La sindicalización policial, ¿refuerza las mafias? El accionar del SIPOBA y SinPoPe, dos sindicatos policiales

en El Aromo n° 104

Matías Chávez
Laboratorio de Análisis Político


Cuando la izquierda argentina se opone la sindicalización policial, parece estar hablando de un fenómeno inédito, que no se ha producido en ningún lugar del mundo. Especulan con supuestas consecuencias negativas, como el refuerzo del aparato represivo o de las mafias, sin analizar casos concretos, como si no los hubiera. Sin embargo son muchos los países que poseen sindicatos policiales. También existen experiencias organizativas en la Argentina. Sin ir más lejos, en Rosario, a finales de 1918, se produjo una huelga de policías que se extendió hasta casi iniciada la Semana Trágica y fue reprimida de manera violenta. Hacia la década de 1950, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) monitoreaba y documentaba iniciativas de organización de miembros de la policía, quienes llevaron adelante una huelga policial. En las últimas décadas han proliferado las organizaciones sindicales policiales en varias provincias, aunque no cuentan con personería gremial y son perseguidas. Actualmente funciona la Federación Argentina de Sindicatos Policiales y Penitenciarios (FASIPP), conformada por más de 20 sindicatos no reconocidos. Los más importantes, al tratarse de la fuerza más numerosa, se encuentran en la Policía Bonaerense, que tiene ejemplos recientes de sindicalización. Veamos de qué se tratan, a ver qué lecciones se pueden extraer de esta experiencia.

Sindicato de policías

El Sindicato Policial Buenos Aires (SIPOBA) nació al calor de la crisis hiperinflacionaria de 1989, lo que vincula su surgimiento con un reclamo netamente obrero: el deterioro del salario. Pero a ello se sumaba otro factor: la lucha contra la descomposición de la fuerza policial. Alberto Masi, Secretario General, aseguró que la conformación del SIPOBA era una necesidad para que funcionara como mecanismo de protección frente a la fuerte penetración del narcotráfico en la policía. Quizás por ello, el SIPOBA y sus adherentes fueron perseguidos desde un primer momento. En caso de intentar sindicalizarse, los policías bonaerenses son castigados o exonerados. Incluso el SIPOBA ha llegado a denunciar a la cúpula de la Bonaerense por espionaje sobre sus actividades. El propio Masi, tras desplegar actividades de propaganda con el fin de captar adherentes para la conformación del SIPOBA, fue cesanteado por Duhalde. Desde aquel entonces, sistemáticamente le fue negada la personería jurídica sindical, lo que los llevó a conformar, junto a otras organizaciones, la Unión Policial por el Derecho Sindical. Los diferentes fallos judiciales caracterizan a estos obreros como “servidores” (no como “trabajadores”) que se ocupan de la seguridad interior y esa misión está por encima de cualquier derecho y/o garantía institucional. Pese a ello, el gremio contaba con 6.000 efectivos afiliados en 2012 y se encontraba bajo la órbita de la CTA.

Durante los años de Scioli, el SIPOBA estuvo presente en cada movilización de estatales por mejoras salariales e intervino en los conflictos en las fuerzas policiales de 2012 y 2013. También reclamó frente al asesinato de policías en servicio, relacionando el problema con las “pésimas condiciones de trabajo”. Los reclamos no cejaron con la asunción de Vidal: en abril de 2016, el SIPOBA se movilizó a La Plata reclamando mayor aumento salarial y mejores condiciones de trabajo. Posteriormente, tras el despido de 1.600 policías por cuestiones relacionadas a la corrupción, el sindicato apuntó a Vidal y señaló que la verdadera causa de los despidos era el recorte del presupuesto, y que la corrupción (que solo implicaría a algunos de los cesanteados) era una excusa para abrir plazas que serían ocupadas por gente ligada al gobierno. Semanas más tarde, el SIPOBA marchó a La Plata junto a la CGT y las CTA, rechazando las leyes de emergencia de Vidal y en apoyo a los estatales despedidos. Cuando la gobernadora anunció mejoras en la fuerza, el gremio respondió con un comunicado informando que alrededor de 16.700 efectivos no superaban la línea de la pobreza. Según el SIPOBA, el sindicato “representa a las personas que trabajan en la calle y se juegan la vida por $14.000 por mes”. En la misma línea, recientemente, el SIPOBA elevó al Ministerio de Seguridad un proyecto de ley de retiro activo y/o jubilación voluntaria anticipada, y otro proyecto que intenta modificar la Ley 13.236 para que los propios efectivos puedan elegir las autoridades del Directorio de la Caja de Retiros, Jubilaciones y Pensiones sin necesidad de afiliarse. Como vemos, el SIPOBA no exige cuestiones muy distintas a las de cualquier sindicato: aumentos salariales y mejores condiciones laborales, entre otras.

Pero además de eso, el SIPOBA parece ser una reacción contra la descomposición de la fuerza policial y la penetración de la corrupción y el delito. Por empezar, exigen a cada uno de sus afiliados la presentación de un certificado de reincidencia para evitar el ingreso al SIPOBA de agentes con causas penales o procesamientos en trámite. Además, en más de una oportunidad los dirigentes del gremio denunciaron que el personal subalterno es víctima de los manejos espurios de la jerarquía policial corrupta y de los políticos de turno, y que a diario miles de policías honestos son sancionados por sus jefes si no hacen el juego corrupto de la recaudación ilegal. Por ejemplo, denunciaron penalmente a Ritondo por encubrimiento en el caso de los sobres secuestrados en la Departamental de La Plata, cuestionando la decisión política de no relevar a las cúpulas de las comisarías luego de semejante escándalo. Claramente, son críticos de los jerarcas de la Bonaerense asociados a las mafias policiales. Según ellos “los políticos cometen un error, que es acercarse a los jefes para poder dominar a la policía de la provincia de Buenos Aires, y el problema son los jefes”. Ese sería el “error” de Ritondo, que mantiene en sus puestos a los jefes de las Departamentales cuestionados por manejos corruptos, que vienen de la época de Scioli, Casal, Granados y Matzkin.

Sindicato de mafiosos

El Sindicato de Policías y Penitenciarios (SinPoPe) se creó el 30 de octubre de 2005, tras juntarse 34 efectivos en Puente 12. Así lo afirmó José Carranza, Secretario General del SinPoPe, durante una entrevista. Sin embargo, no hemos podido rastrear ninguna actividad sindical del gremio hasta el conflicto policial de 2013, donde intervinieron, como buenos carneros, desalentando la huelga y las movilizaciones. El principal referente del SinPoPe es el ex subjefe de la Policía Bonaerense, Salvador Baratta, quien fue desplazado en 2011. Su desplazamiento se dio tras haber sido responsabilizado de un caso de gatillo fácil y una brutal represión en José León Suarez. El trasfondo era una histórica interna entre Baratta, partidario de la “mano dura”, y el entonces jefe de la fuerza, Juan Carlos Paggi, más conciliador.

Baratta siempre estuvo ligado a lo más turbio de la Bonaerense. Comenzó en comisarías del sur de la provincia, y luego se convirtió en jefe policial de la zona norte, asignado a “la lucha contra el narcotráfico”. Mantuvo relaciones con el ex Comisario Mario “Chorizo” Rodríguez, un capo de la “Maldita Policía” de Duhalde. También fue uno de los oficiales al mando del operativo en el Puente Pueyrredón en el que asesinaron a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Posteriormente llegó a conducir la DDI de La Plata, volvió a comandar la Departamental de Lanús, y luego regresó a La Plata como número dos de la Bonaerense hasta su desplazamiento. Tras dejar la fuerza, el ex Comisario comenzó a participar activamente en el PJ de Lanús. Asumió como concejal por el FPV tras competir en la interna con el intendente Díaz Pérez. Sin embargo, integró el bloque “Frente Renovador 17 de octubre” bajo el comando de la agrupación Juan Domingo, creada para levantar la bandera de “Scioli 2015” pero que abandonó el sciolismo para trabajar en la candidatura de Massa. En el mismo sentido, existen vinculaciones con el moyanismo: así como Facundo Moyano ha asistido a actos del SinPoPe, los dirigentes policiales devolvieron la gentileza apoyando a Moyano en declaraciones públicas y participando de la convocatoria del 21-F el año pasado.

El curriculum de Baratta es una muestra de la vinculación del SinPoPe con las mafias que manejan la Bonaerense. Ese accionar se traslada al sindicato. Por ejemplo, en Neuquén, dirigentes del SinPoPe fueron acusados por el subjefe de la policía local por haber baleado su casa y quemar su camioneta. El jefe de la policía neuquina denunció que detrás del accionar mafioso se escondía una interna política, señalando que los matones del sindicato tenían vinculaciones con el entonces senador del MPN y burócrata del gremio petrolero Guillermo Pereyra. Detrás del reclamo de sindicalización, parece esconderse una interna mafiosa donde los adherentes del SinPoPe intentan desplazar a los jefes en actividad. No es el único hecho en el que el sindicato aparece ligado a matones y mafias: en otra ocasión, el SinPoPe convocó a una marcha para exigir la libertad del cabo Fabián Escobar, acusado de herir con un disparo al delegado gremial de UPCN Luis Bastidas en una protesta sindical.

El SinPoPe, que como vimos se suele mover como fuerza de choque para dirimir internas policiales o sindicales, no aparece poniendo el mismo esfuerzo en defender las condiciones de vida de los trabajadores a los que pretende representar, sino todo lo contrario. En el conflicto policial de 2013, Baratta reconoció haber “trabajado” con Granados para evitar el conflicto en la provincia. La prenda de cambio fueron ciertos ascensos. Cuando Scioli anunciaba los 8.570 pesos de sueldo para los policías, el entonces Concejal del FR aplaudió la medida y pidió a sus “colegas” que levantaran la protesta. Está más que claro que son el sindicato de la cúpula policial mafiosa, que, en lugar de defender a la base policial, se dedican a intervenir en la interna policial y política con métodos de patota.

No son lo mismo

Algunos partidos de izquierda argumentan que sindicalizar a la policía es sinónimo de reforzar mafias. Del repaso que hicimos, sin embargo, se desprende otra conclusión. No podemos meter a todos en la misma bolsa. El SinPoPe es un agrupamiento de policías que ocuparon puestos jerárquicos, ligados a lo peor de la mafia policial. Quizás por ello parecen ser los “mimados” de la cúpula policial, la burocracia sindical y de los distintos gobiernos. No muy distinto del accionar de la UATRE. Y, sin embargo, nadie se atrevería a oponerse a la sindicalización de los obreros rurales. 

Distinta parece ser la situación del SIPOBA, que agrupa a elementos subalternos de la fuerza, perseguidos por su actividad sindical, que para ser afiliados acreditan no tener causas penales o procesamientos. Además, se mostró dispuesto a denunciar abiertamente tanto a la gestión de Scioli, como a Vidal, pasando por todos los ministros de seguridad y jefes policiales de la provincia. Condenar a todos por igual, es no dar una respuesta a un fenómeno existente. El problema es la dirección que se le dé al organismo gremial, no su existencia. Los policías, como todos los obreros, tienden a organizarse sindicalmente para defender sus condiciones de trabajo. No intervenir frente a ello solo refuerza a las organizaciones protegidas por la jerarquía policial y la burocracia. Es importante conocer estas experiencias para tomar posición. A diferencia del SinPoPe, el SIPOBA parece estar lejos de “reforzar las mafias”.


Notas

1Costes, Blas y Rocío Fernández: “Antes de la semana”, en El Aromo n° 97, 2017, https://bit.ly/2VK5SiR.

2Sain, Marcelo y Rodríguez Games, Nicolás: ¿El gremio de la gorra?, Buenos Aires, Editorial Octubre, 2016, p. 27.

3https://bit.ly/2D0v4dz y https://goo.gl/6VapPP.

4https://bit.ly/2SN0I43.

5https://bit.ly/2D9smCI, https://bit.ly/2FoDnS5 y https://bit.ly/2ANfWin.

6https://bit.ly/2D9GrjA, https://bit.ly/2D9HUGA y https://bit.ly/2HlOaPw.

7https://bit.ly/2QO2Cj1, https://bit.ly/2TQnd8m y https://bit.ly/2U94hlk.

8https://bit.ly/2Rqqgaz

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