Más sombras que luces. Un balance de las elecciones estudiantiles en la UBA

Durante el mes de septiembre, en la Universidad de Buenos Aires, la más importante y populosa del país, tuvieron lugar las elecciones de Consejo Directivo y Centro de estudiantes de las trece facultades que la conforman. Dichas elecciones no generaron ningún cambio en la conducción de los distintos centros de estudiantes, sino que se mantuvo el statu quo: cuatro centros en manos de la izquierda (en uno de ellos en alianza con La Mella, agrupación K), tres para el kirchnerismo, uno para el Partido Socialista, otro para una coalición entre el radicalismo y el peronismo, entre otros.

En función de esto, el balance que ha hecho la izquierda tiene altas dosis de exitismo que no se corresponden con la realidad.

Por un lado, se ha celebrado la simple conservación de los centros que ya tenían. Se dice que esta repetición expresaría una consolidación de la izquierda en las facultades de Filosofía y Letras, Farmacia y Bioquímica, Ciencias Veterinarias y Arquitectura, esta última compartida por La Mella. De solo lo dicho se pueden hacer varias observaciones. En primer lugar, en otro año de ajuste, la izquierda no ha podido avanzar ni un ápice en la conquista de nuevos centros de estudiantes. Es más, en ciertos lugares ha retrocedido.

Es interesante señalar el caso de la facultad de Ciencias Económicas. Una vez finalizadas las elecciones, el Partido Obrero salió a festejar haberse posicionado como segunda fuerza (MxE conformado por PO, IS, Cauce y PTS), habiendo obtenido el 9,19% de los votos. Muchísimo menos que, por ejemplo, los 17,3% que había embolsado hace dos años atrás. Con tan pocos votos ni siquiera pudieron meter un representante por la minoría en el Consejo Directivo de esa facultad.

Mientras gran parte de la izquierda denuncia el acople de La Mella con La Cámpora  en la FUBA, en FADU el Partido Obrero e Izquierda Socialista retuvieron el control del centro por una alianza hecha con esa misma agrupación.

Por último, en Sociales se mantiene un retroceso importante en el caudal de votos en relación a 2015. Del 30% en ese año, se pasó al 18% en 2016. Este año, en medio de la escandalosa división del kirchnerismo en dos, con batallas campales en el medio, la izquierda no solo no pudo reconquistar el centro de estudiantes, sino que sacó solo tres puntos más que el año pasado. O sea, nada…

Revolucionarios en las palabras, conservadores en los hechos

Esta situación endeble de la izquierda dentro del movimiento estudiantil y el avance del kirchnerismo y fuerzas filokirchneristas se explica por dos factores. En términos particulares, la izquierda, al igual que en su política nacional,  se mimetiza con el kirchnerismo y le deja a este el lugar de la izquierda. Por lo tanto, los estudiantes ven al kirchnerismo como una alternativa de izquierda. Eso explica que en Arquitectura hayan podido hacer sin ruborizarse una alianza con La Mella. Si la izquierda no se puede ella mismo diferenciarse, los estudiantes tienen menos posibilidad de hacerlo.

En términos particulares, los centros conducidos por la izquierda no se comportan como organismos de lucha sino como una burocracia estudiantil. No impulsan las luchas reales de los estudiantes. Reivindicaciones tales como el salario estudiantil, comedor universitario, guardería, entre otros, están ausentes o aparecen en el mejor de los casos de forma muy lateral. Los centros quedan reducidos a mera fuente de rentas y financiamiento de actividades externas de la universidad. Eso contribuye a la mentalidad conservadora del estudiantado. Por lo tanto, por partida doble la izquierda es responsable de la mentalidad conservadora de los estudiantes que votan al kirchnerismo.

La claudicación de las agrupaciones del FIT y del filokirchnerismo vergonzante requiere de una nueva construcción: hace falta levantar un movimiento estudiantil revolucionario y pasar al frente. Para ello, hace falta articular una gran campaña de agitación nacional que integre a todos aquellos sectores combativos en pos de organizar un gran congreso de estudiantes secundarios, terciarios y universitarios así como de docentes de todos los niveles, las familias y demás miembros de la comunidad escolar en el cual se discuta un plan de lucha por una educación pública, nacional, científica y que sirva para la transformación social. Somos nosotros quienes tenemos que discutir qué escuela queremos porque los que vienen dirigiendo la educación argentina hace décadas nos ofrecen una escuela sin futuro.

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