Nadando contra la corriente – Por Ana Costilla

si-ya-no-puedes-nadar-contra-la-corriente-pidele-ayuda-a-diosLa experiencia de la OCPO muestra el desarrollo de una organización que combatió el nacionalismo y que, desarrollando un programa netamente socialista, logró inserción e influencia sobre ciertas fracciones de la clase obrera en el proceso revolucionario de los 70.

Ana Costilla (Grupo de Investigación de la Lucha de Clases en los 70 – CEICS)

El programa de liberación nacional tuvo un papel protagónico en los años 60 y 70. Al calor de la revolución cubana y de los procesos de descolonización en Asia y África (de los que Vietnam y Argelia se convirtieron en emblemas), la idea de que en Argentina también había que llevar adelante una lucha por liberar a la nación del yugo extranjero, logró una significativa preponderancia dentro de la fuerza social revolucionaria. No solo fue un elemento constitutivo de la izquierda peronista sino que incluso el nacionalismo llegó a impregnar algunas posiciones de la izquierda marxista, como el PRT-ERP. El trotskismo, por su parte, también fue permeable a estas ideas, dada su caracterización del país como semi-colonia. Sin embargo, existió una organización revolucionaria que consideró a la Argentina como un país capitalista plenamente desarrollado y que, de esta manera, sentó posición respecto de una discusión crucial en el seno de la izquierda: todas las tareas democrático-burguesas habrían sido realizadas, la única contradicción que atraviesa a nuestra sociedad sería la que engloba capital-trabajo, y solo queda por delante hacer la revolución socialista. Se trata de la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). En esta nota, revisaremos los núcleos centrales de su programa y veremos qué desarrollo tuvo.

¿Qué hacer?

La formulación de que la burguesía argentina cumplió con sus tareas históricas, ya estaba presente en una organización cordobesa que sería el eje aglutinante de la futura OCPO: El Obrero, agrupación surgida de la ruptura de la Regional Córdoba del MLN-Malena en 1969. Luego de constituirse durante un breve tiempo como grupo de estudio, construyendo un programa nuevo, nació El Obrero. En efecto, sus militantes precisaban que para determinar la naturaleza de la revolución en Argentina, había que emprender un análisis de las fuerzas productivas, las relaciones de producción, las clases sociales y la superestructura política (el Estado). Concluyeron que proletariado y burguesía son las dos clases sociales fundamentales, incluso en el agro, donde descartaron toda caracterización de tipo feudal, ya que “la estructura del campo argentino es predominantemente capitalista, y no hay una verdadera Revolución Agraria (…) que cumplir”.1 De hecho, El Obrero advirtió que “medidas como estas no pueden sino llevar al desarrollo de toda una capa de pequeños burgueses campesinos, que después se aferrarán a su mezquina parcela de tierra, significando un obstáculo para las tareas de socialización del campo.”2 De igual modo, se rechazaba la existencia de cualquier opresión política por otra nación. En este sentido, El Obrero puntualizó que el imperialismo, en nuestro país, genera solo una dependencia de tipo financiera, que no se traduce en -ni deriva de- una sujeción política:

“No somos una semicolonia, sino que dependemos del imperialismo desde el punto de vista financiero (…). La Argentina goza del derecho de autodeterminación nacional, lo cual no quiere decir que no exista dependencia respecto del imperialismo, sino que significa fundamentalmente que hay un estado nacional, burgués, constituido. Esto es muy importante, porque la constitución de una nación independiente, la constitución de un estado burgués, es la principal tarea revolucionaria de la burguesía, y en nuestro país, ya está cumplida. (…) no existe en nuestro país ninguna clase o sector de clase que no sea producto del sistema capitalista. (…) no existe ninguna revolución nacional que realizar (…) La única revolución necesaria y posible es la revolución socialista, sin tareas previas.”3

La conclusión política que deriva de esta caracterización, no podía ser otra: “la bandera de Liberación Nacional, es una bandera falsa para nuestro país.”4 Evidentemente, la difusión de un programa de estas características, colocó a El Obrero frente a una profunda discusión con el resto de la izquierda, ante la cual proclamaban:

“Sí, efectivamente planteamos directamente el socialismo. Y no lo hacemos porque tengamos apuro (impaciencia pequeño burguesa) (…) ni porque nos parezca más fácil o elegante. Planteamos directamente el socialismo porque consideramos que en nuestro país ya están cumplidas todas las tareas revolucionarias de la burguesía (…)”5

Cuando diversas organizaciones, entre las que se incluía El Obrero, iniciaron un proceso de discusión para la conformación de una nueva organización, este programa no se abandonó. La última de esas fusiones, que tuvo como protagonistas a El Obrero, Poder Obrero (Santa Fe), Movimiento de Izquierda Revolucionaria y Lucha Socialista, plasmó sus bases programáticas en un extenso documento. Allí se presenta la unificación como resultado de un proceso de crecientes acuerdos, entre los cuales, ante todo, lo principal es el carácter socialista de la revolución. En esta oportunidad, se brindan mayores elementos que dan cuenta del desarrollo capitalista pleno de la Argentina:

“La moderna producción fabril es la base fundamental de la economía argentina. (…) el proletariado rural es una de las clases más importantes del campo. (…) [El] mercado interno está altamente integrado y hay libre circulación en todo el territorio de la fuerza de trabajo y demás mercancías.”6

Además, las organizaciones señalan que la dependencia económica de Argentina tuvo su origen en un desarrollo capitalista tardío, que ningún proyecto podrá resolver dentro de los propios marcos del sistema. En consecuencia, la OCPO sostuvo que no hay margen para alianzas estratégicas con la burguesía, a menos que la imaginemos colaborando en su propia destrucción. Este distanciamiento del programa de liberación nacional, permite comprender por qué, varios años después, la OCPO fue una de las pocas organizaciones que rechazó la guerra de Malvinas, mientras otros partidos revolucionarios marcharon junto a Galtieri.

Ya desde El Obrero se encararon tareas de agitación de este programa, a partir de la edición de una serie de boletines para el SMATA. Pero otra de las experiencias que marcó los inicios de la organización, fue Sitrac-Sitram, y de ella extraerían una importante lección política: “precisamente, la experiencia de los sindicatos clasistas de Fiat demuestra que la clase obrera argentina (por lo menos así es en Córdoba) está sumamente madura para receptar las ideas del socialismo, y abandonar el nacionalismo burgués.”7

La inserción de la OCPO

La ciudad de Villa Constitución, en Santa Fe, fue escenario de una de las batallas más importantes que libró la clase obrera en los 70. Tras varios años de lucha, se logró desplazar a la dirigencia peronista de la seccional de la UOM, en una jornada que pasó a la historia como el “Villazo” de marzo de 1974. Allí la OCPO fue una de las organizaciones con mayor influencia en el movimiento obrero metalúrgico, junto con el PRT.8 Así es como Francisco Sobrero, empleado de Acindar y militante de Poder Obrero-OCPO, llegó a ser calificado como el “ideólogo de la subversión fabril”, por el Ministro del Interior, Alberto Rocamora. En respuesta, la organización declaró que se trató de: “participación que reivindicamos y nos hace redoblar los esfuerzos para llevar a más y más explotados las banderas de la revolución socialista y la organización de un fuerte partido proletario.”9 Del mismo modo, la OCPO había apuntalado el liderazgo de Alberto Piccinini, el nuevo secretario general de la UOM-Villa Constitución. Paralelamente, ese mismo año, Juan Vila, militante de la organización, fue electo secretario general de la Comisión Directiva del Sindicato de Trabajadores de Perkins, disputándole la conducción a la burocracia cordobesa.

A principios de 1975, la OCPO terminó de constituirse, tal como después se la conoció. Solo unos meses después, la clase obrera argentina asistió a lo que fue el punto más álgido de la lucha de clases en el período, detonado por el Rodrigazo. Sin embargo, aquel momento en que se activó el cordón industrial del Gran Buenos Aires no encontró a una OCPO paralizada. Por el contrario, la experiencia de las Coordinadoras Interfabriles, que motorizaron el proceso de huelga general de junio y julio de 1975, muestran la influencia destacada de la OCPO en aquel fenómeno, en particular en la zona norte. 10

Como es lógico, este desarrollo iba acompañado de una mayor vinculación de la organización con el resto de la izquierda. Entrado el año 1976, se proyectó la creación de un frente de coordinación anti-dictatorial junto al PRT-ERP y Montoneros. Si bien la Organización para la Liberación Argentina nunca llegó a concretarse (Santucho cayó antes), es una muestra del reconocimiento de sus pares hacia el desarrollo que alcanzó esta organización, en tan corto tiempo.

Con la bandera socialista

Este último repaso por lo más destacado del desarrollo de la OCPO, resulta interesante si se tiene en cuenta que la organización se conforma tardíamente en relación al conjunto de partidos y destacamentos revolucionarios que intervienen en la etapa. Más aún, considerando que el grueso de su activismo estaba en el interior del país. Por lo tanto, la velocidad de su crecimiento da cuenta del atractivo que generó su propuesta política en ciertas fracciones de la clase obrera. Dicho de otra manera, la OCPO muestra el desarrollo de una organización que combatió el nacionalismo y que, en contra de esa visión, desplegando un programa netamente socialista, logró inserción e influencia sobre ciertos sectores del movimiento obrero. Fue un desarrollo minoritario en comparación con otras organizaciones, pero nada despreciable. La OCPO constituye toda una enseñanza política para la izquierda nacionalista actual, que considera que la clase obrera no está preparada para que le hablen de socialismo…

Notas

1El Obrero: “Acerca del carácter de la revolución en nuestro país”, 1972, p. 1.

2El Obrero: “El programa de SITRAC-SITRAM. Aportes para la discusión”, 1971, p. 10.

3Ídem, pp. 3-4.

4El Obrero: “Acerca del…”, 1972, P. 15.

5El Obrero: “Encuentro de la burguesía nacional con los reformistas argentinos”, 1971, P. 14.

6El Obrero-ORPO-MIR y Lucha Socialista: “Hacia la construcción del partido revolucionario de la clase obrera”, 1975, p. 2.

7El Obrero: “El programa…”, 1971, p. 6

8Santella, Agustín y Andrea Andujar: El Perón de la fábrica éramos nosotros, Desde el subte, Bs. As., 2007.

9El Obrero, “Informe sobre Villa”, 1974, p. 8.

10Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril, Ediciones ryr, Bs. As., 2006.

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