Las teorías del demonio. Sobre el PRT-ERP, las masas y el rearme moral de la derecha procesista

Por Stella Grenat y Gustavo Arce – El Vietnam Argentino -prologado por Rosendo Fraga- es el tercer libro de Nicolás Márquez1, periodista, abogado y colaborador en varios periódicos, ha realizado también estudios sobre terrorismo, contraterrorismo, narcotráfico y crimen organizado en el Center for Hemispheric Defense Studies en la National Defense University, en Washington. En la misma línea de sus anteriores trabajos, Márquez, se propone discutir la versión que denomina “oficial” sobre los hechos acaecidos en la década del ’70. En este caso, se concentra en revisar la intervención de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del PRT-ERP en Tucumán. Desde su perspectiva, constituyó la principal amenaza a la democracia en aquellos años.

Su objetivo central es justificar el accionar de las Fuerzas Armadas, obligadas a salir a defender la patria frente a la amenaza subversiva que, para el autor, “en su momento de esplendor en 1975 superó los 7.000 integrantes […] controlaba la tercera parte de Tucumán, y forzó al gobierno constitucional a lanzar el Operativo Independencia”.2 Asimismo, como portavoz de corrientes críticas al actual gobierno, combina este objetivo con el de desprestigiar al kirchnerismo, al que identifica con la militancia setentista.

Este libro, sin ningún rigor histórico-metodológico, adquiere relevancia en un contexto político nacional en el cual se verifica una tendencia al fortalecimiento de las fuerzas de derecha. En este marco es conveniente revisar y criticar el discurso difundido por nuestros enemigos.

Cuentos de terror

El procedimiento seguido por Márquez para desacreditar la experiencia del PRT-ERP en Tucumán consiste en presentarlas aisladas de las masas y del proceso social argentino de las décadas de 1960 y 1970 y magnificar su peligrosidad sobrestimando su actividad y capacidad militar.3 De allí el énfasis puesto en sostener que esta “banda criminal” habría sido instigada, dirigida y financiada por Cuba y que formaría parte de una “potente alianza internacional”, la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), constituida por el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia y los Tupamaros de Uruguay. En este punto, insiste en resaltar la capacidad operativa de esta alianza que poseería “una fábrica de armas cortas y largas de alta calidad”.4 Sin embargo, su escasa preocupación metodológica lo lleva a presentar evidencias contrarias a sus propias afirmaciones. Para probar la presencia de intereses “extraños a la nación” cita una entrevista entre el dirigente del PRT, Luis Mattini, y Fidel Castro, en la que este último termina explicándole textualmente porqué no apoyará al ERP.5 Y, luego de destacar la participación extranjera en esta experiencia, cita un trabajo de Pablo Pozzi en el cual, el máximo porcentaje que le asigna a los extranjeros que formaban parte del ERP era del 6%.6 Asimismo, existen trabajos que dan cuenta de la menguada fuerza que logró la articulación de la JCR, debido a la debilidad de las organizaciones que la constituían, golpeadas fuertemente por la represión.7

Otro de los argumentos esgrimidos por Márquez para señalar el distanciamiento entre el PRT y las masas es asimilar a las denominadas “organizaciones terroristas” con sectas religiosas. En el capitulo V, “El ERP: ¿grupo político o secta fundamentalista?”, define a Santucho, no como el jefe político y militar que fue, sino como un “líder carismático, endiosado por parte de sus fieles”. Desde este enfoque, considera que Santucho habría impuesto estrictas normas de conducta a los militantes para convertirlos en revolucionarios que, debido a la devoción que le profesaban, no discutían jamás sus consideraciones. Textualmente, toma a Pablo Pozzi para decirnos que “en verdad existió algo cercano al culto a la personalidad en torno a Mario Roberto Santucho.”8 Critica, además, la táctica de proletarización que, según el autor, fomentó “la estupidez y el resentimiento” de los miembros provenientes de los sectores medios obligados a “degradarse”.9

Lejos de presentar elementos novedosos, mediante el uso de entrevistas y fuentes secundarias ampliamente difundidas, Márquez, repite una posición armada desde otros focos de difusión ideológicos que se pretenden, paradójicamente, de izquierda De Pozzi, rescata la idea del carisma de Santucho y de la “especificidad de la cultura” del PRT, de los textos publicados en la revista Lucha Armada por Vera Carnovale retoma las críticas a la proletarización en tanto expresión de la externalidad de las organizaciones de izquierda y de la dupla Carnovale-Tarcus, la asociación entre estas organizaciones y las sectas religiosas.10

A lo largo de todo el texto se insiste en el aislamiento del PRT-ERP respecto a las “masas a las que decían representar”. De allí que, a pesar de reconocer que “conocían el terreno”11 minimiza el trabajo político que, desde fines de los ’50, desarrollaron en toda la región el FRIP y Palabra Obrera. Desde esta perspectiva señala que el apoyo de la población fue resultado del miedo y de la manipulación de los militantes siempre propensos a “traficar y lucrar con la pobreza y las crisis sociales”, medios aptos para fomentar el “resentimiento”.12 Otra vez, él mismo reconoce el trabajo “asistencial” que debió desplegar el Ejército para ganar el apoyo popular.13 Es notable que el autor no se detenga en las declaraciones recientes del General Acdel Edgardo Vilas, que dirigió el Operativo Independencia para “aniquilar la subversión” en Tucumán.14 Según él, fue

“prioritario atacar primero la retaguardia de la organización. Ninguna guerrilla rural organizada puede actuar sin el apoyo de la población […] compuesta por ideólogos, agentes de reemplazo, simpatizantes o adherentes, agentes de contacto, agentes correo, proveedores, postas sanitarias, cárceles del pueblo, refugios, depósitos clandestinos, etc. […] desde el inicio del ‘Operativo Independencia’, todo se centró en la ciudad de San Miguel de Tucumán y Concepción. Fueron 4 meses de lucha urbana intensiva […][que] sirvieron para que las tropas legales cumplieran con un período de adaptación al monte y se recuperara a la población trabajada por la subversión. La prosecución de la campaña a partir de mayo fue fácil y exitosa. Este es en síntesis el Plan Táctico inicial que posibilitó la victoria en Tucumán: el Ejército dio primero su combate en la ciudad y luego en el monte.”15

Bien puede suceder que Vilas exagere, a fin de remarcar las virtudes de su “triunfo”. Aún así, cabe preguntarse por qué, sí el PRT-ERP no tenía ninguna inserción de masas, hizo falta semejante despliegue urbano.16

Finalmente, Márquez, subraya la existencia de conexiones entre militantes, funcionarios y políticos de los 70’ con el kirchnerismo y radicalismo de la actualidad. Cayendo en identificaciones forzadas entre el ERP, Montoneros y el peronismo, pasa por alto diferencias ideológicas y programáticas a las que él mismo alude en otros pasajes del libro.

La guerra actual

Como dijimos, el objetivo principal de este libro, construido sobre la base de la omisión y la tergiversación de los hechos, es el desprestigio de la fuerza social revolucionaria formada en aquellos años y, a partir de la identificación de la militancia de los ’70 con el kirchnerismo, desacreditar al gobierno actual.

Si bien resultan evidentes las limitaciones de este panegírico de la derecha, el trabajo de Márquez pone sobre el tapete una cuestión central: la necesidad de dar una batalla ideológica sistemática contra las versiones que circulan sobre la historia de la década del ’70. Por un lado, porque el autor construye sus hipótesis sobre materiales que aparecen como progresistas –Pozzi, Tarcus, la revista Lucha Armada, etc.- que, como repetimos varias veces desde éstas páginas, terminan abonando el terreno de nuestros enemigos. Por otro, porque se monta en una imagen muy extendida, según la cual el eje del enfrentamiento en el período fue militar y no político y que la implementación de formas de lucha armada implicaba una radicalización programática. Lo primero que hay que aclarar es que el principal peligro para el Estado lo constituyó el proceso insurreccional de masas que, después del Cordobazo, evidenció el surgimiento de una corriente que cuestionaba el monopolio ideológico del reformismo peronista. En este marco, la disputa se instaló en el plano político ideológico entre dos programas: el reformismo o el socialismo. Sin dudas, y a pesar de un diseño estratégico que limitó su desarrollo, el PRT-ERP construyó y defendió un programa socialista que lo enfrentaba a Montoneros, subsumido bajo el paraguas del peronismo.

En este sentido, el PRT-ERP, como conjunto de relaciones de fuerzas organizadas, creció porque tradujo relaciones de fuerza reales que, en ese momento, impulsaban la lucha revolucionaria. Al deslindar a todas las organizaciones políticas de su naturaleza de clase, Márquez y los autores que utiliza, se empantanan a la hora de explicar la inserción de la izquierda en la población.

En la actualidad, en medio de una profunda crisis económica nacional e internacional en ciernes, Márquez, expresa la voz de una fracción de la burguesía que le disputa al kirchnerismo la dirección de la salida capitalista. Ambos son nuestros enemigos y por eso es imprescindible batallar contra estos enfoques que intentan empañar la trayectoria de las organizaciones de izquierda y confundir a los luchadores de los ’70 con el actual personal político burgués. Para ello, el único camino posible es investigar y demostrar la falsedad absoluta de sus posiciones.


Notas

1Márquez, Nicolás: El Vietnam Argentino, Edición del autor, Bs. As. 2008. Del mismo autor puede verse La Otra Parte de La Verdad, Autores Editores, Bs. As., 2004 y La Mentira Oficial, Autores Editores, Bs. As., 2006.
2http://www.lanueva.com, 12/10/2008
3Respecto a los límites de la capacidad militar del PRT-ERP, ver Grenat, Stella: “El arrebato”, en Razón y Revolución, Nº 17, Bs. As., Segundo Semestre de 2007, p. 129-135.
4Márquez, El Vietnam…, op. cit., p. 65.
5Mattini, Luis: Los perros, Memorias de un combatiente revolucionario, Continente, Bs. As., 2006. p.180.
6Pozzi, Pablo: Por las sendas argentinas… El PRT-ERP. La guerrilla Marxista, Eudeba, Bs. As., 2001. p. 71.
7De Santis, Daniel: Entre Tupas y los Perros, Ediciones RyR, Bs. As., 2005.
8Pozzi, op. cit. p. 16.
9Márquez, op. cit. p. 73-89.
10Pozzi, op. cit.; Carnovale, Vera, “Postulados, sentidos y tensiones de la proletarización en el PRT-ERP”, Lucha Armada, n° 5, p. 38; y Tarcus, Horacio: “La secta política. Ensayo acerca de la pervivencia de lo sagrado en la modernidad”, en El Rodaballo, Año V, n° 9. Para una crítica a éstas posiciones ver Grenat, Stella: “Lucha Armada contra el socialismo”, en El Aromo, Año V, n° 37, julio/ agosto del 2007.
11Márquez, op. cit. p. 94 12Ibid. p. 92 13Ibid., p. 228-229.
14Supeditado al decreto 261/75 del 5 de febrero de 1975 que ordenaba “ejecutar las operaciones militares que sean necesarias (para) aniquilar el accionar de los elementos subversivos”.
15Vilas, Acdel Edgardo: El plan táctico que posibilitó la victoria contra el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, en http://diariopampero.blogspot.com, 12/8/2008.
16Véase, como ejemplo, sobre el trabajo político sindical del PRT-ERP en el Gran Buenos Aires, Löbbe, Héctor: La Guerrilla Fabril, Ediciones RyR, Bs. As., 2006 y De Santis, op. cit.

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