Los gordos de siempre. Acerca de la burocracia peronista y la democracia sindical.

gordosIanina Harari
GIPT – CEICS

El kirchnerismo quiere hacernos creer que los males del sindicalismo, que hoy toman estado público, nacieron en los ’90. Sin embargo, los “gordos” y los no tanto de la CGT tienen una trayectoria más larga. Los actuales “muchachos peronistas” han intentado mantener a raya cualquier atisbo de disidencia desde, al menos, los ‘60. Burocracia sindical y peronismo son, en la Argentina, sinónimos. No se puede superar uno sin el otro. Un repaso por la actuación del SMATA en los ’70, nos permitirá refrescar la memoria.

Democracia verde

En 1968 el SMATA es ganado por la lista verde que conformaron Dirck Henry Kloosterman y José Rodríguez. Ambos personajes provenían del personal jerárquico de sus empresas. El primero era tomador de tiempos en Peugeot, es decir, se encargaba de controlar que el obrero no le estuviera robando minutos a la empresa. El segundo, era contador auxiliar de DECA-Deutz. Ambos habían conformado la dirección del SMATA, pero en cargos secundarios. De hecho, José Rodríguez había sido encargado de intervenir desde la central del gremio, la seccional Córdoba en 1967.

Desde entonces, los verdes mantuvieron el control del sindicato. En 1970 obtienen 12.331 votos, luego de eliminar de la competencia a la opositora Azul con el argumento de que habían falsificado listados de firmas para alcanzar los avales necesarios.(1)  En 1972 y 1974, vuelven a triunfar, con casi el doble de votos, sin ninguna oposición. El sistema de lista única, como vemos, no es nuevo. A pesar del control que la burocracia ejercía en las elecciones nacionales, las elecciones de delegados les resultaban más difíciles de tutelar. Así, continuamente debían idear la forma de sacarse de encima a los delegados más combativos. Por ejemplo, en noviembre de 1973, se decide sancionar con la expulsión a 12 afiliados del gremio de distintas empresas, muchos de ellos delegados. Nueve de ellos son reprendidos por no haberse adherido al paro convocado luego de la muerte de Kloosterman o por no respetar el minuto de silencio en su memoria.(2)  El resto de los expulsados son delegados cuyas faltas nunca son explicitadas. Así en las resoluciones, se justifica la expulsión con vaguedades tales como “inconducta gremial”, “se estima necesario disponer su expulsión como recurso extremo destinado a preservar la vida regular del gremio y asegurar el normal funcionamiento de sus instituciones”.(3)  Sin mayores explicaciones estos trabajadores, que habían sido elegidos como delegados por sus compañeros, eran apartados del gremio.

Exclusivo para peronistas

El mayor desafío que tuvo que enfrentar el SMATA en los ’70 fue el avance del clasismo. Enfrentado por tendencias marxistas y frente a un gobierno que no quería negociar, como el de la dictadura, por algunos instantes la burocracia se vio obligada a actitudes aparentemente conflictivas. Pero con el regreso del peronismo al poder, el gremio abandonó la pose pseudo combativa y comenzó a atacar abiertamente al clasismo. Por ejemplo, en 1972, bajo el gobierno militar, el SMATA realizó varias presentaciones judiciales para encuadrar a los obreros de Fiat en el sindicato, luego de la disolución del Sitrac, que había sido conducido por clasistas. Pero en 1973, ya bajo el gobierno peronista, los verdes se negaron a prestar apoyo a la seccional cordobesa para la afiliación de los obreros de Fiat. Esa seccional estaba ahora conducida por René Salamanca, obrero de IKA-Renault y militante del Partido Comunista Revolucionario, quien conducía la Lista Marrrón y había ganado las elecciones el año anterior en la provincia. Desde la central alegaban que aunque defendían el derecho del gremio a representar a todos los mecánicos del país, no se podía realizar una huelga contra el gobierno popular: “resulta “sospechoso que la dirección sindical cordobesa (autotitulada clasista, combativa y comunista revolucionaria) salga justamente ahora a la lucha con el fin de crearle un problema al gobierno popular.” (4)

Con la asunción de Perón, y la evidente derechización del gobierno, se envalentonaron aún más, esperando que el general pusiera orden:

“no vamos a esperar más sentados que la traición y la contrarrevolución marxista destruya nuestro pueblo. Estamos dispuestos a darles batalla en todo el país, estén donde estén, en las fábricas, seccionales, talleres, etcétera, y con la movilización activa de los mecánicos auténticos, que sólo reconocen una bandera, la Azul y Blanca, y un líder, el Teniente General Juan Domingo Perón y una Doctrina, la Justicialista, SMATA eliminará para siempre de nuestras filas a quienes han actuado y actuarán al servicio de la anarquía internacional con apoyo de adentro y afuera.”(5)

Efectivamente, esto fue lo que hicieron unos meses después con René Salamanca. La seccional Córdoba había sido un problema para la dirección nacional. El SMATA se caracterizaba porque cada regional mantenía cierta autonomía respecto de la central nacional, sobre todo a nivel financiero. El burócrata cordobés, Elpidio Torres, no había sido tan eficaz como sus pares bonaerenses en monopolizar las elecciones. De esta forma, en 1972 había perdido la dirección de la regional a manos de la Lista Marrón. En 1973, en la VI Asamblea General Extraordinaria de Delegados Congresales, el SMATA vota sancionar a la Comisión Ejecutiva de la Seccional Córdoba y conformar una Comisión Investigadora. Los motivos son ajenos a cuestiones sindicales:

“b) Propiciar públicamente el VOTO EN BLANCO, durante toda la campaña electoral previa al 11 de marzo de 1973, con el objeto de impedir el triunfo popular y mantener el continuismo de la dictadura militar, colocándose de esa manera directamente en contra del General Perón. (…)
f) Con motivo de las elecciones del 23 de septiembre del corriente año en la que todo el gremio se pronunció activa y abiertamente en favor de la candidatura del Teniente General Perón, porque a través de ésta se jugaba el destino nacional, repiten su actitud negativa y reticente, colocándose de esa manera claramente en contra del sentimiento de la inmensa mayoría de los compañeros mecánicos de Córdoba y de los trabajadores del país (…) de extrema gravedad se debe valorar la conducta de los dirigente responsables de la seccional que respondiendo a una concepción ideológica y política contraria al sentimiento nacional de los trabajadores, han enfrentado abiertamente a la inmensa mayoría del país y a la absoluta mayoría de los mecánicos de Córdoba que abrazan el ideario justicialista y rechazan toda ideología extranjerizante.”(6)

Se trata de una sanción abiertamente política. Los mecánicos cordobeses respondieron a esta maniobra con un paro y una manifestación en la sede gremial de apoyo a la Comisión Directiva regional. Un año después Salamanca fue expulsado con motivo de un paro llevado adelante en IKA por demandas salariales, que tuvo una fuerte adhesión por parte de las bases.

A pesar de todas las maniobras que la burocracia puso en juego, la movilización obrera continuó rebasándolos, en particular en 1975, con la conformación de coordinadoras inter fabriles y con las huelgas de junio-julio contra el Rodrigazo y por la homologación de los convenios colectivos bajo el gobierno de Isabel. El sindicato comienza entonces a colaborar con la patronal para despedir delegados combativos y activistas, armando las listas negras.

Pero las argucias legales ya no bastaban y la represión entró en escena, primero con la Triple A y luego con el Golpe. El sindicato estaba al tanto de los planes golpistas antes del 24 de marzo e incluso sabía quiénes sufrirían la represión. Tal es así que 20 días antes del golpe, Rodríguez advierte algunos miembros de comisiones internas sobre lo que se venía(7) . Durante la dictadura, si bien el sindicato fue intervenido, la estructura de delegados y dirigentes peronistas del SMATA se mantuvo y, como lo muestra la causa por los desaparecidos en Mercedes Benz, fueron cómplices activos de ella en la desaparición de los militantes fabriles.

Marxistas no, peronistas

El credo “justicialista” pretende que el peronismo no se alinea ni con el capitalismo ni con el socialismo. Sin embargo, cada vez que las papas quemaron, la dirección peronista se ubicó siempre del lado patronal, sean las empresas en cuestión nacionales o extranjeras. La burocracia peronista cumplió siempre ese papel, incluso llegando hasta el crimen. Porque está en su naturaleza representar la conciencia más atrasada del proletariado. Que la burocracia sindical sea peronista no significa otra cosa que la conciencia sindical más atrasada es la expresión fiel de la conciencia política más atrasada. Por eso, cuando la crisis promueve una conciencia sindical más desarrollada, desata también una conciencia política más avanzada. Por eso no es extraño que cuando la situación refluye, la burocracia retorne y lo haga con sus métodos de siempre. El asesinato de Mariano Ferreyra es uno más en la larga historia de los personajes sobre los que se apoya el peronismo, por su propia naturaleza. Son peronistas, eso es el peronismo y no otra cosa.

Notas:

(1) SMATA: Avance, Año I, nº 3, Buenos Aires, marzo de 1970.
(2) El 22 de mayo de 1973, las FAP realizan una acción de ajusticiamiento contra el dirigente mecánico en su vivienda en La Plata.
(3) SMATA: Avance, nº 22, Buenos Aires, octubre de 1973.
(4) SMATA: Avance, nº 21, Buenos Aires, septiembre de 1973.
(5) SMATA: Avance, nº 24, Buenos Aires, enero de 1974.
(6) SMATA: “Resolución de la VI Asamblea General Extraordinaria de Delegados Congresales respecto a la situación de la Seccional Córdoba”, en Memoria y balance 1974.
(7) Harari, Ianina: “Autopsia de un burócrata: José Rodríguez, 1935-2008”, en El Aromo, nº 52, enero-febrero de 2010.

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