Los frutos del mal. Condiciones de trabajo de los cosecheros olivícolas en Catamarca

frutosMaría Laura Nievas
Colaboradora TES

A nivel mundial, Argentina es el séptimo productor de aceitunas de mesa y el onceavo de aceite de oliva. Al oeste de Greengwich, se ubica en el segundo lugar en este último rubro, después de EE.UU. Del volumen total producido en el país, el 80% de las aceitunas de mesa y el 70% del aceite son enviados al mercado externo, mientras que apenas la quinta parte se destina al consumo interno.1

La posición que ocupa actualmente el sector olivícola argentino en el mercado mundial es el resultado de un proceso de expansión de la olivicultura, iniciado a partir de los años ’90. Mediante la aplicación de incentivos fiscales, la estimulación a la inversión en tecnología y la plantación de olivares por parte de capitales nacionales y extranjeros, se amplió la cantidad de hectáreas cultivadas, sobre todo en Catamarca, La Rioja y San Juan.2  De esta forma, se incorporaron 46 mil nuevas hectáreas de olivares, lo que implicó que, hacia fines de 1998, la superficie implantada alcanzara las 71 mil hectáreas.3

Este crecimiento trajo aparejado dos fenómenos: una profundización de la concentración de la producción y un incremento del volumen exportado. Si bien en la actualidad las explotaciones de una superficie inferior a las 25 hectáreas representan más del 80% del total de las unidades productivas con olivo en las provincias de Catamarca y La Rioja, las unidades que cuentan con más de 100 hectáreas son las responsables de casi el 90% del área cultivada. En cuanto al segundo, en el año 2000 las aceitunas de mesa exportadas alcanzaron las 34.666 toneladas, y generaron un ingreso de 51,2 millones de dólares FOB; también fueron exportadas alrededor de 7 mil toneladas de aceite de oliva, por las que se obtuvieron 20 millones de dólares FOB.4

En adelante, el aumento tanto del volumen exportado como de las hectáreas implantadas no se detuvo: de  2000 a 2007 hubo variaciones del 135,3% y el 161,2% en relación al valor y al volumen colocado, respectivamente. A su vez, en 2007 se registraron récords históricos en los volúmenes exportados de ambas producciones: 90.554 ton., en el caso de la aceituna de mesa (por las que se obtuvieron 120,5 millones de dólares FOB) y, en el caso del aceite de oliva, 18.244 ton. (con 65,1 millones de dólares FOB).

La expresión más álgida de este “boom” olivícola fue Catamarca, principal productor nacional en la actualidad, que para 2007 contaba con 18.728 hectáreas de olivo plantadas5  y llegó a una producción récord a nivel nacional de 52 mil ton.6 , lo que significó un aumento de la producción del 483% con respecto al año 2004. Sin embargo, este significativo incremento en la mayoría de los indicadores se frena a partir de  fines de 2008 con el inicio de una crisis en el sector que se mantiene hasta la actualidad. Ésta se manifestó en una reducción de las exportaciones tanto de aceitunas de mesa como de aceite de oliva. A su vez, esta situación se combinó con una reducción de los precios internacionales del aceite de oliva iniciada a finales de 2008.7

“Es una actividad subsidiada por todos los costados” 8 

A principios de febrero se inicia en Catamarca la cosecha de aceitunas de mesa, a la cual se acercan, por sus propios medios, trabajadores de Santiago del Estero, Jujuy, Salta y Tucumán, principalmente. También llegan, aunque en menor medida, personas de Bolivia. Sin guantes o ropa de trabajo, familias enteras, con menores incluidos, realizan este tarea en forma manual pues la recolección de esta aceituna no puede ser mecanizada. Así, van llenando cajas plásticas de 20 kilos, cuyo precio no ha variado significativamente desde el año 2005 a la actualidad. Mientras que en ese año, en plena expansión de la producción olivícola, se pagaba 3,75 pesos por caja9 , hoy en día los cosecheros reciben 9,50 pesos.10  En 2007, cuando se produjo un ingreso de divisas récord, se pagó 5,60 pesos11 , un incremento de apenas un 22% con respecto al año anterior.12

En el caso de la aceituna para aceite, cuya cosecha se está intentando mecanizar, la situación es aún peor: como es menos especializada que la de mesa, el precio del destajo es menor. De esta forma, en el año 2005 se pagaba 3,10 pesos y actualmente se está pagando 8 pesos. Por otro lado, en ambas cosechas, la situación crítica del sector que se inicia en 2008 repercutió negativamente en el pago de los trabajadores. Ese año percibieron 5,72 pesos por las aceitunas de mesa y 4,75 pesos por las de aceite13 . En 2009, obtuvieron 5,30 pesos y 4,20 pesos, respectivamente.

Aunque el Estado otorga amplios subsidios y beneficios a las grandes empresas olivícolas, les paga el transporte público para sus cosecheros y les impone un canon de agua casi tan irrisorio como el que pagan las empresas mineras, estos trabajadores rurales deben solventarse su comida y, en muchos casos, su vivienda y transporte, según nos explicó Enrique Traverso, candidato actual del Frente de Izquierda en Catamarca. Como no hay ninguna ley que obligue a los empleadores a hacerse cargo de estos gastos, en muchos casos los cosecheros terminan sacando el dinero de sus propios bolsillos, alojándose en pésimas condiciones. Lo mismo sucede con la ropa de trabajo, cuya provisión no es obligatoria por parte de los empresarios en el caso de los trabajadores no permanentes.14

Durante las campañas que coincidieron con la expansión del sector se registraron entre 4 mil y 5 mil obreros empleados, cifras que no variaron incluso en 2007, año en que la producción en Catamarca aumentó un 483% con respecto a los tres años anteriores.15  En ese mismo año, por otro lado, mientras que desde el RENATRE dijo que se emplearon 4 mil cosecheros “bajo libro”, la Cámara Olivícola arrojó una cifra de 8.600, discrepancia que sugiere que por lo menos la mitad del total estaba en negro.16

Los números comenzaron a cambiar  a partir de 2008, constatándose una reducción del 30% de trabajadores. Declarada la emergencia del sector, y con empresas recibiendo beneficios a cambio de asegurar la estabilidad laboral de sus trabajadores, en la campaña olivícola de este año hubo varios despidos de cosecheros, situación que ya había ocurrido a fines de 2010.17 Paradójicamente, algunos productores y empresas del sector se quejaron por las dificultades para conseguir mano de obra.

Una lucha en soledad

En el marco de este panorama, los cosecheros tienen que enfrentarse, además, a problemas salariales de diverso tipo. Es el caso de un grupo de trabajadores que tuvieron que sostener durante cuatro meses un reclamo por pagos adeudados y descuentos irregularmente efectuados. El conflicto se inició a mediados de mayo de este año[18] , cuando cosecheros que trabajaban para las empresas Digis S.A. y Herdit S.A. averiguaron en AFIP que éstas no les habían ingresado ningún aporte a pesar de que les habían hecho descuentos.  Ante la “vista gorda” de UATRE, cómplice de la mala situación general de los cosecheros, los obreros amenazaron con cortar la ruta 38. Luego de falsas promesas por parte de las empresas y de que el delegado del gremio en Catamarca, Ramón Ferreyra, las exculpara alegando que los pagos no dependían de ellas aunque realizaran los aportes, el corte de ruta se hizo a fines de junio.19

El reclamo y la medida se extendieron a julio y se intensificaron: los 50 cosecheros, de un total de 80, que estaban llevando a cabo el corte de ruta amenazaron con prender fuego las instalaciones de la finca si no se les pagaba a mediados de ese mes. A pesar de estas acciones de los trabajadores, y de que hubo un intento de clausura del lugar por parte de la Dirección de Inspección Laboral y de UATRE, así como un reclamo judicial, los responsables de la empresa no se hicieron cargo del problema.

Días después, Ferreyra se reunió con ellos y declaró que el problema estaba resuelto,20  pero los cosecheros desmintieron sus dichos inmediatamente y tomaron una nueva medida. Ésta consistió en el corte de una intersección de calles21  frente a la Casa de Gobierno de Catamarca. Para ese entonces, el número de cosecheros en lucha aumentó: 70 trabajadores se manifestaron en reclamo del pago de dos quincenas, dos cosechas realizadas, la diferencia de beneficios familiares y de una especie de indemnización de $100 por el tiempo que estuvieron en huelga.

Ya sea que el sector olivícola estuviera en la cresta de la ola del mercado mundial, como ocurrió hasta el año 2007, o sea arrastrado por ella, la situación de los cosecheros olivícolas no cambió sustancialmente. Los sueldos magros, las condiciones de trabajo precarias, entre otros rasgos de las condiciones materiales en que llevan a cabo su actividad, siempre estuvieron presentes; es más, empeoraron según el ajuste que los empleadores necesitaron hacer para mantener sus rentabilidades. Pero no fue lo único que se mantuvo: las empresas olivícolas siempre fueron beneficiadas y protegidas por el Estado.

Notas

1 Cecilia Demuru: “Producción Olivícola en Argentina y Mendoza”, informe especial de Fundar, 27/12/2009, en www.fundarweb.org.ar.
2 Ley de Diferimientos Impositivos Nº 22.021.
3 “Debilidades y desafíos tecnológicos del Sector Productivo. Olivicultura (Aceite, Aceitunas). Córdoba, La Rioja y San Juan”, Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, 19/11/2008.
4 Sofía Tagarelli: “Producción olivícola. Perfiles productivos”, SAGPyA, 7/5/2009.
5 El Ancasti, 31/8/2008.
6 Diario C, 11/7/2007.
7 Juan Carlos Antuña, Op. Cit.
8 Declaración de Enrique Traverso, candidato del FIT en Catamarca, en entrevista realizada por Roxana Telechea. Agosto 2011.
9 Diario C, 15/1/2005.
10 El diario de La Rioja, 12/8/2011.
11 Diario C, 26/1/2007.
12 Diario C, 23/1/2007.
13 Diario C, 30/1/2008.
14 Entrevista realizada por Roxana Telechea a Myriam Juárez, titular del Renatre. Agosto 2011.
15 Diario C, 20/8/2007.
16 Prensa Obrera, 3/4/2008.
17 El Ancasti, 28/3/2011.
18 Catamarca Ya, 16/5/2011.
19 Catamarca Ya, 23/6/2011.
20 La Unión digital, 20/7/2011.
21 Catamarca Ya, 20/7/2011.

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