“Las tareas nacionales de la Argentina” según Vladimir Illich Lenin

lenin (1)Nuestras tesis señalan que, tratándose de la autodeterminación, para ser concreto, se debe distinguir no menos de tres clases de diferentes países (era evidentemente imposible discutir, en tesis generales, cada país por separado). Primer tipo: los países avanzados de Europa occidental (y Norteamérica), donde el movimiento nacional es cosa del pasado. Segundo tipo: Europa Oriental, donde es cosa del presente. Tercer tipo: las semicolonias y las colonias, donde es, en gran medida, cosa del futuro.
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En los países occidentales el movimiento nacional es algo del pasado lejano. En Inglaterra, Francia. Alemania, etc., etc., “la patria” es letra muerta, ya cumplió su función histórica, es decir, que allí el movimiento nacional no puede redituar nada progresista, nada que eleve hacia una nueva vida económica y política a nuevas masas. El próximo paso histórico no es, en dichos países, el paso del feudalismo o del salvajismo patriarcal al progreso nacional, a una patria civilizada y políticamente libre, sino el paso de una “patria” que ya vivió su tiempo, que ha pasado la etapa de la madurez capitalista, hacia el socialismo.
En Europa Oriental la situación es diferente. Sólo quien viva soñando con Marte puede negar que para los ucranios y bielorrusos, por ejemplo, el movimiento nacional no se ha llevado a cabo todavía, que el despertar de las masas para lograr el uso pleno de su lengua materna y de su literatura (y ésta es condición indispensable e inseparable para el pleno desarrollo del capitalismo, para la penetración plena del intercambio hasta la última familia campesina) todavía está en vías de realización. La “patria” no es aún allí, históricamente, letra muerta. Aquí, “la defensa de la patria” todavía puede ser la defensa de la democracia, del idioma nacional, de la libertad política contra las naciones opresoras, contra el medioevo, en tanto que los ingleses, franceses, alemanes e italianos mienten cuando hablan de la defensa de su patria en la guerra actual, porque en realidad, lo que defienden no es su lengua materna, ni su derecho al desarrollo nacional, sino sus derechos de esclavistas, sus colonias, las “esferas de influencia” de su capital financiero, etc.
En las colonias y semicolonias el movimiento nacional es históricamente más joven aún que en Europa oriental.
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Los trusts norteamericanos son la expresión máxima de la economía del imperialismo o capitalismo monopolista. Para eliminar al competidor no se limitan a medidas económicas, sino que recurren constantemente a medidas políticas e inclusive a métodos criminales. Sin embargo, sería un error muy grave creer que los trusts no pueden establecer su monopolio por métodos puramente económicos. La realidad nos demuestra ampliamente que es “posible”: los trusts socavan el crédito de sus competidores por intermedio de los bancos (los dueños de los trusts se convierten en los dueños de los bancos: acaparan las acciones); el suministro de materiales a los competidores (los dueños de los trusts se convierten en los dueños de los ferrocarriles: acaparan las acciones); los trusts venden por cierto tiempo por debajo del costo, gastando millones en esto para arruinar al competidor y entonces acaparar sus empresas, sus fuentes de materias primas (minas, tierras, etc.).
He ahí un análisis puramente económico del poder de los trusts y de su expansión. He ahí el camino puramente económico hacia la expansión: el acaparamiento de fábricas y empresas, de fuentes de materias primas.
El gran capital financiero de un país puede siempre acaparar a sus competidores de otro país, políticamente independiente, y constantemente lo hace. Esto es completamente realizable desde el punto de vista económico. La “anexión” económica es plenamente “realizable” sin la anexión política y tiene lugar a menudo. En la literatura sobre el imperialismo encontrarán a cada paso informaciones de que la Argentina, por ejemplo, es en realidad una “colonia comercial” de Inglaterra o que Portugal es en realidad un “vasallo” de Inglaterra, etc. Y en realidad es así: la dependencia económica respecto de los bancos ingleses, las deudas a Inglaterra, la adquisición, por parte de Inglaterra, de sus ferrocarriles, minas, tierras, etc., todo ello permite a Inglaterra “anexarse” estos países económicamente, sin violar su independencia política.
Autodeterminación de las naciones significa independencia política. El imperialismo trata de violar tal independencia porque la anexión política hace a menudo más fácil la anexión económica, más barata (es más fácil sobornar a los funcionarios, asegurar las concesiones, implantar una legislación ventajosa, etc.), más conveniente, menos enojosa; de igual modo el imperialismo trata de reemplazar la democracia en general por la oligarquía. Pero hablar del carácter económicamente inalcanzable de la autodeterminación bajo el imperialismo es completamente absurdo.
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Ninguna medida política puede prohibir los fenómenos económicos. Cualquier forma política que adopte Polonia, sea ésta parte de la Rusia zarista o de Alemania, o una región autónoma o un Estado políticamente independiente, no suprimirá o abolirá su dependencia del capital financiero de las potencias imperialistas ni impedirá que ese capital acapare las acciones de sus industrias.
La independencia de Noruega “alcanzada” en 1905, fue sólo política. No podía afectar su dependencia económica, ni era ese el propósito. Eso, exactamente, es lo que dicen nuestras tesis. Señalamos que la autodeterminación sólo atañe a la política y que por consiguiente sería erróneo plantear incluso la cuestión de si es económicamente realizable
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Toda opresión nacional provoca la resistencia de las amplias masas del pueblo, y la resistencia de la población oprimida nacionalmente, siempre tiende a la insurrección nacional.
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Pues, ¿qué es una insurrección “nacional”? Es una insurrección cuyo objetivo es realizar la independencia política de la nación oprimida, es decir, la creación de un Estado nacional separado.
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El imperialismo es tan enemigo “mortal” nuestro como el capitalismo. Es así. Ningún marxista olvidará sin embargo que el capitalismo es progresista comparado con el feudalismo, y que el imperialismo es progresista comparado con el capitalismo premonopolista. En consecuencia, no toda lucha contra el imperialismo debe ser apoyada por nosotros. No apoyaremos una lucha de las clases reaccionarias contra el imperialismo, no apoyaremos una insurrección de las clases reaccionarias contra el imperialismo y el capitalismo.
En consecuencia, una vez que el autor reconoce la necesidad de apoyar una insurrección de una nación oprimida (“resistir activamente” la represión significa apoyar la insurrección), reconoce, también, que una insurrección nacional es progresista, que la creación de un estado nuevo y separado, de nuevas fronteras, etc., como resultado de una insurrección, triunfante, es progresista.

* Extractado de “Una caricatura del marxismo y el ‘economismo imperialista’”, en Lenin, Obras completas, Cartago, Bs. As., 1970, Tomo XXIV

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