Manual de Zonceras Peronistas. ¿Con los más humildes?

El peronismo siempre jugo a favor de los más humildes”, dijo hace unos años atrás Diego Bossio, el funcionario que dirigía ANSES y se patinó la plata de los jubilados en los años mozos del cristinismo. Eva Perón misma fue conocida como la “abanderada de los humildes”. El lector que nos sigue número a número ya sospechará de que se trata todo esto… Es efectivamente un mito. Por eso, corresponde que lo desmontemos. En esta nota nos vamos a concentrar en la relación de Perón con los llamados “pueblos originarios”.

Durante sus primeros gobiernos Perón propició una visión tradicional del pasado argentino, que reivindicó la herencia española en su legado racial, religioso y cultural. Los manuales escolares, que el gobierno controlaba celosamente, abandonaron el concepto de “período colonial”, por el término “el período hispánico”. Una forma de edulcorar los efectos aniquiladores de la conquista española.

El mismo Perón, en noviembre de 1947 declaró que sentía tristeza ante el abandono del legado español tras la Independencia:

 

“La riqueza espiritual que, con la Cruz y la Espada, España nos legó, esta Cruz y esta Espada -tan vilipendiadas por nuestros enemigos y tan escarnecidas por los que con su falsa advocación medraron- fue marchitándose hasta convertirse en informe montón irreconocible, hecho presa después del fuego de los odios y de las envidias que habían concitado con su legendario esplendor. […]¡Como bien nacidos hijos salidos de tu seno te veneramos, te recordamos y vives en nosotros!”

 

“Bueno”, usted dirá “fue un exabrupto del General. Pero más allá de lo dicho, seguro fue contemplativo con los indígenas”. Nunca hay que subestimar el peso de las palabras y de las ideas. Quien así reivindicaba la cruz y la espada española, era el jefe del gobierno que acababa de cometer un genocidio contra la etnia Pilagá en Formosa. Veamos.

Desde inicios de los ’40, en Formosa y Chaco había una marcada preocupación del gobierno por emplear a los Pilagá en los ingenios. Tenían que convertirse en una mano de obra barata y dócil.

Las tierras de los hacendados más importantes se expandían e iban consumiendo las que le servían a los indígenas para su propia reproducción, mediante la caza y la pesca. Sin ellas, ya no tenían otra opción que vivir exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo. Por otro lado, los documentos de la época muestran que en las huelgas que se sucedían en los ingenios, los Pilagá eran los sectores más combativos e intransigentes. Es decir, había que disciplinarlos.

En este contexto puede entenderse la masacre de La Bomba, de octubre de 1947. Allí se habían concentrado unos 7 mil indígenas, concentración que preocupaba a Gendarmería, fuerza disputa a desalojarlos. Tras intentos algunos intentos de “convencer” a los Pilagá, intentos en los que no faltó la entrega de harina con gamexane para envenenarlos, la represión se planificó y se puso en marcha.

El 10 de octubre, alrededor de 400 gendarmes avanzaron sobre las tolderías y abrieron fuego contra la población. Las ametralladoras sonaron toda la noche. Al otro día pasaron topadoras e incineraron los cadáveres. Los sobrevivientes que huyeron al monte fueron perseguidos durante las siguientes semanas, muchos de los cuales terminaron muertos de hambre y sed en el monte. Aún hoy no se sabe con exactitud la cantidad de muertes, pero dada la gran cantidad de población y el poder de fuego de la represión, el número asciende fácilmente a varios miles.

Como puede concluirse de esta evidencia, Perón fue un defensor de las “humildes”… burguesías del interior, que requerían tierras y mano de obra barata para su propia acumulación. Para lograr eso, era necesario derramar sangre indígena. Y como usted ya sabe, el General cumple.

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