Las brigadas de choque – Raúl González Tuñón

Éste sí

 

Por Leonardo Grande

Grupo de Investigación de la Izquierda en la Argentina – CEICS

A 100 años de su nacimiento, es inevitable recordar quizás al más importante poeta nacido en Buenos Aires, Raúl González Tuñón. Como sucede con los artistas verdaderos, la cultura dominante se encuentra, a la hora de las efemérides ineludibles, con el singular problema de homenajear, también, el programa político que explica su trascendencia. Por eso es que este año todos los órganos de la cultura oficial recordaron a Tuñón con el insultante eufemismo de artista “comprometido con lo social”. Adjetivo insuficiente para describir a este poeta, miembro de la primer época de la revista Martín Fierro (que junto a Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Luis Franco y Oliverio Girondo en los años ’20 renovó estéticamente la literatura argentina moderna), paralelamente colaborador del grupo de Boedo (junto a su hermano Enrique y los escritores Mariani, Castelnuovo, Barletta, Yunque y Arlt) y, finalmente, militante activo del Partido Comunista de la Argentina, cuya representación lo colocó en las trincheras de la Revolución española del ’36, donde escribió sus mejores páginas. Los pocos intentos por recordarlo desde posiciones revolucionarias1 chocaron con un stalinismo del que no abdicó nunca y que no puede dejar de recordarse. Un verdadero revolucionario no puede dejar de indignarse con sus loas a los asesinos de Trotsky en 1940 o con su participación en la experiencia española, donde el principal dirigente de su partido, Victorio Codovilla, colaboró en la liquidación de combatientes anarquistas y del POUM.

Sin embargo, cabe recordar que, antes del triunfo del frente popular del stalinismo, Tuñón, abandonando su esteticismo bohemio, vanguardista, del martinfierrismo, fundó la revista Contra. En ella publicó en 1933 “Las brigadas de choque”2. Por ese poema el gobierno de Justo lo detuvo y condenó a dos años de prisión, que no cumplió gracias al exilio en España y una campaña de solidaridad internacional. Llegó a ser objeto de debate en el Congreso Nacional, cuyos diputados conservadores lo leían en voz alta para causar el estremecimiento de las “buenas conciencias”. Éste Tuñón, el piquetero, es el que nos gusta.

 

Notas

1Véase, por ejemplo, el elogioso -aunque forzado y desinformado- homenaje de LuchArte en Prensa Obrera nº 865 (26/08/04) y la indignada y en lo esencial correcta- respuesta de un militante en el correo de lectores de PO nº 867 (9/09/04).

2La versión que publicamos aquí la tomamos del libro compilado por Néstor Kohan y José Luis Mangieri La rosa blindada, una pasión de los ’60, Ediciones La Rosa Blindada, 1999 que la toma, a su vez, de la revista La rosa blindada nº 4, marzo de 1965.

Las brigadas de choque

Raúl González Tuñón

 

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

QUEVEDO

 

1

Primero fue la toma de la tierra por la hembra y

por el varón

Después vino la tristeza de la civilización.

Primero fue el campo libre, el cielo libre, la libre unión.

Después las malas leyes del hombre

que hicieron las malas leyes de dios.

 

Hoy, como el cura loco de Kent, me pregunto yo:

 

– “Cuando Eva hilaba y Adán araba ¿quién era el amo?”

 

2

 

No pretendo realizar tan sólo el poema político.

 

No pretendo que mis camaradas sigan por ese camino.

 

Que cada cual cultive en su intimidad

 

el dios que quiera.

 

Pero reclamo de cada uno la actitud revolucionaria

 

frente a la vida,

 

pero reclamo el puño cerrado frente a la burguesía.

 

He reconquistado el fervor y tengo algo que decir:

 

Se llama brigadas de choque a las vanguardias lúcidas

 

de los obreros especializados

 

en la URSS, nombre caro a nuestro espíritu.

 

Formemos nosotros, cerca ya del Alba motinera,

 

las Brigadas de Choque de la Poesía.

 

Demos a la dialéctica materialista el vuelo lírico de

 

nuestra fantasía.

 

¡Especialicémonos en el romanticismo de la

 

Revolución!

 

3

 

Mi voz para cantar y para gritar mi voz,

 

mi voz para degollarse en las veletas enloquecidas.

 

Mi voz para aullar, mi voz para subir -única,  digna

 

enredadera-

 

y asustar a los burgueses desprevenidos por la boca

 

de los albañiles.

 

Mi voz para decir el antipoema

 

en la esquina de las fábricas,

 

a la salida de las costureras,

 

en las puertas falsas de los teatros,

en los fondos de los talleres,

 

en las poternas de la civilización burguesa,

 

el gran castillo vacilante.

 

Los Movierones ahogan también rugidos, ladridos

 

-ocultan las manifestaciones apaleadas

 

-los nazis violando a las hijas de los judíos

 

-los policemen atajando la marcha de los tejedores

 

-la Generalidad cargando sobre los sindicalistas

 

-la gendarmería rodeando de cinturones de fuego a los

 

socios del John Reed Club

 

y los gases lacrimógenos de la policía de Buenos Aires

 

disolviendo mitines en los portones

 

de los frigoríficos extranjeros.

 

¿Y Nicolás Repetto? -Bien, gracias.

¿Y José Nicolás Matienzo? -Cuidando la Constitución,

 

como si la Constitución fuera una hembra.

 

Sí, la Constitución se halla en estado de descomposición

y nosotros, únicamente nosotros, los comunistas,

 

legítimamente nos reímos de esa Constitución burguesa

y de la democracia burguesa.

 

Pero no de la democracia que proclamamos,

 

porque nosotros queremos la dictadura

 

pero la dictadura que asegure la verdadera libertad de

 

mañana.

 

4

 

Nosotros contra la democracia burguesa

 

Contra

 

Contra la demagogia burguesa

 

contra la pedagogía burguesa

 

contra la academia burguesa

 

contra

 

contra

contra el fascismo, superexpresión

 

del capitalismo desesperado.

 

Contra la masturbación poética,

contra los famosos salvadores de América

-Palacios, Vasconcellos, Haya de la Torre-

contra

contra

contra las ligas patrióticas y las inútiles

sociedades de autores, escritores, envenenadores.

Contra los que pintan cuadros para los burgueses.

Contra los que escriben libros para los burgueses.

Contra

Contra

Contra las putas espías de Orden Político.

 

5

Contra los social fascistas tipo Federico Pinedo.

contra el radicalismo embaucador de masas

-fuente de fascismo-,

dopado por el incienso de vagas palabras.

¡Ellos! Los metralleros de Santa Cruz.

Contra

Contra

Nosotros contra la moral tipo La Prensa

-el elefante enfermo de la Avenida de Mayo-

y el largo bostezo de sus editoriales.

Contra las sedicentes obras de tesis.

Contra la teosofía, onanismo del espíritu.

Contra el anarquismo sensiblero y claudicador.

Contra el clericalismo.

Contra

contra

contra el criollismo a ultranza y sin matices,

contra el folklore pueril y falso,

contra el francesismo servil,

contra las visitas tipo Keyserling, Morand, Ortega.

Contra

contra los becados

contra los niños prodigios del confusionismo canalla

de South America.

6

¡Contemos a los niños la historia de Lenín!

Contra la vedette,

 

contra los mesías y los supuestos héroes

 

y toda la roña burguesa

 

-agiotistas

 

-rentistas

 

-especuladores

 

-caudillos

 

-plumíferos

 

-gendarmes

 

-jueces

 

-abogados

 

-intelectuales

 

La muerte del obrero Hevia pasó inadvertida

 

para vosotros

 

Ni siquiera entregásteis el cadáver mutilado

 

a la familia.

 

Un centenar de policías siguió al coche que llevaba

 

la caja de pino.

 

¡Os ofrecemos nuestros cadáveres!

 

Sobre nuestros cadáveres los camaradas de mañana

 

construirán la nueva Argentina en el alba motinera

 

de obreros, soldados, marineros, campesinos, poetas

 

y artistas.

 

¡Os regalamos todo!

 

¡No leáis nuestros libros!

 

¡Al carajo con vuestra comprensión y vuestra

 

generosidad!

 

Nosotros estamos de vuelta al pueblo,

 

ávidos de dialéctica materialista.

 

En una sociedad sin clases será posible el sueño,

 

lo abstracto, la intimidad con lo inverosímil y lo

 

inventado,

 

con dios y con los otros mundos…

 

Nosotros estamos de vuelta al pueblo

 

y oímos las detonaciones que mañana

 

estremecerán las paredes.

 

¡Guerra a la clase dominante!

 

Dictadura para asegurar la libertad,

 

el trabajo liberador,

 

la máquina redimida,

 

la comodidad,

la dignidad,

el club,

la libre unión de los enamorados

y el arte puro de una sociedad sin clases.

 

7

 

Otros amigos tomaron otros rumbos.

 

El tiempo espera.

 

Todo yo soy actitudes pero ningún orgullo me

 

maltrata

 

y tengo algo de muchedumbre cuando canto

 

y cuando grito.

Voy a meterme en las grandes mareas de los cines

y las fábricas y los subterráneos.

Lamento no haber sido lo que se dice

un “subversivo auténtico”

Lamento no haber perdido tantos años

en los periódicos

aunque les agradezco los aviones, los barcos y

los trenes que me dieron.

Vuelvo a la vida que me reconoce,

el hambre y el sueño son mis viejos amigos.

A devorar los libros afiebrados

en las vigilias del invierno

y por las mañanas

a recorrer los parques y las plazas

y contar las chimeneas

y llenarme del vasto olor del pueblo,

del vasto rumor del pueblo.

Una columna de pueblo viene hacia mí:

llevan carteles alusivos y cantan La Internacional.

¡Arriba los pobres del mundo,

de pie los esclavos sin pan!

El viejo canto me reconoce

y yo me voy con mis hermanos.

Son las 3 de la tarde de un 1º de Mayo,

hoy cumple años nuestro viejo dolor.

 

No, hoy no es un día de fiesta,

pero hemos aprendido a cantar,

y después de los cantos vendrán las balas.

 

8

Esta es la canción del Plan de los Cinco Años.

Lenín lo dejó trazado junto a su gorra oscura

y su tabaquera.

El lienzo rojo de su memoria.

Desde octubre de 1928 comenzó a extenderse a las

campañas

de la inmensa Rusia,

saliendo de las grandes ciudades en donde ya existía

generosa

un nivel de dolor y de cultura.

Expropiando las posesiones de los ricos agricultores

y repartiendo entre todos la veterana tierra

y recogiendo los frutos para todos.

Era el primer gran paso hacia la conquista

del comunismo de Lenín.

Después nos ocuparemos de dios.

Ahora nos interesa combatir su política.

(Este no es un poema, es casi una experiencia)

Las colonias agrícolas comunistas reemplazan a los

grandes

y a los pequeños feudos burgueses.

Ya no hay que levantar catedrales,

mucho fervor gastado.

Ahora hay que levantar usinas,

mucho fervor por gastar.

¡Abajo la inteligencia burguesa!

Es tiempo de ocuparse del hombre.

Nicolás Lenín ha muerto y su herencia es el Volga.

 

Y el Kara

el Duina

el Onega

el Péchora

el Vístula

el Ural

el Don.

Una herencia de ríos.

Nicolás Lenín ha muerto y su herencia es el

Cáucaso.

 

Y los Urales

las mesetas del Valdai

las colinas del Volga.

Nicolás Lenín ha muerto y su herencia es el cobre.

Y el hierro

la hulla

el petróleo

el oro.

Pero sobre todo su herencia es la tierra,

humana, tierna, fecunda.

Nuestro nacimiento, nuestra vida,

nuestra sepultura,

nuestra resurrección.

He aquí la Canción del Plan de los Cinco Años.

9

Devoraba las noticias del día con el sandwich de

milanesa:

Las consecuencias del temblor que duró treinta

segundos

son funestas para una vasta región.

Durante la noche pareció estacionario

el nivel de las aguas del Sena.

400 obreros sepultados en un túnel.

Las viudas lloran en la boca del día.

Casas, puentes vías férreas, desaparecieron a causa

del terremoto.

Se asegura que Blucher es un militar organizador de

gran estilo.

Queremos la repartición de la tierra,

desconocemos la propiedad privada y la ley de

herencia

y desde ahora todo aquel que no trabaje no comerá.

Los agentes secretos de seis potencias burguesas

se han arrojado al río Moscowa.

Un día existieron Cartago y Babilonia

y un día fue poderoso el Egipto.

Los mercaderes venecianos llegaban hasta Persia

y los persas atravesaban los canales.

Los fenicios navegaban trocando estatuillas de

barro

por montones de trigo.

¡Los desacreditados fenicios que llevaron a Grecia

la preocupación del arte!

Catón repitió veinte veces en Roma: ¡Destruid

Cartago!

Tenemos que destruir. El grito se repite en la

historia.

Pero los camaradas de Moscú han abierto

otro camino

y la historia se desvía.

Les habían prohibido el aceite y la lámpara,

la tinta y la palabra

y ellos vencieron.

Sólo es bello el horizonte cuando recorta miles de

camisas obreras.

Existen Buenos Aires y San Pablo y sus hombres

comienzan a ver.

Yo presiento la marcha sobre Europa de un

Ejército Rojo.

Pausa sobre el teatro de marionetas de Ginebra,

sobre Berlín

que engorda y envilece.

Horcas afiladas están meditando

junto a un horizonte de humo y de sangre.

Cristo signa, en la estridencia de las usinas,

a la última cruz, final e inexorable.

10

No importa que yo ame los puertos y los circos

y la dorada y alevosa flor de la aventura

y el vino y las rosas y la guerra.

Como Ernesto Psichari yo amo la guerra,

pero  la guerra que trae la Revolución.

¿Sabes ya que los cuervos vuelan sobre los valles

anunciando la peste?

Yo había visto algunos dibujados en los afiches

de las ciudades.

Había un niño olfateando la sangre de la guerra,

de la guerra que trajo la Revolución.

– “Pour les français dans les territoires ocupeés”-

colocados especialmente por la Legación.

Los cuervos eran los alemanes.

¡Oh, amigos, y cómo es de tranquilo el vuelo

de los cuervos!

¡Qué serenidad bajo la campana del cielo!

Mas cuando se acercan sus picos son horribles,

sus ojos asquerosos y sus garras tremendas.

Los socialdemócratas, los ultraclericales,

los “nacionalistas”,

tienen también el vuelo de los cuervos.

Cerca de ellos hay que destrozarlos con un

tiro de escopeta,

porque ellos anuncian y provocan la peste

en la tierra.

 

11

Hablemos de esta ciudad sucia como su río.

Aquí todo está prohibido.

A la vuelta de la esquina nos deja solos

y en su cuadrilátero aburrido

prevalece la absurda confitura del

Pasaje Barolo

y la mentalidad seminarista de

José Luis Cantilo.

Buenos Aires no vale la pena que le cante

ni siquiera con versos airados.

Siempre se quedará con los Zuviría,

los Capdevilla y los Obligado.

Esta ciudad me ha llamado canalla y vicioso

porque quise darle color.

Porque anduve por ahí desparramando

mi indudable fervor,

porque bajé la luna hasta sus calles

para alumbrarlas mejor.

Porque a la compañía de las horteras

prefería la de vagos y atorrantes.

Porque a veces anduve con un traje rotoso

y estragué mi estómago en el sórdido

Puchero Misterioso.

Esta ciudad de “Siempre alegría”

 

en el lánguido carnaval.

Esta ciudad fustigada en sus flancos

por la Legión Cívica y el Klan Radical.

Esta ciudad de Yrigoyen y Uriburu,

que nunca ha dado un bandido perfecto

ni un gran poeta.

Esta ciudad cuyos bienes apestan

a escribanos públicos,

a mujeres sin capacidad de pecado.

Esta ciudad que todavía respeta

un título de abogado.

Ciudad de bebedores de agua.

De donde Barret emigró con asco,

en donde O’Neill tuvo hambre y sueño,

en donde Güiraldes fue escarnecido

y Calou murió malogrado,

Payró incomprendido,

Emilio Becher agotado

y Carriego empequeñecido

y en cuya Universidad,

esquina pedagógica de la vulgaridad,

se gesta una runfla de rastas y logreros

y patoteros grandilocuentes

que después van a llenar la Pampa

de alambradas y alcahuetes.

12

No tenemos nada, no hemos construido,

nada fue posible en este campamento podrido.

Hemos quedado solos

con un montón de versos,

angustiosos o perversos

porque la leche de Buenos Aires

fue así de mala.

Sucia como su río,

agria como su alma.

El tango actual es una cobardía.

Sombrío, ronco, gangoso

-“oliendo a china en zapatilla y

macho perezoso”-

Es pesimista, compasivo y trágico.

Es un ángel oscuro que pudo haber volado.

Le falta a Buenos Aires la Tercera Fundación.

La que vendrá con la Revolución.

¡Preparémonos para tirar!

Contra los museos,

las universidades,

la prensa paquidermo,

la radiotelefonía, la academia,

el teatro y el deporte burgueses.

Preparémonos para tirar

y acertar esta vez.

Contra en la casa

contra en el mar

contra en la calle

contra en el bar

contra en la montaña.

Para abatir al imperialismo.

Por una conciencia revolucionaria.

Y aquí nosotros contra la histeria fascista,

contra el socialismo tibio,

contra la confusión Radical,

contra

contra

estar contra

sistemáticamente contra

contra

contra.

¡Yo arrojo este poema violento y quebrado

contra el rostro de la burguesía!

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