Manual de zonceras peronistas. Aquí están, estos son, los torturadores de Perón

El “primer trabajador” suele apodarse a Perón. Es curioso, porque toda su trayectoria personal está vinculada a la corporación militar. Está claro que el apodo lo que intenta reflejar no es su pertenencia de clase, sino las “conquistas” obreras de sus gobiernos. Una cuestión que en esta sección iremos desmontando en otras oportunidades. En esta ocasión, lo que vamos a poner en la mesa son pruebas que debieran contribuir a que sea conocido como el “primer torturador”. Obviamente, no fue el primero. Pero perfeccionó la maquinaria represiva del Estado a tal punto, que bien le vale el mote.

Es tan amplia la evidencia que apunta en esa dirección, que tendremos que dedicarle varias entregas. Aquí comenzaremos explicando uno de los tantos instrumentos represivos de los primeros gobiernos peronistas: la “División Información Política”. ¿En qué consistía? Dejemos que lo explique Guillermo Solveyra Caseres, quien fuera encargado en 1946 de ponerla en pie:

De inmediato agrupó a un grupo de personas especializadas en la represión del problema comunista, en concepto de colaboradores; se creó un servicio confidencial dentro del Partido Comunista, el que le fue poniendo al tanto de todas las maniobras de la agrupación […] También se organizó un servicio de provocación, es decir la organización de grupos que aparentando estar dentro del Partido Comunista, aparecían provocando escisiones y luchas dentro de sus filas, con lo que se conseguía paralizar la acción de ella.

Bastante claro, ¿no? De lo que se trataba era de infiltrar y reprimir a los partidos opositores, en particular a los de la clase obrera. Y no solo en la Argentina, sino que la División contó también con presencia en países limítrofes (Chile, Brasil y Uruguay) para estar al tanto del ingreso de comunistas al país. A tal punto el gobierno se tomaba seriamente la tarea de inteligencia que estableció un enlance con el Mayor General Campbell, director de la CIA por aquellos años. Hay que aprender de los mejores, ¿vio?

La División también mantenía estrecha vigilancia sobre los sindicatos. Llegó a infiltrar a más de 3.000 gremios y, en particular, a los “elementos comunistas” en su interior. En 1947 Solveyra se trasladó a Chaco para, según sus palabras, “explicar a los obreros las razones que impedían el aumento de los jornales a los trabajadores en los quebrachales.” Imaginará el lector qué tipo de argumentos utilizó: el palo.

Pero este Solveyra, ¿quién era? Usted sabe que el General se rodeaba de los mejores hombres. Este personaje, al que se lo recuerda como el inventor de la picana portátil, ya había dado pruebas de su eficiencia años atrás cuando fue convocado por el Director de Gendarmería Nacional. Su tarea sería la lucha anticomunista en Chaco, donde el PC tenía un peso importante. Allí la Policía recibió el apoyo de Gendarmería para interceptar la correspondencia política, detener dirigentes, requisar domicilios y torturar. ¿Cómo obtenían información los subordinados de Solveyra? Veamos un testimonio:

Se le arrancó la carne con tenazas desde el codo hasta la muñeca, para arrancarle confesiones; le cortaron las orejas, arrancándole las orejas, lo arrastraron de los órganos sexuales, lo descogotaron abandonándolo en un monte donde lo encontraron los vecinos ya descompuesto, por el revoloteo de los caranchos.

¿Se imagina entonces, lector, el valor de los servicios que le prestó a Perón durante su presidencia? “Bueno, quizás Perón no estaba en el día a día de la División”. No se crea, Solveyra le reportaba directamente a él con informes quincenales, donde el General se ponía al tanto del avance represivo sobre el comunismo y la situación interna de los sindicatos. ¿Y se supone que este es el “primero” de nosotros? Piénselo, “El Primer Torturador”. Es un apodo que le hace justicia…

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