La patria exportadora. La fundación de COPAL y la estrategia de la agroindustria – Nahuel Peloche

COPAL reunió a un conjunto de empresarios descontentos con la política económica del tercer gobierno peronista.
La agroindustria, que por su ligazón con el sector primario goza de una competitividad de la que carecen otras ramas
industriales, no solo no recibía la misma magnitud de subsidios, reembolsos y reintegros, sino que se veía perjudicada por medidas como el control de precios.

 

Nahuel Peloche

Grupo de Investigación de la Burguesía Argentina 


 La Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios, Bebidas y afines (COPAL) es la cámara que nuclea a las empresas más importantes de la industria de la alimentación, como Arcor, Mondelez, Pepsico y Unilever, o las aceiteras General Deheza y Cargill. A pesar de tener pocos años de existencia, ha logrado una influencia significativa en ámbitos políticos, acorde a un sector que aporta buena parte de las exportaciones industriales de la Argentina. COPAL ha sido un actor de peso en la interna de la UIA y, sin ir más lejos, en la última elección le disputó la presidencia palmo a palmo a Techint. A pesar de ello, hasta ahora nadie ha indagado en los orígenes de esta entidad. En esta nota intentaremos cubrir esta falencia reconstruyendo sus posiciones y su intervención política al momento de su fundación, en 1975. Veremos sus críticas a la política económica peronista y las razones que la llevaron a confluir en la alianza que impulsó el golpe del `76. Y sobre todo, intentaremos demostrar que desde sus inicios COPAL esbozó una estrategia político-económica distinta a la del resto de la gran industria, que hoy se hace palpable en su enfrentamiento con Techint.

 

¿Quiénes son?

 

La fundación de COPAL, en abril de 1975, fue una iniciativa de algunas empresas y cámaras provenientes de la UIA. Según el Acta Constitutiva, inicialmente integraban la Coordinadora unas 27 cámaras de diferentes ramas vinculadas a la agroindustria, que agrupaban a los productores de dulces y conservas, té y café, bebidas alcohólicas y sin alcohol, lácteos, aceites y golosinas. Más de la mitad de ellas estaba radicada en el interior del país, especialmente en provincias como Mendoza, Córdoba y Santa Fe, donde las críticas a la conducción de la UIA eran más agudas. Entre sus dirigentes se encontraban representantes de capitales importantes que habían ocupado puestos en la dirección nacional de la UIA. Entre ellos Enrique Eskenazi, primer presidente de COPAL y directivo de Bunge y Born; Martín Noel, de la empresa Noel S.A., que ocupó puestos dirigentes en la UIA y en el Consejo Empresario Argentino (CEA) en los años ’60 y ’70; y Federico Padilla, de la productora de bebidas alcohólicas Guillermo Padilla Ltda., que fue vocal de la UIA entre 1973 y 1974. Tras ellos se ubicó una segunda línea de dirigentes regionales de la UIA, como Hugo D’Alessandro, directivo de Arcor, Simón Bestani, de la fábrica de conservas mendocina INCA y Héctor Biolcati Magnasco, el padre del actual dirigente de la Sociedad Rural Hugo Biolcati, que representaba a la industria láctea cordobesa.

 

Los reclamos

 

Buena parte de los reclamos del sector alimenticio entre 1973 y 1975 coincidieron con las quejas del resto de los industriales hacia la política económica peronista. Desde 1973, los cuestionamientos giraron en torno a la política de congelamiento y control de precios, que no les permitía a los empresarios trasladar los aumentos de costos al valor final de los productos. Hacia 1974 se sumaron los cuestionamientos a las restricciones a las importaciones de materias primas e insumos, con los que el gobierno buscaba evitar una nueva crisis de balanza de pagos. Ya entrado 1975 se multiplicaron los reclamos contra la “indisciplina laboral”, uno de los caballitos de batalla de la burguesía para justificar su apoyo a una intervención represiva sobre el movimiento obrero.[1] Sin embargo, durante ese período, las alimenticias también esgrimieron reclamos específicos, distintos a los del resto de los industriales. Estos reclamos son los que explican la constitución de una entidad corporativa propia, la COPAL, que les otorgaba un ámbito desde donde elevar sus exigencias.

Para quienes constituyeron COPAL algunos rasgos de la política económica peronista resultaban particularmente perjudiciales. Uno de los problemas que dio lugar a constantes reclamos era la forma en que se aplicaba la política de control de precios hacia los productos alimenticios, que integraban la canasta básica. Los precios fijados en 1973 tras la firma del Pacto Social se fueron reajustando acompañando el aumento de la inflación. Sin embargo, los reajustes no eran automáticos: cada empresa debía solicitarlos con su debida justificación, y luego el Gobierno resolvía si los aplicaba o no. Pero según denunciaron algunos de los futuros integrantes de COPAL, este solía demorar e incluso denegar los aumentos solicitados por las alimenticias, para evitar conflictos políticos.[2] Estos empresarios se quejaban de estar siendo “discriminados” en relación a otras ramas. Pero no era ese el único problema. Así como se aplicaban políticas para mantener los precios a raya, también se concedió a los industriales muchos beneficios de la mano de las políticas de subsidios y promoción industrial. Sin embargo, aquí nuevamente la agroindustria sería víctima de la “discriminación”: mientras que toda la industria se beneficiaba de las medidas proteccionistas, ellos no accederían a los mismos beneficios. Un ejemplo son las políticas de reintegro y subsidio a las exportaciones industriales, abundantes en el resto de las ramas y escasas para la agroindustria, que merced a una competitividad “heredada” del agro pampeano, podía exportar sin apoyo estatal.

Este tipo de reclamos constituyó a las alimenticias en opositoras tempranas a la política de concertación promovida por el peronismo. El resto de los industriales, aunque hacían públicas sus quejas, en los hechos apoyaron al Gobierno hasta el fracaso del Rodrigazo. La UIA había respaldado el Pacto Social en 1973. De hecho, su apoyo a esta política la llevó a iniciar un acercamiento a la CGE, la corporación de los pequeños industriales presidida por Gelbard, ministro de Economía de Cámpora y Perón, e impulsor del Pacto Social. Ese acercamiento culminó en una fusión entre la UIA y la CGE, que conformaron la Confederación Industrial Argentina (CINA) en 1974. Hacia 1975, aunque la convivencia entre los grandes industriales provenientes de la UIA y los que venía de la CGE no pasaba por su mejor momento, los primeros no atinaban a sacar los pies del plato. Cansados una dirigencia que no representaba adecuadamente sus intereses, las alimenticias dieron un paso al frente en abril de 1975 y constituyeron COPAL.


Por la senda del golpe

 

Desde el momento de su creación, COPAL se definió como una entidad opositora al gobierno peronista y su política económica. Su propia constitución, mientras primaba la concordancia entre pequeños y grandes industriales dentro de la CINA, es un hecho político. Con la asunción de Celestino Rodrigo en junio de 1975, que a contramano de la política promovida por la CGE intentó aplicar un violento ajuste, COPAL plantó bandera en favor del ministro. En la Memoria y Balance de Noel y Cía. se lee:

 

“[…] en junio de 1975, la agobiante realidad nacional se pone de manifiesto a través de un informe objetivo y exhaustivo dado a conocer por el propio ministro de Economía de la Nación. Se inician simultáneamente una serie de acciones destinadas a remediar los efectos de una política excesivamente intervencionista e inelástica, totalmente contrarias a los intereses nacionales y a la coyuntura internacional. Tan sanos propósitos no pudieron, sin embargo, concretarse más que parcialmente, ya que se vieron prontamente anulados por inusitadas y desproporcionadas mejoras salariales emanadas de las Convenciones Colectivas […]”[3].

 

Mientras uno de los principales dirigentes de COPAL sentaba una clara posición, la CINA se debatía en internas. La gran industria bregaba por que la entidad respaldara el nuevo programa económico, mientras que la dirigencia proveniente de la CGE salía a condenarlo. Finalmente el plan fue abortado por la resistencia obrera, y la gran burguesía rompió definitivamente sus lazos con el peronismo para lanzarse a impulsar el golpe de estado. Los grandes capitales constituyeron APEGE, que canalizó la ofensiva golpista. COPAL se integró a ella en diciembre de 1975 y participó activamente del lock out de febrero de 1976, que selló la suerte del gobierno de Isabel Perón. Las alimenticias volvían a confluir con la gran industria para impulsar el golpe de marzo de 1976.

 

Conclusión

 

Como hemos visto, en sus orígenes COPAL reunió a un conjunto de empresarios descontentos con la política económica del tercer gobierno peronista. La agroindustria, que por su ligazón con el sector primario goza de una competitividad de la que carecen otras ramas industriales, no solo no recibía la misma magnitud de subsidios, reembolsos y reintegros que sus pares, si no que se veía particularmente perjudicada por medidas como el control de precios. Por esa razón, las alimenticias se opusieron tempranamente a la política de concertación de los industriales con el gobierno. Es claro que, aunque finalmente terminan confluyendo, su estrategia no era la misma que la de los industriales liberal-desarrollistas, que se beneficiaban de la protección estatal. Esa estrategia, que tímidamente se esbozó en los orígenes de COPAL, apareció en forma acabada este año, cuando la agroindustria le disputó a Techint la conducción de la UIA.[4] Mientras el candidato de COPAL, Daniel Funes de Rioja, bregaba por una mayor integración del país con China, para obtener mayores facilidades al ingreso de productos alimenticios al mercado asiático, Techint se opuso. Es que la prenda de cambio para convertir a la Argentina en el “supermercado del mundo” es una mayor apertura a las importaciones chinas, con la que Techint y sus socios salen perdiendo. Ahora sí, cuando se trata de doblegar a la clase obrera, como en marzo del ’76, esas diferencias pasan a un segundo plano.

[1]Ver por ejemplo BBCBA, 11/7/1974 y 3/4/1975; Mercado, 28/8/1975.

[2]Mercado, 28/8/1975.

[3]BBCBA, 2/6/1976.

[4]Ver Sanz Cerbino, G.: “Una nueva grieta”, en El Aromo Nº 98, disponible en https://goo.gl/c6seJ9.

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