La necesidad de un sindicato de investigadores

A partir del conflicto en Conicet con el retraso de los ingresos, comenzó a motorizarse la organización de los trabajadores científicos de la Argentina. Más allá de la aparición de varias organizaciones kirchneristas, muchos compañeros se empezaron a acercar a los organismos gremiales existentes. A JCP se acercaron becarios, sobre todo aquellos a la espera de su alta a CIC, y en ATE Conicet se está conformando una sección en el Instituto Germani, en donde se generó malestar porque la Junta Interna luego de afiliarlos desapareció. Razón y Revolución ha venido planteando la necesidad de que JCP avance en su formalización como gremio que acoja al conjunto de los investigadores (becarios y de planta) y abandone su carácter de grupo informal, dado que ATE no planteaba la lucha por las problemáticas propias de los científicos. Varios compañeros defienden ATE como espacio de construcción gremial más apropiado para los investigadores, creyendo que si los investigadores ganaran espacio –afiliándose y participando como delegados- se podría plantear la lucha por las reivindicaciones de la profesión. Pero el problema no se circunscribe solo a la estrategia de la actual conducción de la Junta Interna de Conicet, sino que la propia estructura de ATE no sirve para organizar a los científicos. Por el contrario, atenta contra ella, dada su organización de base territorial. Nos explicamos.

ATE es un gremio que se estructura territorialmente. Tal como establece el estatuto en su artículo 39, la base del gremio la constituyen los Consejos Directivos Provinciales. Cada Consejo Directivo Provincial agrupa a los trabajadores estatales de cualquiera de los poderes del Estado Nacional, Provincial o Municipal (art. 40). O sea, la organización no es por dependencia estatal, mucho menos por oficio, sino que sigue un criterio meramente geográfico. Incluso cuando las patronales no son las mismas (municipio, provincia o nación). Esto ya es un primer escollo: los investigadores de Conicet se encuentran desperdigados por todas las provincias. Dentro de ATE, cada lugar de trabajo se encuentra dentro de un Consejo Provincial diferente.

Dentro de cada provincia, se pueden conformar seccionales locales, siempre con un criterio geográfico: un mínimo de 250 afiliados en un radio de 50 km (art. 50), lo cual fragmenta más el asunto. Dentro de cada Consejo Directivo Provincial o Seccional, se conforman juntas internas de delegados por repartición (art. 75). Así, ATE Conicet Capital tiene su propia junta interna.

Dentro de cada Junta Interna se pueden formar secciones, cada una con derecho a elegir delegados por establecimiento o sector. (art. 1 de la reglamentación del art. 75 votado en 1990). Las secciones pueden no ser por edificio, sino incluso por tipo de tareas que estén a cargo de un mismo jefe, o por servicio aunque no realicen su actividad en un mismo espacio físico (art. 4 de la reglamentación del art. 75 votado en 1990).

Los científicos podrían conformarse como una sección, dentro de la Junta Interna de Delegados de Conicet, dentro del Consejo de Capital y así de cada provincia o seccional. Se trataría de una extrema fragmentación del colectivo de científicos dentro del Conicet, si dejamos de lado a aquellos compañeros empleados en otros organismos. Cada sección de cada Junta Interna de cada seccional de cada provincia tendría que estar dando una discusión en sus respectivas juntas internas, seccionales y consejos, porque sería imposible reunir en una misma asamblea al conjunto de las secciones de científicos de cada seccional, de cada Consejo… Es decir, la estructura propia del gremio fragmenta a los científicos, consolidando así su desorganización más que organizándolos.

Este es el motivo por el cual hay cientos de empleados estatales que se organizan por fuera de ATE y tienen sus gremios propios. Algunos compañeros creen que un sindicato de investigadores podría ser divisionista. Pero existen varios sindicatos estatales por fuera de ATE. Hay gremios por oficios como los docentes (CTERA), los docentes universitarios (Conadu y Conaduh), los profesionales de la salud (Fesprosa). También lo hay por organismos: AFIP (AEFIP) o Anses (que tiene dos gremios propios: Apops y Secasfpi), judiciales (FJA). Muchos de ellos tienen estatuto propio, como los investigadores, y no entran dentro de la normativa general de la ley de empleo estatal y firman paritarias propias, un reclamo que en Conicet se viene levantando hace mucho. La división gremial no es absoluta en tanto que la pertenencia a una misma central sindical permite estar codo a codo con los compañeros en los reclamos más generales que afectan al conjunto de los trabajadores.

Es decir, el sindicato de investigadores no sería una excepción dentro del empleo estatal. Tendría como positivo que permitiría dinamizar la lucha por los reclamos propios de la profesión y favorecer la organización de todos los científicos a nivel nacional que se enfrentan a la misma patronal. La estructura de ATE en lugar de favorecer la organización, es divisionista porque conduce a la fragmentación del colectivo de científicos. Por el contrario, solo la unidad gremial del conjunto de los investigadores puede llevarnos a luchar en conjunto por los problemas particulares de nuestra profesión. Por todo ello, la conformación de un sindicato propio de los científicos es una alternativa que merece ser considerada. JCP no es aún un sindicato, pero ha mostrado su protagonismo. Es un buen punto de partida para la organización sindical, y por eso llamamos a los compañeros a tomar el problema en sus manos y avanzar en la construcción gremial. Los investigadores tenemos muchísimos reclamos gremiales por resolver, pero nos faltan las herramientas que potencien la organización colectiva.

 

Razón y Revolución

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