Miente, que algo quedará… El ajuste salarial en el CONICET

en El Aromo n° 104

Julia Egan
Grupo de Investigación de la historia de la clase obrera argentina – CEICS


Uno de los caballitos de batalla de los gobiernos kirchneristas y de su campaña para las elecciones del 2019 es la “política científica”, fundamentalmente el aumento presupuestario que, entre otras cosas, habría redundado en mejores condiciones salariales para los trabajadores de Ciencia y Técnica. En este artículo, analizaremos la evolución salarial de los becarios del CONICET, ya que representan la mayor parte de la fuerza de trabajo del principal organismo estatal de investigación científica. Este análisis, sin embargo, es representativo de la situación del conjunto de los trabajadores de la institución, ya que los aumentos salariales de los becarios se rigen por las paritarias estatales, al igual que el resto de los escalafones (CIC, CPA, administrativos). Veremos que, lejos del paraíso que vendió el kirchnerismo, los salarios del CONICET vienen cayendo en los últimos 10 años, gracias a las políticas de ajuste de Macri y Cristina.

Diez años de caída salarial

En la última década, los becarios del CONICET representaron en promedio el 43% de la planta total del CONICET y constituyen la mayoría si consideramos solo la planta de investigadores (becarios, CIC y CPA). Por lo tanto, una política de bajos salarios, garantizada por los aumentos por debajo de la inflación, constituyen una forma de ahorro presupuestario muy importante para el organismo. A esto se le suma que, al no reconocer a los becarios como trabajadores en blanco, el organismo se ahorra todo lo que correspondería pagar por cargas sociales.

El análisis de la evolución del salario real nos permite evaluar su capacidad adquisitiva a lo largo del tiempo.Como los salarios de los becarios varían regionalmente, debido a los distintos costos de vida en las provincias, tomaremos como referencia los salarios de CABA, los más bajos del país, aunque esto no alterará la variación porcentual entre las provincias ya que, como dijimos, todos los aumentos salariales se rigen por las paritarias estatales. Además, se eliminó la distorsión de la inflación, por lo que todos los datos se presentan en pesos de septiembre de 2018.

El periodo del que se dispone de información comienza en enero de 2006, con un salario de $27.479 (en pesos de 2018). Si tomamos como punto de quiebre el mejor salario del periodo, que fue de $36.162 en agosto de 2009 (en pesos de 2018), podemos observar un incremento real del 26% desde enero de 2006 hasta ese momento. Luego de alcanzar ese punto máximo, se produce una caída en la que se distinguen dos etapas. La primera, entre septiembre de 2009 y mayo de 2013, cuando el salario alcanza los $28.187 (pesos de 2018), lo que significó una caída del 22,4% del salario real. La segunda etapa, entre junio de 2013 y diciembre de 2018, se distingue del anterior porque la caída salarial es mayor, por lo que el salario real se coloca por debajo de la etapa anterior, incluso en los momentos de aumento, y se mantiene constante en esa franja. En esta etapa, la caída del salario real es del 26%, pasando de los $30.738 (pesos de 2018) en junio de 2013 a $20.419 en diciembre de 2018. Cabe resaltar que sistemáticamente los salarios caen en el mes de mayo y alcanzan picos en el mes de agosto, es decir que una vez finalizados los aumentos paritarios nuestros salarios tienden a caer hasta la aplicación del próximo aumento. Si continuamos con la referencia del salario máximo, desde septiembre de 2009 a diciembre de 2018 este perdió un 48% de su poder adquisitivo. En una década, el salario de los trabajadores de CyT tiene la mitad del poder de compra, análisis que podría extenderse al conjunto de los estatales, ya que estos son los aumentos que se aplican por paritaria. En los seis años que transcurrieron hasta la finalización del gobierno de Cristina Kirchner, la caída fue del 24%, mientras que el gobierno de Macri amputó la misma cifra en 3 años de gobierno. Solo en 2018, la caída llegó al 22%.Es decir, la caída salarial empezó con Cristina y se profundizó con Macri. Esto está lejos de la imagen que pretenden imponer los kirchneristas de que nuestro salario recién comenzó a caer con el macrismo.

Si observamos el movimiento al interior de cada etapa, las recomposiciones suelen alcanzar el punto de la recomposición anterior. Pero si comparamos las etapas entre sí, las recuperaciones se colocan por debajo de las de la etapa anterior. Además, los momentos de recuperación salarial suelen durar menos tiempo (entre 3 y 5 meses), mientras que las caídas son temporalmente más extensas.

Si bien la serie presenta altibajos, la tendencia a una caída sostenida es clara. Por lo tanto, si bien se comprueba un ascenso relativo del salario real entre enero de 2006 y agosto de 2009, es falso que durante el gobierno de Cristina Kirchner este se haya recompuesto, por el contrario, vemos que desciende desde esa fecha a la actualidad, amputando casi la mitad de nuestro poder adquisitivo. En suma, los datos recabados muestran que estamos al borde de una década de degradación salarial, de la cual fueron participes los últimos tres gobiernos (dos de Cristina y uno de Mauricio).

Otro dato importante surge de la comparación de la evolución del salario real con la de la canasta total (CT) real, que nos permite comparar los sueldos con la línea de pobreza. Si tomamos la canasta del Hogar 1 (familia nuclear, propietaria de vivienda), vemos que los salarios de los becarios doctorales se ubicaron por encima de la CT hasta comienzos de 2014, aunque en menor magnitud que las posdoctorales, para luego hacerlo siempre por debajo. Si tomamos la canasta del Hogar 5 (pareja de 25 años, no propietaria), probablemente más cercana a la realidad de un becario doctoral, vemos que durante casi todo el periodo los salarios se ubicaron por encima de ella, para igualarse recién en marzo de 2018, con la excepción de la fuerte caída de mayo de 2016. Sin embargo, puede observarse una tendencia al achicamiento de la brecha entre el salario y la CT con la fuerte caída salarial que se produce desde abril de 2013. Desde allí, con cada caída salarial, el salario del becario doctoral va a tender a coincidir o acercarse a la CT 5. Cabe recordar que la Canasta Total constituye una medida del costo de supervivencia de una familia, y es la cifra que marca la línea de pobreza. En el caso de los trabajadores de ciencia y técnica, además de los costos incluidos en la canasta hay que sumarle una serie de gastos propios de nuestro trabajo: participación en congresos (inscripción y viajes), herramientas de trabajo elementales (computadora e impresora), insumos de oficina, fotocopias, libros, mientras que los becarios suman la inscripción al doctorado y cursada de seminarios. Todos son gastos básicos que en general afrontan por sus propios medios, sobre todo en el área de Ciencias Sociales y Humanidades. Todo esto deprime en una magnitud considerable el salario dedicado exclusivamente a la reproducción biológica y aún más el destinado al desarrollo intelectual y cultural por fuera de las obligaciones laborales.

Las palabras y los datos

En contra de lo que el kirchnerismo pretende instalar, los trabajadores del CONICET sufrieron un fuerte ajuste en su salario en al menos los últimos 10 años. El organismo ha mantenido una política de bajos salarios, que además se licuan con los procesos inflacionarios característicos del capitalismo argentino. En este marco, la negación de la relación laboral a los becarios, que ningún gobierno ha reconocido, no solo implica la violación de derechos laborales elementales, sino que facilita el achatamiento de la escala salarial, de los becarios en particular y del conjunto de la carrera científica en general. Si tenemos en cuenta que los becarios tienen las mismas obligaciones que los investigadores de planta y realizan las mismas tareas, y que lo único que los diferencia, en el caso de los becarios doctorales, es un grado académico menor, se entiende que la figura del becario como supuesto estudiante a quien se financia su formación doctoral apunta a justificar la existencia del trabajo no registrado en el organismo. Esta situación apareja una serie de beneficios para la patronal, ya que no se realizan aportes patronales ni jubilatorios, no se paga aguinaldo, no se puede reclamar ante despidos injustificados ni cobrar una indemnización, lo que significa un ahorro espectacular en términos de costos laborales. Si tomamos la cohorte de becarios doctorales que se desempeñaron entre 2012 y 2017, el CONICET debe $388 millones en aportes patronales, de los cuales $375 millones corresponden a aportes jubilatorios, y $131 millones en aguinaldo (valores en pesos de 2018). Es decir, que el CONICET opera como cualquier empleador que precariza a sus trabajadores para ahorrar costos, lo mismo que sucede en el resto de las dependencias estatales.

Esta política fue sostenida por el kirchnerismo y continuada por el macrismo. Aunque los primeros se jacten de haber mejorado nuestros salarios, los números muestran lo contrario. Para colmo, ante la profundización del ajuste proponen cruzarse de brazos y esperar a las elecciones, para demostrar que Macri no nos va a dar nada y que vamos a llegar peor de lo que estábamos (la fatalidad de la profecía autocumplida). En un escenario electoral, y con los datos en la mano, es necesario estructurar un plan de lucha por una recomposición histórica del salario de los trabajadores del CONICET y el reconocimiento de los derechos laborales de los becarios. El tiempo es ahora.


Notas 

1Esta evolución se inscribe en un proceso general de tendencia a la caída del salario real de los trabajadores argentinos. Véase “Volver a los ‘70. La profundización de la caída salarial bajo el macrismo”, en El Aromo nro. 96, disponible en https://bit.ly/2TTkrzt

2Véase “La ruta del ajuste estatal”, en El Aromo nro. 102, disponible en https://bit.ly/2NbXAfX.

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