¿La patria en peligro?

El pasado 25 de mayo tuvo lugar en el Obelisco un acto bajo la consigna “La patria en peligro”, para repudiar las negociaciones del gobierno de Macri con el FMI. La convocatoria partió de una serie de actores como Pablo Echarri y Nancy Duplá, esos millonarios que amasaron algunos millones más con Néstor y Cristina. Y fue seguida por sindicatos kirchneristas como SUTEBA, que parecen descubrir ahora que la inflación se lleva nuestros salarios; por organizaciones vinculadas al Papa, como la CTEP, que le debe a Cristina el haber cajoneado el proyecto por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito; y a referentes de los DD.HH, como Estela de Carlotto que sostuvo a Milani.

En un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, el acto muy claramente tenía por objetivo exaltar el patriotismo. Si sos patriota, si realmente querés a tu país, tenés que venir con todos nosotros a cantar el himno para evitar que Macri pacte con el gran enemigo, el extranjero, el archienemigo FMI. Esa era la idea. Lo primero que uno podría pensar ante semejante situación es que, si el enemigo es todopoderoso, no se entiende como se lo puede combatir cantando… Pero sería una pregunta inútil, porque en el fondo todo era una apuesta electoral del kirchnerismo de cara a 2019. Lo realmente importante, está en otro lado.

Vayamos por partes. ¿Qué es la patria? Si recuerda compañero, esto lo explicamos en LHS nº 10. Repasémoslo brevemente. La palabra patria remite a la casa familiar, al lugar de todos que encabeza el padre. La analogía es obvia: tu país es tu casa, y por tanto, hay que defenderla como se defendería a la propia familia. Sin embargo, ya lo sabemos, no existe el “todos” como algo único. Existen clases. Un país capitalista es el país de la burguesía, es el espacio en el que los patrones se aseguran la explotación de sus trabajadores. En definitiva, la Argentina no es nuestra, es de los dueños de las fábricas, de las máquinas, de los campos, de los dueños de todo.

Segunda pregunta, ¿está la patria en peligro? Sí, sin dudas. Pero hay que aclarar algunas cuestiones. No se trata, como dice el kirchnerismo y casi toda la izquierda, que el peligro provenga del FMI y sus “maquiavélicos” planes de ajuste. De hecho, esos planes no son más que la continuidad del ajuste que hizo Cristina ayer y Macri hoy.  El Fondo no viene a arrasar con el país. Al contrario, viene a traer plata para sostenerlo, para que se mantenga su estructura económica. Viene a salvar a la Argentina capitalista. Lo explicamos en otra nota de este mismo número.

Lo cierto es que el país marcha rumbo a su desaparición. La Argentina vive de crisis en crisis, cada siete o diez años estalla alguna (piense: 1975, 1982, 1989, 2001, 2013). Y cada vez nuestra vida, la de los laburantes, se degrada más y más. Vivimos, a la salida de cada crisis, peor que antes. Y cada vez al capitalismo argentino le sobra más gente, no puede garantizarle lo mínimo e indispensable. Puede parecer lejano, pero nuestro horizonte real es África, es decir, un país donde el grueso de la población muere hambreada y falta absolutamente todo. “¿Pero cómo va a desaparecer la Argentina? Está exagerando”, pensará. No se crea, desapareció el Imperio Romano y la Unión Soviética, por qué no va a desaparecer algo tan insignificante, en comparación, como este país.

Pasemos todo en limpio. La Argentina está cuesta abajo. Quienes la empujan por esa pendiente son los capitalistas, la clase que nos viene gobernando hace 200 años. Y no hay patrones buenos y patrones malos. Cristina no es mejor que Macri, ni nuestra vida cambia porque se acuerde o no con el FMI. El Frente Anti-Macri, eso que se quiso presentar en sociedad el pasado 25 de mayo, no tiene nada para darnos a los laburantes. O sí: más de lo mismo, es decir, miseria, hambre y palos. Si queremos vivir una vida que realmente valga la pena, tenemos que ser nosotros los que le demos la estocada final a la patria, para construir algo enteramente nuevo: una sociedad sin explotados ni explotadores, el Socialismo.

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