Los números y el relato – Romina De Luca

3a1Los números y el relato. Una vez más Argentina y las pruebas PISA 2015

El affaire PISA sirvió para que la izquierda interviniera en el mismo sentido que en las Aprender: los test estandarizados no sirven y hay que rechazarlos. Así, se confunde el nivel de la discusión. Cualquier prueba sirve para elaborar un diagnóstico y todos los test muestran algo que es palpable por cualquiera de nosotros: la educación
argentina hace décadas no hace más que seguir un tobogán descendente.

Romina De Luca

GES-CEICS


El pasado 6 de diciembre, la OCDE dio a conocer los resultados de las pruebas PISA 2015. El episodio podría haber sido un acontecimiento más en un cuadro de situación al que ya estamos acostumbrados: Argentina, con pésimos rendimientos, ubicándose a la cola de la lista de países. Pero este año, la novedad que trajeron las PISA fue otra. Argentina (no así CABA) resultó excluida de la publicación por considerar que sus resultados no eran “estadísticamente” confiables. Las pruebas PISA habían sido realizadas en octubre de 2015, a una muestra de alumnos de todo el país de 15 años de edad, con el objetivo de medir sus capacidades en lengua, matemática y ciencias. A raíz de detectar una mejora “sorprendente” en los resultados, la OCDE decidió revisar la muestra y allí se percataron de que la cantidad de escuelas candidateadas por el gobierno nacional había disminuido 23%. En esa omisión, se habrían excluido escuelas que históricamente participaron de las pruebas. Recordemos que, sobre las informadas por el gobierno, la OCDE selecciona “al azar” (veremos que el azar tiene curiosos caminos) las escuelas que deberán participar del operativo. Al ser la población objetivo menor a la real se consideró que los resultados no serían comparables con los anteriores y por ende la resolución fue excluir el rendimiento nacional. Curiosamente, a pesar de acusaciones cruzadas, macristas y kirchneristas bajaron el perfil de la discusión. Como veremos en esta nota, el affaire PISA, los ensucia a todos y revela el lugar que ambos le otorgan a la educación.

Excluidos

La historia del rendimiento de nuestro país en las PISA no es muy alentadora. Cada vez que se publican los resultados, los ministros de Educación se ven en la obligación de dar explicaciones o algo parecido a ello. Recordemos que, en 2012, el 53,6% de los estudiantes alcanzaron un nivel de comprensión lectora bajo y, tomando solo los dos indicadores más bajos de la escala de medición, casi uno de cada tres alumnos no comprende lo que lee. Así, finalizada la escuela primaria, nuestros alumnos solo leen en un sentido técnico. En la misma medición, nuestro país obtuvo 388 puntos en matemática y se ubicó debajo de países como México, Uruguay, Brasil y Costa Rica, entre otros. Pero no se trata de un mal año sino de una tendencia. En el 2000, el 43,6% de los alumnos tenían comprensión lectora por debajo de 2, en 2006, la cifra trepó a 57,9%, en 2009 a 51,6%. En matemática, las cosas no son mucho mejores. En 2009, Argentina obtuvo 388, por debajo del promedio latinoamericano; en 2006 con 381 puntos, casi el 40% de los alumnos no podía resolver los ejercicios más básicos y fueron encuadrados en el Nivel -1 (el más bajo de la escala), puntaje similar al del año 2000. Con la exclusión parcial del país en el informe de 2015 surgió un nuevo dolor de cabeza para el gobierno y dejó flotando varias preguntas: ¿por qué Argentina fue excluida mientras que CABA sí forma parte del informe oficial? La izquierda introdujo otra de la que nos ocuparemos al final: entonces ¿los tests no sirven? Veamos.

Según el ministro, la exclusión de la Argentina del ranking de países tuvo que ver con fallas graves en la construcción de la muestra y, por ende, de su representatividad. Reconoce Bullrich, que tenían esa información hace varios meses (desde junio según La Nación) y que estuvieron trabajando para evitar la exclusión. Sin embargo, como dos organismos especializados en estadística del gobierno (no sabemos cuáles) ratificaron que la muestra no era representativa se ¿consensuó? con la OCDE su eliminación. Según el Ministro hubo fallas técnicas graves. A decir de Bullrich, 3.096 escuelas no fueron informadas sobre un total de 13.280. Según el ministro, como esas escuelas no informadas no se corresponden con una región específica (por ejemplo, no se excluyó NEA y NOA que siempre tiene peores rendimientos) sino son de todo el país, eso evidenciaría que no fue adrede. Argumento simplón que no va al nudo del problema porque, en definitiva, escuelas con muy malos resultados hay a lo largo y ancho del país. Es llamativo que, en la conferencia de prensa, el Ministro, no podía más que gesticular cuando le preguntaban si había habido “animosidad” y repetía el discurso de la ineficiencia.

A decir verdad, el argumento de la ineficacia construye una explicación poco feliz. El kirchnerismo vivió preocupado por el rendimiento de las PISA. En el 2009 hizo alharaca sobre el éxito educativo de su gestión, para ser desmentido inmediatamente por los resultados de las pruebas. En 2012, fue más cauto, pero también tuvo que ponerle el pecho a la situación y correr el eje del resultado: “calidad son muchas cosas”, “la culpa fue de las provincias”, etc. etc. Suponer que ese mismo personal, por desinterés, no realizó bien la muestra es, en el mejor de los casos, ingenuo. Quienes inventaron la economía política de los datos para hablar de pobreza, desocupación, inflación, quienes midieron sus logros a partir de comparaciones creativas, adaptaron los guarismos a su conveniencia, resulta que ahora son solo “incompetentes”. El gobierno que mintió deliberadamente, resulta que en este caso solo “se equivocó”.

Seño, seño, fuimos todos (tramposos)

Lo que sí es muy llamativo, es el hecho de que la OCDE decidiera dejar en el ranking a la Ciudad de Buenos Aires. CABA mejoró “inexplicables” 50 puntos, entre 2012 y 2015, una mejora que no tiene antecedentes en la historia de las pruebas. Recordemos que, de acuerdo a la explicación oficial, fue la suba en el rendimiento de Nación (la medición daba un ascenso de 9 puestos en el ranking) lo que generó sospechas sobre la muestra. Distintos sectores filo K, salieron a acusar al gobierno de haber “coacheado” a los alumnos para que rindieran bien en las pruebas. Según las autoridades porteñas, no hubo preparación (es “ilegal” según la OCDE) sino un programa de “sensibilización” sobre la importancia de los tests en general y de PISA en particular. Desde el Ministerio de Educación de CABA reconocen que utilizaron a docentes jubilados para las actividades de “sensibilización”, pero los docentes que estuvimos en las escuelas que participaron de ese programa sabemos que se trabajaron contenidos específicos de matemáticas y ciencias, es decir, se preparó a los alumnos. Ello explicaría porque CABA rindió muy bien en las PISA y muy mal en otras pruebas internacionales. Otros países, también incentivaron a sus alumnos, valga de ejemplo Colombia con la entrega de una tablet a alumnos con buenos resultados.

En la Ciudad, las pruebas PISA fueron tomadas en agosto de 2015 en 58 escuelas y a unos 1.800 estudiantes. Por la falta de “sensibilización”, en 2012 habían participado 39 escuelas y 1.336 estudiantes. Algunas voces afirman que la Ciudad esta vez tuvo “mucha suerte” y en el combo de escuelas a examinar “se colaron” el Nacional Buenos Aires, el ILSE y otras escuelas de “élite” que podrían haber influido en los resultados.1 Sabiendo que también cayeron bajo la lupa, Tamara Vinacur, referente del área de estadísticas del Ministerio de Educación porteño, señaló que en un par de meses darán un informe para explicar cuánto de la mejora depende a un sesgo propio en la muestra de CABA, teóricamente elegida al azar.

Así las cosas, se entiende el tibio tono del Ministro Bullrich ante al affaire PISA: su propio pellejo puede llegar a estar en juego si se descubre que él también participó del chanchullo. Mientras los valores nacionales no aparecen, CABA por poco exhibe una calificación sobresaliente. Mientras Singapur (país que lideró el ranking) mejoró 7 puntos, CABA 50… Llama más la atención cuando se lo contrasta con los resultados que los alumnos del mismo distrito obtuvieron en 4º grado de primaria y 1º año de la secundaria en 2014, un año antes de las PISA, en las pruebas TIMSS: el 62% de los alumnos de primaria obtuvieron resultado bajo y al inicio de la secundaria la cifra alcanzaba al 48%.2 Al igual que en las PISA 2015, Singapur lideraba el ranking de las TIMSS. Es llamativa la evolución de la CABA incluso comparativamente con la evolución de otros países de la región que habían obtenido un puntaje similar en el último test PISA del 2012. En efecto, la Ciudad de Buenos Aires, en el área de matemática había obtenido un puntaje similar al de México (418 puntos). Mientras México obtuvo 408 puntos en 2015, CABA ascendió a 456. Es evidente que el azar siguió extraños caminos…

Empantanados

En general, el affaire PISA sirvió para que la izquierda interviniera en el mismo sentido que en las Aprender: los test estandarizados no sirven y hay que rechazarlos. Así, se confunde el nivel de la discusión. Cualquier prueba sirve para elaborar un diagnóstico y todos los TEST muestran algo que es palpable por cualquiera de nosotros: la educación argentina hace décadas no hace más que seguir un tobogán descendente. Al llegar a tercer grado, nuestros abuelos podían leer de corrido y resolver ejercicios matemáticos, Ese mínimo conocimiento, aun cuando no continuaran sus estudios, construía un piso sólido. Hoy nuestros hijos, llegan a la escuela secundaria y no comprenden lo que leen. A pesar del discurso oficial ni a los funcionarios ni a la burguesía les importa: más de un tercio de ellos no tendrán ninguna función productiva bajo este sistema social. Eso se refleja en la “política” educativa que se implementa, una ficción tituladora. El grueso de la población recibirá un papel sin valor. Recordemos una vez más, que sobre 10 que inician el secundario, 3 terminan en tiempo y forma. El resto, circulará en una educación discontinua por la modalidad de adultos, para anclarse detrás de la maquinaria tituladora del FINES 2.

A pesar de que Bullrich entre sus recetas esgrima que para mejorar los resultados malos se debe trabajar sobre la formación inicial docente (la carrera docente) y la formación continua (capacitación y pos-titulación), infraestructura y acceso temprano al sistema educativo (obligatoriedad sala de tres años de edad), remitirse a los hechos evidencia que es solo un bonito discurso. Capacitación es igual a un docente emotivamente resistente (véase nota en este suplemento). Infraestructura es igual a para-estatalización vía Fines, Jornada Extendida y Gestión Social. Aumento de la Obligatoriedad es igual a Promoción Automática. Así las cosas, quienes fueron y son parte del problema no van a construir la solución. Debemos tomar el problema en nuestras manos. Es menester trabajar por un Congreso Educativo Clasista que evalúe la política educativa de las últimas décadas.

NOTAS

1Clarín, 8/12/2016. Disponible en: https://goo.gl/SPFR2e

2Clarín, 29/11/2016. De la prueba participaron 6.460 alumnos de 4º grado y 3.533 de primer año del secundario. Disponible en: https://goo.gl/eg9CrJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *