La reserva. Mapeo de las capas obreras desocupadas.  

Marina Kabat

 

 

 

El avance de la mecanización y la aplicación de la ciencia a los procesos productivos es una característica inherente al capitalismo. La transformación técnica es su ley. Cada avance permite realizar más trabajo con menos trabajadores, generando una tendencia a la expansión de la población sobrante, ya sea en forma abierta, mediante la expulsión de obreros que son despedidos, o solapada, por una más lenta incorporación de los nuevos. A esta masa que el capital no puede ocupar en forma rentable, o sea en condiciones medias de productividad, la llamamos superpoblación relativa. Decimos relativa porque esta población es excedente sólo para este sistema social: del mismo modo que una sociedad cazadora-recolectora sólo podía sostener una limitada cantidad de personas en un territorio dado, el capital puede dar empleo sólo a una parte cada vez menor de la población total. La tecnología que podría servir para distribuir el empleo y para que todos trabajemos menos horas, bajo el capitalismo tiende a aumentar la sobrepoblación relativa. Pero esta SPR es necesaria para la acumulación del capital, que puede disponer de ella frente a una súbita expanción de la actividad y que la utiliza, sobre todo, como mecanismo de presión hacia la clase obrera ocupada, como su principal mecanismo para deprimir los salarios y las condiciones de trabajo. Por esto decimos que la SPR constituye un ejército industrial de reserva al servicio del capital. Es lógico entonces que la Flexibilidad Laboral recién se impusiera en la Argentina en el mismo momento en que el desempleo superaba, por primera vez en décadas, el techo de las dos cifras. Pero, como veremos, los datos oficiales dicen muy poco sobre la SPR, que va mucho más allá de los desocupados contabilizados por el INDEC (ver nota aparte).

La primer capa en que puede dividirse la SPR está constituida por los desocupados y subocupados, pero también por lo que el INDEC llama “trabajadores des-incentivados” (aquellos que han dejado de buscar empleo). Otro sector que habría que incluir es el de jóvenes (sobre todo estudiantes secundarios y universitarios) que si tuvieran la oportunidad trabajarían pero que, al no estar buscando “activamente” empleo, el INDEC no los contabiliza como desocupados. Lo mismo puede decirse de un número importante de amas de casa. Este sector de la SPR varía de acuerdo a los grandes ciclos económicos de auge y crisis y por ello lo denominamos sobrepoblación fluctuante. Dentro de este grupo tienden a crecer los hombres y las personas que ya no son tan jóvenes porque los trabajos que se crean tienen fuertes exigencias en cuanto al ritmo y la intensidad, presiones que las personas muy jóvenes, de hasta 25 o a lo sumo 30 años, pueden satisfacer mejor. Los contratos por tiempo determinado que las distintas leyes de Flexibilidad Laboral instrumentaron (incluyendo la flamante ley K, ver El Aromo del mes pasado) le permiten al capital mantener una dotación siempre joven a la que exprime rápidamente. Los call centers, supermercados y otros rubros similares mantienen así su personal entre la franja de entre los 20 y 25 años. Use y descarte es la máxima de los empresarios, que pueden llevar a la práctica gracias a la existencia de la sobrepoblación relativa que ellos mismos han creado.

La segunda capa, la sobrepoblación latente, es el grupo más difícil de medir, pues corresponde a lo que los liberales llaman “desempleo encubierto”. En términos simples, hay sobrepoblación latente donde hay dos personas haciendo el trabajo de una. Es el caso de sectores cuya productividad esta injustificadamente por debajo de la media. El principal reservorio de sobrepoblación latente lo forman los sectores atrasados del agro. Cuando éstos se modernizan comienzan a expulsar más y más trabajadores que se dirigen, entonces, a las ciudades. Por ello, las migraciones rurales-urbanas no son más que el traslado a las ciudades de quienes hasta entonces habían subsistido, siempre con un pie en la miseria, como sobrepoblación latente en el campo. En los últimos años se ha renovado el flujo de migrantes internos hacia las ciudades del litoral. Es la consecuencia del proceso de modernización agraria: una finca hortícola de Tartagal, Salta, hasta hace poco ocupaba 30 a 40 personas para el riego nocturno y 30 para cargar un camión. Hoy, una pesona controla el riego por goteo desde una PC y otra que maneja un camión hidráulico, resultando 60 puestos de trabajo menos por finca. Esto explica también el fuerte desarrollo del movimiento piquetero en las provincias del noroeste. A pesar de estos avances, el interior conserva aún grandes bolsones de sobrepoblación latente, los principales son la zafra y la cosecha del algodón. Consideramos que la expansión del cultivo de la soja, con una productividad mucho mayor a los cultivos tradicionales de la zona, va a agudizar este proceso.  

Otro sector que esconde sobrepoblación de este tipo es el empleo público, sobre todo el provincial, que ha funcionado como un sustituto de otras formas de asistencia social, como el seguro de desempleo. Es por eso que el empleo público en las provincias se caracteriza por una muy baja productividad y salarios aún menores. Las privatizaciones, mediante el mecanismo del retiro voluntario, eliminaron gran parte de la sobrepoblación latente en las reparticiones centrales del estado. Pero todavía no ha ocurrido lo mismo con los organismos públicos provinciales, por ello la reforma del estado en las provincias es considerada una de “las tareas pendientes” del menemismo y la Alianza a desarrollar por el Señor K. A semejanza de lo que ocurrió con la ley de contratos laborales, Kirchner parece decidido a completar la tarea de sus predecesores. Ése es el fondo de las actuales negociaciones por las deudas provinciales y la coparticipación federal. Se busca cortarle los recursos a las provincias para forzarlas a una reforma que dejará miles de empleados en la calle. Las mismas presiones existen para recortar los planes de empleo cuyos adjudicatarios integran también la sobrepoblación latente.

Por último, hay sobrepoblación latente en toda empresa que emplea trabajadores con una productividad significativamente menor a la media. Esto es posible merced a distintos tipos de subsidios estatales, uno de ellos es el sostén del precio del dólar. Como advirtió repetidamente la UIA el descenso del dólar haría quebrar a numerosas empresas. Por ello el gobierno no para de comprar dólares con el afán de sostener su precio. Si se lo dejara libre todos los puestos creados a la sombra de un dólar sobrevaluado desaparecerían.

El tercer grupo de la sobrepoblación relativa está formado por los vendedores ambulantes, cartoneros y distintas especies de trabajadores a domicilio. A todos ellos los llamamos sobrepoblación estancada. Son trabajadores que la gran industria convierte en “sobrantes” y que se ven obligados a sobrevivir en actividades donde los salarios son miserables, al punto de no llegar a cubrir su subsistencia. Toda ellos constituyen también mano de obra disponible para el capital.

Por último, la sobrepoblación relativa está formada por el pauperismo, los pobres que dependen de la caridad. Si una persona que trabaja no puede obtener más que los alimentos para mantenerse a si misma, la unidad familiar tiene que recurrir para su subsistencia a la asistencia pública, los comedores escolares, a la beca de estudio (su equivalente en dinero para el Polimodal) o al trabajo infantil. Según los últimos datos oficiales de 1998, en el país trabajaban un millón y medio de niños, lo que equivale a decir que uno de cada cuatro menores de 14 años trabaja. (Clarín 4/4/04) Como en los últimos 6 años la crisis ha empujado a la pobreza a sectores completos de de la clase obrera, cabe suponer que esta cifra, aún con lo espeluznante que resulta, sea muy inferior a la realidad.

 

Mentiras Verdaderas: las mediciones del INDEC

 

Que las estadísticas oficiales están manipuladas, que tienen una función política y que cada vez que el INDEC difunde las cifras del desempleo, hay un tembladeral político, es algo que sabe todo lector atento. Sin embargo, la clave del engaño es mucho más profunda que unos dígitos más o menos, de acuerdo a si contamos los Planes Trabajar como desocupados o si sumamos también los subocupados.

Para empezar la tasa de desocupación no mide cuántas personas no tienen trabajo. La tasa de desocupación mide cuántas personas de la Población Económicamente Activa (PEA) no tienen trabajo. ¿Quiénes integran la PEA? Las personas que tienen entre 15 y 64 años, que tienen un empleo o lo buscan “activamente”. Todo el que no entra en esta definición no puede considerarse un desocupado.

En primer lugar está el problema de la edad: las miles de personas de más de 64 años que necesitan trabajar y no lo consiguen no son desocupados para el INDEC. Lo mismo ocurre con los menores de 15. Como mostramos en la nota central, si un obrero con su salario apenas alcanza a comprar los bienes estrictamente necesarios para su subsistencia individual, entonces sus hijos son desocupados, pues para obtener su subsistencia deberán depender de la asistencia pública o trabajar. En segundo lugar, sólo se cuentan las personas que tienen empleo o lo buscan “activamente”. El encuestador del INDEC le pregunta a la persona que no tiene trabajo si en la semana anterior salió a buscar trabajo, fue a entrevistas, etc.. Por un lado hay empleos que se consiguen por contactos informales, que no llegan a constituir “entrevistas”. Por otro, normalmente una persona que está desempleada por un largo período de tiempo llega un punto en que si no consigue trabajo deja de buscarlo “activamente”, pues decide que ante las bajas probabilidades de conseguir empleo no tiene sentido seguir perdiendo tiempo y dinero. Tampoco estas personas son consideradas desempleadas por el INDEC, sino que son llamados “des-incentivadas”. Con lo cual puede darse la paradoja de que según el INDEC el desempleo baje, pero no porque haya más trabajo, sino porque hay más “des-incentivados”.

Además, muchas mujeres al ser despedidas y no encontrar empleo deciden que es más rentable ahorrar el costo de la guardería quedándose en casa. Estudios detallados sobre casos actuales, muestran que muchas veces la mujer es ama de casa cuando no encuentra trabajo y no, como quiere la burguesía, porque “se abstiene de trabajar” frente a otras opciones personales. Para ellas no trabajar no es una opción libremente escogida, sino el resultado de la escasa oferta laboral. Más o menos lo mismo ocurre entre los estudiantes: históricamente los chicos de barrios obreros dejaban la escuela al comenzar a trabajar. Al no haber trabajo hoy permanenecen más tiempo en las aulas. Esto no quiere decir que si tuvieran la oportunidar de trabajar no lo harían. Pero, por supuesto, como no buscan “activamente” empleo, no son desocupados.*

Es la base misma de la que parten todas las mediciones del desempleo, la que es completamente falsa. Sobre estos dudosos cimientos se montan otras inventivas creaciones de las estadísticas públicas. Así, los cartoneros y los limpiavidrios no son desocupados, sino cuentapropistas y una persona que trabaja 6 horas semanales es un “subocupado”.

 

*Una de las investigaciones en marcha en el CEICS en el campo educativo contempla una encuesta entre estudiantes secundarios y universitarios para establecer que porcentaje de ellos trabajaría si pudiera hacerlo.

 

El Grupo de Coyuntura Laboral ha comenzado una investigación sobre las transformaciones de la clase obrera argentina en los últimos años. Por una parte, las transformaciones que generan sobrepoblación relativa; por otra, las capas que forman a esta superpoblación relativa. Nos mueve el interés de conocer la magnitud del problema del empleo en la Argentina, tanto actual como potencial. Por eso nos preocupan especialmente aquellas formas latentes de la SPR. Para estudiarlas, estamos conformando un equipo de trabajo interdisciplinario con geógrafos, economistas, sociólogos, antropólogos, asistentes sociales, médicos y abogados.  Invitamos a todos aquellos que quieran participar a integrarse a este grupo. También pueden colaborar obreros, ocupados o desocupados, que puedan dar testimonio de los cambios recientes del trabajo en su profesion y constituirse en analistas de los mismos.

 

Para consultas comunicarse con marina_kabat@yahoo.com

 

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