“La izquierda va a teñir al movimiento obrero de una nueva identidad política” – Entrevista a Víctor Grossi

ladrillos-de-referenci_fmtEl Aromo entrevistó al secretario general del SITRAIC, Víctor Grossi, quien da cuenta de su trayectoria y expresa el paso de la conciencia sindical a la política.

Por Nicolás Viñas (TES-CEICS)

El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Construcción y Afines (SITRAIC) nace en julio de 2009, a partir de un desprendimiento de la UOCRA por parte de la lista que dirigía la seccional de Lomas de Zamora –la Violeta-, opositora a la dirección nacional. La ruptura de esta fracción se produce luego de que la seccional es intervenida por el sindicato mediante el ataque armado de una patota.
La historia del SITRAIC es el reflejo vivo de un proceso de quiebre en la conciencia reformista de una fracción de la clase obrera que abandona su filiación peronista y comienza a acercarse a posiciones revolucionarias, lo cual se expresa en la aparición del clasismo en el ámbito gremial de la construcción. Este proceso es una muestra del avance de los partidos revolucionarios sobre una fracción (minoritaria) de la clase obrera en activo. El Aromo entrevistó a su secretario general, Víctor Grossi, quien da cuenta de su trayectoria y expresa fielmente lo que aquí se señala: el paso de la conciencia sindical a la política.

¿Cómo empezaste a trabajar en la construcción?

Yo ingreso en la construcción en 1977 porque era el único lugar donde podías trabajar sin que te pidieran antecedentes. Antes trabajaba en el INTA, pero me aplicaron la ley antisubversiva e incluso reventaron mi casa. Con mi mujer y mi hijo nos tuvimos que ir al sur y volví para Lomas de Zamora en el ‘82. Al año siguiente ya se estaba haciendo la electrificación del tren Roca. Había 1.600 obreros que pasaban justo por al lado del obrador donde yo trabajaba, pegado a las vías. En ese momento estaba en las Agrupaciones Sindicales Peronistas (ASP), eso era Intransigencia y Movilización. Uno de los conflictos que tuvimos y que terminó en un paro se originó porque nos ponían estufas con aceite usado. A raíz de esto me eligen delegado y empecé a vincularme con los trabajadores del Roca. El grueso estaba en el obrador de Temperley, otros estaban en Escalada y después en Constitución. En ese momento, Oscar Castro y los muchachos del MAS tenían la dirección de la otra obra grande que era el complejo habitacional en Claypole de 12.000 casas, ahí había otros 1.600 trabajadores. Los choques eran de asamblea porque había activismo, todavía estaba la lista histórica verde del PC que en las elecciones fue con la burocracia de Papagno. Yo fui con Farías, que fue la lista que ganó a nivel nacional y que tenía a Gerardo Martínez como primer vocal. Yo era el segundo vocal porque tenía la comisión interna más fuerte por los muchachos de la electrificación. Para mí la burocracia era Papagno, no sabía ni quién carajo era Farías, te lo juro. En Lomas de Zamora perdimos con el MAS por 7 votos. Al poco tiempo Gerardo Martínez voltea al secretario de la organización nacional y yo quedo de primer vocal. A su vez, el MAS tuvo una crisis interna y el adjunto que habían llevado arregló con Farías y entonces nosotros nos quedamos con la seccional de Lomas.
En los ochenta los radicales tenían intervenidas las obras sociales y en el ‘88 nos cortaron el servicio en Lomas. Para este momento tenía una cierta unidad con el MAS y habíamos reunido un cuerpo de 400 delegados para ir a la pelea. Un día le hicimos una huelga de hambre a Alfonsín en la puerta de la Rosada y me manda a llamar Nosiglia con un auto. Cuando nos reunimos me planteó que no podía ser que yo hiciera ese quilombo porque yo era secretario nacional y se suponía que “teníamos un acuerdo”. Y ahí me enteré de cómo era el tema, te juro por dios y mis hijos, yo dormía en las reuniones de la UOCRA nacional, era muy pendejo. La cosa resultó ser así: había una comisión normalizadora en las obras sociales donde el presidente era de los radicales pero todo lo demás lo había puesto Farías y se estaban choreando todo. En Santiago del Estero, por ejemplo, si había 600 afiliados, se presentaban 1.200 internaciones por mes… Entonces el tipo me muestra la comisión, me pone los papeles arriba y me explica cómo era el acuerdo: primero eran 30 para la UOCRA y 70 para la coordinadora, después 50 y 50 y después 70 y 30. Yo le dije que si eso era verdad iba a ir contra Farías y me dijo que si iba contra Farías me iban a ayudar. Entonces le plantié que levantaran el corte del servicio de las obras sociales en Lomas y que queríamos una ambulancia para el sindicato. Y ahí estalló todo: en la sede de la UOCRA nacional me dieron una golpiza y al día siguiente tomamos la sede nacional por una semana. Entonces convoqué a una asamblea nacional y le mandé una carta documento a Farías para que se haga presente. Y así empezó una rosca interna donde nos juntamos 46 seccionales de las 64 en Mar del Plata y pedimos un congreso para tumbarlo a Farías. El congreso tenía que comenzar a las 9 hs. pero se inició a las 24 hs. y de las 46 seccionales quedaron 16, a todas las demás las compraron, y el congreso que habíamos pedido para tumbarlo a Farías me tumbó a mí. El que presidió ese congreso es otro agente del Batallón 601, Raúl Leiva, de Bahía Blanca. Asi que nos interviene el sindicato acá. Vinieron las elecciones y yo no podía participar porque me expulsaron por convivencia con el radicalismo, una cosa insólita.

¿Y cómo continuaste con tu actividad política después de este congreso?

VG: Desde ese momento hasta fines de los ‘90 me fui de la actividad. Recién en el 2000 me vienen a ver los que yo había dejado como comisión en Lomas de Zamora porque había un enfrentamiento y ahí metí la mano de nuevo. En el 2002 empecé a armar una organización de trabajadores de la construcción desocupados, un ejército de 13.000 compañeros. Primero le habíamos puesto UOCRA Solidaridad y después eso se transformó en MOSSOL, cuando se territorializó. Hicimos movilizaciones muy grandes para luchar contra el desempleo y en una ocasión en el Ministerio de Trabajo obtuvimos 13.000 planes. A partir de ahí armamos un sistema de rotación en los planes cuando se comenzó a recuperar el empleo: todos los compañeros estaban con planes hasta tanto consiguieran trabajo, entonces el plan de uno que conseguía trabajo se le daba a otro que lo perdía y se iban rotando. Y de esa forma evitábamos que los compañeros se desindicalizaran o se tuvieran que ir a otra parte. En el 2003 apoyamos a Kirchner y después de las elecciones comenzó la normalización de seccionales. Entonces construímos la lista Violeta en 2004, que gana en Lomas de Zamora y en La Matanza. A los pocos meses de haber asumido, el de Matanza empieza a robar. Por su parte, en Quilmes el grupo que había se divide, por un lado se va el “Lagarto” Olmedo que decide jugar con la Blanca -la oficialista- y por el otro quedó la Violeta. Estas elecciones fueron una batalla campal y nos ganaron con fraude. La relación con la UOCRA nacional estaba muy tensa. Yo era el presidente de la agrupación y llegamos a reunir en una asamblea general a casi 3.000 trabajadores en el club Los Andes. La Violeta estaba en un montón de lugares. Entre 2004 y 2008 se había fortalecido recibiendo a los refugiados que eran expulsados de otros lugares de la UOCRA. Para este momento yo había roto con el kirchnerismo y todavía estaba vivo Carlos Jacob del MST, con quien tenía grandes discusiones que me iban abriendo la cabeza en torno a lo que debía ser el sindicato. En ese contexto, en septiembre de 2008 asesinan a un trabajador de la Violeta y nos movilizamos 1.500 trabajadores a los tribunales de Quilmes denunciando a Gerardo Martínez como principal responsable. Al mes siguiente se produce la intervención de nuestra seccional: bajaron patotas de todo el conurbano. Habían cambiado el comisario y dejaron la zona liberada. Fue una cosa impresionante. Y esto no es un caso aislado, si vos mirás la estructura de la UOCRA a nivel nacional el 50% de las seccionales están intervenidas. En ese momento entendimos que dar una pelea interna en la UOCRA era una cosa que ni nosotros teníamos la fuerza para hacer por los niveles de violencia que se habían alcanzado. Y con la intervención de la seccional comenzó una persecusión diaria, con autos recorriendo las calles, que cuando cruzaban a uno nuestro lo apaleaban. Entonces ahí le planteo a los compañeros que armáramos un cuerpo de delegados para ver cómo nos parábamos frente a lo que se viniera. Es así que en la empresa donde yo tenía relación de dependencia trabajábamos 200, y los 200 mandamos la carta documento a la UOCRA desafiliándonos.

¿Y en ese momento deciden armar el SITRAIC?

VG: El sindicato nace en junio de 2009. El SITRAIC es un sindicato democrático, sometido a la asamblea general, con delegados elegidos por los obreros y con mandato revocable. Acá hay compañeros peronistas, de Convergencia Socialista, del Partido Obrero, y sin embargo si vos ves las discusiones de la comisión directiva nunca se llegó a votación, agotamos todos los temas y nos ponemos de acuerdo. La historia del SITRAIC es una historia de un aprendizaje, no es que nosotros estábamos preparados para una instancia sino que íbamos evolucionando con la realidad, y creo que haberle dado una orientación política fue el verdadero nacimiento del SITRAIC, si no corríamos el riesgo de ser una banda más que se mataba a tiros. La construcción es el límite mismo: en una marcha con un compañero decíamos que algunos de los pibes que estaban tocando el bombo, 6 meses atrás estaban choreando. Cuando empiezan a militar en el sindicato se les cambia la lógica. Y ahora vienen con los hijos o la esposa y se consolidan familiarmente. Por eso vos si acá tirás un fósforo se prende fuego todo. Si vos orientás a los compañeros a pelearse con la UOCRA, a los fierrazos y al choque, corrés un riesgo. Nosotros los primeros dos años tuvimos choque tras choque y después nos dimos cuenta de que ese no era el camino. Y ahí fue nuestro acercamiento con la izquierda. Con el juicio de Olivera nos acercamos al PO y eso nos dio un cause. Si vos vieras las primeras marchas del 24 de marzo del SITRAIC había quilombo, escabio, se agarraban a piñas. Si vos ves las últimas las cosas cambiaron, ves menores, hay una orientación política.

¿Y cómo fue tu acercamiento personal con la izquierda clasista?

VG: No es fácil. Primero porque el peronismo no plantea la lucha de clases y tenés que revisar toda la historia política de lo que vos fuiste. Genera medio crisis, no fue fácil para los compañeros, a todos nosotros nos fue difícil. Había una cuestión conmigo porque yo estuve formado en el peronismo durante 16 años. Y hay metodologías que todo el tiempo tenés que estar revisando para no moverte de ahí. Pienso que la izquierda va a teñir al movimiento obrero de una nueva identidad política, creo que el peronismo está absolutamente terminado desde hace muchos años y hay una posibiilidad de que el movimiento obrero tome una orientación política.

¿Cuáles son las condiciones de actividad política en el interior de la UOCRA?

VG: En la UOCRA no se eligen delegados. Llega el sindicato a la obra e impone un delegado, que no labura y que puede ser el delegado en varias obras y casi siempre termina siendo un gendarme de la empresa que gana más que el resto. Entonces si un trabajador se queja porque le pusieron menos horas trabajadas que las reales en el recibo, o le rompen la cabeza o lo hacen echar. Este proceso de descomposición se ha agudizado mucho y ellos han ido incorporando elementos marginales. En general son todos tipos que salen de la cárcel, se ofrecen como mulos y después a partir de la fuerza de las armas se van transformando en dirigentes del sindicato. La UOCRA carece de cuadros burocráticos y por eso tampoco puede plantearse ninguna lucha. En los ‘80 todos los que habían sobrevivido estaban ahí, había un activismo. Hoy eso casi no existe y los partidos de izquierda no tienen trabajadores en la construcción casi. Es la burocracia en su máxima expresión de descomposición. Si el SITRAIC ha ido marchando hacia la izquierda ellos han tenido una involución hacia las coimas, el narcotráfico y las patotas. En Atucha 2 el comedor y los micros que transportan a los entre 2 y 4 mil trabajadores son de la UOCRA, porque ahí no hubo ninguna licitación y con eso se llevan unos millones por mes. No por nada al frente de todo esto se encuentra un ex agente del batallón 601 como Gerardo Martínez. Nosotros peleamos contra U$S10 millones por mes. Te compran a la policía, los fiscales, los ministerios de trabajo provinciales. En todos los lugares nos pasa lo mismo: cuando recién llegamos y queremos hacer pie, con lo primero que responde la UOCRA es con la violencia. Cuando contrarrestamos políticamente a la violencia, el segundo paso que utilizan es hacer echar a todos los trabajadores que adhieren al SITRAIC de las obras. Y a pesar de todo logramos alcanzar 13 delegaciones a nivel nacional y en la zona sur ya tenemos 34 comisiones internas. Y siguen aterrizando compañeros del interior que quieren armar el sindicato. Lo que sucede en este caso es que nosotros planteamos algunas condiciones que tienen que ver con el método fundamentalmente. No le podemos dar la chapa a cualquiera. Si un día un compañero acepta plata de una coima sería nuestra muerte. Entonces se requiere de una formación, acciones claras de los trabajadores, asambleas permanentes. Por eso los delegados tienen que trabajar y cumplir con sus compañeros: los trabajadores lo ponen y, llegado el caso, los trabajadores lo sacan.

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