos. El Estado también lo hace. Se estima que en el año 2013 el 12,2% de los empleados públicos en el país no estaba registrado, implicando un ahorro para el conjunto del capital local.

… a costa de la miseria

Además del ahorro que implica no pagar aportes, el empleo en negro permite aumentar las ganancias por la vía de los bajos salarios. Los empresarios negreros les pagan a los trabajadores no registrados un salario mucho menor que el que reciben los registrados en mano (ver gráfico). Según las manipuladas cifras del INDEC,2 en lo que va de 2014 el salario no registrado representa apenas el 51% de lo que se paga al trabajador registrado privado. Incluso entre los años 2005 y 2013 el ingreso medio laboral no registrado se ubicó por debajo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Del 2013 a esta parte la suma del ingreso medio laboral y no laboral (subsidios del Estado y demás) de los trabajadores en negro se encuentra por debajo de la canasta básica familiar. La evolución de esta última, muestra que la inflación crece a un ritmo mayor que el ingreso total del empleo precario.

En la rama de la agricultura y ganadería, uno de los sectores más dinámicos de la última década en términos de creación de empleo, el 61% de sus empleados no están registrados. En la rama de la construcción, el porcentaje trepa al 69%. Le siguen los sectores de hoteles y restaurantes y comercio (39 y 41%, respectivamente). Incluso la industria manufacturera tiene una participación del ENR del 27%.3

Los bajos salarios y la precariedad en los empleos de los trabajadores en negro expresan no solo el carácter relativo de la recomposición económica luego de la crisis de 2001, sino también la consolidación de una capa de la población obrera cada vez más pobre.

Una fenómeno de largo alcance

El empleo en negro no es un fenómeno propio de la última década. Viene creciendo por lo menos desde los ‘80 (en ese entonces comenzó a medirse anualmente). Sin él, un conjunto importante de capitales no podría subsistir. Su eliminación bajo estas relaciones sociales tendría como consecuencia inmediata un problema económico (la contracción de la ya chica estructura económica actual), social (mayor desempleo) y político (cuestionamiento del orden y estallido social). Por eso, este mecanismo se convirtió en condición estructural de la economía argentina.

Este fenómeno excede a la administración actual, pero el kirchnerismo lo reproduce y lo defiende. No solo porque la administración estatal se nutre de la capa de la población obrera peor paga, sino porque defiende el empleo precario con uñas y dientes para resguardar al capital incluso a costa de la vida humana. Como ocurrió con el asesinato de Mariano Ferreyra hace cuatro años, quien reclamaba junto a los trabajadores el pase a planta permanente de los ferroviarios tercerizados.

En este marco y bajo estas relaciones sociales, la unidad de acción de los obreros registrados y no registrados es la única solución que puede garantizar una homogeneidad real en sus condiciones laborales y la lucha para la superación de la miseria a la que nos lanza el capital.

Gra_Nicolas

Notas

1 Véanse Villanova, Nicolás: “Con el sudor de frentes ajenas. Fortunas amasadas en base al trabajo cartonero”, en El Aromo, n°74 (disponible en http://goo.gl/M2LJKg); y, Villanova, Nicolás: “En busca de una paritaria. Los cartoneros como trabajadores en negro del Estado porteño”, en El Aromo, n°75 (disponible en http://goo.gl/QWOfsy).

2 Conocida es la manipulación oficial del Índice de Precios del Consumidor. A esto se suma que en los últimos meses se ha empezado a denunciar la manipulación del Índice de Variación Salarial. Véase CTA: “Las inconsistencias del índice salarial del sector público”, disponible en http://goo.gl/k8IXLa.

3 Todos los datos corresponden al 2° trimestre de 2014, en base a la EPH.

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