La miseria de las estadísticas – Nicolás Villanova

13095743_xl-jpgLa miseria de las estadísticas. A propósito de la medición de la línea de pobreza

El kirchnerismo inauguró la etapa actual de la “economía política” de las cifras, pero el macrismo no ha abandonado esa práctica, que consiste no solo en mentir sobre los datos, sino sobre todo en presentarlos fuera de contexto. Son estrategias para ocultar lo que ocurre en el largo plazo: cada vez estamos peor.

Nicolás Villanova

OES-CEICS


Las cifras siempre son pedagógicas pues nos muestran hacia dónde se encamina la sociedad. Pero también es cierto que con los mismos números se pueden decir cosas muy distintas. El kirchnerismo inauguró la etapa actual de la “economía política” de las cifras, pero el macrismo no ha abandonado esa práctica, que consiste no solo en mentir sobre los datos, sino sobre todo en presentarlos fuera de contexto, ocultar los resultados y, fundamentalmente, manipular el punto de comparación. Néstor y Cristina empezaron con esta última modalidad: tomando como punto de partida el 2001, la peor situación histórica de la economía argentina, cualquier otro dato posterior resultaba siempre en una mejora espectacular. Luego pasó a descontextualizar resultados: ejemplo claro de estas maniobras son las cifras de “inclusión” educativa e índices de mejora escolar que se construyeron a partir de la disminución de la repitencia o de la cantidad de títulos otorgados, olvidando que una cosa es dar títulos y otra, educar.

Con los índices de pobreza se dio un paso más, declarando “discriminatoria” toda medición al respecto. El final de esta tendencia la conocemos todos: la mentira lisa y llana con los índices de inflación. El macrismo no abandonó estas prácticas. Si bien no se puede decir, por ahora, que haya un falseamiento deliberado de las cifras, su esfuerzo se concentra, evidentemente, en fijar el punto de comparación. En efecto, las primeras cifras publicadas luego del mandato kirchnerista indican que el 32% de la población es pobre. Es obvio que cuanto más alto sea el índice de pobreza, más bajo el nivel económico y más alta la inflación de partida, más fácil resultará mostrar “avances” en poco tiempo. Los medios de comunicación se encargarán de decir cuántos “millones” salieron de la pobreza. Sin embargo, estas tácticas llevadas a cabo con las estadísticas no muestran los cambios sustantivos que ha sufrido la clase obrera desde la década de 1970 a esta parte, y que desde hace más o menos 30 años estamos cada vez peor.

Dos pesos más… millones de pobres menos

Luego de la crisis de 2001, el kirchnerismo se encargó de comparar los indicadores con esa etapa. Todo mostraba cierta mejora y su gestión era, evidentemente, una superación del período previo. En efecto, durante el año 2002, la población por debajo de la línea de pobreza fue del 52%. Este indicador se basa en una medición por ingresos, o sea que, luego de estimar una canasta de alimentos y servicios, en base a las costumbres del consumo de la población, el monto resultante de dicha canasta se compara con el total de los ingresos de un hogar. Aquella población y hogares cuyos ingresos se encuentran por debajo de ese nivel, son pobres. Cabe destacar que este cálculo conlleva limitaciones, una de las cuales remite a que las costumbres del consumo se estiman según el segundo quintil de población, o sea, una de las fracciones más pauperizadas. Dicho de manera más sencilla, la pobreza se mide en base al consumo de los pobres.

En los años que le siguieron a la crisis, el indicador de pobreza en base a los ingresos mostró una disminución al 29% en el 2006. La historia que sigue ya la conocemos: es la de la manipulación y el ocultamiento. En el año 2007 se interviene el INDEC y se trastoca el Índice de Precios. En el 2013, último año en el que el INDEC publica sus datos de pobreza, las cifras llegan a tan sólo el 4,7%. Por su parte, las consultoras privadas y otras entidades estimaban entonces una pobreza del orden del 20 (CIFRA-CTA) al 27% (UCA).

Con la asunción de Macri se declara la emergencia estadística. El INDEC retoma sus mediciones de pobreza y la cifra, durante el año 2016, llega al 32,2% de personas pobres. En efecto, Macri reanuda la táctica de comparar de manera descontextualizada las cifras de pobreza. Si con Cristina la población pobre era de tal magnitud, ¿cuánto tardará el macrismo en disminuir esos niveles con el sólo hecho de ordenar alguna variable y, de ese modo, cantar victoria? En un escenario recesivo como el actual y con una inflación galopante, cualquier mínima mejora rápidamente redundará en una “baja sustantiva” de la pobreza.

A partir de un ejercicio estadístico con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), efectuamos una simulación a los efectos de observar qué pasaría si la inflación fuera igual a cero durante dos trimestres. Para ello nos valemos de las bases de microdatos de la EPH de los dos últimos trimestres de 2014 y los dos primeros de 2015.1 En efecto, si extrapolamos hacia los años previos la canasta de pobreza calculada por el INDEC bajo el macrismo a través del Índice de Precios, el resultado sería que entre 2014 y el segundo trimestre de 2015 el porcentaje de pobres hubiera disminuido de un 34 a un 33%. Mientras que, si simulamos un contexto de inflación igual a cero, la disminución en la cantidad de pobres hubiera sido de 34 a 28%. La diferencia porcentual para el segundo trimestre de 2015 hubiera sido del 5% comparada con el 2014. O sea que, con inflación cero, la cantidad de pobres hubiera disminuido en casi 2 millones de personas. Este ejercicio nos permite observar la elevada magnitud de personas que “dejan” de ser pobres a partir de una variación porcentual relativamente pequeña.

¿Qué ha cambiado luego del 2001?

Tanto el kirchnerismo como el macrismo asumen como estrategia la comparación del indicador de pobreza con algún año específico, colocándose por fuera del proceso histórico de más largo plazo. Si observamos la evolución histórica de los últimos 30 años, los niveles de pobreza se incrementan sustantivamente durante los momentos de mayores crisis (1989-1990, 2001-2002, 2015-2016) y en momentos de recomposición económica bajan (ver gráfico 1). Sin embargo, y a grandes rasgos, lo que puede observarse es que las cifras de “salida” de la crisis, nunca vuelven al nivel anterior: 2006, el mejor año de la economía K, está arriba de los mejores años de la Convertibilidad.

No obstante, hay otros indicadores que también expresan una situación de pobreza que remiten a características de la vivienda, el acceso a los servicios y condiciones de hábitat. Según datos de la EPH para el año 2015, un porcentaje sustantivo de la población tiene serios problemas de vivienda. Por ejemplo, un 2,5% del conjunto de la población reside en viviendas cuyo techo es precario, un 4,6% tiene su baño externo, un 8,1% vive en condiciones de hacinamiento crítico y un 8,6% utiliza inodoro a balde o letrina. También existe una gigantesca población con carencias de acceso a servicios públicos elementales: el 11,2% no posee agua de red, el 35% utiliza gas a garrafa para cocinar y un porcentaje similar no posee servicio de red cloacal. Finalmente, existe una elevada cantidad de personas con serios problemas de hábitat: un 9,3% reside en viviendas que se ubican a menos de tres cuadras de un basural y para otro 16% su hogar se ubica en una zona inundable. Al sumar a la cantidad de personas con al menos uno de estos problemas de vivienda, hábitat o limitación de acceso a ciertos servicios públicos, el resultado es que más del 60% de la población urbana argentina se encuentra en condiciones de pobreza objetiva (ver gráfico 2). Como vemos, el porcentaje de personas con problemas de vivienda o hábitat mantiene una evolución mucho menos variable que aquella que se encuentra bajo la línea de pobreza y, a su vez, la primera duplica o triplica a la segunda. Es decir que, ciertos aspectos estructurales de las condiciones de vida de la población no logran mejorarse o revertirse aún cuando los ingresos de los hogares pueden superar la canasta de pobreza.

El punto de partida

Estas tácticas de corto plazo no permiten ver las tendencias de largo aliento y la gravedad de los problemas. Todos los gobiernos de los últimos 30 años iniciaron su mandato con niveles elevados de pobreza, porque por lo general asumieron sus funciones en un contexto de recesión económica. Esas cifras disminuyeron luego hasta el momento inmediatamente previo a dejar su administración y al estallido de la nueva crisis: 1982, 1989, 2001 y 2015. En cada una de las “recuperaciones”, los índices nunca volvieron al nivel anterior y cada nueva crisis los hundió más. Es decir que, en el largo plazo, estamos cada vez peor. Pero eso no es todo. Hoy existe una población gigantesca que, aún con ingresos por encima de la canasta de pobreza, reside en condiciones paupérrimas, cercana a basurales, en zonas inundables o que carece de servicios cloacales o energía eléctrica. Si “millones” de esos ciudadanos argentinos consiguen, gracias a la caída de la inflación, un ingreso de un par de miles de pesos, superarán la línea de pobreza. El gobierno cantará victoria, pero para esos millones nada sustantivo habrá cambiado. Los movimientos “millonarios” de las cifras de la pobreza, para arriba o para abajo, como consecuencia de pequeños cambios en los niveles de ingresos, no muestran ni una catástrofe ni una transformación cualitativa. Simplemente muestran que la masa de la población se amontona en condiciones de vida paupérrimas y que, para regocijarse con “mejoras” cualitativas, sería bueno tomar como punto de comparación 1975, cuando los salarios reales eran exactamente el doble que los actuales.

Notas

1Se trata de las últimas bases de la EPH publicadas en la página web del INDEC. Aún no se encuentran las bases ni del tercero y cuarto trimestre de 2015 ni las de los dos primeros trimestres de 2016.

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