La izquierda en fuga. Un balance del papel del FIT en relación a las jornadas del 19 y 20

La izquierda en fuga
Un balance del papel del FIT en relación a las jornadas del 19 y 20 
 
El 19 de diciembre asistimos a una muestra de la menguante convocatoria de la CGT. Para el último acto del año, Moyano y Micheli juntaron la mitad de gente que el 27 de junio (que reunió a 50.000 personas). Era toda una oportunidad para la izquierda. Podía demostrar su capacidad para pelear el protagonismo a dirigentes de peso en el movimiento obrero ocupado. ¿Qué es lo que está en juego? La herencia del bonapartismo. La crisis del gobierno, que aparece ya envuelto en las tinieblas de un fin de régimen, pone sobre la mesa un problema: quién va a conducir a las masas que el kirchnerismo supo cobijar bajo sus alas luego de años de cooptación de capas y fracciones de la clase obrera y la pequeña burguesía. La marcha convocada por Moyano y Micheli muestra el acuerdo para recrear el campo de la oposición antes que disputarse lo que todavía no existe.
En efecto, la oposición no existe no porque los “líderes” no logren ponerse de acuerdo, sino porque no hay un movimiento social opositor que conducir. Si la secuencia Coloquio de Idea-8N-20N había dado el campanazo de partida de ese campo que comienza a armarse, la función de M&M consiste en darle cuerpo, masa, y hacerlo entrar en un marco controlable por la burguesía. La relación de ambos dirigentes sindicales se parece a aquella que asumió en su momento Víctor De Gennaro con relación a la Alianza, sólo que esta vez no está claro quién encabezará la experiencia. Por ahora dos alineamientos claros se disputan el resultado: Binner por un lado; Scioli-Massa-Macri, por el otro. Sea como sea, ese mar de fondo que intentan controlar, que va mucho más allá del movimiento obrero organizado (desborda, por arriba, en los caceroleros y, por abajo, con los “saqueadores”), no parece entrar tan fácilmente en alguno de los carriles diseñados por los constructores de la oposición social. La razón por la cual esa tarea no les resulta fácil, es sencilla: las demandas que intentan vehiculizar exceden lo que los programas que representan están dispuestos a aceptar. Finalmente son las mismas contradicciones que desencadenaron el Argentinazo las que siguen moviéndose en su interior, a pesar de que el contexto resulte sustancialmente diferente.
La izquierda revolucionaria es, entonces, un continente mucho más adecuado para ese contenido, siempre y cuando se presente como opción real. No obstante, el resultado fue lamentable: una mezquina asistencia, en relación a la envergadura real de cada organización, a lo que se suma la ausencia de una columna común. Cada partido concentró en un lugar distinto y llegó a la plaza por un camino diferente. Resultado: sin mover un dedo, Moyano y Micheli consiguieron que la izquierda quedara al margen. Que allí se jugaba una disputa, lo entendió perfectamente Moyano, que hizo una alusión a Mariano Ferreyra y los tercerizados, pero dejó bien en claro quiénes estaban afuera del movimiento cuando dijo “no nos vengan con fantasías de la revolución inconclusa y no sé qué revolución. En este país, como dice la Biblia ‘Ganarás el pan con el sudor de tu frente’ […] ¿Qué significa eso? Este país se hace trabajando, no se hace de otra manera, compañeros”. Micheli lo entendió cuando convocó a todas las organizaciones que intentan entrar al FAP (PCR, MST y UCR), logrando presentar la columna más importante. La izquierda no. Luego de debatir si ir el 19 y el 20, si el 19 o si el 20 (en una muestra de su capacidad de análisis de situaciones concretas…), con una organización como el PTS, que se vuelve moyanista de golpe, un partido (como el PO) que da vuelta sus posiciones en 24 horas y otro como IS, que se encolumna indiferenciadamente detrás de la burocracia sindical, la izquierda fue, pero a pasar vergüenza. Los dirigentes de los tres partidos deberían dar alguna explicación sobre este nuevo fracaso de algo que, vaya a saber por qué circunstancias, se sigue llamando Frente de Izquierda.
¿Por qué la izquierda no pudo presentar una columna única, que le permitiera mostrar una posición de fuerza? Porque están completamente desorientados sobre el sentido de la situación presente. Ante las vacilaciones de unos y el oportunismo de otros, no hay nadie que pueda establecer una línea clara. El PTS, que ya había carnereado el paro del 20N, se opuso a la existencia de una columna del FIT, porque la consideraba “electorera”. En cambio, pretendía un agrupamiento puramente sindical, un “polo antiburocrático” en la que cada organización participara con sus “cuerpos de delegados” y sus agrupaciones fabriles. No había ido a la marcha de octubre porque la consideraba “política”, como si esta no la fuera. Como si hubiera alguna que no fuera política. Deseoso de volver al ruedo luego del traspié en la huelga general pasada, ahora el PTS pretende que esta, a la que asistió hasta Ricardo Alfonsín, era una marcha puramente “sindical”… Mientras la burguesía exhibía todo el carácter político de la convocatoria, el PTS planteaba autolimitarse al plano estrictamente corporativo, estrategia con la cual cree poder combatir a la burocracia. La lucha contra la burocracia no se reduce a un porcentaje de la paritaria, sino que requiere de un combate por la necesidad de la construcción del socialismo y de un Partido. Si un delegado no se constituye en un elemento de la edificación partidaria, entonces no tiene ninguna utilidad y es parte de lo mismo que dice combatir. Moyano lo entendió mejor que el PTS: dejó bien claro que para conseguir sus reclamos, los trabajadores deben “meterse” en política, por supuesto, para que voten a quien él les diga en 2013. El FIT debería haber mostrado que había una alternativa a la política burguesa.  
El PO, con el criterio correcto de reivindicar la naturaleza política del proceso en marcha, pretendía, sin embargo, que no ir el 19 sino el 20 era la mejor forma de disputar la dirección del movimiento. Cómo se puede encarar la batalla eludiendo el campo en el que ella va a desplegarse es una buena pregunta que el PO debiera responder. Enfrentado al resto de las organizaciones, que quería participar del 19, aceptó y, nobleza obliga, presentó la columna más numerosa. Esa vacilación le quitó fuerzas a su planteo político, porque, así como su acusación de “sindicalero” al PTS es sustancialmente correcta, no lo es menos la réplica de “electorera” a la posición de PO, más preocupado por hablar de candidaturas para el año entrante que por forjar una verdadera alianza política.
Izquierda Socialista, escondida detrás del Pollo Sobrero, que pretende llegar a la cabeza de la Unión Ferroviaria como representante de Moyano, va camino a reunificarse con el MST bajo el ala de Binner, donde se encontrará con el maoísmo, con Pino Solanas y con la diputada hot y fumanchera que invitaba a la juventud a “portarse mal”. Linda muestra de construcción revolucionaria. Como para lavar culpas y cumplir con el ritual, las organizaciones revolucionarias no dejaron de marchar el 20, acto lamentable que no sirvió sino para mostrar que la izquierda no existe y el FIT menos. 
Mientras esto está siendo escrito, se ha levantado la fracción obrera que más ha descuidado la izquierda en estos últimos años: la población sobrante. En la forma más primitiva y desorganizada, como puede, con las herramientas que tiene a mano. He aquí otro terreno a disputar contra los punteros del PJ, Macri y la UCR. Llamamos a los partidos revolucionarios, y a todos los que tengan como horizonte el socialismo, a un congreso de la izquierda, donde se realice un profundo balance de todo lo actuado por el FIT y de las perspectivas de intervención conjunta. Reiteramos nuestra propuesta: un partido con fracciones y tendencias, que reúna al conjunto de la masa militante, único instrumento para poner en pie una alternativa real.
Razón y Revolución
 
 

 

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