La izquierda mexicana en 2009 – Jaime Ortega

149127_111614215573078_7418404_n El 2009 quizá haya sido el año más difícil para la izquierda mexicana en  los últimos tiempos. Simplemente no ha aparecido en el escenario social y  político. Esto resulta aún más grave en plena crisis económica y en medio  de un ascenso del poder del ejército. ¿Pero quién es la izquierda en  México? Existen al menos tres posiciones que merecen ser comentadas:  a) el zapatismo; b) la izquierda socialista; c) el movimiento nacionalista  con una raigambre popular, encabezado por el ex candidato presidencial  Andrés Manuel López Obrador.
Sobre el zapatismo hay poco que decir en este momento. Prácticamente su política no ha cambiado desde hace dos años y ha desaparecido. “La otra campaña”, que se inició en 2006, quedó en el olvido. Es, sin duda, de quién se tiene más información a nivel mundial.
La izquierda socialista quizá sea la experiencia menos conocida en México. La conforman una decena de grupos y escisiones de grupos de diversas tendencias. La mayor parte de ellos provienen del antiguo Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT), la organización trotskista más grande de México, desaparecida en 1988 como tal. Entre ellos tenemos al morenista Partido Obrero Socialista (POS), a las mandelistas Liga de Unidad Socialista (LUS) y lo que queda con el membrete del PRT. También se puede encontrar a la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y la tendencia política Militante (que responde a la corriente inglesa de Alan Woods), que recientemente ha sufrido una escisión importante. El resto de grupos y organizaciones son filo stalinistas (en sus variantes “marxistas-leninistas” o maoístas).
Todos estos grupos han planteado una política diversa desde el 2006. La mayoría de ellos asumieron con entusiasmo la propuesta Zapatista –salvo la tendencia Militante, que siempre ha estado incrustada en la estructura del PRD. Sin embargo, al paso de los meses, prácticamente todas abandonaron esta postura. La LUS se unió de manera más o menos crítica a la movilización posterior al fraude electoral de 2006. EL PRT, que hasta ese momento era más zapatista que los zapatistas, cambió bruscamente de política y se adhirió acríticamente al PRD (esto valió que una militante de esa organización recibiera la nominación a una diputación capitalina). Mientras que LTS mantuvo una distancia considerable tanto del zapatismo como del nacionalismo encabezado por López Obrador. Sólo el morenista POS se quedó al lado del zapatismo por un tiempo más.
A diferencia de 2006, cuando la movilización popular se dio en torno a los conflictos en San Salvador Atenco, el levantamiento popular en el Estado de Oaxaca y las movilizaciones en torno al fraude electoral, 2009 es un año sombrío para todas las fuerzas políticas. La correlación de fuerzas se modificó sustancialmente en tres años.
Así como el zapatismo desapareció de la vida política, la izquierda socialista y revolucionaria está atrapada en la vida grupuscular y marginada de cualquier movimiento de masas. A esto se suma que la historia política del país está marcada por los setenta años de gobierno del PRI, que se movía bajo el signo del periodo sexenal. La izquierda ha estado subordinada a este ciclo de la política burguesa. 2009 fue año de elecciones intermedias, sin embargo la izquierda socialista se quedó sin consigna. A diferencia de otros años, donde se planteó una política independiente basada en el voto nulo o el voto en blanco, en esta ocasión esa consigna fue expropiada por un grupo de la pequeña burguesía (encabezado por la politóloga formada en Estados Unidos y profesora de una universidad privada, Denisse Dresser) que la planteó como una forma de “llamar la atención a la clase política”. Este grupo de la pequeña burguesía contó con gran apoyo del duopolio televisivo y de muchos de los “analistas” de estas empresas, además de una recepción amplia en la radio y en periódicos.
Así, la izquierda socialista ha quedado sin base social, imposibilitada de aprovechar la crisis y carente de alternativas independientes. En general la izquierda socialista siempre ha mantenido una postura común en las elecciones, o bien lanza candidatos independientes (sin posibilidad de triunfo) o bien va por la vía abstencionista. En ambos casos se trata de defender el derecho del voto y demandar la apertura de canales de participación electoral que el día de hoy son exclusividad de los partidos burgueses. En México la legislación electoral es muy cerrada y se necesita de mucho dinero para poder registrar candidaturas.
Por su parte los movimientos sociales se encuentran totalmente descabezados, por una política profundamente represiva por parte del Estado mexicano. Basta ver las sentencias dictadas contra luchadores sociales de más de 67 años. Sanción que ni los narcotráficos más conocidos han recibido.
La opción que representa Andrés Manuel López Obrador, calificada aquí como nacionalista y con fuerte implantación en las masas, recibió una derrota electoral importante, aunque esperada. Sin embargo, López Obrador logró su objetivo inmediato: que los partidos pequeños que lo han apoyado conservaran su registro legal, lo que significa no sólo representación en el parlamento, sino también recursos económicos. La disputa al interior del burgués PRD debe ser tratado con detenimiento en otro lugar. Sin embargo no podemos dejar pasar que, a pesar del programa reformista de López Obrador, las masas encontraron ahí un nicho para la movilización y para enfrentar a los grandes poderes del país. López Obrador, a pesar de todo, no es bien recibido por la burguesía ni por sus personeros en los medios de comunicación. Desde el Estado mexicano se ha hecho todo para operar en su contra. Las masas, más distantes del PRD pero más cercanas a este liderazgo, han protagonizado luchas y movilizaciones importantes como son la lucha contra el alza de precios, la defensa del petróleo y la búsqueda por democratizar los medios de comunicación. Sin embargo, el propio López Obrador no ha logrado capitalizar el gran descontento producto de la crisis y la razón es sencilla: su vocación exclusiva por la vía electoral. Sobre todo en vísperas de elecciones locales importantes, como las de el próximo año en el Estado de Oaxaca y en dos años más en el Estado de México. Ambos bastiones, el día de hoy, del cada día más fortalecido PRI, de donde se espera salga su candidato presidencial.

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