Los contratados en conflicto. La creación de una capa hiperexplotada de la clase obrera.

Marina Kabat(1)
TES – CEICS

Desde el 2001 se observa un desarrollo de las acciones protagonizadas por trabajadores contratados en demanda del pase a planta. Si bien el número de estas acciones no guarda relación con la magnitud del fenómeno de la contratación y el empleo en negro (para el período 2001-2010, las acciones de este tipo que han sido publicadas en el diario Clarín se encuentran próximas a la centena)(2), es necesario considerar el hecho de que estas modalidades ya habían alcanzado una gran importancia en los noventa, década en la que prácticamente no se registran acciones por parte de los trabajadores afectados por ellas. Es decir, con todas sus limitaciones, el movimiento de los contratados es una consecuencia del Argentinazo y un signo de que el mismo sólo entró en un período de reflujo relativo y no en un retroceso en términos absolutos.

Las acciones de los contratados se han concentrado en las empresas privatizadas y en las delegaciones estatales (hospitales –sobre todo de provincia de Buenos Aires-, judiciales, municipales, aeropuertos, etc.). Fuera de este universo, ha habido actividad en sectores privados donde la izquierda ha ganado influencia, como el caso de alimentación con acciones por el pase a planta en Kraft y Felfort; en la rama automotriz (aunque veremos que en este caso resultan apenas declamatorias) y en el gremio de Moyano. Finalmente, diversos agrupaciones piqueteras reclamaron en repetidas ocasiones por el pase a planta de todo el personal que, como contrapartida de los planes sociales que percibían, desempeñaban tareas en el Estado o en empresas privadas.

Podemos identificar cuatro sectores que motorizaron estos reclamos. La izquierda, muy fuerte en los dos casos más exitosos en cuanto a la efectivización de compañeros contratados, el de subterráneos y el de telefónicos. También se computan en su haber la movilización de los tercerizados del Roca y reclamos por efectivización de personal en empresas de alimentación, así como las movilizaciones y cortes protagonizados por organizaciones de desocupados en demanda del de pase a planta de los beneficiarios de los planes que desarrollan tareas laborales.

Por otra parte, ATE se encuentra presente en un número importante de conflictos, lo que resulta una consecuencia natural de que el Estado argentino es el principal empleador de trabajadores tercerizados y contratados. Sin embargo, el hecho de que en muchos sitios donde los contratados podrían haber sido representados por ATE ellos conformaran organizaciones de autoconvocados u otros agrupamientos ad hoc, como el caso de los becarios del CONICET nucleados en la organización “Jóvenes Científicos Precarizados”, muestra el límite del compromiso de dicho sindicato con los reclamos de estos trabajadores.
Los trabajadores de hospitales públicos han incluido el pase a planta permanente entre sus reclamos. Sin embargo los esfuerzos por organizar el sector en ciudad de Buenos Aires han sido limitados, e incluso trabajadores tan combativos como los del Garraham poco han conseguido en este terreno. De alguna manera, la fragmentación del campo laboral donde conviven médicos con técnicos, enfermeras y personal de limpieza, ha conspirado contra el desarrollo de una lucha a fondo. Véase, en ese sentido, las consecuencias de la nueva carrera médica, descriptas por Lerer en la entrevista que publicamos en este suplemento. Al mismo tiempo, podría decirse que existe cierta naturalización de la existencia de los contratados, por lo la cual incluso sectores radicalizados han postergado la tarea de organizarlos. Es sintomático que en distintas entrevistas se haya manifestado la expectativa de que, ante la situación actual, sea posible comenzar a trabajar en la materia o retomar experiencias que quedaron truncas. En los hospitales de provincia de Buenos Aires, la lucha por el pase a planta ha tenido un mayor peso quizás porque las condiciones laborales de los médicos del conurbano –al igual de lo que ocurre con los docentes- contribuyan a que no se visualicen tanto como “profesionales” y asuman en mayor medida una identidad obrera, actuando en consecuencia. Lo mismo puede decirse de las unidades hospitalarias del interior, aunque los medios nacionales no suelen recoger esta información.
Las instituciones dependientes de cada ciudad o municipio funcionan gracias al empleo de contratados, lo que ha dado lugar a innumerables conflictos. En la ciudad de Buenos Aires los mismos se desarrollan en forma fragmentaria, a partir de los reclamos de cada repartición. Sólo algunos de esos conflictos, como el caso de los trabajadores del Colón y del Teatro San Martín, han llamado la atención de la prensa diaria.
Tenemos registro de distintas acciones protagonizadas por SMATA, pero allí en vez de un avance hay un constante retroceso. Obreros efectivos que habían sido suspendidos son reincorporados pero bajo contrato. En otros casos, el gremio aparece negociando los despidos de contratados y presenta como triunfo que la empresa eche un número menor de trabajadores de lo que pretendía. Finalmente a veces aparcece el reclamo de pase a planta, pero esta demanda no parece ser un elemento real de las negociaciones que giran luego sólo en torno al salario.

Por su parte, el gremio de los camioneros emprendió diversas acciones tendientes a modificar el encuadramiento sindical de trabajadores, lo que en varios casos implicaba su simultáneo blanqueo. Este es el caso de los recientes conflictos con Techint y con los corralones Rabe. También durante el corriente año Moyano realizó acciones contra Baggio a raíz de despidos y trabajo en negro en empresas que transportan para la firma. En el 2009, los camioneros realizaron un paro y bloqueo contra el intento de Esso de tercerizar parte del traslado de combustibles. Ese mismo año, otra medida similar se llevó adelante para lograr la efectivizacion de recolectores de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, todas estas acciones no responden a un interés de Moyano en combatir el empleo en negro y la contratación tercerizada, sino a la búsqueda de acumular poder. Lejos está Moyano del paladín de los tercerizados que pretende ser. Para demostrarlo nada más elocuente que el conflicto que el camionero desarrolló contra Carrefour: para lograr que los choferes empleados por el supermercado francés se afiliasen a su gremio, no dudó en promover su tercerización. Si los choferes eran contratados directamente por Carrefour, la actividad principal de la empresa, el comercio, obligaba a que ellos pertenecieran al gremio de Cavalieri. Por eso, Moyano clausura feliz el conflicto, cuando logra que los trabajadores pasen a ser afiliados a su sindicato, para lo cual había logrado el compromiso de la empresa de tercerizar las operaciones del centro de distribución de Esteban Echeverría, de tal manera que desde entonces no habría más camioneros que trabajasen directamente para supermercado.(3)

De esta manera, lo que le importa a Moyano no es terminar con la tercerización, sino ganar afiliados. Si para ello tiene que promover la tercerización de actividades no tiene empacho en hacerlo. Por ello, por más que en ocasiones haya dado batallas puntuales contra el trabajo en negro en su gremio, como líder de la CGT no ha realizado nada por el conjunto de la clase, ni puede esperarse que lo haga en el futuro.

La salud del contratado y el régimen de apartheid en las fábricas

Para un contratado, el esfuerzo incrementado se traduce, inevitablemente, en el deterioro de su salud. Como dijo el ferroviario tercerizado Ariel Pintos, “Nosotros hacemos el triple de trabajo. Hay muchos pibes que están jodidos de la cintura y cuando regresan del alta médica los echan como a perros. No nos dan botines ni pantalones, no nos dan nada. Te llevan a la vía y no te dan ni agua. Estamos meta pico y pala todo el día.”(4)

La experiencia de Pablo Villalba, vocero de los tercerizados del Roca, es sintomática. Tras lastimarse el hombro en el trabajo, no sólo no es atendido por ART por ser contratado de la cooperativa Unión del Mercosur, (la que regentea el hijo de José Pedraza, dirigente de la Unión Ferroviaria), sino que cuando estaba en condiciones de reintegrarse al trabajo no puede hacerlo por haber excedido los 10 días anuales que podía tomarse por enfermedad, por lo cual le habían dado la baja de la cooperativa. Para Villalba: “El problema de la salud es el problema más grande que tenemos los tercerizados, no solamente acá en el Ferrocarril.” Esto está claramente relacionado con la forma en que se los explota:

“Yo en vía y obra era chofer era administrativo y era pañolero, hacía 4 trabajos y me pagaban como un solo. Como chofer, todos los días cargaba los materiales para el trabajo diario y por lo general siempre cargaba de entre 20 y 30 durmientes para mi cuadrilla y me hacían cargar en el camión 5 durmientes para la cuadrilla de estables de la empresa General Roca, que también trabajaba en el mismo lugar que nosotros, y hacía la tercera o cuarta parte de lo que hacemos nosotros, por eso nosotros tenemos muchas enfermedades. Hoy tenemos acá [en la asamblea] compañeros de empresas de desmalezamiento que emplean agroquímicos para hacer sus tareas que, justamente, al no tener ningún tipo de mascarillas y ningún tipo de protección contra estos venenos que utilizan la mayoría están enfermos de asma y de otras enfermedades pulmonares”.(5)

La falta de provisión de elementos de seguridad necesarios para realizar el trabajo es una constante, como puede verse también en la entrevista que publicamos donde un obrero automotriz relata cómo los contratados reciben protectores para los ojos truchos y ropa ya usada por los trabajadores efectivos en años anteriores. Ante esto, uno no puede dejar de recordar el relato del periodista alemán Gunther Wallraff, quien narra su experiencia como tercerizado de una central atómica, donde junto a sus compañeros buscaba en la basura guantes y otros elementos de protección que los obreros efectivos hubieran desechado. La situación se repite en el Garraham donde los compañeros están permanentemente expuestos al contagio de todo tipo de enfermedades por ausencia de los elementos más básicos para la prevención.

La existencia de contratados aparece de alguna manera como naturalizada y esto ha rezagado la tarea de su organización. Pero, por otra parte, se han naturalizado las desiguales condiciones en las que se desempeñan. En ciertas empresas uno creería estar en el Missisipi de los años ‘60, con sus baños para blancos y para la gente de color. Basta leer las entrevistas que transcribimos para ver que hoy en las fábricas de Argentina, efectivos y contratados no comen lo mismo. Unos tienen menú completo, a otros los arreglan con un sandwich. Unos tienen espacios para cambiarse, para merendar, otros, no. Unos usan la ropa que otros descartan… Este es el abismo abierto entre distintas fracciones de la clase obrera que la acción revolucionaria deberá zanjar.

Notas:

(1) Con la colaboración de Cristián Morua, Rocío Fernández, Joaquín Vázquez y Victoria Marchionda.
(2) El relevamiento y la sistematización de las acciones de los contratados publicadas en Clarín y Página 12, fue realizada por Cristián Morua, Joaquín Vázquez, y Victoria Marchionda.
(3) Ver La Nación 27/2/04.
(4) Ver http://casapueblos-noticias.blogspot.com.
(5) Entrevista por Rocío Fernández.

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