La vida en suspenso. El paro en las fábricas tras las elecciones de 2011

a66ianinaEn el último tiempo, las empresas comenzaron a suspender personal. ¿Puede un obrero suspender su alimentación o la de sus hijos cuando la fábrica para la que trabaja deja momentáneamente de producir? Ni despedidos ni ocupados, los obreros en esta situación viven en una suerte de limbo poco oneroso para la empresa y muy duro para ellos.

Ianina Harari
GICOA-CEICS

A fines del año pasado, advertíamos que las suspensiones iniciadas por esa época no serían pasajeras, como pretendía el gobierno, sino que eran los primeros coletazos de la crisis1. Pues bien, los primeros meses de 2012 mostraron la profundización del colapso económico y, con él, las repercusiones en el mundo laboral. Una de las manifestaciones de los problemas económicos que atraviesa el gobierno son las restricciones a las importaciones. La falta de proveedores de insumos nacionales impide a muchos capitales continuar con sus operaciones. Sin embargo, ésta no es la única causa por la que se están perdiendo puestos de trabajo. La crisis también se expresa en una caída de las ventas que afecta los niveles de producción. En consecuencia, las suspensiones y despidos están a la orden del día. Una vez más, el peso cae sobre los obreros.

Puertas cerradas

Según un relevamiento de la consultora Técnica de Inversiones, durante febrero de este año, 6.605 obreros perdieron su trabajo y 5.775 fueron suspendidos. En cambio, en 2011, durante el mismo mes se habrían producido 35 despidos y 1.517 suspensiones2. Aunque se trata de los casos que trascendieron a los medios, estas cifras son un indicador de la magnitud en que la crisis está repercutiendo sobre el empleo.
Uno de los casos que más atención recibió es el de Alpargatas. En octubre del año pasado, la empresa había anunciado el “adelantamiento de las vacaciones” del personal de cinco de sus plantas, aunque en la de Buenos Aires el sindicato logró revertirlas para que no repercutieran sobre las elecciones presidenciales que se avecinaban. Sin embargo, este año, las suspensiones continuaron con el aval sindical. La caída de las ventas, que comenzó a fines de 2011, se está prolongando. Por eso, en las plantas de La Pampa, Tucumán, Catamarca, San Luis y Buenos Aires, se suspendieron a 1.200 trabajadores, que están percibiendo el 70% de sus sueldos3.
Alpargatas no es la única firma de la rama del calzado que se ve afectada. La empresa Dass (productora de zapatillas para Nike, Converse, Umbro y Fila) suspendió a 400 trabajadores en su planta de Misiones, la cual está operando al 50% de su capacidad4. En este caso, la reducción de la producción tendría que ver con la imposibilidad de aprovisionarse de capelladas, pegamento y algunos hilos especiales importados de Brasil y China. La Secretaría de Comercio se habría comprometido a permitir la entrada de estos insumos, aunque esto no ocurrió por el momento. La postura del gobierno es exigir que estos productos se adquieran acá o se comiencen a fabricar. Mientras tanto, los trabajadores siguen afectados.
Otro sector comprometido es la “joyita” del modelo K: las industrias electrónicas radicadas en Tierra del Fuego. Allí, se perdieron 4 mil puestos de trabajo, a causa de las trabas a la importación5. Las plantas de Brightstar, AT y BGH fueron las más afectadas. Claro que, como se trató de obreros con contratos temporarios, los despidos no aparecieron como tales. Una vez más, vemos que las capas más vulnerables de la clase, los tercerizados o contratados, son los primeros perjudicados.
En la industria automotriz también se sintieron los efectos de las restricciones a la importación y la caída de las ventas. En marzo, respecto a igual mes del año pasado, en el mercado interno, las ventas cayeron un 3,6%, mientras que las exportaciones lo hicieron un 25%. En tanto, la producción se contrajo, sólo en marzo, un 4%6. Esto implicó una reducción del personal. El caso más conocido fue el de FIAT. También en esta fábrica, hubo suspensiones en octubre del año pasado. En ese momento, el gobierno intervino para facilitar la importación de insumos, de modo que no se produjera mayor impacto sobre el empleo (y, por ende, sobre las elecciones). Pero luego del 54%, las cosas cambiaron. Este año, la empresa volvió a la carga con las suspensiones. En enero, suspendió a 2.500 obreros por 48 horas y, en marzo, a unos 1.500, también por dos días. Esa planta no es la única afectada: en Renault se despidieron alrededor de 150 tercerizados y en Mercedes Benz, desde principio de año, se vienen realizando suspensiones que afectan alrededor de 100 trabajadores. Además de las terminales, las empresas autopartistas son las que mayores problemas están teniendo. Por ejemplo, la fábrica de carrocerías Pettinari adeuda a sus obreros tres quincenas de sueldo más las vacaciones.
El comercio también está sufriendo los avatares de la crisis y, con éste, el transporte. Recientemente, el supermercado Eki cesanteó a 2.300 empleados, incluyendo unos 300 camioneros. También se registraron despidos en otras empresas transportistas, en alimentación (Kaleu Kaleu, una empresa pesquera), molinos (Cargill) e incluso en municipios como el de Paraná, donde se despidieron a 1.100 trabajadores. En éste último caso, también se trató de personal con contrato temporario que, tras la lucha de los autoconvocados, se logró la reincorporación de una parte7. Un renglón aparte merece el caso de la industria frigorífica, afectada por la crisis ganadera, en donde se registraron al menos 2.300 suspensiones.

Sube la marea

Como era de esperarse, este escenario propició la conflictividad obrera. Así, en marzo 2,27 millones de trabajadores participaron en huelgas, contra 794 mil del mismo mes del año pasado8. La conflictividad obrera está resurgiendo junto con medidas que recuerdan a los últimos años de la década del ’90.
Uno de los sectores donde los trabajadores están más movilizados es el de la carne. A comienzos de la década del 2000, en esta rama, se produjeron numerosas tomas de establecimientos, muchas de las cuales culminaron como cooperativas obreras. Algo similar ocurrió en la rama del calzado, que también atraviesa por una profunda crisis.
Por estos días, algunos frigoríficos comienzan a transitar un camino similar. En Misiones, los obreros del frigorífico El Zaimán se encuentran sin cobrar sueldos desde octubre del año pasado y sin noticias de la patronal. Además de salir a cortar la ruta, ocuparon el establecimiento y allí están viviendo. La opción de formar una cooperativa ya es barajada por los 60 trabajadores que ocupan la empresa9. En Bahía Blanca, los empleados del frigorífico Villa Olga están sin trabajo hace siete meses, cuando se suspendió la faena de animales. Pero como la empresa se encuentra encuadrada como una cooperativa de trabajo, a pesar de tener dueños, los obreros no recibieron compensaciones salariales. Por este motivo tomaron la fábrica, pero fueron desalojados. Decidieron, entonces comenzar a cortar la ruta 3, a modo de protesta, esperando ser recibidos por las autoridades municipales, lo cual no sucedió10.
En Venado Tuerto, Santa Fe, el frigorífico del grupo JBS fue tomado en marzo por sus trabajadores, que también realizaron cortes de rutas. Ante esta situación, el gobierno otorgó el pago del REPRO (Programa de Recuperación Productiva) y buscó negociar un cese de despidos de la industria de la carne a cambio de medidas que favorezcan las exportaciones en el conjunto de la industria. Sin embargo, nada de esto parece estar modificando la situación.
Otro sector movilizado es el de transporte. En Salta, los trabajadores de Transal se encuentran en conflicto por el despido sin causa de siete empleados y las suspensiones que la empresa está aplicando. En Buenos Aires, el conflicto de la línea 60 continúa desde hace unos años y, aunque los despidos fueron por causas gremiales, la empresa continúa sin resarcir las liquidaciones de sueldos mal hechas. Por otro lado, los choferes de Ecotrans, del Grupo Plaza, llevaron adelante un paro en reclamo de los sueldos adeudados de marzo.
En la industria automotriz, los conflictos están surgiendo en las autopartistas. Los obreros de la metalúrgica Argelite, ubicada en La Rioja, no reciben sus salarios completos desde diciembre. Mientras debieron percibir 2.300 pesos por la quincena, la patronal les está pagando 1.60011. Tras un conflicto que incluyó paros por parte de los trabajadores, el gobierno comenzó a pagarles el REPRO para no incrementar la deuda que la patronal mantiene con sus obreros. También en la fábrica Petinari, productora de semirremolques y acoplados, los obreros protestaron por la falta de pago de haberes. Desde mediados de marzo, no sólo realizaron cortes de ruta diarios sino que tomaron la fábrica.
En el sector de alimentación, la empresa pesquera Kaleu Kaleu realizó una serie de suspensiones que alcanzó al conjunto del personal12. Frente a esto, los obreros realizaron piquetes en la puerta de la fábrica. Las medidas de fuerzas fueron levantadas tras la declaración de la conciliación obligatoria. Pero la caída de la actividad en la rama no genera un panorama alentador, lo cual podría llevar a nuevas protestas.
A esta altura, resulta muy difícil seguir negando que la crisis no se haya instalado entre nosotros. Las medidas pintadas de nacionalismo, como las trabas a la importación, parecen empeorar la situación y, en realidad, son expresión del mismo problema. Al gobierno lo tiene sin cuidado que esto afecte a miles de obreros de todo el país. Quizá Cristina crea que el 54% la imbuyó de impunidad. Pero la vuelta a la calle de estos trabajadores está lejos de ser momentánea. La salida que se empieza a vislumbrar, al igual que en 2001, es la ocupación de las fábricas. El antecedente de las cooperativas, que se formaron en aquél entonces, debiera servir para aprender de los aciertos y los errores. Hoy en día, los emprendimientos que subsisten, lo hacen a fuerza de subsidios estatales, que incluso están siendo recortados. Es decir, que la crisis también las afecta. Por eso, ante el fracaso de la salida cooperativista, quienes estén por transitar este camino deben reflexionar sobre estas experiencias y el programa que van a adoptar. No deberían ser los obreros los responsables de sacar adelante las empresas, sino que es el propio Estado quien debe hacerse cargo, poner en funcionamiento los establecimientos y garantizar los salarios y las condiciones dignas de trabajo.

Notas:

1 Véase Harari, Ianina: “Suspensión para hoy, despido para mañana”, en El Aromo, nº63.
2 La Nación, 4/4/2012.
3 Clarín, 3/4/2012.
4 Clarín, 30/3/12.
5 Clarín, 30/3/12.
6 Página/12, 6/4/2012.
7 Elentrerios.com, 3/4/2012.
8 La Nación, 4/4/2012.
9 Territorio digital, 4/4/2012.
10 La nueva provincia, 10/4/2012.
11 Nueva Rioja, 6/4/2012.
12 Patagónico, 10/4/2012.

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *