Los desubicados de siempre.

 

 

Roxana Tellechea

 

Entre el 20 y el  23 de octubre de 2004 se desarrolló en la Facultad de Ciencias Sociales el II Congreso Nacional de Sociología y VI Jornadas de Sociología de la UBA, llamado ¿Para qué la sociología en la Argentina actual?

Las Jornadas fueron organizadas por varias carreras de sociología de Argentina. En la UBA la dirección de la carrera está en manos de Lucas Rubinich, quien llegó al poder por intermedio del frente SUD (EL Mate, Venceremos, Cimarrones). Rubinich no organizó adecuadamente las Jornadas ni las difundió. La mayoría de los estudiantes de la carrera que cursan diariamente se enteraron de las mismas cuando los profesores avisaron que se suspendían las clases. Pero nadie pasó por cursos y sólo se pegaron afiches (que promocionaban la Mesa de Apertura) un par de días antes. La realidad es que, a  la fecha de inicio, nadie sabía cuáles iban a ser los contenidos de las mesas y menos aún los días u horarios (ni siquiera los que presentamos ponencias). La única información disponible se encontraba en la página web, pero sólo se podía consultar la programación de algunos paneles. El resto de la información era presentada en una hoja que se repartía día por día. El problema no fue la falta de recursos materiales o humanos, a juzgar por una revista de muy buena edición que repartieron el primer día (con la misma información inútil que la web).

Con la presentación de alrededor de 100 mesas, 50 paneles y una considerable cantidad de público (sobre todo estudiantes del interior y personas ajenas a la carrera)  las jornadas podrían haber sido un necesario espacio de debate, en especial sobre el papel que los futuros sociólogos queremos tener en la sociedad. No lo logró, por desorganización, como ya señalamos, pero sobre todo por la escasa voluntad de muchos expositores. RyR participó en varias mesas y paneles mostrando los adelantos de sus grupos de investigación y debatiendo, en lo que se pudo, con el dominante espíritu socialdemócrata y kirchnerista de las jornadas. Lo que sigue es sólo un ejemplo.

En uno de los paneles (Poder y Sociedad), que se desarrolló en el Auditorio de la Biblioteca Nacional, RyR intervino para recordar a  los presos políticos. En el panel, coordinado por el director de la carrera, expusieron Emilio de Ípola, Alcira Argumedo y Horacio González. En el medio de una estéril charla que esquivaba la coyuntura actual (con algunas excepciones en la intervención de Argumedo), Horacio González dijo que ya “no hay certezas”. Pedimos la palabra y replicamos que a nadie escapa que existen un montón de certezas sobre este gobierno, como poseer la mayor cantidad de presos políticos de los últimos veinte años, cumplir puntualmente con las exigencias del FMI, enviar tropas a Haití, etc., etc.. Entre otras certezas se puede decir también, argumentamos, que González es funcionario del régimen en la Biblioteca Nacional. Eso explica su frase: si no hay certezas todo es relativo, la realidad no existe o en el mejor de los casos existe pero no se puede conocer. En ese contexto, por lo tanto, cualquier posición política tiene validez. Para poder actuar sobre la realidad es necesario conocerla, entender su funcionamiento y desde ahí tomar medidas para transformarla. Al negar la existencia de la realidad y del conocimiento de esa realidad, González está negando la posibilidad de cambio. ¿Para eso hace sociología González: para convencer a los estudiantes que las cosas están bien como están y que la sociología sólo es una disciplina que nos permite contemplar el mundo pero nunca actuar? Salvo como funcionario del estado capitalista, parece…

La burguesía sabe perfectamente que la realidad se conoce y tiene intelectuales para hacer este trabajo. También tiene intelectuales que se dedican a hacer otro trabajo, en este caso en el ámbito político cultural: ocultar las relaciones de explotación y defender la sociedad capitalista como el mejor mundo posible. Son propagandistas del régimen y los encargados de conseguir legitimidad. En medio de una crisis terminal, los intelectuales de derecha no son creíbles. En consecuencia, hay que conseguir intelectuales de izquierda. Kirchner desarrolló un discurso progresista de izquierda y cooptó intelectuales para legitimarlo. Un ejemplo es el citado Horacio González, funcionario y ensayista habitual de Clarín. Todo intelectual trabaja para una clase y González trabaja para la burguesía y lo hace en este ámbito especial de la lucha de clases: el político-cultural, legitimando por izquierda a un gobierno que está muy lejos de serlo.

Terminada la charla, varios compañeros se acercaron a felicitarnos, menos un miembro del cuerpo docente de la Facultad que nos reprochó enérgicamente nuestra actitud, acusándonos de ser “unos desubicados”. Será así, nomás…

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