Los intelectuales del imperialismo. Sobre las XIII Jornadas de Historia de la Educación

 

 

Mariano Schlez

 

Se realizaron entre el 10 y el 12 de Noviembre, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, las XIII Jornadas Argentinas de Historia de la Educación con el título “La educación en la Argentina. Balances historiográficos, inventarios del presente y desafíos de la investigación”. La revista Ñ (13/11/04) presentó las Jornadas como las “instrucciones para recuperar la escuela”, haciendo especial hincapié en el papel de la educación como un “espacio decisivo para consolidar la identidad nacional y una ruta estratégica para promover el desarrollo personal, social, económico y cultural”. Pasan por sus páginas comentarios de Sandra Carli, Pablo Pineau y Myriam Feldfeber. “La idea es poner en discusión el presente pero leyéndolo en el largo plazo” dice esta última. Más allá de las declaraciones, se trató de un encuentro entre los principales “popes” de la educación y sus obsecuentes seguidores para prodigarse aplausos mutuos sin ánimo de discutir demasiado, un ámbito donde lo más importante de la intelectualidad burguesa se reúne a dialogar entre risas y sandwiches de miga. No hay mucho debate porque todos pertenecen y defienden el mismo programa político: el de la burguesía. Un congreso más de los tantos que se realizan en el ámbito académico universitario, si no fuera por la particular importancia que reviste el que sus organizadores y participantes son en su mayoría los responsables directos de la crisis actual de la educación argentina. Veamos esto más en profundidad.

El “Comité Científico” de las jornadas, compuesto por Adriana Puiggrós, Sandra Carli, Marcela Mollis y Rubén Cucuzza, desplegó un discurso progresista, con numerosas críticas al “neoliberalismo” educativo y a las políticas públicas llevadas adelante por los diferentes gobiernos. Sobresale en este grupo la figura de Puiggrós, cuyos trabajos atacan las políticas educativas menemistas, reivindicando la educación popular con una retórica liberacionista. Curioso, teniendo en cuenta que Puiggrós y su grupo, APPEAL, son “asesores” de la Dirección de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires. En la página de APPEAL se reivindica su papel de ideólogo de la “Nueva Escuela” de Solá, que vincula la escuela y el trabajo, es decir, pone al servicio del capital los conocimientos y la educación (además del trabajo de los chicos, a través de las “pasantías”). Tarea directamente vinculada con el programa de investigación de APPEAL sobre “saberes socialmente productivos”. Puiggrós tiene una larga y fecunda carrera como intelectual orgánica de la burguesía argentina: distinguida por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires por su asesoramiento en el proyecto de Consejos de Escuelas (1991), Secretaria de Estado de Ciencia y Técnica de la Nación Argentina (2001); Diputada Nacional (1997-2001), Presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados de la Nación (2000) y convencional constituyente en 1994, se ocupa de introducir la ideología burguesa en el seno mismo de la clase obrera, a través del Instituto de Investigaciones Pedagógicas “Marina Vilte” de la CTERA, creado y dirigido por ella (algo que de paso ayuda a entender la política de un gremio guiado por una intelectual de la clase enemiga). Puiggrós protagonizó el Congreso Pedagógico Nacional (ver artículo de Romina De Luca en RyR nº 13 y El Aromo nº 12), fue funcionaria del gobierno asesino de De la Rúa y hoy se recicla en el gobierno PJ, cuyo proyecto es completar la reforma educativa municipalizando la escuela pública (que ahora puede ser de “gestión pública o privada” -ver resoluciones 6000/03 y 6001/03 de Mario Oporto) poniéndola al servicio de las empresas locales, los punteros políticos y la Iglesia (ver El Aromo nº 9). “Ustedes saben que tenemos programas para EGB: “La escuela lee más”, “La escuela enseña a trabajar” y “La escuela enseña a respetar la Ley”. Es el comienzo, es un comienzo exitoso, pero es el comienzo”, dijo Felipe Solá en la presentación del Plan Educativo 2004-2007 que realizó APPEAL. En una de las tantas jornadas docentes, se nos bajó desde la Dirección de Educación la obligación de discutir sobre la importancia de la escuela en el respeto de la ley por parte de los chicos. Inmediatamente mostramos nuestras críticas los docentes que nos encontrábamos en esa escuela (entre ellos el Eduardo Sartelli y quien esto escribe) argumentando que no debemos enseñar a respetar la ley, sino a transgredirla y a transformar la sociedad que le dio origen. No sabíamos que estábamos enfrentándonos a Puiggrós y su educación “liberadora”.

Otro de los participantes en el gobierno de Oporto y Solá, miembro de APPEAL y coordinador de una de las mesas de las Jornadas de Educación, Rafael Gagliano, se dedicó especialmente al programa “La escuela lee más”, con el objetivo de formar “ciudadanos lectores y escritores hacia la sociedad del conocimiento”. “Sociedad del conocimiento” es aquí un eufemismo por capitalismo. Y un eufemismo mentiroso: en tanto el capital no hace más que degradar conocimientos y habilidades, el objetivo real termina siendo control y disciplina sobre los alumnos.[1]

Otros participantes de las Jornadas gozan de larga prosapia a la hora de asesorar gobiernos burgueses apoyándose en becas de FLACSO, la Fundación Ford o la Universidad de San Andrés: Sandra Carli, Myriam Feldfeber, Silvia Finocchio, Inés Dussel, Silvina Gvirtz se juntan con Hilda Lanza, investigadora de FLACSO y ex subsecretaria de evaluación de calidad educativa del ministerio menemista de Susana Decibe. En esta tarea de llevar adelante la Ley Federal, Lanza no se encontraba sola, sino que dos de sus compañeras de FLACSO la acompañaban: Cecilia Braslavsky, directora general de investigación y desarrollo educativo, e Inés Aguerrondo, subsecretaria de programación educativa del mismo ministerio. FLACSO no deja de poner un huevo en cada canasta, desde que el actual ministro de educación, Daniel Filmus, es uno de los más importantes representantes de la FLACSO en Argentina (de FLACSO como agente del imperialismo hablaremos en próximos números de El Aromo).

Las Jornadas tuvieron de todo, menos debate y reflexión. Lo que debiera haber sido objeto de “debate” y “reflexión” es cómo estos intelectuales pueden resolver los problemas de la educación argentina habiendo contribuido a crearlos. También debiera ser objeto de reflexión para los estudiantes de Ciencias de la Educación cuál es el futuro que les espera como intelectuales. Razón y Revolución presentó dos ponencias en estas Jornadas, ambas objeto de agrias críticas. No esperábamos menos: han sido, con seguridad, las únicas que plantearon una solución no burguesa a los problemas de la educación argentina. Problemas que no pueden remitirse a lo estrictamente educativo, sino que plantean la necesidad de una salida obrera a la crisis. Es tarea de los intelectuales revolucionarios en este ámbito, rechazar los cantos de sirena del imperio y sumarse a la construcción de una educación piquetera. Razón y Revolución invita a docentes y educadores a sumarse a su proyecto educativo, que no es otro que el de los trabajadores y el pueblo.

[1]Véase Marina Kabat: “Secundario completo. Las demandas del capital en materia educativa”, en Eduardo Sartelli (comp.): Contra la cultura del trabajo, Ediciones RyR, Bs. As., 2003

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