Metáfora de la decadencia. Sobre “Pulqui, un instante en la patria de la felicidad”, de Alejandro Fernández Mouján

Por Ianina Harari – “Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado…”, se escucha en la radio mientras se construye el Pulqui II. Los versos de Naranjo en flor describen a la perfección lo que le sucede al pintor Daniel Santoro en el documental Pulqui, un instante en la patria de la felicidad. El título mismo nos advierte que éste será un nuevo intento por convencernos que todo pasado peronista fue mejor.1 Santoro se propone realizar una maqueta del avión que fue icono de la industria peronista. Para esto convoca a un escenógrafo, Miguel. Ambos son peronistas y comparten la nostalgia. El objetivo del pintor es conseguir que el avión realice un vuelo en la República de los niños, otro símbolo de la época peronista. La película muestra la mayor parte del tiempo cómo arman el “avión”, pretendiendo rescatar “la cosa (sic) épica de la construcción”.  En el discurso que prepara para el momento del vuelo, Santoro expone su versión del desarrollo industrial argentino. Según su relato, el Pulqui representó el avance tecnológico alcanzado en los “países no alineados”. Al parecer, éste era similar al de los norteamericanos o al de los rusos. Si no llegamos a ser potencia es porque todo se derrumbó con el golpe del ’55. Se empezaron a comprar los aviones a Estados Unidos y, desde entonces, la Argentina se unió a Occidente. Ser artista no lo exime de tener que conocer un poco la historia acerca de lo que quiere reflejar en su obra. Por ejemplo, que gran parte de la producción de la fábrica de aviones se realizaba bajo licencia extranjera.2 O que la fabricación se especializaba en aviones de guerra chicos, que se utilizaban para pruebas. Lejos de lo que podían hacer para ese entonces Rusia o Estados Unidos, aquí no se producían aviones grandes de transporte.3 La mayoría de los apologistas de la industria peronista peca de eludir las comparaciones. La defensa de Santoro se acerca al ridículo. La construcción del aeroplano se intercala con imágenes de archivo de Evita con niños. A esto se le contrapone la vista desde el auto de Santoro de niños pobres pidiendo en la calle, cartoneros y otras miserias que cualquiera debe presenciar en cualquier ciudad del país. Por si al espectador no le queda claro este contraste, en donde el pasado aparece como idílico, el director introduce secuencias que no dejan lugar a dudas. En el medio del bosque, se ve a una mujer que personifica a Santa Evita. Se la observa de espaldas, con vestimenta y peinados típicos, y con un alo de luz en su cabeza. Una metáfora muy sutil, indudablemente… Finalmente, cuando el avión está listo, llega el momento del vuelo, que pretende ser “poético” y “metafísico”. El aeroplano está atado con un piolín, cual barrilete a una camioneta, y apoyado sobre un carrito. La camioneta arranca y el avión se levanta del carro para caer en picada y estrellarse contra el piso. Toda una metáfora del peronismo. Para el escenógrafo fue casi un fracaso porque el vuelo fue demasiado breve. El pintor, en cambio, cree que el problema fue el hilo, que lo retuvo como un barrilete cuando era un avión. Para él, la gente que presenció el evento se dio cuenta que podía volar, pero que hubo algún problema. Ellos querían otra oportunidad para el avión. Para Santoro, el problema es externo al aeroplano. Su desconocimiento le impide ver que, al igual que el peronismo, requiere de condiciones muy específicas para funcionar. En el caso del avión, necesita un motor. En el caso del peronismo, ciertas condiciones históricas que sólo se dieron en esos 10 años. Pero después, ni Perón ni el peronismo pudieron remontar vuelo, como la maqueta. La metáfora podría completarse con el contraste entre aquella época donde al menos se construían aviones, y ésta, donde sólo se hacen maquetas. La imágenes del gobierno peronista, en especial de Evita con niños, contrasta con la pobreza actual que muestra la cámara. Pero la película se presenta en un momento particular. El señor K amenaza con re estatizar la ex Fábrica Militar de Aviones, hoy en manos de Lockhead. Hoy en día, allí sólo se reparan aeronaves. La idea del presidente sería volver a producir aeroplanos, asociándose con la brasilera Embraer.4 Pretende recuperar aquel esplendor, cuando se construían aviones. La película reivindica la tragedia, pero prepara, también, la farsa.


Notas

1Véase Harari, Ianina: “El primer privatizador”, El Aromo, n°37, julio-agosto de 2007.

2Entrevista al Ing. José Monserrat, ex director de fabricación automotriz de IAME, el día 8/6/2007, en poder de la autora.

3Idem.

4Véase Clarin, 30/6/2007

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1 respuesta

  1. Flavia Quiroga dice:

    Hola. Qué lamentable es el odio que nos tienen, los problemas emocionales que les genera el peronismo se traslucen en cada párrafo descalificador y chorreante de soberbia infantil. Muy alejado de cualquier uso de la razón para hacer la revolución… Besos peronistas, los más ricos.

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