La salud de la lucha. El proceso de organización obrera y toma en el Sanatorio La Florida – Nahuel Audisio

cruz

Nahuel Audisio
TES-CEICS
 
Después de sesenta y nueve días de toma, los trabajadores del Sanatorio La Florida consiguieron una victoria contra el sindicato, los empresarios y el gobierno de Scioli. Aquí, le contamos los avatares del enfrentamiento. Un combate que exhibe una serie de lecciones importantes.
 
 
El Sanatorio La Florida, ubicado en el partido de Vicente López, estuvo tomado por sus trabajadores, desde el 13 de diciembre hasta el 19 de febrero. El día 12 del último mes del 2012, el Director Médico, junto con sus gerenciadores asociados, decidió dejar de explotar esta empresa, argumentando que no obtenía ganancias. Ante esto, los 152 trabajadores del sanatorio, reclamaron una salida a su situación laboral y apelaron a una medida efectiva en la búsqueda por satisfacer sus reclamos: la lucha. Una gran mayoría de trabajadores no médicos -radiólogos, enfermeros, personal de maestranza y administrativos- ocuparon el sanatorio y se declararon en asamblea permanente.
 
El escenario
 
La Fundación Científica Vicente López es la administración que decidió abandonar el negocio que había explotado durante 15 años. Esta fundación, dedicada a los “servicios hospitalarios”, estaba al frente del sanatorio por el Círculo Médico, verdadero dueño del establecimiento. Esta entidad nucleaba a todos los médicos de Vicente López  y cobraba un 20% de su facturación. Con esa ganancia, los integrantes asociados del Círculo decidieron tener un sanatorio propio en el partido, pero tercerizando su administración. Uno de los trabajadores, integrante de la asamblea nos comentaba como funciona esta asociación entre las dos entidades: 
 
“El Círculo Médico crea la Fundación Científica Vicente López, están asociados. Fueron uno solo siempre. Nuestro recibo de sueldo venía firmado por la Fundación Científica Vicente López. El Círculo Médico siempre negó toda relación, como si no se conocieran. Del Círculo nos dicen que vayamos a reclamar a la fundación y ésta se lava las manos y nos manda a reclamar al Círculo, que también hace lo mismo. Se pasan la pelota uno a otro. El Círculo dice que lo único que tienen es este edificio, que se lo alquilan a ellos, nada más. Pero el Círculo manejó toda la vida la Fundación, designó directores, gerentes, las mismas personas van rotando de un lado a otro.”
 
Durante los años de gestión de la Fundación Científica Vicente López, los trabajadores han venido sufriendo pésimas condiciones laborales, que se acentuaron en los últimos dos años. Progresivamente, se les fueron quitando los insumos necesarios para trabajar, elementos de seguridad, ropa, obras sociales y ART. La deuda, al momento de la ocupación del sanatorio por parte de los trabajadores, era de un total de 6 millones de pesos, en concepto de ocho meses de sueldo y dos aguinaldos correspondientes a los 152 trabajadores. Las excusas  de la gerenciadora eran varias: cuentas embargadas, retenciones de las prepagas o poca facturación. Carlos, jefe de mantenimiento y asambleísta, nos cuenta:
 
 
“Llegamos a cobrar 1.200 pesos por mes, menos que un plan social. Esto se mantuvo por la lucha nuestra, por resignar todo. Acá tenemos que viajar, comer, porque comida casi no había, la poca comida era para los pacientes. Los viernes íbamos a cobrar, esperando una cuarta parte del sueldo y nos terminaban diciendo que a las diez de la mañana le había caído un embargo de Arba, que si no se pagaba embargaban la cuenta. Hoy llegamos a la conclusión, después de ver un montón de documentos, que nunca pagaron Arba.”
 
Tampoco se respetaban las categorías laborales. Así, un trabajador preparado y remunerado para cumplir una tarea determinada, desarrollaba otras actividades por la fuerza de las circunstancias. Esta situación es una constante en el ámbito de la salud y no sólo sucede en el sector público, sino que también es constante en el sector privado.  
 
“Yo soy auxiliar de enfermería y trabajo en terapia- cuenta una asambleísta-. Un auxiliar nunca puede trabajar en terapia. Mi turno es de mañana y me quedaba mañana, tarde y noche. No había quien me viniera a cubrir, como no pagaban, venían cuando querían. A veces se llenaba el sanatorio y había una sola enfermera”. 
 
Otro integrante de la asamblea nos relataba la misma situación en otro sector del sanatorio: “Yo estoy como Jefe de mantenimiento y cobro como oficial de mantenimiento, no me reconocen la categoría. Las administraciones siempre han traído gente de afuera, pero para puestos jerárquicos, y no había dinero para los pocos que había acá”.
Como vemos, las pésimas condiciones de trabajo repercuten en igual capacidad de atención a los pacientes. De todas formas, el sanatorio ha venido funcionando como válvula de escape al colapso del Hospital de Vicente López y la mayoría de los trabajadores de la zona, pese a las deficiencias, concurren asiduamente a atenderse, promediando unas 20 mil consultas mensuales.
 
Contraataque patronal
 
Una vez establecida la toma, al Círculo Médico no le quedaba otra opción que presentarse a negociar. Fue, pero apeló a toda clase de maniobras para desgastar  la lucha y dividir a los trabajadores. Para esto contó con la ayuda del Ministerio de Trabajo y, cuándo no, del sindicato. Se presentó una nueva administración designada por el Círculo Médico, Preventae, cuyo vicepresidente no era otro que Walter González, el director del Hospital Francés que, en el año 2006, fue procesado por enviar  barrabravas de Chacarita y Morón a desalojar a la toma de ese establecimiento [1]. Haciendo referencia al nuevo gerenciador, los trabajadores afirmaban: 
 
“Estábamos en mano de delincuentes y caímos en manos de un delincuente y patotero. Que no arranque esto es por pura negligencia de él, porque la negociación que le proponemos es muy elástica. Estamos dispuestos a que esto trabaje seis u ocho meses para que él tenga aire y cuando esto ya esté funcionando, nos sentamos y hablamos del resto de la deuda. ¿Qué más querés? Si estamos con los bolsillos pelados y empezamos a trabajar. Le hemos dado todo tipo de planes y facilidades.”
 
La forma de comportarse de González no se modificó desde aquel episodio del Hospital Francés. El  primer día de negociaciones acudió con guardaespaldas y dispuso de dos personas más apostadas a la salida del sanatorio las 24 horas del día. La solución al conflicto por parte de Preventae consistía en hacerse cargo de un 25 % de la deuda de la administración anterior, empezando a pagar a partir del sexto mes de funcionamiento del sanatorio. Al recibir la negativa por parte de los trabajadores, se puso a negociar individualmente con los más propensos a aceptar pronto un pronto arreglo, bajo la presión de los numerosos meses sin cobrar. Es así que se citó en el mismo sanatorio a los trabajadores que no formaban parte de la toma, para adelantarles una parte de los sueldos. 
 
“No los dejamos entrar. Nuestros compañeros tienen libre albedrío para hacer las negociaciones que ellos quieran, pero no acá adentro que es nuestro baluarte, nuestra lucha. No tuvieron mejor idea que hacerlo en el bar de enfrente; una provocación infantil. Todos haciendo la fila afuera, esperando cobrar. Algunos mirando con sorna y otros, que le daba vergüenza, agachando la cabeza. Buscan enfrentar a los trabajadores. Hasta les habían mandado un colectivo que los fue buscando uno por uno en la casa. A esos compañeros les hablamos y muchos entendieron: si ya tienen la plata en el bolsillo no vengan a enfrentarse con nosotros […] no tiene que haber odio entre trabajadores”.
 
Es entonces cuando el Ministerio de Trabajo empezó a cumplir su papel. Bajo la apariencia del árbitro de las partes, intentó desgastar la lucha mediante la victimización de la administración, apelando a la idea de que los nuevos capitalistas no tienen por qué hacerse cargo de una deuda que ellos no generaron. Los trabajadores respondieron que no eran patrones nuevos, sino socios del Círculo Médico. 
El sindicato de Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) hizo su aparición afirmando que iba a defender las fuentes de trabajo, pero negó cualquier apoyo a la toma. En cambio, se solidarizó con los compañeros que sí habían firmado el mísero acuerdo. Por si quedaban dudas de su posición, gestionó la habilitación de una oficina en dependencias del Ministerio de Trabajo para que los trabajadores que habían firmado denunciaran formalmente a los que tomaron el edificio, por no dejarlos ejercer el “derecho de trabajar”. Luego, llamó  a los firmantes a realizar una asamblea en la puerta del sanatorio, para que se votasen ciertas medidas que les permitieran entrar a carnerear. Los obreros en lucha nos contaron: 
 
“nos cansamos de llamar al sindicato y nunca se presentó. Lo único que le interesaba era si estábamos afiliados. Nosotros no estamos afiliados. Aún así, nos sacan la cuota sindical solidaria del 1% sobre todo nuestro sueldo. Cuando hay aumento para sanidad es sobre el básico, cuando la cuota es para el sindicato es sobre horas extras, sobre antigüedad, sobre adicionales nocturnos. O sea, más trabajas, más se llevan ellos.”
 
Resultado final
 
Los asambleístas se mantuvieron firmes en sus reivindicaciones y, de esta forma, las relaciones de fuerza se inclinaron hacia su lado. Se manifestaron en reiteradas ocasiones en el Ministerio de Trabajo, en la Municipalidad de Vicente López y escracharon el edificio del Círculo Médico exigiendo la solución del conflicto. El 19 de febrero, se llevó a cabo una negociación favorable a los trabajadores, teniendo en cuenta la situación previa. Preventae reconoció un 85% de la deuda de los 70 trabajadores que participaron de la toma, abonando inmediatamente un 45% del total en efectivo y lo restante en cinco cuotas, a partir de junio, más una sexta cuota indexada al 27,5% anual. 
Los compañeros ganaron una batalla y han desarrollado su conciencia de clase al calor de la lucha. Este proceso no es automático y tiene sus limitaciones: el miedo a que la política corrompiera su lucha les ha impedido, por el momento, soldar vínculos con la izquierda, su aliado natural. A su vez, se mantiene una visión utópica de lo que el Círculo Médico debiera ser, como si fuera posible en el contexto económico y social actual, ejercer la medicina en condiciones dignas. No obstante, se ha logrado identificar a la dirección del sindicato y al ministerio como factores hostiles. Se ha confrontado con el propio colectivo profesional, el Círculo médico. Se trató de un proceso en el cual comenzó a  vislumbrarse que esta entidad contiene en su seno grupos antagónicos: empresarios, por un lado, y trabajadores de la salud, por el otro. Por el momento, la representación de los trabajadores es ejercida, a nivel sindical, por elementos que responden al enemigo, pero luchas como permiten aventurar un cambio.  
 
NOTAS
1 Véase Ámbito Financiero 30/10/2006, http://goo.gl/7SZDX

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *