La orden de los franciscanos. La crisis política y el rearme del peronismo

Por Federico Genera

Laboratorio de Análisis Político

Así las cosas, dos sectores aspiran a conducir el peronismo. De un lado, quienes ya dieron por perdidas las presidenciales antes de que se largue la campaña. Del otro se encuentran quienes
pretenden dar batalla en 2019: Cristina, Randazzo, Massa, Moyano y el Papa


Mucha agua corrió bajo el puente desde aquel lejano triunfo de Cambiemos en las legislativas de 2017. Macri intentó traducir el respaldo que recibió en las urnas en combustible para una ofensiva política contra los trabajadores. Despidos en el Estado, ajuste en las provincias, reforma previsional, reforma laboral. En paralelo, extendió la ofensiva judicial del kirchnerismo a la burocracia sindical. Pensaba que, de esa manera, podía sacar del medio a los potenciales capitalizadores del descontento. Y, parcialmente, lo logró. Los gobernadores fueron al pie, al pactar el ajuste y la reforma fiscal.1 La CGT se borró y el kirchnerismo no logró ser la vanguardia de las movilizaciones contra la reforma previsional. Sin embargo, el verano caliente terminó deteriorando la imagen presidencial, y aquellos a los que daban por muertos se resisten a ser enterrados. En este contexto, el peronismo intenta rearmarse, de la mano de Moyano y el Papa. Aunque lo único que los une es el espanto, si se puede decir que los une algo.

 

Primavera amarilla, ¿verano peronista?

 

El triunfo de Cambiemos a nivel nacional hizo volar por los aires la idea de que Macri encontraría un helicóptero al final del túnel. Buena parte de los gobernadores vio cómo entre las PASO y las generales se erosionaba su poder de negociación con la Casa Rosada. De hecho, Macri logró sacar de camino a todos los posibles candidatos a presidente de la Liga de Gobernadores, como Urtubey y De La Sota. También logró derrotar en Santa Fe al candidato kirchnerista, Agustín Rossi, y casi destrona a Verna en La Pampa y a los hermanos Saá en San Luis, que solo salieron a flote gracias al gigantesco despliegue clientelar que hicieron entre ambos comicios. En la provincia de Buenos Aires la derrota que sufrió Cristina Kirchner ante el ignoto (e ignorante) Esteban Bullrich hizo dudar a más de un intendente sobre los poderes mágicos de la Jefa. La primer cabeza que rodó fue la de Fernando Espinoza, por entonces presidente del PJ Bonaerense. Si algo no perdona el peronismo es la derrota, y para muchos, el matancero era el máximo responsable de arrastrar a varios intendentes a una crisis política en sus consejos deliberantes. En el medio de una turbulenta crisis, el PJ bonaerense pasó a ser dirigido por Gustavo Menéndez (Merlo) y Fernando Gray (Esteban Echeverría). A los kirchneristas, que no eran muchos, los borraron del mapa.2 Esta dupla tenía dos objetivos a corto plazo: contener la diáspora de más intendentes, y construir una táctica defensiva frente al avance de Vidal.

No obstante, la crisis económica y la necesidad de realizar ajustes en la economía comenzaron a dilapidar, en parte, el capital político acumulado por el macrismo. La reforma previsional apuntaba en ese sentido: sacar plata a los jubilados para engrosar las arcas de Vidal. De esta manera el gobierno lograba contener el déficit fiscal de los gobernadores, dividiendo al peronismo de cara a las cruciales votaciones en Diputados. La estrategia macrista comenzó a encontrar escollos el 14 de diciembre, cuando una multitud copó la Plaza Congreso y se descargó la represión. Las turbulencias callejeras hicieron naufragar la sesión legislativa: varios diputados provinciales no dieron quórum, obligando a suspender la sesión. Allí se gestó el primer re-encuentro entre varios peronistas hasta el momento ubicados en veredas opuestas. Una foto inmortalizó ese momento. De Mendiguren se abrazaba con Agustín Rossi, Axel Kicillof con Pablo Moyano y Felipe Solá con Del Caño. Finalmente, tras una extensa jornada de represión y con los gobernadores obligando a sus diputados a bajar, se logró sancionar la reforma previsional que posteriormente iba a aprobar el Senado con los votos del PJ. Pero el costo político para el gobierno fue alto, y no faltaron quienes buscaron capitalizarlo. Esta situación dio lugar para que algunos dirigentes, empezando por los kirchneristas, intentaran relanzar el viejo frente transversal.

 

¿Todos unidos triunfaremos?

 

La crisis estival dejó herido a Cambiemos. El peronismo (o al menos una parte de él) vio un poco de agua en el desierto y se lanzó al ataque. Apenas unos días después de aprobada la reforma laboral, sectores otrora contrapuestos se abrieron al diálogo. La navidad fue la excusa para que representantes de distintas corrientes del peronismo confluyeran, en una reunión en la sede porteña de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo. Allí se dieron cita Felipe Solá y Daniel Arroyo por el Frente Renovador de Massa, Agustín Rossi por el kirchnerismo y Alberto Fernández por el randazzismo. Los barones del conurbano también dijeron presente: estuvieron Alberto Descalzo, viejo dirigente peronista de Ituzaingó y Gustavo Menéndez, flamante presidente del PJ bonaerense. La sede la puso el anfitrión, Víctor Santa María, el dirigente kirchnerista del SUTERH y actual presidente del PJ porteño. A principios de febrero, el cónclave se repitió, esta vez con nuevas incorporaciones. Se sumaron el Chino Navarro del Movimiento Evita y un aliado del Papa, los ex kirchneristas, hoy randazzistas (y mañana quién sabe) Juan Manuel Abal Medina y Gabriel Katopodis; y, en representación de Fernando Espinoza, la intendenta de La Matanza Verónica Magario. Los únicos ausentes, por el momento, serían los “jóvenes” de La Cámpora, que “decidieron” no asistir a ningún evento.3

Es claro que las esquirlas de la implosión del kirchnerismo intentan reagruparse, atrayendo nuevamente a su seno a Massa y Randazzo. Cristina, sin embargo, no parece jugarse a fondo por este nuevo espacio, o más bien nadie la quiere sumar. La ausencia de Máximo Kirchner y La Cámpora así lo atestigua. No queda claro si es así porque ella misma eligió el ostracismo luego de la derrota electoral, o porque sus ex laderos están buscando otra figura para que encabece el armado. En cualquier caso, la ausencia de La Cámpora es sintomática: por decisión propia o ajena, se encaminan a armar un cristinismo sin Cristina. El armado aún es incipiente y a futuro todo puede pasar: quizás esté muy fresca la derrota aún para una foto con la Jefa. De hecho, estos encuentros casi no cosecharon lealtades por fuera de las fronteras bonaerenses. De los gobernadores solo asistió Alberto Rodríguez Saá. El actual presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, solo hizo llegar un apoyo. El resto de los gobernadores, claramente, busca un lugar a la sombra de Cambiemos. Pero si quieren conservar el PJ, tendrán que dar batalla por él.

La marcha convocada por Hugo Moyano, el pasado 21 de febrero, intentó convertirse en otro evento unificador, aunque no lo logró. Ya no tan organizados, sino cada uno por su cuenta, quienes aspiran a rearmar el peronismo se hicieron presentes en la 9 de julio. Allí apareció en primer plano un peronista que hasta ahora venía más bien tapado: el Papa Francisco. De la mano de la CTEP y algunas organizaciones de desocupados, los piqueteros de Dios coparon la 9 de julio. Con ellos marchó el kirchnerismo (la CTA Yasky) y hasta se vio por allí a La Cámpora. No obstante, la debilidad del propio Moyano para atraer a la CGT, hizo que el evento tuviera un cariz más político que sindical. E incluso, más judicial que político. Moyano habló más de las causas judiciales que deberá enfrentar que de la necesidad de rearmar el peronismo, convocar a una huelga o recomponer los salarios. El propio Juan Grabois, de la CTEP, se mostró desilusionado cuando señaló que a la marcha del 21 le faltó “maduración orgánica”, e hizo hincapié en la ausencia del 80% del sindicalismo.4 Es claro que el dirigente camionero solo se lanzó a la calle preocupado por el avance de la justicia. No será difícil sacarlo del medio: si el gobierno opera para frenar la ofensiva judicial, Moyano volverá a ser un “hombre de diálogo”, como lo fue en los dos primeros años de la presidencia de Macri.

Lo que no es menor es el rol que tuvieron en la marcha los hombres de Francisco. El Papa, una vez más, salió a demostrar que deberían contar con su presencia ante cualquier intento de rearmar el peronismo. Quienes, de diciembre a esta parte, han desaparecido de la escena, son los gobernadores. A diferencia de los que aspiran a capitalizar la crisis de Cambiemos rearmando una oposición peronista, los gobernadores están lejos de la confrontación. Mientras Moyano copaba la 9 de julio, el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, recibía al Presidente Macri. Al mismo tiempo, Rosana Bertone se reunía en Tierra del Fuego con Rogelio Frigerio.5

Necesitados de las cajas de Nación, con la derrota en las legislativas, y sin capacidad de imponerle a Buenos Aires un candidato, votan cualquier ley que sugiera el Poder Ejecutivo (siempre que no ataque tan violentamente sus intereses). Así sucedió con la reforma impositiva, donde se tuvo que modificar aquellos impuestos que afectaban directamente las producciones regionales, el impuesto al cheque o aumentar el mínimo en ganancias. Mientras sus fondos sigan llegando, el dialogo seguirá siendo la herramienta política por excelencia, porque antes que enfrentar a Macri, deben garantizar su supervivencia.

Aunque todavía falta por lo menos un año para entrar en clima electoral, en las provincias ya empiezan a tomar temperatura las internas. En Salta, el gobernador Urtubey parece inclinado a apoyar al diputado Pablo Kosiner, en detrimento de su par Javier David, quien lo desobedeció votando contra la reforma previsional. En La Rioja y Misiones los actuales gobernadores no pueden ir por la reelección, y la posibilidad de internas podría desatar una fuerte crisis, que podría capitalizar Cambiemos. En el resto de las provincias, gobernadas por el peronismo, se descuenta que los actuales mandatarios irán por la reelección (aunque eso no implica que no haya internas complejas, sobre todo para los que tienen antecesores de peso como Sergio Uñac, Juan Manzur y Domingo Peppo). Las únicas dudas persisten en San Luis, Catamarca y La Pampa. En esta última, hay que ver si Verna intentará la reelección, ya que en las legislativas ganó por muy pocos votos, dando vuelta una elección muy desfavorable. Así las cosas, los gobernadores miran hacia adentro y parece importarles poco la sucesión presidencial. El PJ Federal no lo dice abiertamente, pero por lo bajo lo admite: prefieren perder en 2019 antes de ir detrás de cualquier armado que incluya al cristinismo. La Liga de Gobernadores elige acordar con Macri, que este les garantice la gobernabilidad en sus territorios y apostar a sucederlo tras la reelección, en 2023. Para 2019 se conforman con poner enfrente al candidato de la derrota.

Los puentes entre ambos sectores del peronismo parecen definitivamente rotos. El mayor enemigo de Moyano en la Liga de Gobernadores es Juan Manuel Urtubey. El gobernador de Salta detesta al camionero desde que, en 2011, fue a hacer campaña por su contrincante de entonces, Walter Wayar. Y de Cristina no quieren saber nada… Junto a Urtubey, Bordet y Bertone, también se alinean Domingo Peppo, de Chaco; Sergio Uñac, de San Juan, y Sergio Casas, de La Rioja. Ni siquiera gobernadores más críticos de la alianza gobernante, como Carlos Verna, Alicia Kirchner o Gildo Insfrán, expresaron su parecer sobre la marcha del 21F. La ven, según hicieron trascender, como una expresión con impacto acotado a Capital Federal y el Gran Buenos Aires, que muestra una imagen “en sepia” de la Argentina. El camino no está en la confrontación, sino en el acuerdo. El 2019 queda lejos cuando necesitan de los fondos de Nación para sobrevivir.6

Así las cosas, dos sectores aspiran a conducir el peronismo. De un lado, quienes ya dieron por perdidas las presidenciales antes de que se largue la campaña. Los gobernadores dejan hacer a Macri, no ponen palos en la rueda y acompañan con sus votos en el Senado. A cambio pretenden tranquilidad por los próximos años, lo que solo la chequera de Nación puede garantizar. Del otro se encuentran quienes pretenden dar batalla en 2019: Cristina, Randazzo, Massa, Moyano y el Papa. Este sector apuesta a capitalizar cada tropiezo del gobierno de cara al armado de un frente opositor, que se quede con el sello del PJ. Es un frente sin candidato aún, pero que busca hacerse fuerte en la crisis. Es un armado frágil, más fácil de separar que de unir. Y, para colmo, no actúan en el vacío: Macri también juega, y sabe cómo meter cuñas. Por eso, a las pocas horas del 21F logró instalar la discusión por la legalización del aborto, que ya hace estragos en el “progresismo”.

 

Contraataque

 

El kirchnerismo aún conserva un importante caudal de votos, que puede crecer si la crisis política y económica se desarrolla. En particular, porque Francisco mantiene su capacidad de aglutinar dirigentes y movimientos tan disímiles. El macrismo, si quiere llegar tranquilo a la reelección, debe ponerle un límite preciso a él y a quienes quieran postularse como sus aliados.

Marcos Peña encabezó la cruzada contra el camionero relativizando la importancia de la movilización, en números y en calidad. Fue enfático al marcar la falta de respaldo de gremios importantes. En el plano judicial, el diputado radical Luis Petri presentó un proyecto de ley que habilita a juzgar por corrupción a los sindicalistas que administren obras sociales. Unos días más tarde, la Justicia Federal citó a indagatoria a Hugo Moyano por lavado de dinero en la compra de unos terrenos en Córdoba. En diputados, Cambiemos le sacó la comisión de transporte que iba a manejar Facundo Moyano.

Por el lado gremial, el gobierno le negó el bono de fin de año a los recolectores, lo que podría generarle malestar en las bases. Sin embargo, es dudoso que Moyano vaya por un enfrentamiento abierto. Podrá acomodarse en un frente opositor, pero difícilmente lo encabece, no solo porque no tiene los votos. Hasta ahora la alianza tácita benefició a ambos bandos: Moyano le garantizó a Macri acuerdos en el fútbol, tranquilidad en la calle y división de la oposición, donde su mera existencia espanta a los gobernadores.

Los amigos del Papa también recibieron su escarmiento. El ministerio que apaña a los piqueteros de Dios acaba de imponer una normativa que limita la capacidad de movilización de la CTEP: quienes cobran planes sociales deberán estudiar obligatoriamente. Sin embargo, la jugada más importante contra Francisco es el haber habilitado la discusión sobre la legalización del aborto. Esto pone en un brete a dirigentes conservadores que posan de progresistas, como Juan Grabois, que sin que nadie se lo pida, ya salió a pronunciarse en contra. Pero la cosa no queda solo ahí: ¿qué harán los kirchneristas? Si votan a favor del aborto, peligra su potencial alianza con el Papa. Si votan en contra, desatan una crisis en sus filas. Si Macri fuera lo suficientemente audaz haría hasta lo imposible para que el proyecto reciba la media sanción en Diputados, y sea el Senado quien tenga que rechazarlo. Le asestaría un golpe fenomenal a Cristina, que ya no podrá esconderse.

 

Recalculando

 

Parece bastante marcada la existencia de dos estrategias al interior del peronismo. Quienes tienen que gobernar establecen canales de diálogo con Macri, y desde allí construyen su propia gobernabilidad. Allí, Cristina aparece como el chivo expiatorio que les permite ausentarse de cualquier batalla: “donde esté ella nosotros no estamos”. Del otro lado comienza a formarse un prototipo de frente transversal. Similar a lo que intentó Néstor Kirchner en sus primeros años. Pero a ellos también la figura de Cristina los espanta. Apuestan, más bien, a capitalizar los primeros síntomas de crisis del macrismo, mientras la izquierda hace la plancha. Un peronismo sin gobernadores, con movimientos sociales, algunos sindicatos y la pequeña burguesía golpeada por el ajuste. En este contexto, queda por destacar que la presencia de Francisco es lo único que parece unir a todo el conglomerado bonaerense. Es la única figura que, hasta ahora, no genera resistencias. Pero no puede ser candidato ni tiene a mano una figura de peso que poner. Por el momento, Macri no tiene oposición (burguesa). Y, como van las cosas, difícilmente se le interponga una obrera.

Notas

1Ver Perrotat, Juan y Gonzalo Sanz Cerbino: “Todos al pie. Macri y los gobernadores”, El Aromo, Nº 99, 2017, disponible en: https://goo.gl/Df6YgW.

2https://goo.gl/qcMGD2.

3https://goo.gl/tfcJfm y https://goo.gl/vMeM4R.

4https://goo.gl/icm5W3.

5https://goo.gl/7kQDVC y https://goo.gl/HNoihw.

6https://goo.gl/yaNpEH y https://goo.gl/NkfYjD.

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