Lo que hay…

Fabián Harari

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

“Mi padre me enseñó cosas importantes en esta habitación. Una de ellas fue: ‘Ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos…’”1 Durante algunos meses, el régimen político acarició uno de los sueños que lo desvela desde el 2001: la reconstitución del único partido con capacidad de regimentar la política burguesa en Argentina. Nada menos que la posibilidad de dar comienzo al cierre de la crisis de hegemonía. No se tenía previsto la constitución de un partido de masas, pero permitía el disciplinamiento del conjunto de los cuadros políticos a excepción de una oposición que no parecía ser una amenaza. El control de un Partido Justicialista normalizado, tal como estaba previsto, hubiera permitido manejar candidaturas, controlar comisiones parlamentarias nacionales y provinciales, disciplinar a los peronistas díscolos, terminar de borrar del mapa a los restos del duhaldismo y del menemismo (De la Sota, Rodríguez Saá, Puerta) y controlar la política de la CGT. No era poca cosa.

El plan A

La tentativa, sin embargo, no fue el producto de una planificación de largo plazo. El 25 de mayo, hace menos de un año, Néstor lanzó la Concertación Plural. Dicho diseño consistía en estructurar un armado que contuviera al PJ, al sector del radicalismo K, al PS, a los llamados “movimientos sociales” (FTV, Movimiento Evita, MTD´s y Libres del Sur) y a los “independientes” (como Eduardo Luis Duhalde y los ex ARI). En realidad, se trató de una promesa para arriar una serie de listas para las elecciones. Luego de octubre, el proyecto se desvaneció. El socialismo comenzó un acercamiento con la Coalición Cívica, el radicalismo K no quedó conforme con la elección y la designación de Scioli alejó a algunas organizaciones kirchenristas, como Libres del Sur. Este fracaso determinó que el presidente saliente pergeñara el “café literario” de Puerto Madero. En efecto, tanto la victoria electoral como sus límites convencieron al gobierno de la necesidad de apresurar la construcción de una herramienta política que evitase los movimientos y los choques por fuera del kirchnerismo. El diseño original contemplaba un PJ sumamente amplio, pero no por eso menos disciplinado. Esto se lograría por dos vías. Por un lado, una amplia negociación. Por el otro, la reducción del personal directivo. Así, Néstor negoció mediante Pampuro la incorporación de Lavagna y, con él, los restos del duhaldismo (como Eduardo Camaño). La consecuencia fue la ruptura del ex – ministro con la UCR opositora y la destrucción de una de las fuerzas de oposición. La otra negociación de peso fue con los baluartes de Córdoba y Santa Fe: De la Sota y Reutemann. Este último se había comprometido a trabajar en la relación con los gobernadores y con lo que quedaba del menemismo. De hecho, se especulaba con una candidatura que sellara un pacto que terminaría desplazando a las dos facciones K de Santa Fe (Bielsa y Agustín Rossi). Para el caso de la CGT, el kirchnerismo había pensado dar cierta preponderancia a Moyano, pero sin excluir a los “Gordos”. De todas maneras, el sindicalismo estaba obteniendo la menor cantidad de lugares en el peronismo de toda su historia. Por último, se había logrado incorporar al grupo de Pérsico y al de Depetri. D´Elía y Tumini, por su parte, se manifestaron en contra. Este armado suponía, entonces una amplia alianza. Sin embargo, el kirchnerismo se reservaba la conducción mediante una distribución estratégica de los cargos: se cedían vicepresidencias y vocalías, pero se reservaban secretarías y las presidencias de los PJ provinciales. A esta altura de los acontecimientos, sería ocioso señalar que este proyecto no fue posible, así como indicar las causas más evidentes. El conflicto con la burguesía agraria se llevó puesto todo el esquema. Este fenómeno le hizo perder las alianzas en Córdoba y Santa Fe. Asimismo, debió resignar su predicamento en el interior de la Provincia de Buenos Aires. Lavagna y el duhaldismo residual se retiraron y comenzaron la ofensiva. Los gobernadores Beder Herrera (La Rioja), Celso Jaque (Mendoza) y José Luis Gioja (San Juan) presentaron sus reticencias. Un sector de la CGT (las 62 Organizaciones) retiró su apoyo. Para mediados de marzo, el “café literario” dejó de ser una metáfora: el PJ consistía en un puñado de personas sentadas alrededor de una mesa. El acto de normalización se había proyectado para el 10 de abril en Parque Norte. Sin embargo, se adelantó 27 de marzo, y el elemento partidario quedó relegado. No era momento. No habló Néstor, sino Cristina. No se habló del partido, sino del campo. En el palco estuvo, como elemento destacado, Luis D´Elía, que fue y es ajeno a la construcción del PJ.

El Plan B

Ante este escenario, el kirchnerismo se encontraba frente a dos alternativas: o esperaba a que se reacomodaran las alianzas o intentaba cerrar filas con lo que tenía. Se optó por esta última alternativa, aunque en realidad no cumplió con ninguna. En el cuadro podemos ver la conformación actual de las autoridades del PJ. Por razones de espacio, hemos seleccionados las secretarías más importantes sobre un total de 26. En principio, una simple mirada de la lista podría llevarnos a suponer un armado con mayor peso de los gobiernos provinciales. Sin embargo, se trata de la superficie del PJ. La organización y la masa de congresales fueron aportadas por la Federación Argentina de Municipios, que dirige Julio Pereyra. Se trata de un agrupamiento que nuclea a los intendentes de todo el país, con mayor peso del conurbano bonaerense, y tiene como función asegurar la disciplina. Fue la que organizó, en términos reales, el acto de Plaza de Mayo en defensa de Cristina. La FAM viene a disputarle un lugar a Compromiso K, liderada por Damián Barijhoff y Daniel Galvagno. Hasta este año, ellos se encargaban de la relación entre la Casa Rosada y los intendentes. La aparición de las provincias tiene una explicación en la debilidad, antes que en la fortaleza K. Capitanich y Alperovich fueron llamados al orden en medio del conflicto, cuando evaluaban optar por una posición intermedia.2 Celso Jaque y José Luis Gioja, junto a otros gobernadores, habían manifestado sus quejas por la forma de intervención del gobierno central.3 En el caso de Jaque, el problema se había agravado aún más, porque el gobernador mendocino había iniciado acciones legales contra el vicepresidente Julio Cobos, con la excusa de alguna malversación de fondos durante su mandato provincial. Cristina, entonces, les prometió un subsidio especial para la producción de vino.4 Algo similar puede decirse de La Rioja. Beder Herrera criticó las “formas” del gobierno. En seguida, fue convocado a la Casa Rosada y se le prometió el reintegro por fletes. En cuanto a la candidatura de Rojkes, la figura elegida había sido Patricia Vaca Narvaja, de Córdoba. Sin embargo, el gobierno no quiso enfrentarse completamente con Schiaretti nombrando a su opositora. De hecho, para evitar una ruptura total inmediata, Cristina prometió que llegarán los fondos para obras públicas y le entregó la suma de $1.200 millones para las cajas jubilatorias provinciales.5 Claro que lo único que se consiguió es aplazar la ruptura. Daniel Scioli es el caso más paradójico. No se preveía para él ningún cargo de importancia, tan sólo una vocalía o, a los sumo, una secretaría. Pero el conflicto con el agro lo catapultó: fue el artífice del diálogo. Volvió de Brasil y al día siguiente Alberto Fernández estaba sentado con las entidades rurales. Entre las críticas a Moreno, De Vido y Alberto Fernández, a Néstor y a Cristina, ningún opositor ni ruralista levantó un dedo contra el Gobernador de Buenos Aires. Hoy es el mayor cuadro electoral que posee (si es que puede decirse algo así) el gobierno. ¿Eso implica que Kirchner confía en el ex motonauta? No, la suerte de Scioli es parecida a la de Jaque. Para algunos dirigentes, el cargo es un triunfo. Para otros, una cadena. La CGT tiene la menor representatividad en el peronismo de toda su historia. Los “gordos” y las 62 Organizaciones quedaron afuera. El cargo de Moyano, por su parte, es el que mayor provisionalidad ostenta. No puede asegurarse la reelección de la central sindical y acumula dos causas penales en su contra. La primera, el caso Beroiz, alude a que no puede disciplinar su propio gremio. La segunda, el apoyo a la Triple A, lo deja fuera del espectro kirchnerista. Antonio Caló sería su reemplazante en la vicepresidencia y en la CGT. En definitiva, se trata de un armado que cuya mayor solidez reside en el entramado político del conurbano bonaerense. En las provincias se ha dejado afuera a líderes políticos de peso como Reutemann, Marín, Busti y De la Sota. El interior de la provincia de Buenos Aires se ha mostrado poco propenso a las invitaciones. Por eso, su responsable, Florencio Randazzo, pude perder el puesto. Las alianzas no parecen estar atadas a compromisos muy coyunturales con personajes que ya demostraron poca propensión al apoyo ante situaciones límites. Como si todo esto fuera poco, aparecieron los primeros pasos políticos de Duhalde. Un aliado antes incondicional, Felipe Solá, declaró que se le debía dar un lugar. El ex presidente mantiene fuertes lazos con Lavagna a través de Eduardo Camaño. Duhalde se reunió con Jerónimo Venegas, con Ramón Puerta, con dirigentes ruralistas y hasta con intendentes del conurbano.6 También se ha reunido en estas semanas con Uribe, Lula y Tabaré Vázquez. Él se autodenomina un “piloto de tormenta” y parece que ha olfateado alguna. El nuevo armado del PJ ha dejado afuera a gran parte del espectro peronista. Desde sindicalistas hasta estructuras provinciales. Lo poco que ha logrado incorporar ha sido sobre la base de concesiones poco sistemáticas. El conflicto con la figura que encarna la disolución del kirchnerismo, Scioli, ha sido postergado por la vía de entregarle mayores responsabilidades. Pero el problema, tal y cual se presenta, es insoluble. La razón es muy sencilla: el combate que corroe al kirchnerismo se encuentra en el seno del kirchnerismo mismo, en aquello mismo que le da vida. La amenaza de la disolución no está afuera, sino adentro: son De Vido y Alberto Fernández quienes difaman, conspiran y empujan a los dirigentes a uno u otro lado. Es desde el propio gobierno que preparan un golpe contra Alberto Fernández y contra Lousteau, habiéndose aplicado ya, antes de la salida de este periódico, la primera parte: la decapitación deshonrosa del ministerio de economía. El fracaso del Plan A fue la expresión de la quiebra de la burguesía. Ahora bien, la savia del kirchnerismo fue ese equilibrio entre esas fracciones, que aparecen simbolizadas en la figura de dos ministros. Ambos tendrán su lugar en el PJ. Néstor ha querido amontonar a todos los que aún le quedan, con la ilusión de que los estatutos reglamentarios van a sostener lo que la economía está separando. Sin embargo, estos análisis dejan afuera el hecho históricamente más importante: el fracaso de la burguesía argentina de construir un sistema de partidos a nivel nacional. En particular, el naufragio de su ilusión de constituir un partido de masas. Esa es una particularidad que le da a la clase obrera argentina unas condiciones superiores de intervención.

Aromo42-1

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas

1 El personaje de Michael Corleone, en el film El Padrino II

2 Véase La Nación, 26 de marzo de 2008.

3 La Nación, 4 de abril de 2008.

4 Los Andes, 17 de abril de 2008.

5 La Nación, 17 de abril de 2008.

6 La Nación, 13 de abril de 2008.

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