Los puentes al 2001. La lucha de los asambleístas de Entre Ríos

Por Roxana Telechea – En el verano 2006/07, sucedió un hecho de envergadura nacional: en un acuerdo entre tres asambleas se cortaron los principales puentes fronterizos entre Argentina y el Uruguay. Pueblos enteros tomaron las rutas. El fenómeno tomó ribetes internacionales: la mediación del Rey de España, el pronunciamiento de la Corte de la Haya y de varios mandatarios internacionales. Un examen del desarrollo de la lucha llevada a cabo por los asambleístas de Entre Ríos permite comprender dos cuestiones. En primer lugar, la eficacia política de las formas históricas de lucha de la clase obrera, frente a las preconizadas por las asociaciones ecologistas. En segundo, las razones por las que, a pesar del reflujo, no se ha liquidado a la fuerza social que protagonizó al Argentinazo.

Hace tres años y medio los asambleístas de Gualeguaychú iniciaron una lucha contra la contaminación ambiental que iba a provocar la instalación de plantas productoras de pasta celulosa, sobre la ribera del Río Uruguay. Si bien la lucha no ha concluido, los asambleístas lograron ya el traslado de una de las dos plantas y, sobre todo, poner sobre el tapete una cuestión de gran importancia: la contaminación ambiental y su relación con las empresas capitalistas.

El método asambleario

La Asamblea Ambientalista comenzó a reunirse en octubre del 2003, a raíz de la autorización del gobierno de Tabaré Vázquez a la empresa española ENCE para instalar una pastera en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, sobre el río fronterizo Uruguay, frente a Gualeguaychú. Por su parte, en el año 2004, la empresa finlandesa Botnia presentó su propio proyecto y en abril del 2005 comenzó con las obras. Ese mes, y luego de un corte sobre el puente, se formalizó la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú bajo el lema “No a las papeleras. Sí a la Vida”. Dentro de la asamblea conviven militantes de izquierda, dirigentes políticos del PJ, la UCR y hasta el titular de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo de Angelis, entre otros. Un abanico ideológico que ha llevado a largas discusiones internas y cambios de secretarios y coordinadores, pero que no ha fracturado la asamblea evitando la dispersión del movimiento. Se pueden observar dos tendencias: los llamados históricos, que suelen plantear posiciones más moderadas; y los Amigos del Arroyo Verde, que tienen una posición más dura, siempre a favor de los cortes, que son los que se fueron imponiendo como fracción mayoritaria. Esto se manifiesta en la periodicidad de los cortes (que va aumentando a través de los años) y en las construcciones realizadas al costado de la ruta: un tinglado de madera, un pozo de agua potable, baños, duchas e instalación de luz eléctrica. En las localidades vecinas de Colón y Concordia también se instalaron asambleas, aunque menos masivas y más fragmentadas.

En Colón hay diferentes asambleas (cinco según Clarín) que funcionan sin relación entre sí. El sector proclive a cortar el puente se denomina Asamblea Ruta 135 y está liderado por Silvia “Poli” Echeverría. Esta asamblea suele responder a Gualeguaychú. En la asamblea de Concordia existen dos grupos definidos: los que apoyan las medidas tomadas por las localidades vecinas y que han cortado varias veces el puente, y los partidarios del gobernador de Entre Ríos y ex intendente de Concordia, Jorge Busti, quienes han boicoteado, criticado y patoteado diversos intentos que se hicieron por cortar el puente.

¿Cartas, misas o piquetes?

Luego de redactar la “Declaración de Gualeguaychú”, en la cual se manifestaron por primera vez en contra de las pasteras, los asambleistas recurrieron a los organismos oficiales: escribieron cartas al Presidente Kirchner, al Gobernador Solá y organizaron gestiones ante Cancillería. Antes de comenzar con los cortes, se intentaron las medidas más “ocurrentes” y “alternativas”: un concurso de fotografía, una encuesta por SMS1, la producción de un cancionero oficial2 y de una página web, una marcha de antorchas en Concepción del Uruguay (17/2/06), una peregrinación y misa (26/2/06), una caravana de embarcaciones por el Río Uruguay y, por fin, desfiles con máscaras de oxígeno. También se intentó entablar una comunicación con los habitantes de Uruguay en la Plaza Independencia. Con la agrupación ecologista Greenpeace se organizó la mediática aparición de la Reina del Carnaval del País en la cumbre presidencial de Viena, con el traje de la comparsa y un cartel indicando su rechazo a las papeleras contaminantes. Greenpeace ha organizado acciones por su cuenta, como encadenarse a los neumáticos de los camiones que trasladan materiales o a la grúa de la papelera y ha boicoteado en varias oportunidades las resoluciones colectivas. En particular, rechazaron fervientemente cooperar con el piquete a los barcos de Buquebus y negaron sus gomones para una medida votada democráticamente. La organización autodenominada ecologista, en realidad, se comporta como un ente ajeno a la Asamblea y sin ninguna intención de someter sus posturas a debate. Sus posiciones enfatizan la salida individualista, vacía de contenido político, cuyo único objetivo es conseguir una repercusión mediática. No está interesada en construir una herramienta de lucha, sino en confeccionarse un currículum para conseguir aportes financieros.

Frente a todas estas acciones, la metodología que se impuso como la más efectiva ha sido el corte de ruta. En un primer momento, la asamblea exigía la paralización de las obras, hasta finalizar las negociaciones, y la realización de un estudio ambiental. En varias oportunidades, los cortes fueron levantados ante el pedido del gobierno local y nacional para “permitir el diálogo” entre los presidentes de ambos países. Sin embargo, las obras no daban indicios de detenerse y ninguno de los gobiernos daba una solución al reclamo. Por lo tanto, los cortes se reanudaban y en la asamblea se propagaba una mayor desconfianza hacia las llamadas “treguas”. El primer corte de envergadura se produjo el 30 de abril de 2005, cuando marcharon al puente más de 40 mil personas. El 3 de febrero de 2006, los asambleístas cortaron la ruta 135 y el Puente Artigas y, el 16, se sumaron los habitantes de Colón, manteniendo el corte hasta el 22 y 20 de marzo respectivamente, cuando se levantaron para dar lugar a un encuentro entre los gobiernos de Argentina y Uruguay. Para ese entonces, con 45 días cumplidos, se había consolidado como el piquete más largo de la historia argentina. Ante la falta de respuestas oficiales, volvieron a cortar el 5 de abril. El 1 de mayo se votó levantar el corte para permitir el diálogo en La Haya. La falta de resultados por esta vía impulsó, en septiembre, nuevamente al corte de los pasos internacionales en Gualeguaychú y Colón, en forma simultánea. Esa acción tomó el nombre de La Doble Caravana de la Resistencia. Desde esta fecha en adelante, la asamblea no dejó de funcionar y cortó continuamente el puente Gral. San Martín, hasta el 20 de noviembre del año pasado, cuando el Banco Mundial confirmó que financiaría a Botnia. En esta oportunidad, entre 14 y 20 mil asambleístas se congregaron para votar el corte por tiempo indeterminado, medida apoyada también por Colón y Concordia, aunque en este último caso, los vecinos fueron presionados por punteros bustistas que los obligaron a abandonar la ruta.

Aprendí a ser…. piquetero

La experiencia política vivida por los asambleístas los fue acercando a los partidos de izquierda, quienes participaron activamente en todo el proceso. Demostró -amén de la utilidad de la acción directa- la necesidad de luchar en el centro del poder político del país: el 12 de diciembre participaron de una marcha desde Congreso hasta Plaza de Mayo, junto con agrupaciones y partidos de izquierda. Esa marcha funcionó, además, como aglutinador de otras demandas ambientales contra el gobierno argentino. Estuvieron ese día vecinos de La Boca exigiendo la limpieza del Riachuelo, habitantes de Avellaneda denunciando al polo petroquímico que funciona en Dock Sud, de González Catán exigiendo el cierre del CEAMSE; también se denunciaron las explotaciones mineras “a cielo abierto” como La Alumbrera y El Veladero, la contaminación del Río Reconquista, la contaminación en las cuencas de los ríos Salí y Dulce en Río Hondo, Santiago del Estero. Ese mismo día se logró cortar los tres puentes y, por lo tanto, quedó cerrado el pase terrestre entre Argentina y Uruguay. La marcha nacional se constituyó en un punto de inflexión de la lucha: desde diciembre hasta el día de hoy, los cortes han aumentado en tamaño, en duración y en coordinación. El arco político burgués ha desempolvado los discursos que solía utilizar en los años 2000 y 2001: “aprobamos los motivos, pero no los métodos”.

El Gobernador de Entre Ríos amenazó con recurrir a la justicia para evitar los cortes e “invitó” públicamente a los vecinos a copar las asambleas para votar el fin de los cortes.3 Para ponerse la camiseta del cuidado ambiental optó por una “Bicicletada por la vida” y recitales en donde participaron Antonio Tarragó Ros, Victor Heredia y Soledad Pastorutti. Sin embargo, Busti ha sido rechazado por los asambleístas que no han dudado en ver en esas acciones el intento de alejar la protesta del puente.

El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel intentó mediar, en febrero de 2006, para levantar el corte. Ofreció para ello al Servicio de Paz y Justicia que preside y la posibilidad de realizar un estudio científico de impactos con la Academia de Ciencias de Venecia. Pero pedía, a cambio, una tregua con levantamiento del corte. Los asambleístas lo invitaron a la asamblea y lo escucharon, pero votaron la continuidad del corte, ya que las treguas habían demostrado, varias veces, su ineficacia.

En octubre del 2006, luego de la demanda uruguaya en La Haya, Kirchner se manifestó abiertamente en desacuerdo con los cortes. Inmediatamente, Gendarmería comenzó a sacar fotos a los asambleístas, actitud que fue entendida como un intento de intimidación que condujo a una peor relación con el gobierno. La primera jugada del presidente había sido, como ya lo había hecho con el movimiento piquetero, la cooptación: incorporó a una asambleísta, Romina Picolotti, como secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Apenas pisó el despacho, Picolotti anunció que los cortes habían “cumplido su etapa”. Esta actitud le valió el repudio de sus ex compañeros. El desalojo de la ruta permitiría destrabar las negociaciones, lo que significa la instalación de las pasteras. Pero Kirchner no se anima a despejar la ruta por la fuerza, en pleno año electoral. Una represión significaría un ataque directo a un componente pequeño burgués, en una causa compartida por todo el espectro ciudadano. Por lo tanto, el piquete es el único elemento que se interpone entre Botnia y el río Uruguay.

El desarrollo de la asamblea ha recorrido, bien rápido, el camino que va de la conciliación (el diálogo entre presidentes) al enfrentamiento con el Estado y de los métodos “alternativos” al corte de ruta por tiempo indefinido. Ha tomado una importancia política de primer nivel, no sólo por sus honrosas acciones contra las pasteras, sino sobre todo porque puso sobre el tapete otros problemas en cuestiones ambientales, tanto nacionales como internacionales.4 Actuó así como impulsora y canalizadora de las principales luchas ambientales, dándole un marco de referencia en la acción directa: el corte de ruta. No estamos sólo ante los métodos propios de la fuerza social que protagonizó el Argentinazo. Encontramos también una disputa con el régimen político y la influencia de las mismas organizaciones presentes en el 2001. Para enfrentar el avance del capital sobre la vida, los asambleístas, al igual que lo hizo la pequeña burguesía en el Argentinazo, tomaron las históricas herramientas de lucha de la clase obrera: piquete y asamblea.


Notas

1Finalmente no se hizo porque la empresa de celulares lo canceló argumentando que no quería intervenir en temas de orden político.
2Los temas se pueden bajar en la página www.noalapapelera.com.ar
3La Asamblea de Colón logró hábilmente evitar el copamiento de la gente del gobernador Busti, con la realización de una asamblea sorpresa a la madrugada y votando el corte de ruta. Echeverría afirmó: “No permitiremos asambleas abiertas, donde se pretenda debatir la modalidad o la continuidad del corte”, Clarín 13/1/06.
4El 24 de mayo de 2006, los asambleístas realizaron una actividad en coordinación con una protesta chilena por la instalación de una papelera en Celco, en el Valle de Itaca con una caravana de autos.

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