La izquierda se arrodilla para garantizar el orden

Otra vez, los partidos del FIT cambiaron la oportunidad para mostrar independencia política y convertirse en un factor de la crisis en las alturas por la subordinación al kirchnerismo en particular y al régimen en general. El show mediático de Bonadío procesando a Cristina (y a Zanini, Larroque, Timerman, Luis D’ Elía y siguen las firmas) los encontró justo del lado que se esperaba: en la defensa de los delincuentes. Ya defendió a Milagro Sala, a De Vido, ahora a Cristina. ¿Hasta dónde va a llegar la izquierda en su defensa del kirchnerismo?

El PO, el PTS y el inefable partido/frente de María del Carmen Verdú (que en un año ha cambiado más de una vez de nombre y de integrantes) han salido a respaldar pública y explícitamente a Cristina (sin decir palabra de Zanini, D´Elía o Yussuf). El argumento: se trata de una persecución política (es lo que dice la propia Cristina) y que se trata de un “avasallamiento” del Poder Judicial sobre el legislativo (lo que dice Picchetto). Estaríamos ante una “dictadura” del macrismo. Como si todo esto fuera poco, el imperdible Solano no tuvo mejor idea asociarlo de la declaración de Trump de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel…
Quienes se dicen revolucionarios defienden la separación de poderes como si fuera más importante que el contenido mismo (¿qué diría Lenin?). Quienes dicen defender a los trabajadores salen en defensa de la dirección de toda esa caterva de asesinos de obreros y delincuentes que se enriquecieron a costa de nuestro bolsillo. ¿Quieren que asuma Cristina o no? ¿Por qué una delincuente y asesina tiene que entrar al parlamento?
Un preso político es alguien a quien se acusa de luchar contra la clase dominante. Cristina no es procesada por un corte de ruta o dirigir una huelga, sino por ponerse de acuerdo con un régimen ultrarepresor, como el iraní, para lograr impunidad en un crimen atroz. En lugar de pedir cárcel, la izquierda pide que la dejen en paz y que vaya al Senado a proponer y votar leyes.
El argumento institucional los coloca como perfectos liberales. Lo son, pero hay algo más preocupante todavía (como si eso no fuera ya grave): se trata de argumentos ad hoc para defender al kirchnerismo. Cuando el parlamento pidió la expulsión de De Vido, defendieron la institucionalidad burguesa argumentando que eso sólo puede hacerse con pedido de un juez. Pues bien, ahora que un juez lo piden, se niegan. Ergo, lo que les importa es colocarse en el campo del kirchnerismo. Lo de esta gente es peronismo puro y duro. Bajo esta idea, o para justificar semejante alineamiento, aparece el argumento de la “dictadura macrista”.
Lo de Gabriel Solano es propio de Gabriel Solano y ya nos tiene acostumbrados. A ver, Trump declaró que EEUU iba a reconocer a Jerusalén como capital de Israel, pero toda Europa y gran parte de la política norteamericana está en contra. Macri salió a decir que no abalaba semejante paso, ¿de dónde saca el delirio del pacto Trump-Macri?
Si simplemente abrieran los diarios, se darían cuenta que se trata ante todo de una puesta en escena. No se puede desaforar a Cristina en este momento. Si el macrismo hubiera querido meterla presa, lo hubiera hecho antes de que asuma o después de las PASO. Las veces que la citó a Comodoro Py, el “apoyo popular” no llegaba siquiera a cortar el pasaje. En términos puramente prácticos e inmediatos, el Senado está entrando en receso y no hay forma de desaforarla ahora.
Es una puesta en escena para presionar, justamente, a Macri, que hasta el momento se llamó a silencio y cuyos funcionarios tildaron la maniobra de “abuso” y de “peligrosa sobreactuación” (Ámbito Financiero de hoy). Esta medida introduce una discusión inútil en un Senado que tiene que votar leyes y que ya tenía los acuerdos cerrados, incluso con miembros del kirchnerismo (véase las declaraciones de Guillermo Moreno). Esta puesta no va a derrumbar lo hecho. Se trata, por ahora, de una amenaza. Y molesta.
¿De dónde viene? De Elisa Carrió y el sector radical que presiona sobre Cambiemos, envalentonado por las últimas elecciones. Hace pocos días, la Coalición Cívica denunciaba un pacto entre Angelici y el “Coti”, para controlar a la Justicia y reordenar la UCR. Es decir, disciplinarla. Carrió, que fue una de las ganadoras absolutas de la elección y fue quien por más porcentaje ganó, se opuso. Este montaje de Bonadío es una advertencia suya. Primero, con dejar al macrismo sin su principal enemiga-caudal político (Cristina). Segundo, una vez agotada Cristina, por lo tanto, todo el kirchnerismo, ¿quién sigue…? La amenaza de un mani pulite general es la carta de la profeta del apocalipsis.
Y aparece de ese modo porque toca un punto sensible a la población. Sensible, porque es correcto: un presidente pactó la impunidad de un crimen emblemático y manejó gente muy turbia a espaldas de la población, lo que derivó en el asesinato de un fiscal, en una trama todavía incomprensible.
Con esta posición, la izquierda está encubriendo no solo a Cristina, sino a toda la política oscura que se maneja entre servicios de inteligencia y diplomacia. Todo eso debe salir a la luz, no ocultarse. Lo que debiera hacer la izquierda es tomar este hilo y tirar del carretel: pedir sesiones extraordinarias y el desafuero a Cristina. Ya que está caratulado como “crimen a la patria” que Bonadío entregue toda la documentación a los parlamentarios para que puedan seguir la investigación, que se forme una comisión independiente y que se abran todos los archivos secretos sobre el tema. Entonces sí, saber qué hizo Cristina, Stiusso, quién era Nisman, cuáles sus conexiones internacionales y por qué lo mataron. La única garantía contra el Estado es justamente esa: desenmascararlo. Esa es la gran oportunidad de tomar un reclamo sentido y justo y ponerlo a nuestro favor.
Tiene que haber un límite para esa postración y para ese liberalismo.

Razón y Revolución

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