La podredumbre de un régimen contra los estudiantes

El día martes 8 de agosto un grupo de alumnos y miembros de los Centros de Estudiantes del Normal 4 (Secundario y Terciario) y del Liceo 2 cortaron las calles Rivadavia y Ambrosetti en reclamo por la aparición inmediata de Nadia Rojas. Nadia, de 14 años, estudiante secundaria de la EEM N°1, de Villa Lugano, permanece desaparecida por segunda vez desde el 3 de agosto. En efecto, Nadia denunció que había sido capturada por una camioneta blanca, lo que evidentemente involucraría a una red de trata. Minutos antes de que los estudiantes cortaran las calles vieron ingresar al establecimiento educativo a dos policías, quienes pretendían que les avisaran sobre el horario de inicio del corte para “cuidarlos”. Ambos hechos ponen de manifiesto, en primer lugar, la responsabilidad del Estado por la desaparición de Nadia, la podredumbre de una sociedad patriarcal; y, en segundo, el accionar represivo del aparato policial contra nuestros derechos como estudiantes. En resumen, se trata de un síntoma de la descomposición de un régimen social, tendencia contra la cual los estudiantes tenemos que dar una gigantesca batalla.

 

Mujer, menor, estudiante, embarazada, obrera y dos veces desaparecida

 

El 12 de junio, Nadia no llegó a la escuela. Fue su primera desaparición. A partir de ese momento, sus compañeros y docentes, junto a organizaciones sociales, comenzaron a manifestarse en reclamo por su aparición inmediata. Un mes después, el 11 de julio, Nadia apareció en la zona de Parque Patricios. Todas las sospechas apuntan a que se trataría de un secuestro por una red de trata. Sobre todo porque el de Nadia no es el primer caso en el cual una estudiante de ese mismo colegio y zona desaparece.

En efecto, la Red de Docentes, Familiares y Organizaciones del Bajo Flores lleva contabilizados, sólo entre 2016 y lo que va de 2017, unas 22 denuncias por alumnas desaparecidas de escuelas públicas de los barrios de Villa Lugano, Villa Soldati, Bajo Flores y otros de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Una de esas desapariciones fue la de Layla Nayeli Sainz Fernández, estudiante secundaria del Normal 4, de 14 años, quien, mientras denunciaba su primera captura por parte de una red de trata en el año 2015, resultó nuevamente secuestrada y golpeada. Es decir, la amedrentaron para que no hablara. A ella, sí, pero también, a toda una generación de pibas, pues cuando estos grupos quieren dejar un mensaje, lo hacen para todas las chicas, sembrando el temor y el miedo.

El caso de Nadia, incluso, llegó a los medios de comunicación de la peor manera. Los medios, en connivencia con la justicia y las dependencias estatales, se encargaron de insinuar la posibilidad de que Nadia se hubiera escapado de su casa, por problemas con su madre y su familia. Es más, ¡se llegó a publicar una escucha telefónica! Violentando toda privacidad de, otra vez, una piba de 14 años. Un llamado telefónico de Nadia, del cual se nutre la justicia a partir de la intervención del teléfono de su familia, muestra que aquél se habría realizado para decirle a su mamá que retire la denuncia sobre su desaparición y que le alcance, en un lugar que acordarían luego, un par de zapatillas y un pantalón de jean.

Cabe destacar que, en esa escucha puede oírse el relato de una nena (probablemente Nadia, aunque no hay ninguna garantía de que se trate de ella) según el cual estaría trabajando en una pizzería como mesera cuyo patrón le estaría pagando unos mil pesos por semana, razón por la cual estaría alquilando un departamento. Suponiendo que esto fuera cierto, estaríamos en presencia de una menor de edad (o sea, trabajo infantil), que percibiría unos 4500 pesos mensuales (¿quién puede vivir con esto y alquilar un departamento? ¿En qué condiciones?). O bien, podría tratarse de una red de trata o un narco que la usara para vender droga, que estuviera amenazando a Nadia para que llame y diga que se encuentra bien. A esta altura de los hechos, todo es posible, pues Nadia aún no aparece.

Lo cierto es que los medios de comunicación crean una situación de incertidumbre y, a la vez, consensos. Consensos que reflejan a través del sentido común la ideología machista de una sociedad patriarcal. Que van mucho más allá del caso de Nadia. Se crea, de este modo, una imagen según la cual una piba se habría ido de su casa, probablemente con su novio, o sea, todo se reduce a una cuestión sexual. La “nena”, insinúan, que quiere ser “mujer” y perder su castidad. O bien, nos dicen, “mirá como se viste, con esos pantalones ajustados”. De aquí a la justificación del “por algo será que se fue…” hay un solo paso, siempre en el terreno del sentido común. Incluso, muchas veces la misma policía utiliza estos argumentos en las comisarías cuando las madres denuncian la desaparición de sus hijas. La ideología machista justifica, de este modo, una sociedad patriarcal donde la mujer (sea o no menor de edad) es víctima de las peores aberraciones. Y los medios, en lugar de esperar a que se aclaren los hechos e incluso abonar en ese sentido, reproducen esta ideología ya sea para desdramatizar lo que de por sí es un verdadero drama (la desaparición de una chica de 14 años) y para desmovilizar. No olvidemos que el accionar judicial en estos casos sólo se acelera cuando la fuerza de la lucha en las calles coloca el problema a la orden del día.

Luego de un mes sin saber nada, Nadia apareció. La justicia ya había intervenido en el caso y la alojaron en un hogar dependiente de la Dirección General de la Mujer, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, los médicos constataron que Nadia estaría embarazada, más aún, que habría quedado embarazada durante su desaparición. Otra vez, de esto nos enteramos por los medios de comunicación. Una vez instalada en el hogar, Nadia relató al cuerpo de psicólogos que había sido secuestrada en una Traffic blanca y violada.

El jueves 3 de agosto, Nadia se habría fugado de la dependencia (o la habrían secuestrado nuevamente, no lo sabemos). Es decir, el Estado, que debía contenerla, no la cuidó. Los mismos trabajadores de la Dirección General de la Mujer denunciaron la falta de personal y la ausencia de profesionales idóneos para la tarea, situación que habilita a pensar cualquiera de las opciones. Dicho de otra manera, la dependencia del Estado no se encuentra en condiciones para proteger a las víctimas.

Independientemente de los hechos y lo que efectivamente haya sucedido, pues a esta altura del partido todo lo que se intenta aclarar oscurece más los acontecimientos, estamos en presencia de una persona, una chica, menor de edad, que hoy se encuentra desaparecida, por quien no se respetaron sus derechos más elementales y quien no tuvo ninguna garantía ni resguardo por parte del accionar judicial ni del Estado. Estamos hablando de una piba de 14 años, embarazada, vulnerable, susceptible de sufrir cualquier peligro en las calles, que quien sabe bajo qué condiciones se encuentre en este momento. Una chica que, como tantas otras, probablemente se encuentre envuelta en una red de trata o algo similar. Por ello, urge la necesidad de que Nadia aparezca, que aparezca con vida, y que se aclaren los hechos. Porque no queremos que haya otro caso como el de Anahí Benítez.

 

Nosotros reclamamos y la policía reprime

 

Mientras los alumnos y miembros del Centro de Estudiantes del Normal 4 reclamaban por la aparición de Nadia, dos policías ingresaron en el colegio. Otro de los tantos atropellos del accionar policial que ocurren cotidianamente en las escuelas. Y no es un dato menor: la policía entró en el establecimiento inmediatamente antes de que comenzara la manifestación, es decir, previo a una medida de acción directa para reclamar contra el accionar judicial. Cabe destacar que no había ninguna razón para que el personal policial ingresara, muy a pesar de sus argumentos según los cuales estaban allí para garantizar la seguridad por el corte de calle.

Hasta el momento, no hay ningún impedimento legal para que la policía ingrese en los colegios públicos secundarios. Una situación que se distancia de las normativas que rigen en las universidades pues, en estas últimas, el personal policial tiene prohibida la entrada. Con toda la historia que hay detrás del accionar del aparato represivo contra los estudiantes, la presencia de un policía en un establecimiento educativo no es poca cosa ni algo que pueda tomarse a la ligera. Baste recordar la represión contra los estudiantes universitarios durante la “noche de los bastones largos” en el ’66, el asesinato de Juan José Cabral en Corrientes en 1969, o bien, “la noche de los lápices”, en 1976, donde varios estudiantes secundarios fueron secuestrados y posteriormente asesinados por las fuerzas del orden.

Hoy, al igual que ayer, también nos reprimen. En mayo de este año un grupo de alumnos de la Escuela Media Nº1 “Carlos Fuentealba”, de la localidad de Berisso, concentró en la puerta de la Municipalidad en reclamo por mejoras edilicias. La respuesta de la policía fue la represión lisa y llana. Los efectivos golpearon a compañeros estudiantes, todos ellos menores de edad, justamente para dispersar el acto.

En el interior de los colegios, la policía también amedrenta y comete atropellos. En abril de este año, la policía ingresó en el Mariano Acosta, en un momento en el cual los alumnos organizaron una clase pública, dentro del establecimiento, en el marco del conflicto docente en plena discusión paritaria. Incluso, la rectora fue expulsada del colegio (le “adelantaron” su jubilación), luego de denunciar el ingreso de la policía. En este caso, como vemos, las autoridades se alinean con los estudiantes. Pero no sucede esto en todos los casos. Un día después de lo ocurrido en el Mariano Acosta, la policía ingresó en la Técnica N°27, otra vez, para amedrentar a los alumnos y a los miembros del Centro de Estudiantes, quienes organizaron una sentada dentro del establecimiento, en pleno debate paritario docente. Nuevamente, la presencia policial tuvo como objetivo desactivar la acción. Aquí, los directivos del colegio fueron denunciados en más de una oportunidad por el Centro de Estudiantes porque, permanentemente, boicotean la organización, incluso con notas en los cuadernos de comunicaciones para que los padres se aseguren de desestimar todo tipo de acercamiento de sus hijos a la acción organizada.

 

Estudiantes a luchar

 

Como estudiantes que somos, nos debemos una gigantesca batalla contra la podredumbre de este régimen social que nos condena a todos. Porque queremos que aparezca Nadia y no queremos que ocurran más casos como el de Anahí. Porque en ambos casos, se trata de personas desaparecidas y, en el caso de Anahí, de un femicidio. Porque a nuestras compañeras, la sociedad patriarcal las coloca en un lugar de víctimas de las peores aberraciones humanas y porque la ideología machista justifica cualquier cosa. Por esto, además, debemos dar una batalla e impedir que la policía nos reprima. Nos quieren hacer callar. No queremos que ingresen a nuestros colegios para amedrentarnos. Es más, los medios, de algún modo, crean consensos y situaciones de cara a bajar la edad de imputabilidad. Nos provocan para que reaccionemos. No queremos ser chivos expiatorios de toda esta podredumbre social. Somos estudiantes y tenemos derechos. Y también sabemos que si nos organizamos podemos avanzar contra estas tendencias a la descomposición de un régimen. Por todo esto,

-Exigimos la aparición urgente de Nadia.

-Exigimos todo el resguardo de su integridad física, psicológica y que se respeten sus derechos.

-Que la justicia acelere el esclarecimiento de los hechos.

-Repudiamos el accionar policial y su ingreso en el Normal 4, en el Mariano Acosta y en todos los colegios.

-Nos solidarizamos con los estudiantes y miembros del Centro de Estudiantes.

-Basta de ingresos de la policía a los colegios.

-Basta de vulnerar nuestros derechos.

RED DE AUTODEFENSA JUVENIL

Razón y Revolución

 

 

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