Las lecciones de la derrota. Presentación del libro Una espada sin cabeza. Las FAL y la construcción del partido revolucionario en los ’70, de Stella Grenat

a60_espada_stellaEl viernes 18 de marzo, en el Centro Cultural Barrilete Libros, se realizó la presentación del libro Una espada sin cabeza, de Stella Grenat. En ella, debatieron junto a la autora, Ariel Hendler –Lic. en Psicología, periodista, escritor y autor de La guerrilla invisible. Historia de las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL)- y Carlos Flaskamp, ex militante de la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de Montoneros. Autor de Organizaciones político militares. Testimonio de la lucha armada en la Argentina (1968-1976). A continuación, los pasajes más salientes.

Stella Grenat: Este trabajo apunta a la respuesta de la pregunta con la cual pensamos los ‘70: “¿Por qué perdimos?”. De ese trabajo que emprendimos hace 10 años, ahora tenemos nuestro primer libro. Seguimos trabajando e investigando en función de la resolución de este problema: qué cosas se hicieron bien y qué cosas se hicieron mal, para poder hacer un balance y seguir adelante.

Una aproximación a las conclusiones de este libro, nos permite avanzar en la compresión del por qué el diseño de una estrategia armada complotó contra la construcción de una herramienta política capaz de hegemonizar a la clase obrera en Argentina (fundamentalmente, obrera y urbana). Esa es nuestra hipótesis de trabajo, y con esta investigación logramos probar cómo un organismo, volcado a la construcción de esta herramienta armada, no pudo ir más allá de su “preocupación” por insertarse en las masas y no pudo hacerlo de la mejor manera.

El trabajo sobre las FAL resulta muy interesante, no sólo por ser la primera organización que firmó una acción armada en la Argentina, sino porque puede rastrearse su origen a lo largo de toda la década del ‘60. Ese es un rasgo fundamental para entender por qué toma cuerpo esta estrategia en la Argentina. ¿Por qué decimos esto? Porque la hipótesis que manejamos al principio, y que logramos comprobar, es que la estrategia armada en la Argentina y la activación por partes de las fracciones de la pequeña burguesía, se lleva adelante en un contexto en el cual la clase obrera se encuentra en una etapa de retirada. Es la etapa que comienza a inicios de los ‘60 a partir de la derrota de la Resistencia Peronista. En ese marco es que los diferentes grupos, en el caso de la organización FAL, se constituyen. Unos antes, otros después, pero todos a lo largo de los ‘60. Así, tenemos la historia del grupo Cibelli, el más antiguo de todos. La del grupo “América en Armas”, todo el gran proceso de discusión que se da dentro del PC, PCR. De los dos grupos que se suman posteriormente, que son la “Brigada Masetti” y “América en Armas”, también vemos su constitución en los ‘60.

Construida esta estrategia en esta etapa, en la cual la clase obrera se encuentra en un momento de retraimiento, estas fracciones de la pequeña burguesía se ven mayormente afectadas por aquellas experiencias que en ese momento son exitosas: las experiencias armadas de China, Cuba y Vietnam. Estrategias que han sido exitosas en estructuras sociales diferentes a las de la Argentina. Ese contexto, que permitió el crecimiento de FAL, se modifica rotundamente hacia 1969. Lo que ha cambiado, y lo que nos permite entender esa imposibilidad de desarrollo tiene que ver con el cambio del contexto, que está determinado por la reactivación de las masas. Ese cambio de contexto, que se abre con el Cordobazo, esa gran crisis de hegemonía y el planteo de una salida política por parte de la burguesía, requiere de organizaciones políticas con definiciones firmes, algo que las FAL no había logrado en su desarrollo. Eso deja mal parada a las FAL que no logra consolidarse en los ‘70 frente a Montoneros y el ERP. A las FAL la constituyen grupos muy antiguos, con mayor experiencia, con la mayor capacidad operativa muchas veces. En ese sentido, concluimos que aquello que en un primer momento posibilitó su nacimiento y su desarrollo, estrictamente en el plano estratégico, ante el cambio de contexto en la década del ’70 va a ser el origen de su disolución.

Voy a señalar uno de los aspectos de este trabajo. Un aspecto que tiene que ver con la figura de los “dos demonios”. Es algo que nos preocupaba, o nos preocupa, desde siempre: batallar contra esa versión de la década del ’70 impuesta por la ideología burguesa. Toda la primer parte del libro es pensar la estrategia de las FAL en el marco de la toda la tradición de la lucha revolucionaria mundial. Es decir, la lucha armada en la Argentina, lejos de ser un fenómeno concebido como guerra de aparatos (esto es algo de lo que plantea la teoría de los “dos demonios”), tiene que ser leída desde una perspectiva que siempre tenga en cuenta que las masas han recurrido a la lucha armada en su historia. Con ese objetivo construimos toda esa primer parte. Para poder evaluar el diseño estratégico de FAL, es necesario tener en cuenta toda esta tradición previa.

El segundo punto tiene que ver con toda la discusión del foquismo. Acá en este trabajo también avanzamos y planteamos una definición de foquismo que tiene que ver con un proceso de acumulación de poder político a través de un grupo armado, o de un punto de partida armado. Básicamente en función del balance que realizamos de la experiencia cubana y la experiencia china: como, a partir de un aparato militar, se avanza y se consolida un poder político y militar. A partir de esta definición, nosotros pudimos discernir que el primer grupo (en realidad, el grupo más antiguo de FAL, que es el grupo Cibelli) no puede ser definido como un grupo foquista. En tanto y en cuanto ellos se constituyen como un grupo cuya tarea es la construcción del Estado Mayor militar. Conscientes de la necesidad de que tiene que construirse el partido, dejan esa tarea en manos de otro organismo, no de ellos. Es decir, su proyección no es la construcción de una dirección política a partir de ese grupo armado, sino que, para ellos son dos tareas separadas. En ese sentido no entraría en la categoría de foquismo. Sí, en FAL, posteriormente, surge toda la cuestión del embrión del partido y como, a partir de FAL, poder construir, avanzar, en la consolidación de una estructura política de masas mayor.

Finalmente, nos metemos en el debate de la relación de las organizaciones armadas y las masas. Otro tema muy debatido cuando se habla de los ‘70. Siempre desde la teoría de los dos demonios se observa un organismo militar que se desarrolló de manera aislada de las masas y que el desarrollo militar aísla a cualquier organización de las masas. Generalmente, se habla de “desviación militarista” o de “orientación militarista”, o que el militarismo aísla a una organización político-militar de las masas. En el caso argentino, ese aislamiento fue producto de la desarticulación entre el diseño estratégico y la realidad argentina. Pero, por definición, en otros lugares se ha dado la cuestión contraria. Es decir: un organismo armado logra constituirse en un organismo de masas, como en Cuba o China. Es decir, el organismo armado en sí mismo, no promueve el aislamiento de las masas. Básicamente, son estos tres puntos, que son los que más resaltan a la hora de pensar la lucha armada en los ’70; temas en los cuales queremos sentar posición.

Ariel Hendler: Quiero agradecer la invitación de Stella. En un primer momento, cuando llevaba casi dos años investigando las FAL, todo el mundo me decía que también había sido entrevistado por Stella. Yo, en algún momento, pensé que entre nosotros iba a haber una competencia feroz y además una carrera a ver quién llegaba primero. Bueno, no hubo nada de eso. Lo que hubo en todo momento fue una relación de intercambio constante en la que nadie se guardó nada para el otro. En segundo lugar, quiero agradecer que me hayan mencionado como escritor.

Hay algunas cuestiones del libro de Stella que quería comentar. Pero primero debo decir que estoy admirado por el rastrillaje de las fuentes periodísticas. Vi la cantidad de diarios que citó, agregado a la cantidad de diarios que leyó, cosa que yo no hice, probablemente porque no me propuse hacer algo tan minucioso como ella. Pero hay dos cuestiones que plantea Stella que me interesa debatir. Una de estas cuestiones es la que ella comenta en la página 20, en una nota al pie, en la que cita varias experiencias guerrilleras de principios de los ‘60 e incluso fines de los ‘50. Concretamente, habla de Uturuncos, el EGP, MNRT, Tacuara y no menciona las FAR, del Vasco Bengoechea. Stella dice, de una forma bastante enfática a mi entender, que no hay relación entre estas experiencias y las posteriores, las que se empiezan a afirmar desde el año ’70, aproximadamente. Yo, en mi investigación, me encontré con una hipótesis, una hipótesis nada más, contraria a esta, que me gustaría contárselas: la historia de los distintos grupos que conforman las FAL, los que confluyen en las FAL, son algo así como el “eslabón perdido”, o uno de los eslabones perdidos que permiten reconstruir todo este proceso que va desde fines de los ‘50 hasta el ‘76.

Creo que todo discurso histórico es una forma de intentar poner un orden o una coherencia sobre los hechos crudos, que en sí no tienen coherencia. Lo que yo encontré en mi investigación, es que en el lapso que va desde la primera mitad de los ’60, hasta la irrupción pública masiva de las organizaciones, en el año ’70, es una persistencia constante de pequeños grupos armados y acciones que mantiene una presencia más o menos constante durante toda la década de los ‘60, hasta que muchos de estos grupos confluyen en organizaciones más grandes, pero que provenían en su afinidad desde principios de los ’60. Veo una continuidad relativamente clave en todo el proceso que va desde fines de los ’50 hasta principios de los ’70.

Hay otra cuestión que plantea Stella en su libro, y que yo creo que se puede debatir hasta cierto punto. Es cuando Stella dice que el grupo de los Zárate, liderado por “Tato” fue el que homogenizó la política frentista de las FAL. A mí me da la sensación, por todas las entrevistas que hice, por todos los testimonios que tengo, de que el grupo que lideró el proceso de unificación de todos los afluentes fue el que Stella llama el grupo Cibelli, el que yo llamo la “organización original”. Y quiero comentar por qué. En principio, la organización o el grupo Cibelli es el que toma contacto por primera vez con el grupo de los Zárate. Hay un testimonio al que tuve acceso, dos días antes de entregar el manuscrito, el testimonio, la declaración de “Tato” ante la justicia, cuando cae preso en el año 1972. En ese testimonio, “Tato” dice algo que a mí me parece clave, y es que había varios visitadores médicos de la organización original que lo visitaban y tenían contacto con él desde ya bastante tiempo antes… “Tato” era médico del Policlínico de Lanús y había miembros de la organización original, visitadores médicos, que lo visitaban desde hacía tiempo. Me parece muy importante que “Tato” diga que el contacto existía desde varios años antes. Por lo tanto, para mí está perfectamente claro que todo el esfuerzo frentista es desplegado en este momento por lo que Stella llama el grupo Cibelli. Independientemente de que después el grupo de los Zárate y el mismo “Tato” por su personalidad haya tenido un rol preponderante en la conducción de las FAL y en la imagen de las FAL en la relación con otras organizaciones. Pero bueno, me pareció interesante plantear lo que yo creo que es el grupo preponderante, el grupo Cibelli, en lo que es la estructuración de las FAL como confluencia de varios grupos Todos estos testimonios hay que tomarlos con pinzas, porque son todas declaraciones estratégicas, pero por todas las que tuve oportunidad de leer, pude ver que son empíricamente ciertas y se basan en hechos reales. Además, hechos que ya son conocidos por la policía o por la justicia. Pero relatados de cierta forma estratégica para, obviamente, hacer la mejor defensa propia y cuidar también al resto de los militantes, mencionando hechos y nombres que los investigadores e historiadores ya conocen por lo general. Obviamente esto es para discutir.

Carlos Flaskamp: Quiero agradecer a Stella que me haya invitado a participar en esta presentación. Más aún sabiendo que disiento bastante con sus concepciones. Así que es una muestra de apertura por su parte, de promover el debate. A mí el libro que escribió Stella me parece que merece apreciaciones distintas en dos aspectos. Una en la parte en la cual ella informa de los hechos, donde hace un trabajo muy concienzudo y riguroso, tratando de separar lo que son los hechos, de su interpretación de esos hechos. En ese sentido es muy encomiable.

El otro aspecto, es la concepción del libro que está expuesta en el título. Y ahí es donde cifro yo mis mayores discrepancias. En primer lugar, me parece un desacierto hablar de “una espada sin cabeza”, porque creo que a los compañeros del FAL, a los que yo conocí (y con los cuales conversé mucho, negocié también y acordamos cosas y disentimos en otras), han hecho un profundo esfuerzo de reflexión sobre la realidad política. Las consecuencias que ellos sacaron para la acción, donde le dieron efectivamente una primacía a lo militar, son producto de esa reflexión. No son producto de un militarismo ciego, como podría ser el del general Lavalle, que fue el que se ganó por primera vez ese calificativo. Hay que tener en cuenta para considerar la acción del FAL la época que se vivía. En 1955 derrocan a Perón violentamente, después de un bombardeo con 300 muertos realizado en junio y luego viene la represión y proscripción. Sube un gobernante constitucional en 1958 y viene otra vez la represión y el plan CONINTES. La situación en la Argentina era para considerar -y así lo consideraron muchos grupos o mucha gente que se encontraba en distintos grupos- que había un fuerte peso de lo militar que condicionaba cualquier salida política. A esto se fue agregando, con el tiempo, la situación internacional. La revolución cubana, antes la guerra de Argelia. Si bien el grupo Cibelli se constituyó antes de esa influencia, empezó a operar ya en la década del ‘60, cuando esa influencia empezaba a hacerse sentir. Aunque el grupo fundador del FAL no era muy sensible a las influencias sí lo fueron el grupo de Zárate y tanto más la brigada Masetti. Pero había un ambiente de violencia en el mundo, en América Latina, y en la Argentina. Yo considero que la influencia mayor para todos estos grupos era la situación en la Argentina, donde por la democracia nadie daba diez centavos. Lo que se llamaba “democracia” era proscripción y gobierno de minorías. Yo, personalmente, pertenecía a ese grupo que mencionó Ariel, que se fusionó con la brigada Masetti y estuve casi integrado al FAL. “Casi”, porque llegó un momento en que se hizo la primera reunión con la dirección integrada a la cual yo fui, pero inmediatamente después hubo una reacción de una parte, dentro de la organización, contra esa fusión y esa reacción me arrastró a mí también. Tuvimos una relación bastante prolongada en la cual nosotros conocíamos lo que ellos pensaban y ellos conocían lo que pensábamos nosotros. Sabíamos que eran marxistas-leninistas. Nosotros no. Nosotros éramos una organización política militar que se planteaba la lucha armada en la Argentina incluyendo a peronistas, marxistas, cristianos… para nosotros eran todos iguales, no había una concepción rectora, como puede ser el marxismo-leninismo. Saliendo de esa diferencia, tuvimos una relación excelente. Porque nuestra relación se limitaba al intercambio de información, de materiales, de ayuda mutua, y sabíamos hasta donde podíamos llegar y donde no podíamos pasar.

Esta relación se alteró después. En ese momento, cuando empezó la relación con el FAL, éramos algo muy parecido a lo que resumió Stella como foquismo. Éramos dos grupos que no tenían participación en trabajo de masas, en frentes de masas, si bien tenían orígenes que pueden considerarse populares. Pero la situación se modificó totalmente después del Cordobazo, porque todo el país se politizó y lo que en principio eran solamente grupos armados que hacían acciones, después pasó a ser movimiento de masas. En principio, eso nos estimuló a nosotros. No fue algo que desbaratara nuestra estrategia. Al contrario, pensábamos que confluíamos con el movimiento de masas. Si bien no teníamos ninguna influencia sobre él, confluíamos en un objetivo.

¿Cuál era ese objetivo? Nosotros, al principio, nos planteábamos la lucha armada contra la dictadura militar. Ese objetivo unificaba. Ese objetivo era claro para todo el mundo. Tuvo un efecto esa lucha, no solamente la que libramos nosotros, sino también la que libraron los sectores populares. Tuvo un efecto positivo en cuanto al desgaste, al hostigamiento de la dictadura militar. La lucha tuvo algunos altibajos, fue costosa, hubo muertos, presos, etc. Pero como resultado de toda esa situación que se había dado, la dictadura empezó a tambalear en sus objetivos. Onganía, un año después del Cordobazo, fue reemplazado por Levingston, y después Levingston por Lanusse, en lo que ya era un claro retroceso de la dictadura militar y un renacimiento de la política. O sea, empezaron a producirse movimientos políticos, sobre todo renació el peronismo que estaba bastante aletargado cuando nosotros iniciamos la lucha armada. Esto fue lo que hizo tambalear levemente nuestra estrategia. Levemente, porque el concepto de Stella, “no adecuación a la etapa política”, creo que es muy justo. Eso se produjo, tomando la etapa en su conjunto, un poco después. Se produjo del ’73 al ’76. Pero en el ’70, ’71, cuando estos grupos, los grupos como FAR y otros grupos menores empiezan a tambalear, lo que ocurre es una tendencia a la polarización en dos grandes organizaciones armadas: el ERP-PRT y Montoneros.

Al principio no había ni siquiera la necesidad de unirse. Nosotros, en la clandestinidad, tenemos contacto con una serie de grupos. Algunos nunca llegamos a saber quiénes eran, como se llamaban… no usaban nombres, además. El tema de la “guerrilla invisible”, que fue la expresión que usó muy bien Ariel para caracterizar al FAL, fue también propio de nosotros y de varios grupos más. Lo importante era golpear a la dictadura. Golpearla en golpes chicos, como podíamos dar nosotros. Éramos grupos pequeños, de unos cuantos voluntarios, pero podíamos hacer bastantes acciones de desgaste. En esos días, en los diarios empezaban a salir columnas, con el conjunto de acciones “una, dos, tres, cuatro, cinco…” que se habían producido el día anterior. Era un efecto cotidiano. Acciones pequeñas, vuelvo a decirlo, pero que en conjunto producían un desgaste. Yo creo que eso fue muy distinto al proceso que se vivió después.

El ERP y Montoneros se plantearon la guerra prolongada. Que lo habían planteado desde el principio, pero no era una cosa que para todos nosotros estuviera clara desde el principio. Lo que fue muy claro, es que como resultado de las luchas populares y muy mínimamente también de nuestras luchas, la dictadura se veía obligada a dar marcha atrás y convocar a elecciones democráticas por primera vez. Era la primera vez, desde 1955, que el peronismo pudo participar. Yo creo que este proceso lo que está marcando es que la lucha que se había dado al principio, solamente con el fin de golpear ya había cubierto su rol. Ya había pasado esa etapa y era necesario ofrecer salidas políticas.

En ese terreno, yo opino que tampoco Montoneros y el ERP se supieron adaptar a esa etapa. O sea, una cierta “soberbia” se adueñó de esas organizaciones y pretendieron no solamente seguir jugando un rol, como lo venían jugando, un rol en definitiva secundario pero significativo, sino hegemonizar el proceso. Pero eso sería el tema de otro análisis.

No puedo corroborar que el FAL se haya propuesto dejar la parte política a otros. Tengo muy claro que ellos asumían la parte militar. En eso coincidían con nosotros. En la parte política, ellos tenían la concepción marxista-leninista que los diferenciaba de todas las variantes que existían, incluso el PC. No había ninguna fuerza política concreta en la cual FAL pudiera decir “le vamos a dejar la política a estos, nosotros nos asumimos como Estado Mayor militar”. Entonces creo que, si tenían esa concepción, fue una concepción abstracta, porque no la pusieron en práctica ni un minuto. Se presentó, cuando se dio la fusión con el grupo de Zárate, la posibilidad de armar un aparato político y militar con el grupo de Zárate y con el nuestro. Pero no fue una delegación de la función política en otra organización.

Stella Grenat: Son balances diferentes de toda la etapa. Está claro que son balances completamente opuestos. Como aclaré al principio, el único objetivo de nuestra tarea como militantes revolucionarios es la posibilidad de que en la Argentina logremos y lleguemos algún día a la revolución socialista, a la transformación del sistema…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *