Mejor, no me ayudes nada. Acerca del tratamiento de las efemérides en los cuadernillos escolares del Bicentenario – Romina De Luca

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En el Bicentenario, el gobierno nacional editó unos cuadernillos que deberían ayudar al docente en su trabajo en el aula. Si cree que lo que trajo el kirchnerismo es toda una novedad, mejor preste atención. Va a ver que todo eso no es más que ideología patronal que se diferencia bien poco de los viejos manuales que tanto aborrecimos en nuestra infancia.

En 2010, el gobierno nacional difundió diversos materiales para el trabajo en el aula. A decir suyo, el Bicentenario se presentaba como una oportunidad para debatir sobre las representaciones forjadas del pasado. La escuela y la celebración de las efemérides formarían en los niños, a lo largo de toda su infancia, una visión histórica común y, a partir de ella, la imagen de un destino colectivo. Formaba parte del balance que ese pasado se encontraba sacralizado y era incompleto. Si bien se decían muchas cosas, se ocultaban tantas otras. Por ese motivo, el Ministerio de Educación se encargó de difundir en las escuelas un nuevo material de trabajo: el cuadernillo de actividades para los niveles primario y secundario “Efemérides 2010: los derechos humanos en el Bicentenario” [1].
Tal como se advierte desde su título, el recurso oficial busca dotar al trabajo en el aula de un nuevo abordaje para el calendario escolar: el de los derechos humanos. Resulta interesante la justificación de la apuesta. En primer término, destacan que esa clave interpretativa sería necesaria y convergente con el proceso de construcción de la Nación y con la apuesta a la vida en democracia. En su lanzamiento, el Ministro de Educación, Alberto Sileoni, destacó que implicaba reinterpretar la historia argentina en clave de una larga búsqueda de igualación y justicia [2]. Como si esas formas implicaran un proceso inclusivo en abstracto y no atravesado por las determinaciones sociales. El Ministro supone, entonces, que ejercen los mismos derechos y son iguales la hija de Mauricio Macri, un buen burgués, que el de un cartonero, obrero sobrante.
Pero más curioso resulta el segundo eje a través del cual defienden la propuesta. Critican la visión estereotipada del pasado, la de los caballos blancos y el “descubrimiento” de América porque, reconocen, la historia está cargada de injusticias, dolores y contradicciones. Sin embargo, la propuesta no recupera esa dimensión. Por el contrario, invitan a regalarles a los niños los momentos maravillosos de nuestra historia. Esa parte que les permita “crecer en un ambiente que les otorgue seguridades” mientras que “los grandes” trabajan para legarles un futuro mejor. ¿Hablamos de niños muy pequeños? Nada de eso. El material se encuentra dirigido especialmente a alumnos de 5º, 6º y 7º grado del nivel primario. Y si bien se omite esa referencia paternalista en el cuadernillo del nivel secundario, la misma secuencia de efemérides “alegres” se utiliza para los jóvenes solo con alguna información extra.
¿Cuál es el pasado revisado? A través de una serie de afiches y guías de actividades, el Ministerio propone pasar revista por el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo); por el “Día nacional de la Memoria, por la verdad y la justicia” (24 de marzo), por el del Veterano y de los caídos en Malvinas (2 de abril), por el Día Internacional de los Trabajadores (1º de mayo), por el “primer gobierno patrio”, el día de la bandera, el de la independencia, el aniversario de la muerte del general San Martín, el día del Maestro, el aniversario de la conquista de América, el día de la soberanía (20 de noviembre) y, por último, el retorno de la democracia y el día internacional de los derechos humanos (10 de diciembre). Cada uno de esos momentos, darían cuenta del crecimiento de los derechos ciudadanos al haberse consagrado el derecho de las minorías y la igualdad de género, los derechos humanos, el ejercicio de la soberanía, el derecho al trabajo y a la libertad política y/o a la educación. Veamos ahora cómo opera el relato K sobre algunos de esos eventos.

La clase obrera en el paraíso

El kirchnerismo filia el 8 de marzo en relación a dos grandes conceptos. Por un lado, la obtención, por parte de la mujer, del derecho al voto. En segundo término, la igualación de los derechos laborales entre mujeres y hombres. La consigna del afiche de trabajo reza: “igualdad en el trabajo, en la calle y en la casa”. Sin embargo, el núcleo problemático se ancla en el derecho al voto. Por ese motivo, la imagen elegida para recordar la fecha es la de un grupo de mujeres yendo a votar. En el material dirigido a los estudiantes secundarios adicionan como trabajo de investigación el medir si se cumple la ley de cupos. Así, el contenido obrero de la fecha se diluye. En lugar de remitir al asesinato de obreras textiles en lucha en Chicago y Nueva York en 1857 y 1908, el recurso didáctico lo interpreta en clave electoral. Por ello, en el ámbito local, la lucha de mujeres socialistas, anarquistas y radicales a principio de siglo, nos enteramos gracias al afiche, en realidad buscaba la igualación de derechos electorales, pauta que luego realizó Eva Perón gracias a su “voluntad política”…
Algo similar ocurre cuando analizamos el significado que el material le atribuye al 1º de Mayo. Aquí tampoco ingresa el clasismo a escena. Si bien se lo reivindica como día del trabajador y no del trabajo (tal como la burguesía históricamente intentó hacer), el programa no deja de ser menos reformista. La imagen que se elige para el afiche es una obra de Ricardo Carpani. Es decir, obreros más bien tristes, musculosos, laboriosos y dignificados por el trabajo. Nadie lucha. Solo se trabaja [3]. Al igual que en el caso anterior, la gesta obrera de socialistas y anarquistas desde fines del siglo XIX y principios del XX se limitaría a la mejora de las condiciones de trabajo. En su programa político no se encontraría la erradicación de la explotación. No extraña, entonces, que en lugar de los antecedentes de lucha obrera o la filiación histórica internacional de la jornada, aparezca el peronismo y la justicia social como la doctrina que garantizó la incorporación de los derechos del trabajador en la Constitución Nacional. Y que la dictadura militar y la década del noventa aparezcan como los momentos históricos en los cuáles se “negó” el derecho al trabajo, haciéndose piadosa omisión de la filiación peronista del presidente “negador”. Así, lo que expresa la tendencia de una relación social específica (la creación de una población sobrante como atributo del capital) e irresoluble bajo esta forma social, aparece ahora como una decisión política.

La política del patrón

La efeméride del 24 de marzo sufre una exégesis similar. La justicia aparece como el vector de la paz y los organismos de derechos humanos como los que encaminaron su lucha en esa dirección [4]. Así, el principal problema de la dictadura residiría en la violación sistemática de una serie de derechos (el derecho a huelga, a la libre expresión, a manifestarse) así como en el método elegido: el terror. Dicha caracterización impide avanzar en la clarificación de la etapa y por ende en la recuperación de su contenido real: de crisis hegemónica, de cuestionamiento de las relaciones sociales capitalistas de producción en el marco de un proceso revolucionario. La figura del desaparecido pergeñada por la dictadura y deificada por la democracia encubre el carácter consciente de los militantes que pusieron el cuerpo a ese proceso de transformación. A pesar del cacareo K sobre los jóvenes y la política, el contenido escolar de la efeméride oculta la lucha de los setenta para reconducirla institucionalmente. Precisamente, al intentar negar el interés común de clase bajo distintos regímenes políticos, Malvinas aparece como paradoja: una “causa justa” pero llevada adelante por la dictadura. Y así, un inhóspito confín del mundo ajeno a la conformación del Estado argentino es presentado como “una presencia viva en la mayor parte del territorio”. Y como una cuestión nacional en donde se juega la soberanía de todos. Pero la Argentina no es de todos. El territorio nacional no es más que el coto de caza de una burguesía específica. Es su interés el que estructura las relaciones sociales.
La defensa de la democracia debe ser celebrada con efeméride propia. Por eso el 10 de diciembre -fecha de la reapertura democrática de 1983- se nos presenta como momento de gran optimismo, de “reencuentro del pueblo con las instituciones democráticas”. La imagen que acompaña muestra los vítores del pueblo, con banderas argentinas, frente a Casa Rosada con la leyenda: “no hay democracia sin derechos humanos ni derechos humanos sin democracia”. Otra operación que intenta separar el contenido de clase del régimen. Democracia y Dictadura constituyen dos formas de gobierno de una misma clase. La democracia burguesa no es más que la dictadura de la burguesía en momentos de plena hegemonía. Su interés de clase antepone la propiedad privada y la ganancia por sobre la vida humana.

Un programa que atrasa

Lejos de producir una “innovación” pedagógica, los materiales distribuidos por el gobierno reproducen la visión de la historia apuntalada hace ya más de treinta años por la socialdemocracia. El abordaje basado en los derechos humanos se acopla perfectamente al programa alfonsinista de la historia. La democracia sería un estilo de vida que nos incluye a todos los argentinos sin importar nuestra pertenencia de clase. Los buenos gobiernos amplían los derechos, ya sea al trabajo, a la educación o a la participación política. Así, las contradicciones sociales irresolubles de la sociedad capitalista aparecen como malas decisiones políticas: de la dictadura que violó derechos humanos, del menemismo que nos privó del derecho al trabajo. El programa nacional y popular tiene poco para aportar a la lucha ideológica que lo oficiado por sus antecesores. Es hora de que la izquierda revolucionaria comprenda la importancia de la lucha cultural y se organice para enfrentar a la ideología burguesa. Ideología que ha logrado naturalizar y convertir en sentido común la explotación y la completa irracionalidad del actual sistema social. En ese marco, se torna urgente la organización, creación y difusión de materiales pedagógicos al servicio de los intereses de la clase obrera.

NOTAS
1 El material puede ser consultado a través del siguiente link: http://goo.gl/3VNGr.
2 http://goo.gl/YvU4i.
3 Puede consultarse sobre la obra del grupo Espartaco y de Carpani, en particular: Sartelli, Nancy: “Volveré y será millones…Sobre la muestra retrospectiva del grupo Espartaco. Obra pictórica 1959-1968”, en El Aromo, Año II, Número 14, septiembre de 2004.
4 El cuadernillo para el nivel secundario recupera la noción de terrorismo de estado prevista por el manual de Vazquez, Alonso y Elisalde de Aique, Historia: La Argentina del siglo XX.

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