La política en el Teatro

Bertolt Brecht
Poeta y dramaturgo
(1898-1956)

El teatro político

El teatro que en nuestro tiempo hemos visto convertirse en teatro político, no había sido político con anterioridad. Enseñaba a mirar el mundo tal como las clases dominantes querían que se lo mirase. […] El teatro de un Ibsen, un Antoine, un Brahm, un Hauptmann, era sentido precisamente como un teatro político. Sin embargo, este cambio de función del teatro no tocó a lo hondo, dado que ninguno de estos hombres cuestionó los fundamentos de la sociedad y todo se limitó a tomar en consideración algunas modifi caciones. Sólo cuando una nueva clase –el proletariado- reclamó el poder en algunos países de Europa, alcanzándolo solamente en uno de ellos, nacieron teatros que fueron realmente instituciones políticas. La nueva clase que reclamaba el poder o que ya lo poseía, no se conformó –en su calidad de nueva clase diferente de todas las anteriores- con ejercer su control sobre el teatro, sino que también puso el mundo en manos de sus espectadores, convirtiéndolo en sede de ilimitada acción política. A partir de entonces el mundo debía ser presentado como un mundo en vía de permanente evolución, sin que esta evolución se viese trabada por límites impuestos por los intereses de ninguna clase social. La actitud pasiva del espectador, correspondiente a la pasividad de la mayoría del pueblo en todos los órdenes de la vida, dio paso a una actitud activa, o sea que para el nuevo espectador el mundo debía ser presentado como un mundo enteramente a disposición suya y de su actividad.

Para nuestros dramaturgos resulta imposible aprovechar la moral individualista de la época burguesa. Aquella máxima que dice: “Trata a cada uno como quieras que cada uno te trate a ti” no proporciona ya efi caces normas de comportamiento. ¿Acaso debemos decir a nuestros espectadores proletarios: “Proletario, trata a los proletarios como los tratarías si fueses burgués, pero además del mismo modo que ellos querrían ser tratados si fueran burgueses”? La acción del proletario revolucionario difícilmente puede convertirse en norma de acción para los demás hombres.

Pequeño órganon para el teatro

17) […] La razón de que las nuevas formas de pensar y sentir no penetren efectivamente en las grandes masas humanas, hay que buscarla en el hecho de que las ciencias, tan efi caces en la explotación y el sometimiento de la naturaleza, se ven trabadas precisamente por la clase que le debe su dominio, o sea la burguesía, la cual les impide trabajar dentro de un territorio que yace aún bajo las sombras, es decir, el de las relaciones de los hombres entre sí en la explotación y sometimiento de la naturaleza. Esta ocupación, de la que dependían todas las demás, fue ejecutada sin que los nuevos métodos de pensamiento que la posibilitaban pusiesen en claro las recíprocas relaciones de los que la llevaban a cabo. El nuevo enfoque de la naturaleza no fue dirigido también sobre la sociedad.

18) A decir verdad, las relaciones recíprocas entre los hombres se han hecho más confusas que nunca. La gigantesca empresa común en la que están comprometidos parece separarlos cada vez más; los aumentos de la producción ocasionan aumentos de la miseria, y en la explotación de la naturaleza sólo algunos pocos salen gananciosos, y ello en virtud de que explotan a los demás hombres. Lo que podría ser el progreso de todos conviértese en la ventaja de algunos pocos, y una parte siempre creciente de la producción es empleada para crear medios de destrucción destinados a poderosas guerras. […]

19) Los hombres actuales están frente a sus propias empresas en la misma actitud que los hombres de épocas pasadas adoptaban frente a las imprevisibles catástrofes de la naturaleza. La clase burguesa, que debe a la ciencia su impulso de prosperidad, al cual supo transformar en dominación, convirtiéndose en única usufructuaria, sabe muy bien que el enfoque científi co dirigido sobre sus propias empresas signifi caría el fi n de su dominio. Así, la nueva ciencia, que se entiende con la esencia de la sociedad humana y que fue fundada hace aproximadamente unos cien años, fue fundada en la lucha de los trabajadores, cuyo elemento vital es la producción masiva; desde allí las grandes catástrofes fueron divisadas como empresas de los poderosos.

20) Pero la ciencia y el arte coinciden en que ambos existen para aligerar un poco la vida de los hombres: una atiende al sustento, el otro al entretenimiento. En la época que se avecina, el arte extraerá el entretenimiento del fondo de la nueva productividad, la cual puede mejorar tanto nuestro sustento material y que, así que actúe sin trabas, podría convertirse en el mayor de todos los placeres.

21) En caso de que queramos entregarnos a la poderosa pasión de producir, ¿qué aspecto han de presentar nuestras reproducciones de la convivencia humana? ¿Cuál es la actitud creadora frente a la naturaleza y frente a la sociedad, que nos cabe adoptar a nosotros, hijos de una época científi ca, en lo referente al teatro que nos interesa?

22) La actitud es una actitud crítica. […] Nuestras imágenes reproductoras de la convivencia humana las elaboramos para los que canalizan ríos, para los fruticultores, los constructores de vehículos de transportes y los reformadores de la sociedad, a quienes invitamos a nuestro teatro y a quienes rogamos que en nuestra casa no olviden sus intereses más queridos, a fi n de entregar el mundo a sus cerebros y a sus corazones, para que los transformen conforme a su buen saber y entender.

23) […] Un teatro que hace de la productividad la fuente principal de entretenimiento, forzosamente tiene que hacerla su tema preferido, y con celo muy especial en los días que corren, en que por dondequiera el hombre se ve obstaculizado por los mismos hombres de producir para sí, es decir, de pescar su propio sustento, e impedido de divertirse y de divertir a otros. El teatro tiene que comprometerse con la realidad, a fi n de poder elaborar las más efi caces reproducciones de la realidad.

24) […] Porque si bien no se lo puede abrumar con toda clase de material de conocimiento, con lo cual dejaría de ser placentero, queda en libertad de procurarse placer a través de la enseñanza y la investigación. […] Resultan, por lo tanto, entretenidos con la sabiduría que surge de la solución de los problemas, con la cólera en que puede convertirse la piedad hacia los oprimidos, con el respeto que se tiene por todo lo respetable del hombre, es decir, de lo humano; en suma, con todo lo que puede deleitar a los que producen.

25) […] Libremente puede gozar la sociedad del espectáculo soberbio que ofrece un torrente desatado hasta la catástrofe, siempre y cuando pueda dominarlo, porque entonces ya le pertenece.

26) Para llevar a cabo semejante empresa no es posible que dejemos el teatro tal como lo hemos encontrado. […]

28) Todo cuanto importa a los espectadores de esos establecimientos es el poder trocar un mundo lleno de contradicciones en un mundo armonioso, un mundo especialmente no conocido por un mundo soñable. […]

31) O sea que los teatros continuaron siendo lugares de diversión de una clase que tenía sujeto el espíritu científi co al solo dominio de la naturaleza, sin atreverse a librarlo al dominio de las relaciones humanas. Pero el ínfimo sector proletario del público, robustecido insegura y superfi cialmente por la tarea del grupo intelectual apóstata, siguió necesitando del antiguo modo de entretenimiento que le hacía más llevadera su inmutable modalidad de vida.

32) ¡Sigamos adelante, sin embargo! ¡Así caídos como en plena lucha! Evidentemente hemos entrado en una lucha, ¡pues entonces luchemos! ¿No hemos visto acaso de qué modo la falta de fe ha trasladado montañas? ¿No es bastante con que hayamos descubierto que injustamente se nos oculta algo? Delante de esto y de esto otro se ha tendido una cortina… ¡Descorrámosla!

33) El teatro, tal como lo encontramos, muestra la estructura de la sociedad (reproducida allí sobre la escena) como algo no influenciable por obra de la sociedad (presente en la sala). […] ¡Por dondequiera vemos sacrificios humanos! ¡Bárbaras diversiones! Ya sabemos que también los bárbaros tienen su arte. ¡Hagamos nosotros el nuestro!

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