Manual de zonceras peronistas ¿Evita feminista?

Hace tiempo que Evita es reconocida por muchos como una mujer modelo, incluso no faltó quien la reconociera como una “Santa”. De ella se dijeron muchas cosas: que fue la abanderada de los humildes, que enfrentó a las Damas de Beneficencia, y hasta en los años ’70 se llegó a hablar de una Evita Montonera. Todos estos son mitos que en otros números iremos poniendo en su debido lugar. Ahora, lo que nos interesa analizar es la idea de una Evita feminista.

La verdad es que cuesta encontrar algún hecho que justifique esa idea. Sus defensores suelen poner la mirada en el voto femenino, un logro que nuestras compañeras deberían agradecerle a ella. Fue en 1947 cuando se sancionó la ley 13.010, que otorgó el sufragio femenino, aunque las mujeres recién pudieron votar en las elecciones presidenciales de 1951.

Es cierto que era un reclamo que tenía toda una historia de lucha. Pero lo que es falso completamente es que Evita haya hecho su contribución. El peronismo tomó ese reclamo cuando ya nadie se oponía. De hecho, la propia Eva Perón se sumó a la campaña por esta demanda, cuando el Senado ya había sancionado el proyecto.

Es decir, no participó de la lucha y llegó bastante tarde. En el momento justo para ponerle su nombre a la victoria. Para eso le dio una mano su marido, que organizó un acto en Plaza de Mayo. Allí, públicamente le otorgó el texto de la ley firmado. Una escena digna de una obra de teatro, en donde la conquista del voto aparece como un regalo de Perón a Eva.

“Bueno, llegó tarde a la lucha, pero seguro que desde su posición en el gobierno impulsó la liberación de la mujer”. No, tampoco. Es más, opinaba todo lo contrario. Ella sostenía que la mujer no tenía que cruzar la puerta de calle. ¿Exagero? ¿No me cree? Dejemos que hable Evita a través de las páginas de su libro, La razón de mi vida:

“Nacimos para constituir hogares. No para la calle. La solución nos la está indicando el sentido común. ¡Tenemos que tener en el hogar lo que salimos a buscar en la calle: nuestra pequeña independencia económica… que nos libere de ser pobres mujeres sin ningún horizonte, sin ningún derecho y sin ninguna esperanza!”

 

Seguro que ahora le cae la ficha de por qué la Fundación que llevaba su nombre repartía máquinas de coser… ¿Qué tenían que hacer entonces las mujeres? Veamos el Decálogo de la mujer argentina publicado en el periódico del Partido Peronista Femenino::

 

“1) Serás buena esposa y buena hija; mejor madre y maestra.”

“3) Inculcarás en tus hijos las virtudes más sagradas y harás que su patria y el bien de sus hermanos de suelo, sea tu meta diaria”

“5) No derrocharás…”

“6) Colaborarás o participarás en la enseñanza primaria de quien lo necesite…”

“7)Te interiorizarás concienzudamente de todos los preceptos y conceptos fundamentales encerrados en la Doctrina Nacional, convirtiéndote así en un agente más de esa profunda y cristiana doctrina…”

 

Por si todo esto fuera poco, la dama del General no se preocupó solo por defender el lugar tradicional de la mujer, sino que combatió a aquellas que querían cambiar las cosas. A esas compañeras las tildó de “mujeres resentidas con la mujer y con el hombre”, “dominadas por el despecho de no haber nacido hombres”. Ella decía de sí misma que no había sido feminista porque “ni era soltera entrada en años, ni era tan fea”.

¿No le dije al comienzo que todo esto era un mito? La realidad es que durante los años peronistas el patriarcado se fortaleció. Los hombres mantuvieron el pleno empleo, la participación de la mujer en la economía se redujo y la distancia entre el salario del hombre y de la mujer, se mantuvo. Incluso, esa discriminación se incluyó en convenios colectivos. Las corrientes que buscaban cuestionar el patriarcado se volvieron minoritarias, y se generalizó un discurso y una práctica que reforzaba estos valores de género reaccionarios.

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