La reforma de la Reforma

en El Aromo n° 19

Filmus, Ctera, la izquierda y la escuela post-Argentinazo

 

Por Romina De Luca Grupo de Investigación de la Educación Argentina CEICS

“Siguen” los bochazos en los ingresos a la universidad. La “calidad” del Polimodal y de la EGB sigue siendo insuficiente. “Siguen” siendo abismales las diferencias al interior del sistema educativo. La Ley Federal sigue… a pesar de todo. Filmus es el primero en denunciar la situación y reconocer su gravedad. La imagen que se empeña en mostrar es la de un progresista Ministro de Educación que, preocupado por los desastrosos resultados actuales, emprende medidas concretas. ¿Cuál es la que acabará con los gigantescos problemas que aquejan a la escuela argentina? Una “nueva estructura”. Según los voceros oficiales se trata de una “desprimarización” del Tercer Ciclo EGB, ya que se adoptará una estructura similar a la del Polimodal y se instaurará un director específico para estos tres años. Además se iniciará el diseño de un currículo común para EGB 3 y Polimodal, al tiempo que se unificarán los criterios de evaluación, convivencia, asistencia y demás aspectos normativos. ¿Una vuelta al viejo secundario? Filmus lo llama “recuperar la tradicional calidad de la escuela pública con la implementación de una serie de estrategias” (TELAM, 11/02/05). A esta jugada “genial” se le sumará una evaluación final en lengua, matemáticas, ciencias sociales y naturales en el ciclo medio y la aplicación de la Ley de Educación Técnica. ¿Qué tienen en común estas “reformas” de la Reforma? Todas parecen lo que no son. Se presentan como un paso hacia adelante, un cambio con el pasado pero, en realidad, no son más que una continuación aggiornada de la Ley Federal.

La Ley Técnica es anunciada con “bombos y platillos” ya que, a decir de Kirchner en la presentación del proyecto, permitirá a la Argentina dejar de lado el modelo de concentración y exclusión social, de la globalización y la renta, para abrir paso a la inclusión de la “Argentina Productiva”, es decir, industrial. La prensa burguesa, en la voz del “gran diario argentino”, hace énfasis en la recuperación de la cultura del trabajo y en la vuelta a la tradición de las escuelas técnicas de excelencia. Este proyecto de Ley, en realidad, es la continuación de políticas previas, como el Programa de Vinculación EscuelaEmpresa promovidas por alfonsinistas, menemistas y aliancistas. Las palabras del presidente K en el lanzamiento de este programa son por demás esclarecedoras: el problema del capitalismo argentino es la falta de “autoestima”; la escuela debe entonces enseñar a “querer a la empresa donde se trabaja”, a “jugarse con el destino empresarial” a “mostrar con orgullo el trabajo”. La educación técnica resultaría ser un factor clave en el crecimiento económico, dentro del cual la consolidación de nuevos modelos de producción y administración económica revaloriza la incorporación de conocimiento técnico. Surge como necesidad, entonces, el desarrollo de la educación técnica para facilitar la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo. Traducido en lenguaje sencillo esto quiere decir que un desocupado no es un obrero que el sistema no puede absorber, sino un sujeto que carece de las competencias necesarias para ser incorporado. Se trata de una operación discursiva por la cual la víctima pasa a ser el único culpable de su situación. La autoestima del capital requiere la humillación del trabajador… Las “estrategias” de Filmus y Kirchner deben ser interpretadas como lo que son: una vuelta al pasado. Y como toda vuelta al pasado, no tardarán en mostrarse agotadas e inviables. ¿Por qué? El problema reside en que la propuesta “industrializadora” de Kirchner se asienta sobre una situación artificial de devaluación y cierre del mercado. El crecimiento del empleo que permite la producción industrial está asentado en un retroceso de los medios técnicos empleados, en viejos talleres con maquinaria obsoleta cuyo futuro es más que incierto (ver el artículo de Marina Kabat en El Aromo nº 11, Junio de 2004). Una educación que pretende adaptar la fuerza de trabajo a una situación obsoleta no puede ser sino una educación obsoleta: lo que el proyecto de Ley Técnica viene a crear no son las “nuevas competencias tecnológicas” sino viejos oficios y saberes (torneros, plegadores, costureras, etc.). Este modelo de industrialización ya está llegando a los límites de su capacidad productiva, en el preciso momento en que las políticas educativas se aprestan a responder a sus demandas de “calificación”. Incluso, en el preciso momento en que el crecimiento económico comienza a transitar por la expansión del capital intensivo, que tiene una débil capacidad de creación de empleo. Esta reforma de la Reforma nació muerta.

En realidad, todo el asunto tiene más que ver con las necesidades ideológicas del capitalismo argentino post-Argentinazo que con una supuesta renovación de la escuela argentina.

El gobierno de Kirchner es bonapartista. Como tal, debe reconstruir el poder de la burguesía a la que representa luego de la crisis del 2001. Uno de los puntos sobre los que debe avanzar es en el freno a la movilización popular. Como todo burgués, debe reconstruir la hegemonía de la clase dominante mediante la coerción y el consenso. Para la primera, utiliza todos los elementos a su alcance para la criminalización de la protesta. Los docentes de la provincia de Buenos Aires, que encabezaron una importante lucha hacia el fin del ciclo lectivo 2004 lo saben bien (¿cómo olvidar las amenazas del Gobernador Solá, y de su Ministro de Educación, Oporto, de quitar la personería jurídica al Suteba?). Para la segunda, la escuela es el elemento por excelencia. Recordemos. ¿Qué se propone la Ley de Educación Técnica? Recuperar la “cultura del trabajo”. El problema es que no existe trabajo en abstracto, existe el trabajo capitalista. Reivindicar la “cultura del trabajo” es reivindicar la explotación capitalista, porque el trabajo no existe, en esta sociedad, bajo otra forma. La escuela debe, entonces, colaborar en el re-disciplinamiento de la población obrera, una fracción de la cual llegó a creer, bajo la forma de movimiento piquetero, que otra salida era posible. Es necesario, para Kirchner y para la burguesía argentina, matar toda ilusión en que el trabajo capitalista puede ser superado por otra organización social. No queda otra que arrojarse con desesperación a las miserables oportunidades de empleo, sin protestar, porque mi destino es el destino de la empresa. Se trata, sí, de ajustar la educación para salvar a la burguesía de la crisis económica, pero se trata, mucho más todavía, de recrear la convicción de que el trabajo capitalista es la única forma de existencia posible.

Desde el campo centroizquierdista ya se han alzado voces contra el proyecto de Ley. En el caso de CTERA, partícipe en la elaboración del mismo, la denuncia viene por el lado del “encuadre”. La crítica se dirige a “la pretensión de enmarcar este proyecto de ley en la Ley Federal de Educación” porque “la educación técnica que necesita el país debe ir de la mano de la educación en su conjunto”. No se oponen al contenido porque ellos mismos, los supuestos representantes gremiales de los trabajadores docentes, tomando el programa de la burguesía, señalan que una Ley Nacional de Educación debe “rescatar el valor pedagógico del trabajo”, “un programa permanente de actualización” y “respetar los lineamientos del desarrollo sustentable”. Los dos primeros puntos que “reclama” CTERA, el valor pedagógico del trabajo y la actualización permanente, se encuentran presentes tanto en la Ley Federal como en el Congreso Pedagógico, su antecesor más inmediato. Cuando CTERA defiende el “desarrollo sustentable” no hace otra cosa que pedir una correcta administración de la pobreza, es decir, seguir el mismo carro burgués que nos trajo donde estamos. Cuando reivindica el valor “pedagógico” del trabajo, no hace más que defender el valor de la “cultura del trabajo”. Se trataría, entonces, de volver al 17 de octubre. Distinta es la posición de los compañeros de Tribuna Docente. En su trabajo Las Reformas Capitalistas de la Educación en la Argentina y en el Mundo (Tribuna Docente, Bs. As., Diciembre 2004)desarrollan la hipótesis de que el gobierno está “destruyendo” la “educación” con sus políticas “antieducativas”. Decir eso equivale a afirmar que la burguesía está destruyendo a la sociedad, lo cual no está del todo mal, porque efectivamente eso hace, transformada en una clase parásita y retrógrada. Pero puede llevar a la creencia falsa de que lo único que la burguesía quiere hacer con la educación es “destruirla”, que no tiene ninguna tarea que asignarle. Y eso es falso. El sistema entra en crisis cada vez más agudas por su propia lógica y utiliza diferentes estrategias para superarlas. La escuela es todavía una herramienta fundamental en la dominación burguesa y la clase dominante no puede prescindir de ella. Por eso la burguesía cambia de estrategia en la cuestión educativa, pero nunca se desentiende del problema. No se trata de “educación” o “anti-educación”: el gobierno no imparte políticas “anti-educativas” sino educación burguesa, lisa y llanamente, con la forma que corresponde a sus necesidades políticas. Tribuna se propone luchar por la “re nacionalización de la educación” (ver texto de Romina Del Pla en el trabajo citado). Se trataría, entonces, de pedirle al Estado burgués que vuelva a centralizar, como en sus mejores épocas, la educación. No está mal en términos de reivindicación general, pero sin incluir en la lucha los elementos ideológicos no se avanza mucho contra el conjunto de las políticas educativas del gobierno. Se plantea, en el mejor de los casos, una lucha meramente sindical. Si no incluimos en la política revolucionaria la disputa por los contenidos educativos y sólo reivindicamos una educación “de calidad” para todos, con suerte habremos vuelto a Sarmiento. Es decir, a la burguesía progresista. Tribuna exige un “Plan Educativo Nacional que tome los conocimientos básicos que los alumnos necesitan […] un criterio educativo básico para todo el país, no importa donde viva el alumno, porque justamente tiene que ver con el acceso más o menos común a un mismo nivel de conocimientos básicos”. Está bien, pero ¿con qué contenidos? El “conocimiento” que necesita el alumno obrero es conciencia de clase y eso se logra, entre otras cosas, luchando por que los contenidos en la escuela sean decididos por el conjunto de los trabajadores y sus hijos. No debemos pelear por “educación” sino por “educación revolucionaria”. Eso sería educar según los intereses de los alumnos (obreros). Esa es la misión de la educación piquetera.

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