Misiones: Ítem zona, una necesidad olvidada (parte 1)

Por Rafael Vázquez

Si algo caracteriza a la docencia secundaria misionera es la de ser trabajadores-taxi. No es una realidad puramente local. Buena parte de los docentes del país se encuentran en la misma situación. En este periódico venimos publicando una serie de notas sobre distintos aspectos de nuestro régimen de trabajo.

Hoy nos vamos a preguntar cuánto se reconoce en nuestro salario de esa realidad. Entonces, ¿qué relación existe entre ser un docente taxi y el ítem salarial zona? Como la dimensión en análisis es muy amplía enfocaremos el tema desde un doble ángulo. Primero veremos la situación desde la capital provincial y al compañero del interior mejor conocedor del asunto le decimos que no se angustie, la segunda parte estará enfocada al análisis del problema en el interior de la provincia.

¿Qué es el ítem zona?

Dentro de la muy variada gama de ítems en los cuales se descompone nuestro salario como estado docente, presentismo y un sin fin de puntos creados por decreto, existe la zona. De acuerdo con el Estatuto, la función que cumple la zona es la de bonificar nuestro salario por la ubicación de la institución en la cual trabajemos. Por lo tanto, la zona se subdivide en categorías y mientras más desfavorable sea el lugar, por la distancia y la infraestructura vial para su acceso, la zona aumenta o disminuye según el caso.

De acuerdo al art.42 existen 6 categorías, de la A (no recibe zona) a la F (recibe 100% de bonificación sobre el básico). Esto fue modificado por medio de la Resolución Nº 5 del año 2000 sancionada por el CGE. De acuerdo a la nueva rezonificación, las categorías son ahora 5: desde A (0%) a la D (máxima zona). Resumiendo el ítem zona solo reconoce entonces la ubicación de la escuela y en teoría el acceso. Pero ¿qué pasa si agregamos como criterio de clasificación el tiempo de traslado? Algún compañero me dirá con cara de fastidio, pero ¡eso está implícito al hablar de ubicación!, ¿ah sí? Veamos.

No voy en tren, voy en avión

Metámonos en el meollo de la cuestión y tratemos de resolver el interrogante planteado. Arranquemos por una situación hipotética que nos sirva de ejemplo. Si un docente trabaja en el barrio San Isidro y debe trasladarse supongamos que, a las inmediaciones del centro, le recuerdo que hablamos de un docente taxi, ¿cómo se las arregla? Si tiene un móvil conduciendo “tranqui 120”, caso contrario esperará el bondi, sí, ese que no llega nunca o va atestado y no para.

Esto significa una imposibilidad de hecho para acrecentar las horas de trabajo. Si el caso hipotético no lo convence,
aquí va un ejemplo concreto de lo inverosímil del criterio patronal para otorgar zona. En Posadas sólo 2 establecimientos de secundarios reciben zona, de acuerdo a lo que se desprende de la página oficial del CGE. Uno de ellos es la EPET 45, establecimiento ubicado en el barrio San Isidro de la capital provincial que recibe 20% de zona.

Hasta acá todo color de rosas. A sólo 200 metros, si a 2 cuadradas de distancia, el BOP Nº 85 no recibe este ítem. No se ría ni se indigne, esto ocurre cuando las decisiones sobre nuestras vidas las dejamos en manos de los representantes de la burguesía.

Ahora bien, si el compañero en cuestión logra acomodar sus horarios y por lo tanto consigue incrementar sus horas de trabajo a costa de reducir su vida al mínimo ¿cuánto le cuesta trasladarse de un rincón de la ciudad a otro? “Bueno, pero para eso existe el ítem pasaje” dirá con cara burlona algún puntero sindical de UDPM. Sí, equivale a 42 pasajes urbanos mensuales, algo menos de un tanque de gasolina completo para una semana. La condición de taxi obliga a muchos compañeros a tomar 4 o más colectivos para llegar a sus lugares de trabajo. Si realizamos un ejercicio matemático sencillo, vemos que el ítem pasaje le alcanzará para 2 semanas y medía en el mejor de los casos. O sea, eso de que la patronal nos paga los viáticos es simplemente verso.

Soluciones

El tiempo de traslado desde las zonas periféricas y más desfavorables de la capital provincial con pésimos caminos y
falta de alternativas de trasporte impide el acceso a más horas por parte de muchos docentes. La zona implica entonces un paliativo al pésimo salario que recibimos, zona que como vimos, no cubre siempre la totalidad del gasto en itinere de escuela a escuela. Pelear porque la zona reconozca verdaderamente ese costo, el desgaste del trabajador y el riesgo, es una tarea imprescindible. ¿Esto significaría trabajar menos y ganar más? Efectivamente de eso se trata. El compañero que tiene la fortuna de concentrar sus horas y su vida en una sola escuela podrá sentir que lo hacemos a un lado, sin embargo nuestro objetivo es persuadirlo para que juntos construyamos una sociedad distinta. La lucha por la zona es solo un eslabón más en la tarea para mejorar nuestra miserable situación material, esa que nos afecta a todos. Pero para eso, construyamos juntos el socialismo, una sociedad basada en el interés social, la abundancia y el tiempo libre.

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