Mundo obrero. Cuando no esperamos a la burocracia

En el mes de mayo, 230 mineros del Yacimiento Carbonífero de Río Turbio (Santa Cruz) fueron reincorporados. Se trata de una lucha que comenzó a principios de año pero que tuvo sus antecedentes a principios de 2016, cuando un grupo de compañeros había realizado una huelga de hambre por un despido injustificado, y en septiembre de 2017, cuando se realizó una toma de mina por el despido de dos trabajadores más.

Además, se trata de un sector con cierto historial de lucha: los mineros tienen en su haber una lucha contra la privatización en los ’90 y 142 días de medidas de fuerza realizadas al kirchnerismo por reclamos varios (tercerizaciones de sectores o atraso de pagos). Esta vez se suma una particularidad: la pelea estuvo en manos de una conducción Multicolor independiente de la burocracia kirchnerista que había conducido el sindicato en los últimos años. De este modo, la pelea continuará por la defensa de las condiciones de trabajo y el convenio colectivo.

El hecho sobresale por sus consecuencias políticas. En primer lugar, nos muestra la posibilidad de arrancar victorias al gobierno en un contexto donde hasta ahora primaban las derrotas (definitivas o transitorias) de varias luchas. La idea kirchnerista según la cual, el gobierno de Macri es un “gobierno fascista” al que no se le puede ganar en la calle sino en las urnas, demuestra ser una mentira miserable que conlleva a profecías autocumplidas: “al gobierno no se le puede torcer el brazo, no tiene sentido hacer nada”. ¿El resultado? El lector adivinará: derrotas, porque nadie habrá hecho nada.

En segundo lugar, un asunto de método: la lucha sistemática e independiente contra el ajuste, paga. Así lo entendieron los mineros que reimpulsaron una intersindical de la mina (junto con Luz y Fuerza seccional Patagonia, La Fraternidad y la Asociación de Personal Superior Profesionales y Técnicos), coordinaron con otros sectores en lucha (INTI, Posadas) y apelaron al apoyo de toda la comunidad para sostener meses de conflicto. Realizaron paros y tomas de minas, cortes de ruta, acampes en el Congreso, escraches y hasta el bloqueo al buque petrolero en Punta Loyola. Incluso, en marzo, la comunidad de Río Turbio detuvo el ingreso de la Gendarmería Nacional enviada para reprimir.

Esto también deja enseñanzas a la izquierda, que oscila entre el triunfalismo de suponer que el 2001 está a la vuelta de la esquina (caracterización que fue cayéndose con el paso de los meses) y el inmovilismo de limitarse a exigir a la burocracia que luche. Ello implica no tomar la iniciativa ni postularse como dirección. Justamente, el caso de los mineros demostró que ese camino es inconducente. En su visita a Buenos Aires, lejos de subordinarse a la Verde de Cachorro Godoy, los compañeros impulsaron iniciativas independientes no toleradas por la burocracia, lo cual marca toda una orientación.

En resumen, la lucha de los mineros nos empuja a reagrupar nuestras fuerzas y aglutinar a todos los sectores en lucha detrás de un frente único de la clase obrera. No podemos esperar nada de la burocracia y el kirchnerismo, que fuera de alguna acción testimonial aislada, quiere dejarle hacer a Macri y prepararse para las elecciones. Si queremos un Argentinazo, hay que prepararlo. En el 2001 eso significó la unidad de la vanguardia y un plan de lucha. Por eso, una Asamblea Nacional de Trabajadores que defina un plan de lucha independiente debe ser el punto de partida de dicha coordinación, para que finalmente la crisis la paguen los capitalistas.

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