Migrando. La erosión de la “ventaja competitiva” china y sus perspectivas

Pablo Aparicio

Colaborador

China se consolidó como gran productor y exportador industrial merced a la mano de obra barata, producto de un enorme reservorio de fuerza laboral en zonas rurales. No obstante, el encarecimiento de los obreros chinos y su incipiente organización amenaza la gallina de los huevos de oro oriental.

 


Chunhua, trabajadora migrante oriunda de Puyang, era empleada con cuatro años de antigüedad en la planta industrial que Foxconn, el mayor diseñador de componentes electrónicos para tablets y celulares del mundo, posee en el “Silicon Valley” chino (Shenzhen, a 1.500 kilómetros de su localidad de origen). Cumplía el turno diurno, completando planillas con información de productos y resúmenes para actividades de su jefe, aunque si el ritmo de trabajo lo exigía, hacía horas extras por la noche o fines de semana. En septiembre de 2010, la empresa le exigió que se mudara a la planta de Yantai, a casi 2.000 kilómetros de distancia de su residencia. El motivo era el traslado de las líneas de montaje del sector donde trabajaba. El salario que pagaba Foxconn en Yantai era en ese momento de 920 yuanes mensuales (unos 138 dólares) mientras que en Shenzhen ascendía a 1.200 yuanes (180 dólares). Los ingresos de la trabajadora, por su antigüedad, eran de 1.360 yuanes (204 dólares).[1]

Chunhua se negó. Como consecuencia, se la derivó a otra división de la planta en su misma ciudad, pero con una tarea completamente distinta: fue asignada a la línea de montaje, donde debía cumplir turno nocturno si el patrón se lo requería. Este cambio violento en sus condiciones laborales le generó depresión y tendencias suicidas. Fue internada y diagnosticada con estrés psicótico agudo. No regresó a su trabajo ya que consideró que Foxconn había cambiado de manera unilateral sus funciones, transgrediendo el contrato. Denunció a la firma en la Oficina de Empleo a comienzos de 2011.[2] En junio, el organismo falló a favor de Foxconn. El comité arbitral determinó que el cambio de condiciones había sido razonable y lícito. Entonces, Chunhua elevó una demanda judicial. El juez ratificó lo actuado por el comité de arbitraje y agregó que no había suficiente evidencia para establecer una relación causal entre los problemas de salud y las prácticas empresariales. Chunhua apeló a una instancia superior, iniciando un segundo juicio. En abril de 2012, recibió la notificación del nuevo fallo: no había responsabilidad de Foxconn por sus “problemas de salud”. Durante el proceso, los sindicatos oficiales no defendieron sus derechos laborales. No sorprende que la presidente del sindicato de Foxconn haya sido en ese entonces la asistente personal de Terry Gou, CEO de la firma.

 

 

El negocio del capital con la fuerza de trabajo de los migrantes chinos

 

La resolución del incidente no es mera anécdota. Los trabajadores migrantes rurales en China forman un conjunto de millones de seres necesitados de vender su fuerza de trabajo en las grandes ciudades para sobrevivir y enviar dinero a sus familias. Los que tienen “suerte” son contratados y super-explotados por las multinacionales que buscan mano de obra barata. El resto constituye, a la fecha, un enorme ejército de reserva. Como consecuencia de la descolectivización y el crecimiento de la industria para exportación, los migrantes rurales chinos se encontraron con mayor “libertad” para moverse dentro de su país y engrosar la masa de explotados a partir de las reformas iniciadas en 1978.

Aunque Deng Xiaoping sostuviera que era posible importar los medios de producción capitalistas sin las relaciones de explotación, las reformas señaladas propiciaron el desplazamiento de millones de personas, lo que generó un cambio en la composición de los lugares de empleo. Mientras que en 1970 solo el 18% de los ocupados lo hacía en ámbitos urbanos (63 millones de personas), en 2016 el 53% de los ocupados lo hacía en ciudades (414,3 millones). En 2014, los ocupados urbanos superaron por primera vez en la historia a los rurales. De 2001 a la fecha la tasa de ocupación urbana promedia un crecimiento de 3,7% anual, mientras la rural cae un 1,85% al año. El aumento de los trabajadores urbanos fue un factor determinante en el vertiginoso crecimiento del PBI chino durante las últimas décadas: junto a la inversión externa, representó solo entre 1978 y 1988 un tercio del crecimiento del PBI.[3]

Sin embargo, ya se piensa con preocupación en la situación demográfica como consecuencia de la política de un solo hijo aplicada desde 1979, cuya principal consecuencia fue la reducción y el envejecimiento de la población activa. La mano de obra china a bajo costo puede llegar a su agotamiento en los próximos años y la reducción de la fuerza de trabajo puede ralentizar el crecimiento económico.[4]

 

 

La presión de la población inactiva, el alza salarial y el movimiento del capital

 

Según Krasova y Yang, para 2020 China sufrirá una falta de 31 millones de niños de 0-15 años y para 2050, de 70 millones. Es que en los últimos 40 años se calcula que las medidas de control de la natalidad evitaron el nacimiento de 400 millones de personas y alteraron la pirámide etaria. En 1982, la proporción de jóvenes en edad de trabajar sumaba el 33,6% de la población total y la población de personas mayores de 65 años ascendía al 4,9%. En 2014, estos porcentajes eran del 16,5% y 10,1% respectivamente. De hecho, la tasa de crecimiento en los ocupados en la última década se ubica en un rango de entre el 0,46% y 0,2% anual, diez veces menos que en los ’80. Las consecuencias del descenso demográfico en el mediano plazo se agravaría por la carencia de un sistema de seguridad social acorde para atender a los ancianos y de adecuados servicios de salud.[5] Se prevé que para 2020 la población activa puede disminuir en casi 90 millones frente a 2014. En ese marco, numerosos veteranos siguen siendo el único hijo de familia y tendrán que mantenerse a sí mismos y a sus hijos además de a sus padres y abuelos.

El escenario demográfico muestra que si bien la tasa de dependencia (cálculo que mide la relación entre inactivos y activos) de la niñez descendió con la política de “un solo hijo”, la de la vejez aumentó un 78% de 1982 a 2014. A medida que envejezca la población actual sin renovarse, se espera que ocurra lo mismo con la de la niñez. La modificación en el estricto control de natalidad permite tener dos hijos a partir de 2016; pero claramente los efectos demorarán más de una década en impactar en la PEA. Entre 2010 y 2016, el ratio de dependencia de la población china aumentó de un 34,2 a casi 40% (es cierto, aún por debajo de los países de Europa occidental y de Japón).

El fenómeno pone presión sobre la estructura salarial. Con un mercado de trabajo que se complejizó, y con una incipiente organización del movimiento obrero, los salarios en China se incrementaron en los últimos años. La productividad laboral superó en alrededor del 10% al aumento salarial en las denominadas economías desarrolladas, y la participación del salario en el PBI mundial cayó en un 2% entre 1995 y 2014; pero en China la participación salarial en la renta nacional luego de la crisis de 2008 aumentó. El salario mensual promedio de un trabajador de las denominadas “unidades urbanas” (sin incluir empresas privadas) para 2016 fue de 810 dólares, casi cinco veces más que el promedio de 2000 (a valores de diciembre 2016). El pago por hora se duplicó entre 2005 y 2016, y para el sector manufacturero se triplicó. A su vez, el salario en las zonas rurales experimenta una tendencia creciente, debido a cierta escasez de mano de obra, la inversión estatal en estas regiones y la regulación del salario mínimo desde 2004, entre otros motivos.[6]

A su vez, la tasa de crecimiento económico se ralentiza. Mientras que entre 2002 y 2011 el PBI creció a un ritmo del 13% anual, desde 2012 cayó a casi la mitad (6,9%). En las exportaciones, aunque continúa siendo el principal exportador, sus envíos decrecen a un ritmo del 8% anual. Por eso, el consumo interno se planteó como rueda de auxilio: entre 2007 y 2016 el consumo de las familias creció un 131%. Solo entre 2015 y 2016 aumentó 8%, mientras que la tasa de crecimiento natural de la población, una de las causas del aumento del consumo, fue de 5,86%. El resto del aumento de esta variable se debió al incremento del salario real, en un 6,8% durante 2016 para las unidades urbanas.

El fenómeno tiene doble filo, porque erosiona la ventaja competitiva. El capital comenzó en los últimos años a privilegiar otros países de la región con menores costos laborales para instalar polos de exportación. Por ejemplo Tailandia (con un salario que oscila los 440 dólares mensuales); Bangladesh, Filipinas, Indonesia (países con salarios promedio tres veces menores al chino) o Vietnam (cuyo salario medio es de 282U$S por mes). Tal es así que en estas naciones, hace algunas décadas marginales entre los países industriales, se encuentran a la vanguardia en varios sectores. En la industria de la confección, si bien China sigue liderando, Bangladesh pasó de la nada a ocupar el segundo lugar en las exportaciones mundiales (4,7% en el período 2011-2016) y Vietnam el tercero (4,1%). O en calzado, donde el país de Ho Chi Minh le disputa el segundo lugar como exportador mundial a Italia (con casi 8% del volumen mundial exportado) mientras que Indonesia se coloca en el sexto lugar. También comienzan a tomar fuerza en otras producciones más complejas: desde 2012, Vietnam desplazó a Corea del Sur y los EEUU para ocupar el segundo puesto en la exportación mundial de teléfonos celulares. En 2016 proveyó el 12% de las compras globales. Tal es así que Samsung y otras empresas realizaron fuertes inversiones para fabricar móviles en el pequeño país del sudeste asiático, en detrimento de su gigante vecino. Incluso en autopartes Filipinas, India, Vietnam, Malasia, Tailandia vienen ganando terreno en los últimos años. Como ejemplo, solo Vietnam exportó, en 2016, 30 mil millones de dólares en equipos de radiodifusión, 10,8 mil millones en chips y 7 mil millones en computadoras.[7]

 

 

Perspectivas

 

Paradójicamente, China tiene en ciernes un problema demográfico. Si bien aun el capital dispone en aquel país de millones de seres para movilizar, su población se encuentra en un proceso de envejecimiento, aunque todavía no al nivel de Europa o Japón. Pero más allá de ese fenómeno, su veloz constitución como “fábrica del mundo” generó el crecimiento de los asentamientos urbanos: desde 2011, por primera vez en la historia moderna de China, la población urbana superó a la rural. En 2016 ya vivían en ciudades casi 800 millones de personas (mientras 590 en el campo, 270 millones menos que en el pico de 1995). En la China de Mao, el 89% de la población tenía base rural. Hoy, apenas el 40%. El mayor problema para el “modelo chino” es que la consiguiente consolidación del mercado laboral generó el incremento del salario real (aunque se mantengan ciertas diferencias regionales). La concentración de obreros también facilitó su organización y el alza de los reclamos: el Departamento de Trabajo chino registró un incremento en las huelgas de diez veces solo entre 2011 y 2017, varias por reclamos salariales. El crecimiento de otros países de la región, la desaceleración china y el supuesto vuelco al mercado interno son una luz de alarma. Una crisis al interior de China tiene relevancia sobre todo por las consecuencias para los proveedores de commodities, de las que ya tuvimos estertores en 2013-14: el país asiático es el segundo comprador mundial, y uno de los mayores de productos primarios y agroindustriales (102 mil millones de dólares en compras en estos rubros durante 2016). El efecto de la erosión del crecimiento chino sobre los países que exportan estos bienes, como la Argentina, profundizaría más aún la crisis. En próximas entregas, analizaremos cómo las contradicciones del gigante asiático ponen más interrogantes a su capacidad de funcionar como motor de la acumulación mundial.

NOTAS

[1]Los datos son de Ngai, Pun et al.: Morir por un iPhone. Apple, Foxconn y las luchas de los trabajadores de China, Bs As, Peña Lillo, 2014.

[2]Las oficinas de empleo son organismos que están obligados por ley a establecer comités de arbitrajes en material laboral. Un comité de arbitraje se compone de tres funcionarios del gobierno.

[3]Los datos de esta sección son de Magro, Bruno: “La receta china”, El Aromo, n° 43, 2008; Oficina de Estadística de China (https://goo.gl/Na1NAU)  y Krasova, E. y Yang Xiu: “Modern Trends in the Formation of Human Resources as a Factor in Sustainable Development of China’s Economy”, Economica and Social Changes, v. 3,n° 45, 2016.

[4]Krasova: op. cit; y OCDE: Economic Surveys China, marzo de 2017, en https://goo.gl/5TZkUL.

[5]Alva, Nikolai: “China y su prodigiosa economía”, junio de 2013, en https://goo.gl/JBn44h.

[6]Datos de El Cronista, 28/2/2017, https://goo.gl/oeZ7Ue, OIT: Informe mundial sobre salarios 2016/17, en https://goo.gl/rNdiXE y El Economista, 21/04/2017, https://goo.gl/uSK9bL.

[7]Datos de UnComtrade y The Observatory of Economic Complexity, MTI.

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