Lo viejo, lo nuevo y lo mismo – Por Leonardo Grande

Por Leonardo Grande

Editor Responsable

Al cierre de esta edición, se habían cerrado también las listas de legisladores provinciales en Buenos Aires. Luego de medio año de rosqueo, el pacto Kirchner-Solá (también llamado “Frente para la Victoria”) se presentó separado del peronismo “leal” a Duhalde. El domingo 3 de julio Aníbal Fernández, a la sazón Ministro del Interior y operador de Kirchner en todo este entrevero, declaró contundentemente finalizado el posible acuerdo entre el kirchnerismo y el duhaldismo en todos los niveles. Las declaraciones del Ministro anticiparon el eje de la campaña que vendrá: “No hablemos más del acuerdo, el acuerdo terminó, ahora miremos el futuro” porque según él, de realizarse “sería una falta de respeto a la sociedad, a los candidatos y a la nueva lógica de la política” (Infobae.com, 4/7/05, Clarín, 3/7/05). Total, como dijo el Ministro, el peronismo hoy por hoy es sólo un sello de goma que cada quien usa según le conviene. La estrategia ahora consistirá en mostrar al Presidente como el representante de la “nueva política” que los argentinos reclaman desde el “Que se vayan todos” de 2001. Cual quiera se preguntaría cosas tan simples como ¿por qué, entonces, estuvieron desde enero negociando con la vieja política?, ¿por qué el presidente le debe su propio cargo y casi la totalidad de su personal de gobierno a la vieja política de la provincia de Buenos Aires? Y también ¿por qué en el 2002, mientras Kirchner intentaba un frente electoral no-peronista con los representantes de la “nueva política” Ibarra y Elisa Carrió (vea la foto en El Aromo de junio) el entonces Secretario General de la Presidencia del Presidente Duhalde, o sea, el mismo Aníbal Fernández, lo acusaba de traicionar al peronismo? Se dirá que eso no importa, que se trata de mirar al futuro y que ésta es la mejor oportunidad para comenzar a destruir el aparato punteril de la provincia de una buena vez…
Aunque todos los medios sostengan la infantil versión de que es una pelea interna chabacana donde los ciudadanos no tenemos nada que ver, estos seis meses condensan la mejor imagen de lo que es la política argentina hoy.
Simplemente porque, bien analizada, la negociación por los cargos en las listas electorales es el momento clave, donde se ponen en juego los programas. En concreto, se trata de una pelea por espacios, por tamaños de una torta ya asegurada. La discusión se rompió por cargos y nombres, no por diferencias de fondo. Y eso es lo que debemos retener. Sobre todo porque los gestos del gobierno actual, y su enorme difusión oficial y oficiosa, tienden a mostrar otro tipo de ilusiones. Sin embargo, tanto el ex-presidente como el actual son los representantes políticos de los mismos intereses sociales que, desde el 2002 buscan el personal que más les convenga. El impresentable Rodríguez Saa tuvo que ser reemplazado por un hombre con poder político propio, el que le daba el aparato bonaerense. Pero hasta el mismo Duhalde resultó demasiado “quemado” para los que hicimos el Argentinazo, por eso se inventó al Gran Pingüino del Sur. Ante estas elecciones, el Presidente Kirchner sólo busca el plebiscito que le termine de desatar las manos para aplicar los grados de terror político y económico que la recuperación del capitalismo en Argentina consideren necesarios. Por eso estuvo seis meses negociando, no tiene nada que perder. En caso de llegar a un acuerdo con el duhaldismo, el aparato punteril más fuerte y experimentado del país le garantizaría un caudal de votos verdaderamente plebiscitario. En el caso de no haber acuerdo, los votos no saldrían del peronismo y podría esgrimir un ángulo políticamente correcto para otros distritos “progresistas” como Capital o Rosario: el Presidente que se enfrentó a la “vieja política”. No es extraño que Fernández (que es parte de ese aparato desde 1983 como asesor de concejales peronistas en Quilmes y en el Senado nacional y pasó por todos los escalafones del Estado provincial y nacional de la mano de Bancalari, Duhalde, Rukauf y, ahora, Kirchner) haya comparado el casi acuerdo Kirchner-Duhalde con las estafas del GAN de Lanusse-Perón y el Pacto de Olivos (Clarín, 3/7/05).

En esta pantomima se han subido los que sostienen que el Presidente no demostró sus verdaderas intenciones socialistas aún porque está esperando tener el poder suficiente para enfrentar al viejo peronismo. Esta remozada “teoría del entorno” es como una manchita de nacimiento que persigue a los peronistas de izquierda: Bonasso, el MP-20 de diciembre, Barrios de Pie, Patria Libre, la Juventud y los desocupados de la CTA. El caso más patético lo constituye Ceballos. Hace meses que el funcionario de Acción Social ha venido pintando todos los muros del Gran Buenos Aires prometiéndole a Kirchner todo su apoyo en la guerra contra el duhaldismo. Ceballos, quien rompió con la FTV-CTA en el 2002 acusando a D’Elía de gángster y que armó Barrios de Pie, hoy es el primer referente de las bandas de choque de Solá y del mismo D’Elía.

Y esto no termina aquí. Porque si usted mira las alianzas estratégicas que organizan otros sectores de la centro-izquierda argentina, como el Ari de Carrió, el Partido Socialista y el Partido Comunista y el MST (Izquierda Unida) están intentando establecer un programa kirchnerista sin Kirchner. ¿No será demasiado? Creemos que sí, pero no es nuestra culpa. La señora Carrió (¿ya le recordé la foto del 2002?) del mismo modo que Basteiro, Heller, Walsh y Ripoll ya estuvieron juntos en el Frenapo del 2001-2002 y ahora su estrategia se reduce a plantear lo mismo que el gobierno, que con una reforma de candidatos “de la nueva política” se garantizará la verdadera recuperación nacional y popular del país. Como Montoneros quería en el ’73 un peronismo sin la derecha peronista, Kirchner plantea un peronismo sin Duhalde y la centro-izquierda un kirchnerismo sin Kirchner. A todos ellos, que se ilusionan con abrazos de osos, les recordamos que después de Devoto viene Ezeiza.

Por eso este número está dedicado a recordar el pasado y el presente del reformismo nacional popular de la burguesía argentina. Cómo el gobierno sólo recordó los 50 años del bombardeo de los enemigos del reformismo en el ’55 y -en menor medida- a los fusilados del ’56, modestamente queríamos recordarle que se cumplen 30 años de la lucha revolucionaria de las Coordinadoras Interfabriles contra el tercer gobierno peronista de junio-julio del ’75. Una gesta de la clase obrera contra la verdadera cara del peronismo, la de los ajustes del Congreso de la Productividad de 1954, del Rodrigazo y del Menemato, la del reparto “equitativo” de la miseria del duhaldismo y el kirchnerismo. Sólo de esa tradición podemos esperar la “nueva política”.

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