Mauricio se va de gira – Por Nicolas Grimaldi

0013873037Las estrategias en el MERCOSUR ante la crisis mundial

Lejos de tratarse de una disputa entre ideas proteccionistas contra liberales, observamos un enfrentamiento entre fracciones burguesas que luchan por sobrevivir en una avanzada del capital a nivel mundial para salir de la crisis. Seguramente, cada estado apelará al “patriotismo” de los trabajadores para sostener “su industria”. Será el momento de desterrar esos prejuicios y afianzar el internacionalismo.

Por Nicolás Grimaldi (Grupo de Análisis Internacional-CEICS)

La llegada de Macri a la presidencia, puso sobre la mesa la idea de que se iba a llevar adelante una política de apertura exterior. Esto podría verse a partir de que Macri buscaría suspender a Venezuela en el MERCOSUR, y conseguir que el bloque alcance acuerdos con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico, compuesta por Chile, Colombia, Perú y México. Sin embargo, lejos de tratarse de una disputa entre ideas proteccionistas contra liberales, observamos un enfrentamiento entre fracciones burguesas que luchan por sobrevivir en una avanzada del capital a nivel mundial para salir de la crisis. Veamos cómo repercute esto en el MERCOSUR.

El mercado común

¿De que se trata el MERCOSUR? En términos formales, estableció un Arancel Externo Común (AEC) que se aplica a los bienes que ingresan al mercado desde terceros países. Este impuesto varía, estableciendo un promedio de 11% de arancel para los productos extrazona, mientras que se establece el libre comercio para los productos de los países intrazona. Sin embargo, este “librecambio” tiene sus excepciones ya que se establece que la industria automotriz (Brasil y Argentina) queda excluida del libre comercio en el MERCOSUR, dependiendo de que se mantenga una relación proporcional entre las exportaciones al socio y las compras de este origen. En sí, el MERCOSUR significó la búsqueda por crear una economía de escala atractiva para el capital, y una competencia de bajos salarios entre los países miembros, para obtener una ventaja respecto a sus socios.[1] La principal beneficiaria de este bloque ha sido la industria automotriz, instalada en Brasil y Argentina, que se favorece del comercio entre ambos y de los límites a las importaciones de terceros.

¿Se va Venezuela?

Los debates que se vienen dando hacia el interior del bloque, y que se retomaron luego del triunfo de Macri, son la expulsión de Venezuela y la apertura del MERCOSUR. Respecto al primer punto, Mauricio anunció que pediría que se aplique la cláusula democrática sobre Venezuela, debido a los presos opositores.

¿Por qué esta ofensiva? Venezuela representa a los capitales que buscan afianzar su relación con China y Rusia. Maduro, pretende poner en el mercado una mezcla entre petróleo ligero, importado, y pesado, de la Faja Petrolífera del Orinoco, que es más rentable, y para eso necesita comprar petróleo a Rusia, y dinero para insumos, donde los préstamos chinos y rusos adquieren vital importancia. Este año Venezuela obtuvo 10 mil millones de dólares del “Fondo Conjunto entre China y Venezuela”, de los cuales 5 mil millones fueron a PDVSA para financiar proyectos petroleros. También consiguió 14 mil millones de dólares de la estatal rusa Rosneft, para financiar proyectos en petróleo y gas. Es decir, la alianza de Maduro con el eje Rusia-China es todo menos ideológico.

Más allá de que la política de expulsión tiene el apoyo de la oposición venezolana y brasileña, y que los oficialismos de los países miembros no parecen ser defensores acérrimos de la política llevada adelante por el gobierno de Maduro, no acompañarían a Macri en esta cruzada. El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, fue preguntado directamente sobre el asunto durante una comparecencia frente al Senado, evitando dar una respuesta frontal, aunque se explayó sobre los próximos comicios venezolanos. “Tenemos que esperar el resultado de las elecciones”, insistió el canciller, quien aseguró que el Gobierno venezolano se comprometió a darle amplias libertades al trabajo de la misión de “acompañamiento” de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para esos comicios. El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, dijo que “todavía no están dadas las condiciones” para sancionar a Venezuela ya que, en su opinión, ese país está “lejos de una alteración del orden democrático”. De todos modos, en un tono similar al de Vieira, consideró que hay que esperar y “ver cómo se resuelve la elección” parlamentaria. Eladio Loizaga, de Paraguay, sostuvo que los comicios venezolanos se celebrarán dentro del “marco legal” y que sus resultados serán respetados, aunque dijo que toma nota de lo dicho por Macri. Por su parte, el PSUV, Correa y Mujica se expresaron en contrario a los dichos de Macri. Por ahora, lo de Mauricio no es tanto una posición viable como un intento de mostrar a EEUU que él es muy diferente de Cristina.

La apertura

En relación al segundo punto, una alianza empresaria lleva adelante la estrategia de abrir el mercado a la Unión Europea, primer socio comercial del MERCOSUR, ya que acumula un 20% del total de intercambios comerciales. Las principales exportaciones a la UE son productos agrícolas, que suponen un 43% del total y otras materias primas como la madera, que suponen un 28%. Mientras que la UE exporta al MERCOSUR maquinaria y equipamiento de transporte, que supone un 46% del total, y productos químicos que alcanzan el 22% del total de las exportaciones. La UE es además el mayor exportador de servicios comerciales al MERCOSUR.

El objetivo del acuerdo, impuesto por la UE, es liberar el 90% de los bienes, de manera paulatina, en un plazo de entre 2 y 10 años. Las negociaciones llevan varios años, pero uno de los principales obstáculos para avanzar en un acuerdo comercial más estrecho fue la posición de Argentina, que buscaba privilegiar la relación con China y evitar el afluente de productos industriales de Europa.

Las negociaciones tuvieron un nuevo impulso a mitad de este año, cuando en la 48° Cumbre del MERCOSUR, se acordó negociar en bloque con la UE, algo que Argentina tuvo que asumir para evitar que se produjeran negociaciones bilaterales entre los países por separado. Allí mismo se arregló eliminar las licencias no automáticas y las Declaraciones Juradas Anticipadas para Importación (DJAI) implementadas por Argentina, que perjudicaban las exportaciones de Paraguay y Uruguay. En aquella reunión, Tabaré dijo que era necesario no convertir “ideologías en dogmas”, en clara alusión a Venezuela, Argentina y Bolivia.

Por tener una mayor productividad, y por ende una mayor capacidad de sobrevivir a la competencia, la burguesía agraria de Sudamérica, y los burgueses industriales de Europa, principalmente automotrices, son los impulsores de este acuerdo. A modo inverso, la burguesía automotriz sudamericana, es la que más resistencia pone junto a la burguesía agraria de Europa, porque poseen menor capacidad competitiva. Incluso, los capitales agrarios de Europa, pujaban por sostener la asistencia económica de la Política Agraria Común (PAC), como forma de resistir a la llegada de productos del MERCOSUR. La fracción agraria de Europa, tiene el apoyo del estado francés, a los que le siguen los gobiernos de Irlanda, Grecia, Hungría, Austria, Luxemburgo, Polonia y Finlandia. Al mismo tiempo que se desarrollaban las negociaciones, la UE alcanzó acuerdos con la Comunidad del Caribe, el Acuerdo de Asociación con Colombia y Perú, o la firma del Tratado de Asociación con América Central (más Panamá), todas medidas para evitar el crecimiento de la influencia China en la región. Las automotrices brasileñas y argentinas, nucleadas en ANFAVEA y ADEFA respectivamente, se mostraban más dispuestas en avanzar en las negociaciones con la Alianza del Pacífico, principalmente con Colombia, que estaba negociando un acuerdo con Corea del Sur enfrentando la resistencia del sector automotriz de dicho país, como forma de ampliar su mercado.[2] Solo Rattazzi apoyaba el acuerdo con Europa, con la condición de la desgravación inmediata para las exportaciones a Europa, y otra, para más adelante, para las importaciones europeas por parte del MERCOSUR. La entidad brasileña, solicitó una reducción de impuestos y la eliminación de barreras aduaneras para hacer crecer las exportaciones. Los metalúrgicos argentinos de ADIMRA, también veían peligroso una competencia con los bienes europeos.

Los capitales más importantes (alimentos y productos agrícolas para el caso argentino, agrarios, petroleros y textiles para el caso brasileño) aparecen como los impulsores de una mayor apertura del bloque comercial hacia nuevos mercados, incluyendo el europeo. En el caso de las textiles brasileñas, ven posible ubicar sus productos en la UE, si esta reduce los aranceles. Las llamadas “translatinas”,[3] como las petroleras brasileñas Petrobras y Vale S.A, también ven con buenos ojos una mayor apertura hacia Europa. Por el lado argentino, referentes del sector alimenticio, como Arcor y COPAL, se expresaron a favor de alcanzar el acuerdo con la UE, aunque exigían que esta eliminara los subsidios al sector agrícola que otorga a sus miembros. En este caso, no consideraban la posibilidad de romper el bloque. Esta es una diferencia con sus pares brasileños ya que estos, a través de corporaciones como la Confederación Nacional de Industria (CNI), Confederación de Agricultura y Pecuaria (CNA), Federación de la Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), sí expresaron la necesidad de realizar acuerdos con la UE a pesar de que Argentina no quisiera, lo que en la práctica significaba romper el acuerdo con el MERCOSUR. A fines del año pasado, se celebró una reunión del grupo Amigos de la Unión Europea-Brasil, en la embajada brasileña frente a la UE en manos de Vera Machado. Este grupo está integrado por las empresas de telecomunicaciones AT&T, Eutelsat, y la productora de cítricos Citrosuco, donde difundieron un estudio llamado “Ampliando los lazos económicos y financieros entre Brasil y la UE”, donde se pedía rebajar los aranceles comerciales. El estudio fue financiado por 27 empresas, entre ellas Terna (grupo italiano), Vale (minería, petróleo, multinacional brasileña), y Royal Phillips (electrónica holandesa). El trabajo fue realizado por el CINDES, dirigido por Sandra Polonia Rios, ex coordinadora de la Unidad de Integración Internacional de la CNI, Pedro Veiga, consultor permanente de la CNI, José Tavares Araujo Jr., ex Cámara de Comercio Exterior (CAMEX), y Roberto Iglesias, también con pasaje por la CNI.

Esta estrategia más radical, fue encarnada por Katia Abreu (ministra de Agricultura), Armando Monteiro (ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, y ex dirigente la CNI) y por Renan Calheiros (PMDB), presidente del Senado, que negoció la Agenda Brasil con Dilma y le impuso discutir en el parlamento los acuerdos con la UE por fuera del MERCOSUR. Se lo impuso porque Dilma era más proclive a esperar lograr convencer a Argentina para presentar una oferta a la UE. La Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM)[4] también se expresaba a favor de abrir el MERCOSUR hacia nuevos mercados, como la UE o la Alianza del Pacífico, aunque también consideraban a China como un buen mercado para las exportaciones agrarias.

En concreto, parece que los acuerdos económicos con la UE no van a llegar a un buen puerto, por las internas que hay entre ambos bloques y además, porque Europa está negociando un Acuerdo de Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) con EE.UU., y la nueva directiva europea concentraría allí sus esfuerzos. Por esta razón, en su primer contacto con la prensa, Macri habló de alcanzar el acuerdo con la UE, pero hizo principal hincapié en acercarse a la Alianza del Pacífico. Por su parte, Dilma viajó México para renovar un convenio que protege a la industria brasileña de las automotrices mexicanas y sentenció que “La Alianza del Pacífico y el MERCOSUR deben ser complementarios”. En ese sentido, el acercamiento que puede darse entre el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, se da ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo ante la UE, y deriva en un proteccionismo hacia la industria automotriz, que no competirá con los bienes europeos que tienen ventaja tecnológica en relación a China, Corea del Sur, Japón, y Estados Unidos.[5] Además, las diferentes resistencias que pusieron los sectores automotrices y metalúrgicos para alcanzar el acuerdo con la UE, ponen en el banquillo de los acusados el tan mentando desarrollo de América del Sur durante los últimos años.

Cancha marcada

Hay una cuestión de fondo. Una fuerza que tiñe todas estas discusiones: el Acuerdo del Transpacífico, firmado por EE.UU., Canadá, México, Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Chile, Japón, Malasia, México, Perú, Singapur y Vietnam, que apura los plazos de inserción internacional del bloque. El TPP (por sus siglas en inglés) está pronto a convertirse en el área de libre comercio más grande del mundo. Involucra al 40% del PBI mundial, al 10% de la población mundial, y se propone eliminar 18 mil aranceles. El MERCOSUR ha optado por no ingresar al TPP, debido a su escasa competitividad. Esto explica también porque desde el lado automotriz se hace hincapié en acercarse a Colombia, ya que es el único país de la Alianza del Pacífico, que no está en el TPP.

Si bien hay mucho hermetismo respecto a las cláusulas del TPP, los trascendidos indican que se beneficiaría al sector farmacéutico norteamericano (Pfizer, Merk y Gilead Sciences), gracias a la limitación de la comercialización de medicamentos genéricos, sobre todo aquellos que tienen que ver con el cáncer y el HIV. Los sectores que se verían perjudicados son las ramas lácteas y azucareras, que tendrían que competir con la producción de Australia. El sector más complicado sería el automotriz, obligado a competir con las producciones de Japón, Malasia y Vietnam. Esto ha generado protestas tanto de empresarios, como Ford, el Instituto Estadounidense del Hierro y el Acero (AISI), la Asociación Canadiense de Productores Siderúrgicos (CSPA) y la Cámara Nacional de la industria del Hierro y el Acero (Canacero), como de trabajadores de la Federación Estadounidense del Trabajo, el Congreso de Organizaciones Industriales, el Congreso del Trabajo de Canadá, y la Unión de Trabajadores de México. Se estima que el TPP eliminaría los aranceles de la importación de vehículos, si el 45% del mismo está hecho por partes producidas en países de la región. En Chile, también aparecen protestas ante la firma del tratado. Todo parece indicar que será el escenario de futuras luchas de gran envergadura.

El TPP debe ser aprobado por los parlamentos de cada uno de los países miembros. En ese sentido, el candidato Donald Trump ya se opuso al tratado porque, coincidiendo con Ford, no se protege a la industria norteamericana de la manipulación de la moneda por parte de Japón. Hillary Clinton, también dijo que “por lo que sabe” del TPP, no está de acuerdo ya que perjudica a ciertas empresas norteamericanas. Obama, justifica el TPP sosteniendo que China siempre negociaba a favor de sus empresas. El TPP representa para China una pérdida de 47.000 millones de dólares y un descenso de 0.3% en su crecimiento. Además, la mitad de los países miembros, incluyendo el propio EE.UU., tienen acuerdos comerciales con China. Tanto China, como Rusia, cuestionaron la extrema confidencialidad del acuerdo. El TPP, parece ser también el intento por dar un golpe a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), impulsado por China, y que busca incluir, entre otros, a Australia, Nueva Zelanda, Japón, Brunei, Malasia, Vietnam, Singapur, India y Corea del Sur. Por su parte, Rusia estaría mirando relanzar la Unión Económica Euroasiática, con poca relevancia económica, pero con la cual busca arrebatarle a China una zona de influencia. EE.UU. no querría entrar a un mercado común con países con menores costos laborales, pero si no lo hace, puede perder esa influencia a manos chinas. No tiene muchas alternativas. Eso sí, si quiere entrar, la burguesía yanqui va a tener que emprender una avanzada histórica contra su clase obrera.

En ese sentido, Macri anunció que analizaba vetar los contratos firmados por Cristina con Rusia y China. De esta manera, Macri buscaría alinearse con EE.UU. De allí podría venir la deuda que necesita tomar el gobierno argentino para compensar la caída de la soja. Dilma aparece como una especie de “bonapartista” en ese sentido, ya que mientras forma parte del BRICS, apoya la creación de un banco del grupo, rescinde un acuerdo espacial con Ucrania, en conflicto con Rusia, o impulsa la creación de un tren Trasatlántico con China, pide colaboración con la Alianza del Pacífico e impulsa la negociación con la UE. La CNI, es una de las impulsoras de un acercamiento con EE.UU., y comenzó a estudiar posibilidades de esta apertura junto al Consejo Empresarial Brasil-Estados Unidos (Cebeu). El presidente de la sección brasileña de Cebeu, Federico Curado, dijo que la entidad tiene tres prioridades. El primer punto es la búsqueda de algún tipo de acuerdo de libre comercio. El segundo, la búsqueda de un acuerdo para evitar la doble tributación, algo que se hace necesario conforme crecen las inversiones brasileñas en Estados Unidos. El tercero, la eliminación de las visas para el tránsito de personas entre los dos países. A diferencia de la Argentina, Brasil parece tener mayor capacidad de maniobra. Dilma (por ahora) puede terciar, Mauricio debe elegir. Y elige por quien puede brindarle mayores fondos.

Hay otra cosa más, que no habría que despreciar en el análisis: el desarrollismo del que ha hecho gala Macri, ha sido históricamente la expresión de los capitales locales mercado-internistas más grandes. “Liberal” hacia el resto de la burguesía más débil, a la que busca fagocitar, “proteccionista” hacia los competidores externos a los que busca limitar, el programa desarrollista encaja mal con la relación privilegiada con China que Cristina intentó anudar. Esa relación, que reproduce la histórica complementación Argentina-Inglaterra y que deja para nuestro país el papel de productor de materias primas, regala el mercado interno a las mercancías chinas. Hay que tener en cuenta que EE.UU., Europa o Japón, producen tecnología, que es lo que acepta y necesita importar nuestra burguesía local, mientras China se especializa más en bienes de consumo. Como resultado, la vinculación con el nuevo “taller” del mundo tiende a ser rechazada por el capital local más poderoso. Paradójicamente, el “nacionalismo proteccionista” K se acerca más al Pacto Roca-Runciman, que el “neoliberal” CEO Mauricio Macri…

La política de lo posible

Como podemos ver, las estrategias tienen el objetivo de acelerar el proceso de concentración de capital a nivel mundial, o de ralentizarlo. Cada estado busca hacer lo primero donde se ve más eficiente y lo segundo donde ve que puede perder. La profundización de la crisis mundial obliga a las burguesías a ofensivas políticas más decididas. De esta manera, la competencia se extiende a las negociaciones por preferencias y zonas de influencia. Pero también vemos que esas estrategias no son independientes del tamaño de la economía y de la productividad que ostenta cada una de sus ramas.

Cualquiera de las estrategias va a implicar una ofensiva sobre la clase obrera a nivel continental. Los acuerdos son formas de estipular los marcos de la reestructuración del capital a nivel extracontinental (como si esos procesos se pudieran realmente controlarse). En ese proceso, cada burguesía deberá ajustar sus costos laborales, si no quiere perder posiciones más aceleradamente.

Seguramente, cada estado apelará al “patriotismo” de los trabajadores para sostener “su industria”. Será el momento de desterrar esos prejuicios y afianzar el internacionalismo. De oponer al acuerdo generalizado de la burguesía, una organización obrera que supere las barreras nacionales. Un partido que, ante la extensión de la ofensiva, extienda la lucha por el poder. La cuestión no es cómo competir con el obrero brasilero o colombiano, sino cómo unirse a ellos.


[1]Sartelli, Eduardo: “Mercosur y clase obrera: las raíces de un matrimonio infeliz”, en Razón y Revolución, n° 2, 1996.

[2]http://goo.gl/pbUut4

[3]Empresas latinoamericanas con cierta inserción internacional.

[4]Conformada por la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederación Nacional de Agricultura de Bolivia (CONFEAGRO), Confederación de Ganaderos de Bolivia (CONGABOL), Confederación de agricultura y pecuaria de brasil (CNA), Sociedade Rural Brasileira (SRB), Sociedad Nacional de Agricultura de Chile (SNA), Asociación Rural de Paraguay (ARP), Asociación Rural de Uruguay (ARU), y la Federación Rural de Uruguay (FR)

[5]Makuc, Adrián; Duhalde, Gabriela; Rozemberg, Ricardo: La negociación MERCOSUR-Unión Europe. A veinte años del Acuerdo Marco de Cooperación, Banco Interamericano de Desarrollo, agosto, 2015.

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