Mauricio aprende de Cristina. La continuidad hacia la política en las FFAA


Fabián Harari
Editor responsable

El 24 de julio, Macri oficializó el decreto que había anticipado en Campo de Mayo, por el que se lleva adelante una reestructuración de las Fuerzas. El hecho generó un revuelo importante, en particular del arco político que va del kirchnerismo a la izquierda. En efecto, la supuesta novedad en relación a la posibilidad de intromisión de las FFAA en seguridad interior reavivó las falacia kirchnerista de encontrarnos en una “dictadura macrista”, falacia que la izquierda ha comprado y ha alimentado. El resultado de todo ello no es otro que el embellecimiento de la “década ganada” y la posibilidad de un nuevo episodio en esa novela tan lamentable que ha inaugurado el gobierno de Macri, aquella que tiene como protagonistas del idilio a la izquierda, que se pretende revolucionaria, con el kirchnerismo.

¿Qué hizo Macri?

Comencemos por aclarar algunos datos elementales. El decreto nº 683/2018 que acaba de lanzar el macrismo estipula una serie de modificaciones en un decreto previo, el nº 727/06, y deroga el nº 1691/06, ambos de autoría de Néstor Kirchner. Los tres decretos no son más que formas de reglamentar la Ley de Defensa Nacional (nº 23.554), sancionada en abril de 1988 bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. Esta ley fijó los principios básicos, la finalidad, la estructura y la organización de las FF.AA. para su tarea en la “Defensa Nacional”. Pero a su vez, todos los decretos se ubican también bajo la Ley de Seguridad Interior nº 24.059, sancionada en diciembre de 1991; la Ley nº 24.948 de Reestructuración de las Fuerzas Armadas de abril de 1998; y la Ley nº 25.520 de Inteligencia Nacional de noviembre de 2001. Recordemos que ya la Ley de Seguridad Interior estipulaba que

“las fuerzas armadas serán empleadas en el restablecimiento de la seguridad interior dentro del territorio nacional, en aquellos casos excepcionales en que el sistema de seguridad interior descrito en esta ley resulte insuficiente a criterio del Presidente de la Nación para el cumplimiento de los objetivos establecidos.”

Ese es el primer dato que hay que retener: no hay ninguna innovación sustancial, se trata de todas reglamentaciones realizadas sobre el mismo paraguas legal. Dicho de otro modo, no hay ningún “salto cualitativo”.

Vayamos a la letra concreta del decreto macrista. Por un lado, modifica los artículos 1, 3, 23 y 24 del decreto 727/06, y añade un 24bis. El “viejo” artículo 1 estipulaba que las FFAA serían usadas frente a “agresiones de origen externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estados/”, mientras que el “nuevo” elimina la consideración “estatal”, señalando solo la acción disuasiva o efectiva ante “agresiones de origen externo contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de la república” (este cambio, vuelve a repetirse en la modificación del artículo 23). A ello agrega que esto no colisiona con las disposiciones de la Ley de Seguridad Interior que prevé y estipula los alcances del empleo del instrumento militar en Operaciones de Apoyo a la Seguridad Interior (cuestión que vuelve a repetirse en el “nuevo” artículo 3). Finalmente, la modificación del “viejo” artículo 24 y la introducción del 24bis indican que las FF.AA. compartirán con la Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval Argentina la tarea de “control y vigilancia de las fronteras, aguas jurisdiccionales de la Nación y custodia de objetivos estratégicos.”

Si se circunscribe la mirada a estos cambios, parecería cierta la idea de que se abre la puerta a la injerencia de las Fuerzas Armadas en la represión interna. Sin embargo, el panorama se completa al examinar el otro decreto kirchnerista que Macri eliminó. Veamos.

¿Qué hizo el kirchnerismo?

El decreto nº 1691/06 define como misión principal de las FFAA “de conjurar y repeler toda agresión externa militar estatal, a fin de garantizar y salvaguardar de modo permanente los intereses vitales de la Nación, cuales son los de su soberanía, independencia y autodeterminación, su integridad territorial y la vida y libertad de sus habitantes.”

No obstante ello, establece misiones subsidiarias, entre ellas: “Participación en operaciones de seguridad interior prevista por la Ley de Seguridad Interior nº 24.059”. ¿En qué consiste esto? El Anexo I del decreto explica, entre otras cosas, que las FF.AA. pueden participar en operaciones de seguridad interior en casos como:

“Operaciones de empleo de elementos de combate de las Fuerzas Armadas, por disposición del Presidente de la Nación y previa declaración del estado de sitio, para el restablecimiento de la normal situación de seguridad interior en aquellos casos excepcionales en que el sistema de seguridad interior descrito en la ley de Seguridad Interior Nº 24.059 resulte insuficiente a criterio del Presidente de la Nación para el cumplimiento de los objetivos establecidos en el artículo 2º de dicha ley. Tratándose la presente de una forma excepcional de empleo del instrumento militar, que será desarrollada únicamente en situaciones de extrema gravedad y bajo las consideraciones antes señaladas, la misma no deberá incidir, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, en la doctrina, organización, equipamiento y capacitación de las Fuerzas Armadas (artículos 31 y 32 de la Ley Nº 24.059).”

Como se ve, no hay ninguna “novedad” macrista. Tanto las leyes generales que fueron los instrumentos de la “democracia recuperada” desde los ’80, como los decretos particulares de la “década ganada”, jamás eliminaron del horizonte la posibilidad de que las Fuerzas Armadas intervengan en conflictos internos. Tampoco puede decirse que el decreto macrista sea más permisivo, toda vez que Néstor había fijado la posibilidad del empleo del instrumento militar cuando las fuerzas de seguridad interior resulten “insuficientes a criterio del Presidente”…

Se podría agregar mucho más, porque el kirchnerismo tiene un largo currículum represivo. Uno de sus “logros” más destacables fue la Ley Antiterrorista que, tanto en su formulación en 2007 como en su modificación de 2011, reforzó el Código Penal para perseguir y criminalizar a organizaciones sociales y políticas. También hizo escuela en la utilización del narcotráfico como argumento para militarizar las fronteras. Por caso, en 2011 se lanzó el Operativo Escudo Norte que dispuso tanto a las Fuerzas de Seguridad como a las Fuerzas Armadas al servicio del control del espacio terrestre, fluvial y aéreo en las fronteras noreste y noroeste. En 2015 el propio Scioli prometió en campaña un blindaje contra la “inseguridad” y el “narcotráfico” reforzando este mismo Escudo. No sorprende tampoco que ayer Sergio Berni, ex Secretario de Seguridad K y candidato de Unión Ciudadana a la gobernación de Buenos Aires, haya declarado: “No me manifiesto en contra de que las FF.AA. sean para seguridad interior. Es una ley y se puede modificar. Las fuerzas armadas pueden realizar tareas de ciudadanía, lo pueden hacer bien, mal, o muy bien”.Además, esa injerencia de las FF.AA. va a ser utilizada también en las provincias kirchneristas, como Santa Cruz. Lo cierto es que el kirchnerismo tiene en su haber 45 muertos en situación de protesta.

Ahora bien, la pregunta es si bajo Néstor y Cristina el aparato represivo se reforzó o no. En principio, para las fuerzas  de seguridad (policías, gendarmería y prefectura), el presupuesto (en pesos constantes) se incrementó un 125%. Si tomamos las FF.AA., el incremento es del 25%. Si vamos a la cantidad de efectivos, las fuerzas de seguridad aumentaron un 80% y las FF.AA en un 53%. Que esta gente salga a denunciar el reforzamiento represivo es, por lo menos, ridículo. Que la izquierda se lo permita es inaceptable.

¿Qué hacemos nosotros?

Es evidente que Macri quiere reorganizar el aparato represivo, que tiene toda una serie de elementos ociosos, mientras se multiplican los conflictos sociales. Pero, también, espera producir una serie de ajustes sobre un ejército que se lleva una serie de recursos para un muy improbable conflicto exterior, lo que implica menos personal, pero también la venta de activos.

Si se hiciera retroceder a este decreto, no se obtendría absolutamente nada sin la derogación de todo el andamiaje legal represivo contra la actividad de la clase obrera. Lo que debe exigirse, además de la derogación de todas las leyes y decretos represivos (incluida la Ley Antiterrorista) es la apertura de todos los archivos de los órganos represivos, para que haya un control de la población sobre esas actividades y se develen los negocios oscuros y el funcionamiento a espaldas de todos. Además, todo el personal de fuerzas de seguridad debería tener la plena libertad de asociación sindical para decidir qué tareas quiere llevar a cabo, tener un control de sus jefes, poder negarse a realizar acciones y negociados turbios, y negociar sus condiciones laborales.

Ante este panorama, la izquierda decidió marchar con el kirchnerismo. En la reunión del EMVJ se esperó la respuesta de las agrupaciones K para decidir qué hacer. Estas iban a movilizarse al Ministerio de Defensa. Mientras el PO y el PTS alentaron confluir allí, otras organizaciones señalaron que no se podía abandonar el espacio de Plaza de Mayo. Por lo tanto, se invitó al kirchnerismo a confluir allí y se esperó una respuesta. Ante el sí cristinista, se avanzó. La movilización conjunta exigía no denunciar ningún antecedente kirchnerista en la consigna central, ni oradores de la izquierda. Es decir, se trató de una movilización que ocultaba todo el andamiaje represivo y solo denunciaba la pequeña innovación actual.

Lo curioso es que, a pesar de sus promesas, el kirchnerismo no fue a Plaza de Mayo. ¿Qué hizo la izquierda? Fue al Ministerio de Defensa. Así, como se lee. Una claudicación en todo sentido.

La tarea, urgente, es poner en pie una verdadera corriente que defienda los derechos elementales de la clase obrera, sin conciliar con sus asesinos.

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